Cuando María Teresa Campos fuerza el acento andaluz

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Al final ha habido fiesta que es de lo que se trataba. Rajoy ha corrido la voz de la farsa (la ley de la farsa) y se ha ido a la Moncloa a seguir el nueveene, que es un poco como ver ‘Qué tiempo tan feliz’.

 

Al final ha habido fiesta que es de lo que se trataba. Rajoy ha corrido la voz de la farsa (la ley de la farsa) y se ha ido a la Moncloa a seguir el nueveene, que es un poco como ver ‘Qué tiempo tan feliz’.  Los voluntarios lo han organizado tan bien que cualquiera diría que Artur ha delinquido, pero eso sería elevar tanto el tono (tan desproporcionado según los jueces) como para quitarle al presidente la manta y sacarle del sofá en domingo. Hay que dejar que algunos catalanes festejen su (sólo suya) democracia, aunque se hayan tomado la libertad de usar algo más que la sala para los cumpleaños y hayan puesto globos señeros por todas partes. No tiene precio ver el abrazo de Artur y Fernández como si fueran Álex y Marc Márquez celebrando su doblete, mientras al otro lado de la pantalla uno imaginaba a Mariano con los ojos húmedos de emoción igual que si le estuvieran haciendo un homenaje a Joselito, “el pequeño ruiseñor”, con imágenes antiguas y eso, que siempre es una cosa bonita de cuando María Teresa Campos fuerza el acento andaluz para inundar el momento y que todos los colaboradores se pongan a aplaudir e incluso a taconear del frenesí. Si el otro día el presidente, como Sánchez “el guapo” (tanto como la Diana de’V’), no daba su discurso desde Cáceres sino desde otra galaxia, Mas se la ha traído, ayudado por el canto de una sirena que llora y de otra que va por el parlament en sandalias, directamente a Cataluña. Pero más que ninfas, Junqueras y Fernández y alguno más son fenomenales personajes de George Lucas, de esos que alternan por los bares de Tatooine; y Mas es el mismísimo senador Palpatine al que pronto se verá (ya se ha visto un adelanto en el ‘Salvados’ de Évole) con el hábito del Emperador. El otro día uno asistió a una boda en la que los novios hacían su entrada de forma pretendidamente lúdica en el baile con la banda sonora de ‘La Guerra de las Galaxias’, y hoy se ha visto a un gobernante (en realidad lleva años sucediendo) hacer lo mismo delante de su pueblo pero de manera pretendidamente solemne mientras no pocas personas y medios le daban pábulo, en diferentes grados, y después de que los sucesivos dirigentes de España hayan proporcionado con sus cesiones todo un guión fantástico que supera la ciencia ficción. Una saga que quizá sólo pudiera pararse con la misma desproporción con la que se ha ido escribiendo (y ya dice la Justicia que eso no va a pasar), a lo que el actual presidente no parece estar ni mucho menos dispuesto como si fuera un fan de los que acuden a los reestrenos vestido de Darth Vader.