Culpables por doble goleada: acción y omisión

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Aunque podamos pecar de reiterativos, por el mero hecho de que hay unos asuntos en los que el ser humano no debe transigir, volvemos hoy a un asunto ya abordado en estas páginas. Anteayer mismo transcendió al aire oficioso de las noticias guineoecuatorianas un hecho luctuoso. Un alto cargo de un distrito administrativo cercano a la capital pidió a un nigeriano que le consiguiera de manera furtiva varios hectolitros de gasóleo en la empresa en la que trabajaba. El empleado nigeriano no pude satisfacer al alto funcionario distrital y este, airado, mandó detenerlo y torturarlo, pero en este abominable desempeño se les fue la mano con el garrote vil y lo mataron. Lo mataron por negarse a robar. Lo mataron porque no quería delinquir para provecho ajeno.

 

En un mundo de una realidad contingente, las razones de la orden de detención del nigeriano podrían ser otras, pero tratándose de Guinea, cuando al aire informativo ha llegado la versión contada es porque todos los hombres y mujeres de este africano país darían por buena la misma. Es decir, es creíble que un delegado gubernativo adjunto esté involucrado en un asunto tan irracionalmente dramático: Lo mandó matar porque no supo satisfacerlo.

 

Esto que contamos, y ocurrió tal como se cuenta, y acabamos de dar las razones por las que ASODEGUE también cree que es la verdad, adquiere carta de naturaleza guineana porque no es la primera vez que ocurre. Y de este hecho y otros similares hay muchos culpables. Muchísimos. Y son muchos porque no solamente  se cometen estos delitos en distritos cercanos de la capital, sino que en los confines del nacional territorio se dan otras tantas violaciones fragantes que no llegan a oídos de nadie porque los que lo cometen se encargan de que los que las atestiguan se enmudezcan so pena de ser las siguientes víctimas. Eso ya se vio con el asesino descarado de un tal Julián, que fue embajador en Francia.

 

En el bosque metido, fuera de la capital, sin prensa escrita ni hablada, sin electricidad, con los militares adueñándose de la vida de los vecinos, a cualquier testigo le asiste la circunstancia eximente para callarse, para no denunciar. Además, hace varios lustros que esto ocurre y es fácil que la gente iletrada de las provincias apartadas sientan que lo que han estado viviendo es la normalidad. Pero hay muchos guineanos que no viven en estos entornos apartados que no tienen ninguna excusa para no denunciar. Primero porque eso, y segundo porque ejercen profesiones en las que alguna vez han hecho ejercicio de su voz: son los guineanos que son periodistas, escritores, el ministro de información, la viceministra del mismo ministerio o un abogado. Son hombres y mujeres que estudiaron en el extranjero y tienen sobrada noticia de lo que no se puede permitir a una autoridad. Estos sí que no deberían callar que en Guinea no se respeta el primer derecho humano escrito en las tablas de la ONU, el de la vida.

 

¿Y saben por qué hay tantos guineanos que no abren la boca para denunciar estos hechos? Hace poco el general en cuyo nombre se cometen tantos crímenes diseñó un gobierno que sería la envidia de los países más avanzados. Con todos sus miembros se pueden confeccionar 5 equipos de fútbol con un suplente cada uno. Y estos señores, y algunas damas, se callan todos estos delitos por encubrir otro delito capital, porque el que los elije para formar parte de esta orgía gubernamental los vetaría para siempre si dijeran que hay una raya humana que no deben cruzar. Entonces, con su silencio, a la flagrante violación que el general comete por matarlos de hambre por la denuncia probable se añade otra peor, que es la que se comete cuando se callan ante las muertes violentas de sus comunidades.

 

Es la manera en que maestros, periodistas, escritores y otros altos cargos que sí dicen alguna cosa en el régimen que gustosamente han querido pertenecer se convierten en cómplices de delitos graves, difícilmente justificables. Sobre este punto el sentido común no puede transigir. Y es que, amparados en el urbano dicho de que “nadie duerme”, acuñado por estos mismos que lo quieren silenciar todo,  ya hay muchos guineanos que recopilan estos hechos luctuosos para que, llegado el día, se les avive la consciencia a los que con su omisión o acción han permitido tanto daño. Si nadie duerme por querer aprovechar las oportunidades crematísticas de este régimen, tampoco faltan los nadie duerme que se lo recuerde para la restitución de la justicia en tiempos futuros.

 

Barcelona, 5 de junio de 2012

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Juan Tomás Ávila Laurel
Juan Tomás Ávila Laurel. Es un joven y prolífico escritor, residente en Malabo, donde ejerce como técnico sanitario. Se ha convertido últimamente en un exitoso y asiduo conferenciante de numerosas universidades extranjeras. Ha representado a su país en importantes foros internacionales y ha sido conferenciante invitado en España, Reino Unido y Estados Unidos. Su obra se caracteriza por un compromiso crítico con la realidad social y politíca de su país y con las desigualdades económicas. Estas preocupaciones se traducen en una profunda conciencia histórica, sobre Guinea Ecuatorial en particular y sobe África en general. Tiene más de una docena de libros publicados y otros de inminente publicación, entre ellos las novelas y libros de relatos cortos La carga, El desmayo de Judas, Nadie tiene buena fama en este país y Cuentos crudos. Cuenta tambien con obras de tipo ensayístico, libros de poemas y obras de teatro.

1 COMENTARIO

  1. Sin comentarios, no se puede
    Sin comentarios, no se puede comentar de unos hechos que son una barbaridad, y que se convierten en anodinos para quienes los conocen.

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