Cutis fresco de lluvia

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Le parecía que Krugman se daba ínfulas de David Copperfield, el mago que volaba sobre los escenarios, a sabiendas de que el malvado corralito solo se aparece cuando se le invoca. Carmena seguro que ha oído hablar de él igual que de la democracia...

 

Se le viene a la memoria Krugman, el economista del que uno tenía la impresión, caprichosa y equivocada, incluso futbolera, de que jugaba a ser un Nostradamus del siglo XXI a corto plazo con su par de columnas mensuales en el New York Times. Lo recuerda porque en sus predicciones, hará un par de años, anunciaba el corralito para España, que es algo que asusta mucho al personal (no es para menos) y ahora que llegan unas izquierdas como nunca se habían visto a las capitales españolas lo mismo se vuelve a poner de moda. Esto es mucho pensar, incluso mal pensar. Puede que el corralito sea el argentino más famoso después de Maradona, aunque éste sólo asustaba a los defensas y a los presidentes de sus clubes. Otra argentina famosa, la presidenta Kirchner (ésta a quien asusta es a los concesionarios), precisamente ahora se pavonea: “Somos el Gobierno de la transformación y el cambio y este proceso de doce años debe ser profundizado y debe continuar», ¡doce años de cambio! Nada es comparable al corralito que es un coco moderno y adulto casi criado, o hecho hombre, en Buenos Aires, donde no sólo se expropia sino que también se exporta. Y muchas cosas más, no quiere uno caer en reducciones por culpa del lenguaje y de algunos medios y de algunos políticos. Le parecía que Krugman se daba ínfulas de David Copperfield, el mago que volaba sobre los escenarios, a sabiendas de que el malvado corralito solo se aparece cuando se le invoca. Carmena seguro que ha oído hablar de él igual que de la democracia, aunque en Colau no se confía tanto. «Han ganado dos mujeres, una activista social y una ex jueza… Hay un mundo nuevo», dice Cristina. De momento Manuela (casi como Malasaña) sólo habla de devolver la democracia si se va a suponer que alguien literalmente se la llevó como Hemingway apuntaba la posibilidad de que se acuñaran monedas en carne suave de cutis fresco de lluvia, lo cual no está del todo mal; aunque para doce años como esos de cambios y transformaciones uno casi preferiría doce años de inmovilismo.