Dacia Maraini: ‘La duda es parte de la inteligencia humana. El que rechaza toda duda es un fanático o un impostor’

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Desde que era pequeña conservo de Dacia Maraini una imagen indeleble en mi mente: una foto en blanco y negro de un viaje a África que Maraini hizo con Alberto Moravia. Las cejas blancas y espesas de él esconden una sonrisa siempre esbozada, como a punto de caer en una mueca torcida de los labios sutiles. A su lado, Pier Paolo Pasolini con su figura esbelta y un guiño casi infantil mirando de reojo hacia la amiga y soprano Maria Callas, una estatua griega con aplomo orgulloso. Ese recuerdo hizo que Dacia Maraini se convirtiera en icono de otros tiempos, una diosa que de vez en cuando veía en la televisión con su cabello corto perfectamente peinado, los ojos de un azul intenso resaltado por el delineador turquesa y la sonrisa siempre abierta y a la vez pensativa. Y es justamente en tiempos difíciles, en tiempos de guerra y de incertidumbre, que las preguntas tienden hacia aquellos escritores cuyas respuestas iluminan como faros imponentes.

 

¿Por qué se decide cancelar conciertos de Chaikovski o cursos universitarios de Dostoyevski?

Sinceramente, creo que es algo equivocado. Precisamente a los rusos deberíamos recordar en este momento la grandeza de sus artistas. Los cuales siempre han hablado de paz. Debemos insistir con los artistas rusos, músicos, escritores, directores de cine, y hacer entender al mundo entero que los rusos son una cosa y el gobierno de Putin otra, que las primeras víctimas de una política tiránica y basada en la mentira son ellos. Esto ayudaría a una gran y magnífica población a recuperar su dignidad y su orgullo ciudadano. Durante demasiado tiempo se han quedado dormidos en un régimen que reprime toda disidencia, que exige un control totalitario sobre la vida de sus ciudadanos, convertidos en súbditos de un autócrata.

 

¿Podríamos definirlo como un retorno a la guerra fría cultural?

La guerra fría puede afectar a los gobiernos, puede afectar al comercio, pero no al arte que es mucho más libre, más universal que cualquier política.

 

Su padre, Fosco Maraini, famoso antropólogo y orientalista, estaba dotado de una originalidad intelectual fuera de lo común. ¿Qué habría pensado de la situación actual?

Recuerdo que él y mi madre, Topacia, en el 43, prefirieron ir a un campo de concentración en lugar de firmar la adhesión a la República de Saló. Un gran ejemplo de fidelidad a sus propias ideas.

 

En la obra de Pushkin hay muchas veces un conflicto entre razón social y razón individual. Como si en los escritores rusos siempre hubiera una lucha interior, ¿es así?

El conflicto interior está siempre en quien tiene una visión problemática y no banal de la vida. La difícil relación entre libertad y poder, entre autonomía y dependencia, concierne a todas las personas sensibles.

 

¿La literatura rusa logra resolver ciertas contradicciones existenciales o tiende, por el contrario, a hacer brotar la semilla de la duda?

Toda literatura se basa en la duda. La duda es parte de la inteligencia humana. El que rechaza toda duda es un fanático o un impostor.

 

¿Cuáles son las obras rusas que más han apoyado la paz?

Bueno, pensemos en Guerra y paz, de Tolstói, la idea de Dostoyevski de que la guerra solo se puede hacer para liberar a un pueblo, a las ideas pacifistas de Pasternak, que se negó a participar en las guerras de su época, y recordamos las declaraciones decididamente pacifistas de Solzhenitsyn, que rechazaba la guerra como campo de muerte y degradación humana.

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