Damocles, sé efectivo

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Lo debería ser más y darnos alguna satisfacción de vez en cuando. Sí  es maquiavelismo, es el uso despiadado de la ley de Talión. Claro que endurecemos nuestro corazón y pedimos que Damocles sea más efectivo y nos dé una alegría de vez en cuando, limpiando al mundo de tanta basura humana. Fíjense qué alivio tendría el mundo si la amenazadora espada cumpliera la amenaza del gestador de amenazas y barriera de la faz de la tierra a personas tan nefandas como todos los líderes militares de la Junta Militar de Birmania, con sus sables y galones, y los abalorios con los que se visten cuando, en la intimidad de sus cubiles, ejercen de civil y amos íntimos de sus hogares. A nuestra fe que no lo lamentaríamos. ¡Claro que la noticia saldrá por la radio y la televisión del mundo entero, y alguno ejercerá de fariseo y derramará una lágrima impresa!

 

Que Damocles, con esta espada que pende sobre la cabeza de tantos en el mundo entero, sea más efectivo, y selectivo, y haga una limpieza en toda Sudamérica y aparte para siempre a todos los olicarcas y terratenientes que chupan la savia humana de los abandonados y llevan a sus casas la urna para proclamarse vencedores en elecciones compradas de antemano. ¡Claro que lloraría la gente y la noticia saldría en todos los medios conocidos del mundo, desde Dubai, hablando en árabe, hasta Quebec, rogando a Dios que mitigue su ira! Ahora rogarían a Dios, que es un poco cristiano, y no a Damocles, pagano y con más cejas para que luzca mejor su ceño fruncido.

 

Que caiga la espalda y deje apartados a los líderes que promueven las ayudas agrícolas para que las poblaciones indefensas y campesinas de América no puedan vivir de la banana. Que quite del camino a todos los embajadores democráticos que hablan a los oídos de los gobernantes corruptos y les aseguran su apoyo.

 

Que Damocles se haga viajero y vaya a Asia con su espada y diga a los fanáticos de todas la religiones del desierto que ha llegado el fin de sus días y que se encomienden a quien se han encomendado siempre, pero que no tienen más tiempo para traer el dolor a los demás. Que la espalda cercene sus largas barbas y eche azufre sobre sus lenguas venenosas. Pero que no pare esta espada, siga su trabajo y entre en casa de tantos hombres y mujeres sentadas en sillas compradas con sangre extranjera, toda esta gente que dice que quiere la democracia vendiendo como esclavos a la gente de su tierra.

 

Damocles, sé más efectivo y deja caer tu espada sobre todos estos cabrones. Danos una alegría que algunos dirán que es maquiavélica, y sostenida en los supuestos de la ley de Talión. Asumiremos las consecuencias, pero haz tu trabajo. Sube hasta el Este de Europa y elimina a estos que se creen todavía Kubilai Khan, o el mismo Gengis, pero que llevan trajes de la moda neoyorquina y hablan en la ONU. No pares, vuelve a Europa, fíjate bien en las apariencias y fulmina con tu pesada espada y añade azufre a la quema de todos estos que creen que la democracia es la ignorancia de los dolores de los demás. ¡Nadie se lo creerá, nadie está educado para decir que los demócratas se merecen el fuego! Pero se lo merecen, y que lo cuenten los aldeanos africanos que mueren por los apoyos dolosos que reciben los líderes africanos. Ah, lo de aquí es otra cosa.

 

No vamos a pedir que Damocles haga un trabajo que ya hacen desde arriba, la comodidad de sus países desarrollados, pero seleccionando mal. Es decir, que deciden allá arriba para que caigamos nosotros, los de a pie, los campesinos, los que escribimos con la mano izquierda, poniendo en su sitio a la bazofia humana que bebe, mientras vive, de la mano de los jefes de arriba. ¡Claro que queremos que venga Damocles y haga una lista que nosotros le ayudaremos a completar! Está claro que caerían muchos cuya vida inicua debería dejar de existir en otra parte, en su casa. Ven, Damocles, ven, te lo pedimos, haz tu trabajo, luego ya se juzgará lo que se tenga que juzgar o lo que estuvo mal juzgado. Precisamente el Dios cristiano tiene reservado un juicio para los casos mal decididos y allá reclamarán.

 

Este repentino deseo justiciero nos vino, acá en Malabo de la República de Guinea Ecuatorial, porque tenemos noticias de la muerte del innombrable Efe Pulé. ¿Ven que suena a francés este nombre? Pero lo más probable es que ni lo hablaba. Francisco Mba Mandama, conocido por este alias afrancesado, era un militar nativo de la provincia del rey que nos reclama aquí la sumisión. De tan afamado militar se sospechaba que hacía feas cosas, muy feas cosas con los detenidos por los esbirros del jefe. Hacía feas cosas con los enemigos del rey, los opositores, y tenía fama de duro, despiadado. Todo el mundo sospechaba de sus acciones hasta que unos viejos levantaron de sus sitios en un juicio y dijeron que era Efe Pulé el que les mandó ir a detener al embajador de Guinea en France para torturarlo hasta la muerte, devolver muerto a su casa, en un rincón de la parte continental de Guinea Ecuatorial donde estuvo de vacaciones.

 

Al embajador lo vieron en un bidón, un espacio de unos 50 centímetros de diámetro y un metro de altura. Ahí lo mandó dejar Efe Pulé, para hacernos creer que el tal embajador sufrió un accidente cuando manipulaba los bidones y las hojas de zinc para recoger, en su pueblo de una Guinea Ecuatorial que ya era petrolífera, agua de lluvia para sus necesidades domésticas. En todo caso, para eso servía el bidón.

 

El crimen fue demasiado notorio y montaron una pantomima para lavarse la imagen. Hablaron claro los viejos aquellos y la justicia delgada del rey dictaminó que Efe se merecía 30 años de cárcel. Salió compungido de la sala del tribunal, dispuesto a purgar sus penas, pero lo probable es que ya hubiera hablado con su jefe. Nadie pregunte quién es. La realidad: fue indultado a los dos meses y hecho jefe de un batallón del Ejército étnico de la república de Guinea Ecuatorial. Lo de república es un eufemismo. Lo de étnico, ya lo dijimos. Siguió en su puesto hasta que tuvo, según lo que se vio, malas compañías y fue acusado de sedición, de intento de derrocar al rey. Aquí lo importante es de qué te acusan, no lo que hagas en realidad. ¡Y trascendió que Mba Mandama fue torturado!

 

Es una sensación extraña que supieras que un célebre torturador fue torturado. Pero aquí Damocles se tomó en serio su trabajo y de las torturas, y como resultado de su delito, ¡fue recluido en Blay Bich, o Black Beach, la cárcel que Macías y todos los que estaban a su lado hicieron célebre! Su vida no tenía retorno, y por el estado en que quedó después de las torturas, Efe Pulé acabó con sus huesos en un hospital de Malabo, donde entregó su alma a quien la dio. Eso se lee en Coplas por la muerte de… No vamos a lamentar la muerte de Efe Pule con estas ansias justicieras. Además, queremos que Damocles siga haciendo su trabajo y caiga sin miramientos la espada y azufre sobre la cabeza de la gente que esparce tanta maldad aquí. Ya ven que a veces Damocles toma prestadas las espadas de otros dioses justicieros.

 

¿Puede adivinar alguien por qué esta temprana invocación a Damocles? Porque desde que la diosa Libertad se quitó la parte de arriba de la ropa y mostró una teta a los que la seguían no ha querido saber nada de la gente de África, incluso a pesar de la Francofonía, a pesar de que más de la mitad de los africanos hablan el francés como primera, segunda, tercera o cuarta lengua. Y como no ha querido saber nada de África, no ha traído a ella la balanza y las pesas para calibrar los crímenes que se cometen acá.

 

Que siga su labor Damocles, aunque haya hecho poco, y será la única manera de que la ley de Talión deje de ser algo malo para los que no quieren mancharse la conciencia.

 

Juan Tomás Ávila Laurel. Es un joven y prolífico escritor, residente en Malabo, donde ejerce como técnico sanitario. Se ha convertido últimamente en un exitoso y asiduo conferenciante de numerosas universidades extranjeras. Ha representado a su país en importantes foros internacionales y ha sido conferenciante invitado en España, Reino Unido y Estados Unidos. Su obra se caracteriza por un compromiso crítico con la realidad social y politíca de su país y con las desigualdades económicas. Estas preocupaciones se traducen en una profunda conciencia histórica, sobre Guinea Ecuatorial en particular y sobe África en general. Tiene más de una docena de libros publicados y otros de inminente publicación, entre ellos las novelas y libros de relatos cortos La carga, El desmayo de Judas, Nadie tiene buena fama en este país y Cuentos crudos. Cuenta tambien con obras de tipo ensayístico, libros de poemas y obras de teatro.