Daniel Albaladejo: “Nos refugiamos en figuras históricas para encontrar los referentes que a veces perdemos”

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       (Fotografía: Moisés Fernández Acosta)

Daniel Albaladejo iba para biólogo pero un buen día, cuando tenía 18 años, el actor y director Manuel Navarro le pidió que hiciese “un papelito de nada” en una Lisístrata, de Aristófanes, que iba a montar para el Festival de Teatro de San Javier (Murcia). Sobre el escenario pasó algo tan mágico que abandonó Biológicas y se matriculó en la Escuela Superior de Arte Dramático de Murcia. Daniel Albaladejo es un habitual de las tablas, de hecho, el teatro es su gran pasión, sin desmerecer al cine o la televisión, donde también se mueve como pez en el agua, como demostró en series como Cámera Café, que supuso un importante reconocimiento o Isabel. En pleno éxito de Otelo, de Eduardo Vasco, -director teatral que ha guiado gran parte de su trayectoria profesional y con el que ya suma más de una docena de trabajos en la Compañía Nacional de Teatro Clásico y en Noviembre Teatro-, le llegó la llamada del dramaturgo Juan Mayorga para que participase en el montaje de La lengua en pedazos sobre los encuentros entre Teresa de Jesús y un férreo inquisidor representante de la Iglesia. La aventura salió tan bien que, además de surgir una gran amistad, fue el comienzo de más éxitos teatrales como aquel Reikiavik.

Sus compañeros hablan maravillas de él. ¡Hasta Lorenzo Caprile! El modista le dedicó unas palabras maravillosas cuando lo vistió en Otelo: “Además de ser un excelente compañero, para un figurinista vestir a una criatura así es un lujo porque se luce muy bien tu trabajo. Aunque le pongas un saco deshilachado, va a estar guapísimo porque tiene altura, tiene un cuerpazo, tiene porte. Cualquier ‘mamarrachada’ que le pongas, él la va a defender y la va a convertir en algo único”. Albaladejo confiesa que no concebiría su vida sin hacer teatro. Tiene fama de muy currante. Y no olvida aquel día que cogió su maleta y se marchó a Madrid a empezar de cero. Se alquiló una casa de treinta metros cuadrados y hasta hoy, que vive un momento excelente con la recién estrenada serie de televisión El Cid, en la que interpreta al Maestro Orotz, y en el teatro (Teatro Galileo, La lengua en pedazos. Hasta el 14 de febrero), donde vuelve a reunirse con Clara Sanchis para una nueva puesta en escena de La lengua en pedazos, de Juan Mayorga, -obra que le valió al dramaturgo el Premio Nacional de  Literatura Dramática 2013– dando vida al inquisidor Salazar en un intenso duelo verbal con Teresa de Jesús.

¿Es el momento de volver a la emoción, a la palabra espiritual, a buscar algo a lo que acogernos?

Evidentemente estamos viviendo momentos complicados que marcarán una época de nuestra vida: vivir una pandemia, estar encerrados en casa, el cuidado a la hora de sociabilizar… Además, se están poniendo en tela de juicio muchísimos valores de la sociedad. La clase política se está convirtiendo en una especie de rémora de nosotros mismos, nosotros los pusimos ahí y no están sabiendo, por decirlo de alguna forma, articular de forma sensata. Quizá sí es un momento de recogimiento, de pensar, refugiarnos en nuestras creencias… Ciertamente, tenemos que buscar una tabla de salvación y esa tabla para muchos es lo espiritual

No estamos ante el mismo texto de La lengua en pedazos que interpretaron en 2012. Mayorga suele decir que más que escribir, se empeña en reescribir los textos ¿Qué diferencias encontraremos en esta obra?

El grueso del texto es el mismo de 2012, pero es cierto que Juan Mayorga es un autor que necesita reinterpretar lo que escribe. Conforme ve sus textos en escena éstos le van contando más cosas, de modo que la obra va creciendo. Algunas partes han cambiado de ubicación en el texto y se le ha asignado un nuevo monólogo al inquisidor al final de la obra. Juan ha visto crecer lo que se consideraría una especie de combate entre Teresa de Jesús y el inquisidor. Ambos situados a la misma altura, el inquisidor acaba siendo un poco el doble de Teresa y Teresa el doble del inquisidor. También se ha encontrado una nueva poética en la construcción del espacio escenográfico a partir de las luces, que ha llevado a cabo Miguel Ángel Camacho, y cambia el concepto espacial sobre la fundación del convento para con los espectadores. No es una Lengua en pedazos distinta, sino una Lengua en pedazos tal y como la entendemos nosotros en la actualidad, con la suma de nuestra experiencia como actriz (Clara Sanchis) y como actor junto a la experiencia de Juan Mayorga que, además, debuta como director de escena.

“De lo que no se puede hablar, mejor callar”, dice su personaje. “Si la lengua dijera verdad sobre el cielo o el infierno, se rompería en pedazos”, añade… Qué rotunda esta frase, cuánta verdad hay en ella. ¿Qué sensaciones le produce interpretarla sobre las tablas?

Algunos espectadores (y lectores) mostraban cierto prejuicio con el personaje del inquisidor. Yo creo que ese prejuicio se basaba un poco en considerar que no es un personaje con la suficiente intelectualidad para poder rebatir el pensamiento de Teresa. Y precisamente el inquisidor está poniendo sobre el tapete la teoría de Wittgenstein, el filósofo del lenguaje -el dramaturgo convierte la discusión en un diálogo entre el Wittgenstein del Tractatus y el de las Investigaciones filosóficas. El inquisidor, que cita literalmente al filósofo, se vale del rigor lingüístico para afirmar su identidad, mientras que las intervenciones de Teresa se posicionan a ojos del espectador posmoderno del lado del Wittgenstein pragmático-. Es decir, los límites de mi lenguaje significan los límites de mi mundo. Utiliza palabras tan contundentes que a veces no hay que interpretarlas, simplemente hay que ponerlas en la boca y ser capaz de interpretarlas con sentido.

Como bien dice Juan Mayorga, Teresa de Jesús duda y el inquisidor, su antagonista, le aprieta las tuercas. Cuando sostiene que no se puede hablar de aquello que importa sabe que si siembra la duda en Teresa acerca de sus propias palabras está poniéndola en peligro…

La génesis de esta obra se sitúa en la llegada del inquisidor al monasterio de San José, donde Teresa fundara la Orden de las Carmelitas Descalzas. El inquisidor plantea a Teresa cara a cara la postura de la iglesia: no aceptar esta especie de subversión por su parte. Cuando el inquisidor la pone en esa tesitura y va rebatiendo cada una de sus ideas, Teresa sostiene cada vez más fuerte esta forma de pensar que la llevará a desarrollar una de las órdenes más extensas. El inquisidor no cede y no sólo le advierte del perjuicio que le puede ocurrir a nivel eclesiástico a causa de esta guerra que él cree que va a declarar, sino que la avisa de algo peor, también se está jugando su vida y la vida de las que le siguen. Todo por una forma de vivir y de pensar.

Este cara  a cara  genera otro aspecto importante: la capacidad que tiene uno y otro para llegar a cierta comprensión con lo que dice uno y lo que dice otro, el aceptar y respetar la idea del otro…

Y poder rebatirla, utilizando cada uno sus armas y sus argumentos. Mi personaje busca convencer a Teresa para que olvide su idea fundacional de propagar la idea de su Dios y que eso cale dentro de la propia Iglesia. Lo podemos trasladar a cualquier tesitura del mundo actual ¿Qué es lo que lleva hoy a que se propague una idea o que una idea corte el camino a otra? Lo estamos viviendo hoy con la polarización de las ideas, los enfrentamientos continuos, los populismos, el desconocimiento que lleva a creerte todo lo que se dice sin tener capacidad de crítica. Recuerdo una frase de Fran Lebowitz: “Piensa antes de hablar y lee antes de pensar”. En la obra ambos personajes llegamos a encontrarnos en un diálogo en niveles semejantes hasta que, al final, lo que acaba existiendo es una admiración de uno hacia el otro

El inquisidor es, en cierto modo, el representante de los espectadores…

Efectivamente, el espectador acaba siendo aquella persona que querría preguntar a Teresa y no se atreve. No olvidemos que nos situamos en el siglo XVI y Teresa dice cosas absolutamente brutales para la época defendiendo ideas absolutamente actuales. Por eso su obra trasciende. Leer el Libro de la vida es una lectura obligada, pero no sólo para las mujeres sino para todo el mundo.

La protagonista es la Teresa del XVI, pero al mismo tiempo es un personaje sobre el escenario que respira nuestro mismo aire y que nos está interpelando. Ese misterio de hacer algo tan sencillo y al mismo tiempo tan ambicioso como examinar su propia vida y llevar al espectador a examinarse con ella… El personaje de Teresa, de manos de Mayorga, no quiere un espectador acomodado, exige su imaginación cómplice, ¿es así?

Es así. El teatro de Juan Mayorga es un teatro para valientes y te explico lo de valientes. Para empezar, hoy, pasar por la puerta de un teatro y comprar una entrada es un acto de valentía en plena pandemia. Quiero romper una lanza a favor de los teatros que están trabajando muy duro para que el espacio en el que trabajamos sea un espacio seguro. Llevamos a cabo una profilaxis absoluta por parte de actores, de técnicos, el espectador puede ir con toda la confianza del mundo. Y retomo lo que te decía al principio, sentarte en el siglo XXI a escuchar lo que decía una mujer del siglo XVI es un acto de valentía. Y dejarte llevar por esas preguntas y participar, interpelar con tu imaginación, el dejar que esto transforme tu vida y te haga mejor, posiblemente es otro acto de valentía.

Hoy que parece que todo el mundo sólo quiere juzgar al otro, ¿qué cree que nos encontramos más, Teresas de Jesús o  inquisidores?

La proporción de inquisidores supera a la de Teresas. Ojalá hubiera más pero, tal y como está el mundo, por muchas Teresas que hubiera tal vez ni siquiera llegarían a ser escuchadas. Sucede muy a menudo que el pensamiento, la obra, de una persona se conoce a posteriori; mientras viven en su contexto histórico se les cuestiona absolutamente. Lo inquisitorial está a la orden del día

¡Se está usted especializando en papeles de malo! Desde el sicario de Acusados, a Otelo que es un personajazo de los fuertes, el inquisidor de La lengua en pedazos, a la colección de villanos en Malvados de oro… ¿Se encuentra más cómodo interpretando a estos malos o prefiere a personajes más blancos? Al final, creo que lo que nos acaba compensando, por muy bien que nos caiga el villano, es la victoria del bien sobre el mal. ¿Qué opina?

Sinceramente, lo que trato es especializarme en trabajar. Yo no decido si voy a hacer un personaje de malo o voy a hacer un personaje de bueno. El ser humano es bueno y es malo con muchos matices. Lo que trato de hacer son personajes construidos desde el punto de vista que quiere contar el autor o el director la serie de televisión, encontrándole sobre todo los flecos, que yo creo que es lo interesante. Un malo no es malo siempre, ni un bueno es bueno siempre.  Los personajes son poliédricos con muchas aristas, eso es lo que les da la grandeza y la riqueza. Por otra parte, el conocimiento de esas situaciones de maldad te hacen también conocerte a ti. Acabamos siendo el reflejo de nuestra propia alma y, a veces, esa alma se la lleva el personaje.

Recuerdo que declaraba en otro estreno anterior, “cuanto más conozco al ser humano en la ficción, al más malo, al más celoso, al más bueno, me voy dando cuenta de que el ser humano tiene todo. Ya sé que es una obviedad, pero somos capaces de lo peor y de lo mejor” ¿Continúa opinando igual?

Continúo opinando igual y me ratifico después de ver los acontecimientos que estamos viviendo. También soy de los que piensa que son más los que hacen las cosas bien y son menos los que hacen mal. Lo que ocurre es que el que lo hace mal parece que suena más o tiene más eco mediáticamente. Por otro lado, la situación actual jamás la habíamos vivido ninguno de nosotros y tenemos que ir adaptándonos. Al fin y al cabo, al ser humano se le ha dado una resiliencia  para poder adaptarse a las situaciones y poder acometer el día a día, casi sobrevivir a diario

De lo que no cabe duda es que seguimos remitiéndonos a figuras históricas, desde el teatro a la literatura, al cine… ¿Cuál es la vigencia hoy de nuestros clásicos y estas figuras históricas?

Claro, por eso son clásicos, porque las situaciones que se producen, las peripecias que les ocurren, no tienen un tiempo como tal: hablar del amor, del honor, de la lealtad, de la nobleza, de los celos, de la condición humana… no tiene edad, es inherente a nosotros. Nos refugiamos en figuras históricas para encontrar los referentes que a veces perdemos. En ese sentido, tengo una suerte increíble al poder desarrollar mi trayectoria teatral en el teatro clásico visitando personajes clásicos-históricos como Teresa de Jesús o El Cid tan enraizados en nuestra historia. El ser humano lo que intenta, al fin y al cabo, es sobrevivir y hacerlo lo mejor que puede, y esa es la vigencia, estas  figuras nos están contando quiénes somos, dónde vamos y de dónde venimos

Los españoles, a lo largo de siglos de historia, hemos sido descubridores, emprendedores… ¿Cree que estamos yendo a menos en cuestión de arrojo? ¿Todo lo audaces que fuimos lo estamos ahora transformando en docilidad y resignación?

Pues me gustaría pensar que no, me gustaría pensar que seguimos teniendo el mismo arrojo, que seguimos siendo igual de luchadores, de emprendedores. ¡Fuimos el Imperio! Pero cuando pasa una desgracia como ésta comienzan a verse las costuras, los hilos podridos que se rompen, una sociedad que está perdiendo un poco los referentes. También creo que este momento va a servir para generar oportunidades, va a hacer que nos miremos, que acabemos entendiendo en qué consisten las reglas del juego y volver a hacer de nuestro país un gran país. Solamente tenemos que nombrar a los grandes investigadores, virólogos, epidemiólogos, sanitarios, gentes que están  haciendo cosas muy importantes, luchando de una manera enconada para que esto pase lo antes posible… Y añádele a todos los que seguimos cada día levantándonos para hacer algo de nuestra vida y ganárnosla honradamente… Todo esto, hoy, es ser emprendedor y luchador. Ese espíritu que tenemos de indomables creo que cada español lo tiene en su interior. Esto demuestra que este país no se rinde.

Cuando interpretó Reikiavik, de Juan Mayorga, recuerdo también que usted decía: “Me gusta hacer teatro de Juan Mayorga porque habla de mí, habla de lo que somos en el siglo XXI, de cosas que opinamos en el siglo XXI. Vivimos en una época en la que hay que empezar a romper lanzas. No hay que vivir del activismo del sofá con Twitter y Facebook…” Y así seguimos…

Nos hemos dejado llevar en esta sociedad por unas dinámicas muy peculiares, no sé si nos hemos metido o nos meten. Desde Twitter, Facebook o este mundo de los influencers, personas que generan contenido como los youtubers que luego marchan a un paraíso fiscal para no pagar impuestos en su país; entiendo que si se van no lo consideran su país… no sé… A mí me interesa más como gran influencer Lope de Vega o Calderón de la Barca, James Joyce o Juan Mayorga… Los referentes se aprenden con la educación y si empezamos a tirar del hilo con el tema de la educación vemos que tiene muchas faltas. Los planes educativos están hechos de una manera que condiciona posteriormente el aprendizaje. Esas costuras que te comentaba antes se ven también en la formación. Ahora se toman decisiones a nivel individual. Creo que dije en otra entrevista que la pandemia nos iba a hacer mejores y me asusto al comprobar que no, que nos está haciendo peores seres humanos, es un poco el sálvese quien pueda…. Tenemos que hacer una reflexión, volver a mirar nuestras raíces y preguntarnos qué leches estamos haciendo a nuestra sociedad

¿Si Juan Mayorga le dice ven lo deja todo?

Me encanta trabajar con Juan Mayorga, pero también con Eduardo Vasco, con Natalia Menéndez, con todo aquel que quiera trabajar conmigo. Si Juan Mayorga me llama para la siguiente, por supuesto que allí estaré… lo que más me gusta, evidentemente, es trabajar. Después de Reikiavik hemos estado un tiempo sin coincidir y ahora parece que se abre otra puerta para seguir colaborando juntos, y estaré encantado de hacerlo

Hace poco usted explicaba el peculiar método pre-ensayos con Mayorga: “Nos une el fútbol. Él es del Madrid y yo del Barca. Antes de comenzar los ensayos, discutimos cómo van y, a partir de ahí, establecemos la conexión”. Amplíeme esto, que me ha encantado

(Risas) Sí, Juan es muy del Real Madrid y yo del Barsa y de vez en cuando nos gusta, antes de comenzar los ensayos, comentar cómo van nuestros equipos.Yo creo que eso nos pone un poco en solfa para enfrentarnos a veces a las direcciones y a las interpretaciones. A mí me encanta hablar sobre fútbol así que cada vez que tengo oportunidad de comentar con gente de mi oficio me lo paso muy bien; por ejemplo, con Ginés García Millán, que también es del Barcelona, y a veces hacemos quedadas para ver el partido de Liga, Champions… En fin, antes de la pandemia esto era lo habitual, ahora es complicado. También tiene mucho que ver ese espíritu de ser gente de fútbol, de los que siempre hemos quedado para jugar al fútbol con los amigos y, por otra parte, siempre me ha parecido muy cercano el rollo del vestuario del futbolista con el camerino del actor, tan parecido esa cosa previa de saltar al campo y saltar al escenario…

Como trabajar con Mayorga es amar aún más el lenguaje y la palabra, sustentado todo en lo mejor de la literatura castellana, juguemos un poco con las palabras:

¿Qué le deja a usted sin palabras?

Sin palabras me deja un acto de bondad

¿Cuál es su palabra favorita?

Mi palabra favorita se está convirtiendo en la palabra esperanza

Cuando escucha a los políticos hablar, con esos monólogos eternos que acaban sin decir nada en concreto, ¿qué se le viene a la cabeza? ¿O más bien comienza a dolerle la cabeza?

Ocurre que me quedo sin palabras –en este momento Daniel queda en silencio, no encuentra justamente las palabras para definir el comportamiento de nuestros representantes, miles de pensamientos se cruzan por su cabeza. Les puedo asegurar que el silencio es prolongado… y con eso está dicho todo-

¿Qué palabra o palabras se le ocurren para esta época tan covidiana y que tanto está afectando a todos los niveles laborales y económicos?

Como te decía, la palabra que más se me viene a la cabeza, últimamente, es esperanza. Y otras palabras que me gusta utilizar son oportunidad y resiliencia. Son tres palabras que, de alguna manera, han aparecido en mi vocabulario de una manera recurrente. Hay que tener esperanza porque esto va a pasar seguro. Hay que ser resiliente, adaptarse a la situación, y salir de ella lo mejor posible y lo más reforzados posibles. Y la palabra oportunidad porque creo que se nos presenta una magnífica oportunidad como sociedad para darnos cuenta de cuáles son los valores que nos deben llevar a ser mejores. Todavía nos queda un tiempo no muy grato por pasar y en ese tiempo tenemos que intentar saber comprendernos, ayudarnos, echarnos una mano… Y aquí vuelvo a destacar a los sanitarios, que son los que se están comiendo esto en primera línea y no les estamos haciendo ni caso. Yo sí sé lo que estoy haciendo y lo estoy haciendo lo mejor que puedo, otros allá con su conciencia. Muchos se están negando a ver lo que está ocurriendo y me parece terrible que eso pase. Claro que detrás se generan negocios, lo sabemos, desde las mascarillas, los test, los PCR, las fiestas ilegales y nos sorprende, pero quiero acabar esta entrevista de una manera positiva y pensando que, en breve, vamos a ir bien.  Claro que cambiarán cosas, que no será igual que antes, pero quiero pensar que va a ir bien. Todo va a ir bien. Seguro.

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