De Bélgica y una generación de oro

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Muchos de los fichajes más prominentes del mercado de verano han involucrado a figuras jóvenes de una selección belga que se perfila como una de las más ilustres de su historia: a Eden Hazard ya lo comparan en Inglaterra con el grandísimo Enzo Scifo, tras su llegada al Chelsea de Londres; los propios blues son también propietarios del jovencísimo Thibaut Courtois, cancerbero del Atleti, con quien ganó la Europa League en la campaña pasada y la Supercopa de Europa en esta incipiente temporada, ambas en título de cesión; está además Kevin Kompany, capitán del campeón inglés, Manchester City, y Moussa Dembélé, fichaje de última hora del Tottenham Hotspurs; y Jan Verthongen, también de los Spurs: y Thomas Vermaelen del Arsenal; y Romelu Lukaku, Marouanne Felaini, De Bruyne, Witsel, Mirallas…

 

Maradona vs Vercauteren, Millecamps, Verdereycken, Gerets (izq.), Schrijver y CoeckEn fin, que el talento con el que cuenta Marc Wilmots, seleccionador e ídolo de la selección belga, es considerable. Pero no es esta la primera vez en la historia que la nación noreuropea destaca en términos de talento, y queda por verse si esta cosecha de jugadores logrará sobrepasar a sus ilustres antepasados de finales de los 70 y 80. De hecho, antes de que Wilmots atravesara por su infame período como diputado en el parlamento belga, el ahora entrenador de la nacional fue parte de una generación descomunal: finalistas de la Eurocopa de 1980 tras eliminar a los de casa, Italia, con un empate a cero que bastó para coronarse como líderes de grupo, Bélgica perdió aquella final contra Alemania, pero volvería a colocarse entre los grandes equipos mundiales con su participación en México ’86, donde eliminarían en cuartos y por penaltis a la mejor España que hubo hasta esta generación, con gente como Camacho, Butragueño, Señor, Calderé y Míchel, antes de perder en las semifinales por culpa, sencillamente, de dos golazos de Diego Armando Maradona.

 

El fútbol belga siempre ha sido rápido y técnico, con mucha influencia de la escuela holandesa de los ’70. A nivel de clubes, sus equipos siempre hicieron buenas campañas en la extinta Recopa, luciéndose sobre todo cuando jugaban en casa. El Club Brujas, bajo la batuta del extraordinario Erns Happel, fue finalista de la Copa UEFA en 1975-76 ante el Liverpool de Kevin Keagan y John Toshak y también disputaría la Copa de Europa ante el mismo rival (aunque ya sin Keagan y con el trío de escoceses, Dalglish, Hansen y Souness) en 1977-78. En ambas ocasiones, sin embargo, serían los ingleses los que emergerían victoriosos.

 

En tanto, el Anderlecht consiguió participar en tres finales consecutivas de la Recopa, haciéndose con el título en 1976 (ante el West Ham de Frank Lampard, el viejo) y 1978 (Austria Viena), a pesar de perder en 1977 ante el Hamburgo de Felix Magath. La figura de ese equipo era el holandés Rob Rensenbrink, quien siempre había peleado (y perdido) su puesto en la nacional contra Johann Cruyff, hasta que Rinus Michels lo colocó de extremo izquierdo en el ’74.  

 

Vercauteren levanta la Recopa, 1983Años más tarde, ya sin Rensenbrink pero con Vercauteren y Czerniatynski, el Anderlecht sería finalista de la UEFA, ganándole en 1983 al Benfica de Sven-Goran Erikson. Un año después repetirían en la final de la UEFA con un jovencísimo Enzo Scifo jugando de 10 y Georges Grun en la defensa. En aquella ocasión, sin embargo, sería el Tottenham de Ossie Ardilles el que se marcharía con el trofeo, tras una tanda de penaltis. Es esa, precisamente, la que hasta ahora ha sido la más exitosa de las generaciones de futbolistas belgas. Aquella a la que pertenecían también el mítico defensa, Eric Gerets, y uno de los arqueros más atléticos de todos los tiempos, Michel Preud’Homme, compañeros ambos en ese Standard de Lieja que perdió la final de la Recopa de Europa en 1982 ante el Barcelona de Udo Latek (y del Lobo Carrasco).

 

Una diferencia fundamental entre aquella generación, galardonada, y esta, en su infancia, es que, para crecer, éstos han debido emigrar, mientras que aquellos jugaban todos en su liga doméstica. Inclusive las excepciones, como Scifo, por supuesto, Gerets, campeón de Europa con el PSV en 1988, o Jean-Marie Pfaff, portero del Bayern por seis temporadas, partieron solo tras haber absuelto cientos de partidos en su país. La selección belga tuvo, además, grandes jugadores como, Franky van der Elst, Mommens, o Ceulemans, que era la gran estrella del fútbol belga de los 80 y quien desarrolló toda su carrera en el Brujas, que jugaron exclusivamente en Bélgica. Hoy en día, Ceulemans no habría durado ni tres años en el Brujas.

 

Jan Ceulemans (der.) con el Brujas, su único equipo.

Esa es la triste realidad del fútbol actual. Una realidad, sin embargo, que contrasta firmemente con los prospectos de una selección belga que ha pasado demasiados años escondida tras las sombras de su pasado. Con el comienzo de la campaña de clasificación al Mundial de 2014 esta semana veremos si, de una vez por todas, los Diablos Rojos consiguen despertar de su letargo. 

MONTAGUE KOBBE es un ciudadano alemán con nombre shakesperiano, nacido en Caracas, en un país que ya no existe, en un milenio que ya pasó. Estudioso de la lengua, de todas las lenguas, una década de exilios y academias lo han convertido en un especialista del timo escrito que encanta con espejos y humo a todo tipo de serpientes. Como prueba de ello, su trabajo ha aparecido en la prensa digital y escrita de más de media docena de países, desde Argentina o Venezuela, pasando por Jamaica, Trinidad y Antigua, hasta llegar al viejo mundo, a España y Gran Bretaña. En The Daily Herald de la isla de Sint Maarten escribe, desde 2008, acerca de cultura y literatura caribeña y latinoamericana y a partir de junio de 2011 El nuevo herald de Miami publicará una serie acerca de literatura contemporánea venezolana. Ha sido traductor, editor, corrector y portador de cafés en el pasado, aunque el gran reto ha sido siempre, y lo sigue siendo, pagarse el vermut de la tarde con cuentos y novelas. Como la esperanza es lo último en perderse, ha decidido repartir sus sueños entre Madrid y una recóndita roca en el Mar Caribe, llamada Anguilla.   ADOLFO JOSÉ CALERO ABADÍA Investigador venezolano (Caracas, 1978). Es licenciado en letras por la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) y licenciado en Artes, Mención Cinematografía, por la Universidad Central de Venezuela (UCV). En el período 2007-2008 cursó estudios en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB, España), obteniendo el título de Maestría en Técnicas Editoriales. Ha publicado algunos trabajos y artículos relacionados con la literatura, el cine y la fotografía en revistas como Logotipos, Escritos o Dramateatro. Ha sido profesor de iniciación al guión cinematográfico en el Centro Nacional Autónomo de Cinematografía (CNAC) y ha colaborado con diversas editoriales en España y Venezuela, labor que prosigue en la actualidad. Actualmente es profesor en la Escuela de Artes de la Universidad Central de Venezuela (UCV) y cursa la Maestría en Literatura Comparada (UCV).