De cativos, rabudos y papaconas

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Me mandan de Cronopios, web de una gente que enseña español en Londres, y que propone una especie de acertijo para sus sufridos alumnos: averiguar el sentido de una serie de palabras que “sólo los gallegos entienden”, a saber: Rabudo / apampanado / trapalleiro / parvo / reseso / papacona / chafallada / colo / chimpín / riquiño.

 

Me mandan la web Cronopios, de una gente que enseña español en Londres, y que propone una especie de acertijo para sus sufridos alumnos: averiguar el sentido de una serie de palabras que “sólo los gallegos entienden”, a saber:

 

Rabudo / apampanado / trapalleiro / parvo / reseso / papacona / chafallada / colo / chimpín / riquiño. Yo añado guiche (desconchado) y, puestos a hablar en latín, lo de cativos aplicado a los niños o cualquier cosa pequeña. Sospecho que chimpín será “tractor pequeño”, pero no estoy segura. El pan reseso (del día anterior) me lanza de golpe a la infancia, en constante búsqueda de un colo (regazo) donde repantingarme.

 

Muchas veces me tienen dicho (otra gallegada) «¡qué  rabuda (contestona, rebelde) eres!» y no digamos trapalleira, puesto que mis labores del colegio eran una chafallada. Me pregunto por qué parvo, puro latín también, acabó significando algo así como atontolinado, aunque se use cariñosamente como tonto light (ay qué parvo eres…), si bien parece que en esta página supongo que le adjudican “tonto, estúpido”, que se me hace demasiado duro. Por el mismo camino va apampanado, que para mí es apampado. Luego tenemos papacona y riquiño. Riquiño se dice de alguien entrañable, simpático, un cielo, vamos. En cuanto a lo de papacona, me queda sólo “persona con poca inteligencia o disposición. Persona molesta” a menos que lo intercambie con el “tonto, estúpido”, que me niego a asignar a parvo. Por aquí me dicen que papacona es “atontado, que no se entera”. Y me añaden que es menos cariñoso que parvo. «Un parvo es más ingenuo y un papacona tiene más mala hostia» ¡Yo tenía razón!

 

Los de la web que vayan aprendiendo que aun siendo gallega tengo mis dudas, aunque a lo mejor esto me pasa por no ser pata negra. Mañana más.

Soy coruñesa con algo de portuguesa, recriada en Madrid. Como tengo tendencia a la dispersión, estudié Ciencias Políticas. Aparte de varios oficios de supervivencia, he sido socióloga, traductora, documentalista y, finalmente, editora y redactora en El País durante veinte años. En mi primer colegio de monjas tuve la suerte de aprender bien latín. Pasar de las monjas al instituto público Beatriz Galindo de Madrid, donde enseñaban Gerardo Diego, Manuel de Terán, Luis Gil…, fue definitivo para cambiar de fase. Creo que si falla el lenguaje, falla el pensamiento y falla la razón.