De cómo la detención ilegal del actor palestino Nabil Al-Raee fue contada en La Voz de Galicia y Faro de Vigo

0
247

 

Una flecha amarilla, y el color fluorescentes de las escaleras mecánicas, con sombras de bultos de maletas se reflejaban sobre el cristal de la oficina de Loterías y Apuestas del Estado que tenía a cinco metros de mi.

 

Estaba en el aeropuerto de Barcelona, sentada en una silla gris, detrás de una columna blanca, haciendo tiempo mientras no se iniciaba la facturación de mi vuelo con destino Málaga.

 

A mi izquierda, y a mi derecha, dos jóvenes rubias dormían agarradas a sus maletas incrustadas en carros metálicos, formando una bola con sus cuerpos, ajenas al monótono ruido de la terminal de llegadas. Me entretenía mirando a un desconocido que deambulaba con mirada perdida.

 

De fondo se oía el acento español, y el ruido (y el aroma) de café expreso recién hecho, que tanto había echado de menos en Israel, chirriando en la cafetera de bar.

 

Observaba los focos redondos en el techo de rectángulos que sellaban la superficie de Loterías y Apuestas del Estado. Intentaba analizar todo el bullicio interno que sentía fijando la mirada en objetos inertes.

 

Mi cuerpo estaba en Barcelona, pero mi mente no cesaba de recordar las últimas imágenes vividas en el Campo de Refugiados de Yenín, Palestina, con mis estudiantes del Teatro de la Libertad. Dos mundos tan distintos que vivían en mis adentros.

 

Me sentía como una célula de identidad sin número. Una mujer atrapada en un destino de llegada que no era el suyo. Es difícil explicar con palabras la sensación de desorientación que se experimenta cuando acabas de llegar de otra vida, en otro rincón del planeta.

 

España ya no me resultaba familiar. Como si ya no fuese mi casa. Simplemente un lugar en el que había estado los primeros 23 años de mi existencia. Un lugar que pertenecía a otra vida anterior, no al presente. Como si hubiese resucitado, vivido en varios cuerpos diferentes, y mi experiencia en España fuese una de mis Iaras más lejanas.

 

Una voz inquieta y activa dentro de mi no cesaba de hacerme preguntas. ¿Y ahora qué, Iara? ¿Cuál será tu siguiente destino?¿Vas a estar en España, e intentar movilizar a la prensa para que den cuenta del secuestro de Nabil? Nabil Al Raee era el director artístico de la escuela de teatro del campo de refugiados de Yenín. El artista había sido arrestado ilegalmente por el ejército israelí hacía dos días. ¿Vas a encerrarte en un cuarto oscuro y escribir  lo que has visto? ¿Vas a trabajar, juntar dinero, en medio de la crisis española, y volver al teatro para ayudar a tus estudiantes?

 

Estudiantes  a quienes llamaba mis cinco leones, porque eran auténticos monstruos cuando subían al escenario. Los describía como mis hermanos pequeños. Sus miradas de desesperanza, tristeza, y valentía. Me atormentaba recordar mi despedida de ellos en el check point entre Afula (Israel) y Yenín (Palestina), tan solo unas horas antes.

 

Estaba sana y salva en Europa sin poder evitar sentirme culpable por haberles dejado en tierra de nadie. Así era la vida en Palestina: incertidumbre. Un lugar en el que no existían los derechos humanos, ni el respeto a la vida, ni a la dignidad humana. Cualquiera de sus habitantes podría ser secuestrado, sometido a juicio, encarcelado, asesinado, recibir un tiro sin ningún  motivo.

 

Una tarde se podía sonreír a la vida, disfrutando del color de la puesta de sol roja, escuchando los cantos de los musulmanes llamando a la oración, saboreando un dulce kunafa en el bar del delicatese, y a la mañana siguiente gritar de horror porque un amigo, compañero de trabajo, pariente, profesor cercano había sido arrestado, asesinado, o sometido a interrogatorios por tiempo indefinido y en paradero desconocido.

 

El horror y la inseguridad de que todo podía pasar en el momento menos pensado, como un cambio de sentido de 360 grados, era el día a día de los palestinos. Acostumbrados a vivir sin esperanza, sin sueños, sin ganas ni de respirar.

 

Miré el reloj. Eran las doce de la mañana y mi vuelo con destino a Málaga no saldría hasta las 18:00h. Tenía seis horas para errar por los doquieres de la terminal de llegadas. Conecté mi ordenador a internet y vi la noticia publicada en La Voz de Galicia sobre la detención de Nabil Al Raee.

 

Empecé a recordar la escena. Eran las siete de la mañana, yo tenía que presentar mi proyecto final con los estudiantes del teatro: Areej, Saber, Motaz, Ala y Anas. Volaba al día siguiente a España. Me sentía orgullosa de cómo habían transcurrido los talleres, de lo mucho que los chicos habían aprendido. Al principio no veían utilidad ninguna a la escritura. Pero conforme el taller fue avanzando se dieron cuenta que escribir es igual a pensar, a poner tus ideas en orden, a expresar lo que sientes.

 

Todos nosotros tenemos infinidad de impulsos cada segundo. Pero no nos han enseñado, o no sabemos expresarlos, ni interpretarlos. El no ser capaz de entenderse a uno mismo, de no saber quién eres, genera vacío interior, o dependencias de otros que nos hagan sentir que nuestras vidas tienen algún propósito. La idea de los talleres era simple, pero difícil de poner en práctica: los chicos tenían que hacer un monólogo diciendo al público quiénes eran. Lo habían conseguido.

 

La vida son altos y bajos. En medio de mi nebulosa, Sarah Tuck, una fotógrafa americana de 27 años que estaba viviendo conmigo en la casa de invitados del Teatro de la Libertad me dijo:

 

—¿Te has enterado de la noticia?

—No —le respondí.

—Ayer el ejército israelí entró en la casa de Nabil a las tres de la mañana y lo arrestaron. No le han dicho a su mujer, Micaela, dónde está ni el motivo de la detención, simplemente lo arrestaron. Ha sido un secuestro. El Teatro de la Libertad ha puesto una nota de prensa en su Facebook. Mírala.

 

En cinco segundos tenía delante de pantalla la nota de prensa del teatro, en la que estaba escrita lo siguiente:

 

Press Release from The Freedom Theatre in Jenin Refugee Camp, northern West Bank


June 6, 2012


“At approximately 03:15 am the Israeli army entered the home of Nabil Al-Raee, the Artistic Director of The Freedom Theatre, and took him to an unknown location. 


Nabil’s wife, Micaela Miranda explains what happened: «The dog started barking so I went outside and saw soldiers jumping over the gate and come into the yard of the house. They asked for my husband and I asked what for, that it’s my right to know and it’s my house. The soldiers replied that they were not going to tell me. They then took Nabil, brought him to an army jeep and drove off. We are very worried because we don’t know where they took him and why.» 


Jonatan Stanczak, Managing Director of The Freedom Theatre: «I live on the floor above Nabil and when I heard what was happening I tried to go down to talk to the soldiers because I speak Hebrew. The house was surrounded by masked Israeli soldiers and three of them immediately pointed their weapons at me and pushed me back into the house.» 


Attempts were immediately made to contact the District Coordination Office of the Israeli army but to no avail. 


More than half the employees of The Freedom Theatre were recently called to interrogations by the Israeli army, including Nabil Al-Raee. All came to the appointments as scheduled and answered to their best of their knowledge the given questions even though they were intimidated and even threatened. 


Jonatan Stanczak continues: «I don’t understand why they do this after they know they could simply have made a phone call to Nabil and he would have come to answer any questions or concerns that they might have. Since this has happened so many times in the past, I can’t interpret it as anything else than an ongoing harassment of the employees of The Freedom Theatre and their families by the Israeli army.»


At this point it is unclear if any other members of The Freedom Theatre have been taken during the night. Several of them have not responded to phone calls. 


For further information Jonatan Stanczak, the managing director of The Freedom Theatre can be reached onjonatan@thefreedomtheatre.org and +972-(0)599-017-654 

 

Micaela Miranda can be reached on micaela@thefreedomtheatre.org and +972-(0)597-016-230

 

 

En seguida mandé un correo electrónico a mi familia en el que decía: “LLamada urgente”. Mi madre llamó de inmediato a Raquel Gorrochategui, diseñadora gráfrica de La Voz de Galicia, una gran amiga.

 

Raquel, un ser humano excepcional, siempre dispueta a ayudar, me telefoneó desde la redacción coruñesa hasta el campo de refugiados de Yenín. Cuando le relate lo sucedido no tardó ni un minuto en ponerse manos a la obra llamando al editor jefe de La Voz de Galicia. La noticia se dio al día siguiete. Lo mismo he de decir de Alfonso Armada, y el gran Fernando Franco, quién me llamó desde el hospital levantándose de madrugada, nada menos que a las cinco de la mañana, para meter lo sucedido en su sección del domigo del Faro de Vigo. Gracias a ellos, en España, como en el resto del mundo, nos hemos podido enterar de la noticia del secuestro de Nabil Al Raee y la injusta situación que cada día ha de soportar el Freedom Theater.