De la abundancia del corazón habla la boca

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Ahora sí empiezo a entender muchas cosas. Desde el principio me llamó la atención la torpeza lingüística del ministro de Educación, Wert, y ahora me viene a la boca lo de que “de la abundancia del corazón habla la boca”, valga la analogía. Hace unos días, en una reunión con expertos, Wert restó importancia a la etapa de preescolar al insistir en que era “más asistencial que educativa”. Es decir, que nuestro ministro de Educación será un experto sociólogo, conocerá un montón de estadísticas sobre el sector, pero desconoce que los primeros años de la vida, cuando el cerebro es más plástico y el crecimiento neuronal es más intenso y rápido, son los que más nos condicionan para el futuro, aquellos en que las capacidades que adquirimos y experimentamos se quedan más firmemente asentadas en nuestra personalidad. De ahí también la trascendencia que tiene sobre la igualdad de oportunidades .¿Se acuerdan de la famosa `edad de la razón´, que colocábamos a los siete años? Es algo que ya se sabía hace cuarenta años, cuando una simple mortal como yo tuvo que tomar decisiones “asistenciales” acerca de su hijo. Es horrible pensar que todo un ministro de Educación piensa así. ¡Asistencial! Espero y deseo un torrente de protestas y puntualizaciones que consigan sacarle los colores. Por cierto, es el mismo ministro que para ilustrar la necesidad de eliminar el adoctrinamiento en los textos de Educación para la Ciudadanía leyó como ejemplo un párrafo… que no era de un texto de la asignatura (y no pasó nada). Una joyita.

 

Más joyitas de la actualidad. En El País, una crónica sobre Bankia: “…tres meses después de esta ruptura, Rajoy ha forzado la salida de Rato (…) para sanear la entidad (…) e intentar recuperar la falta de credibilidad del sistema financiero”. Pues no. O intentamos recuperar la credibilidad o solucionar la falta de credibilidad, entre otras opciones. Pero siempre se elige la forma más retorcida, que viene siendo la más oscura e ilógica.

 

Dentro del mismo temario, algún periodista de alguna emisora de radio: “Los niveles (de la deuda en la última subasta) son altos pero no alarmistas”. ¿Será posible que no sepamos distinguir alarmista de alarmante?

 

Y nuestra querida y nunca bien ponderada banca pone la guinda con su publicidad: “Hace tiempo que no has escuchado hablar mucho de nosotros” (Banesto). Desgraciadamente, oigo hablar de vosotros continuamente. Tengo una idea: que los bancos contraten, aunque sea en comandita, a unos cuantos filólogos en paro, con dos objetivos (además del incremento del empleo): dignificar la comunicación y mejorar la comprensión. De nada. Por esta vez, gratis total.

Soy coruñesa con algo de portuguesa, recriada en Madrid. Como tengo tendencia a la dispersión, estudié Ciencias Políticas. Aparte de varios oficios de supervivencia, he sido socióloga, traductora, documentalista y, finalmente, editora y redactora en El País durante veinte años. En mi primer colegio de monjas tuve la suerte de aprender bien latín. Pasar de las monjas al instituto público Beatriz Galindo de Madrid, donde enseñaban Gerardo Diego, Manuel de Terán, Luis Gil…, fue definitivo para cambiar de fase. Creo que si falla el lenguaje, falla el pensamiento y falla la razón.