De la Copa Mitropa, precursora de la Champions, parte III

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A mediados de los años 30 surgió en Viena una de las primeras y más literarias de las figuras futbolísticas de la era previa a la televisión: Matthias Sindelar, el hombre de papel. Centro neurálgico del Austria de Viena, “Sindi” se convertiría en el líder de toda una generación y llevaría a su combinado a levantar la Mitropa por primera vez, destacando una vez más la calidad de la liga austriaca, que aportaba su tercer campeón y quinto finalista en siete ediciones.

 

Sindi, el hombre de papel De hecho, es posible que la Mitropa de 1933 fuera la mejor y más representativa de todos los tiempos, pues los ocho equipos que la disputaron contaban con figuras míticas que trascendieron a lo largo de la historia. El Ujpest de Avar, campeón de 1929, se enfrentó al campeón de Italia, la Juventus de Turín, cuyo contingente sudamericano, en especial el brasileño “Maestrinho” Sernaggioto y el argentino Raymundo Orsi, causarían estragos en la zaga húngara. El otro combinado magyar, el MTK de Gusztav Sebes y una linea de ataque en la que figuraban Jeno Kalmár, máximo goleador y jugador del año en 1929, Pál Titkos, János Dudás (ambos internacionales), y el inolvidable Laszlo Cseh, uno de los más grandes dribladores de la época, fue eliminado por el Sparta de Braine, de Oldrich Nejedly, de Josef Silny y del central Josef Kostálek, quien logró neutralizar los avances de los húngaros.

 

En tanto, el Ambrosiana de Giuseppe Meazza y del argentino Atílio Demaría vencería al First de Rainer y Hofmann. Para entonces el otro baluarte de la defensa del First, Pepi Blum, ya había colgado sus botas, pasando a entrenar al Austria con el que pudo eliminar a un Slavia en el que aún figuraban Planicka, Junek y Svoboda, ahora junto a la joven generación de Vlastimil Kopecky, el segundo máximo goleador de la historia de la liga checa, y Jiri Sobotka y Stefan Cambral, finalistas de la Copa del Mundo de 1934.

 

Fue así como la final de la Copa Mitropa 1933 fue publicitada como el enfrentamiento de dos de los más grandes jugadores del mundo: Meazza vs. “Sindi”. En Italia, el Ambrosiana salió victorioso con un 2-1 que supo a poco, a pesar de que el segundo gol local lo anotara un lesionado Virgilio Levratto (en aquella época no se permitía cambio alguno durante los partidos). La vuelta en el Prater, sin embargo, se convirtió en el clímax de la carrera de Sindelar, quien maniató a la defensa italiana, consiguió un triplete que lo consolidó como máximo goleador de la competencia (junto a “Momo” Orsi, Frantisek Kloz del Sparta y el propio Meazza) y, sobre todo, obsequió el título al Austria de Blum con un golazo escorado a la esquina del portero en el minuto 88 del partido, cuando ya todos daban por hecho que habría que jugar un encuentro de desempate. Fue la coronación en casa de un ídolo como los ha habido pocos en el fútbol.

 

Al año siguiente el formato de la competición se ampliaría a 16 quipos, entrando así al punto álgido de su historia. A pesar de contar con el doble de participantes, los países invitados continuarían siendo los mismos: Austria, Italia, Hungría y Checoslovaquia. Una serie de particularidades caracterizaron aquella Mitropa, entre ellas las 800 personas que fueron a ver al Florisdorf de Viena ante el Ferencvaros de Budapest en un Hohe Warte cuya capacidad rondaba los 40.000 espectadores, o los seis encuentros en 34 días que el Sparta de Praga y el MTK de Budapest tuvieron que disputar en la primera ronda sin encontrar vencedor, hasta que se decidió echarlo a la suerte, que le sonrió al Sparta.

 

Al final, y a pesar de contundentes derrotas para equipos austriacos (Ferencvaros 8 – Florisdorf 0; Bologna 6 – Rapid 1), las grandes potencias futbolísticas del continente, Italia, recién coronada campeona del mundo, y Austria, cuyo Wunderteam ofrecía un espectáculo futbolístico inusitado, resultaron ser las protagonistas del campeonato. Los favoritos, sin embargo, la Juventus de Monti, de Orsi, de Cesarini, Combi y otros tantos campeones mundiales, caerían ante un Admira sin Toni Schall pero con un joven Hahnemann y un Vogl inspirados, quienes se enfrentarían en la final ante el Bolonia, campeón de 1932. Tras una derrota fuera de casa en un Prater abarrotado con 50.000 personas, la vuelta en el Stadio del Litoriale fue presenciada por los hijos de Mussolini, Bruno y Vittorio, quienes vieron como el Bolonia de los uruguayos Sansone y Fedullo, del gran Schiavio así como de Carlo Reguzzoni, máximo goleador de aquella Mitropa, aplastó 5-1 a un Admira que jugó prácticamente 80 minutos con 10 hombres. La voluntad del Duce se había cumplido.

 

En 1935 el formato de 16 equipos se mantuvo pero la balanza del fútbol centroeuropeo comenzó a inclinarse a favor del estilo húngaro, como se pudo apreciar desde la primera ronda en la cual el Ferencvaros de Gyorgy Sárosi y Géza Toldi venció por 8-0 al Roma, mientras el MTK de Cseh, de József Turay y Pál Titkos acribilló 7-1 al Admira de Viena, nada menos. El MTK caería más tarde ante una Juve que se enfrentaría a otro gigante del fútbol de la época, el Sparta, en una de las semifinales del torneo.  Prácticamente eliminada, la Juve, aún con Monti y Cesarini, Ferrari y Varglien, pero también con Guglielmo Gabetto y Felice Borel, marcaría el 3-1 en el último minuto de la vuelta en el Comunale de Torino que obligaría a un partido de desempate a jugarse pocos días más tarde en Suiza. El Sparta, con goles de Braine, como no, y de Ferdinand Facsinek, sorprendería a la vecchia signora, uno de los mejores clubes de la época que, sin embargo, jamás lograría ganar la Mitropa.

 

La otra semifinal, entre el Ferencvaros y el Austria, colocó frente a frente a dos de los mejores delanteros de los 30: Matthias Sindelar y Gyorgy Sárosi, quien resultó líder goleador de aquella edición de la Mitropa. Sindi montó un espectáculo, pero en definitiva era el fútbol húngaro el que venía en ascenso, y fue el Ferencvaros el que disputó la final del ’35 con el Sparta. Final en la que no faltó la calidad, porque si bien Sindelar no pudo asistir, sí que estuvieron Raymond Braine y Oldrich Nejedly por el Sparta, quienes le dieron la victoria al combinado checoslovaco por segunda vez en la historia de la competición, en esta ocasión celebrando la inauguración del nuevo estadio de los de Praga, el Masaryk, que con una capacidad de 56.000 personas reemplazaba al antiguo Letná.

 

Aunque tal vez del otro lado de su cúspide, Matthias Sindelar y el fútbol austriaco aún contarían entre los protagonistas de los próximos años. La temporada de 1936 vio nuevos cambios en los estatutos de la Mitropa, especialmente en cuanto a los equipos que tendrían derecho a participar, entre los cuales contaban ahora cuatro combinados suizos que protagonizarían una ronda de clasificación con el cuarto clasificado de la liga de cada uno de los países que tradicionalmente habían disputado la copa. El Austria de Sindelar, de Karl Sesta (llegado del First en 1934), de Hans Mock, Rudolf Viertl y el capitán, Walter Nausch, se vio obligado, por lo tanto, a empezar su campaña en esta etapa de clasificación contra el Grasshoppers de Zurich, a quien logró vencer en ida y vuelta por 3-1 y 1-1.

 

La siguiente ronda vería al Admira perder sorpresivamente ante un Prostejov que debutaba en la competición. A pesar de acabar eliminado, aquel Admira consiguió vencer 2-3 al combinado checo fuera de casa en un encuentro que vio un total de seis expulsiones, cinco de ellas al equipo de Viena. Aún sin Toni Schall (lesionado), la línea de ataque de ese Admira incluía a Willy Hahnemann, a Adi Vogl y, sobre todo, al impresionante Josef “Pepi” Bican, el mayor goleador en la historia del fútbol checo, quien había llegado del Rapid tras cuatro años de frustraciones en el equipo verdiblanco.

 

Sin embargo, la figura del verano de 1936 no sería Bican, ni Sárosi, ni Giuseppe Meazza, sino que lo sería Matthias Sindelar, a sus 33 años el líder indiscutible de un Austria que se apoyaba en él para superar cualquier obstáculo. Así fue en los octavos contra el Bolonia y así fue también en cuartos contra el Slavia, emparejamiento en el que Sindelar no anotó pero condujo el partido en casa a placer. Junto al Austria, el Ujpest del jovencísimo “Abel” Zsengellér, el Ambrosiana, que consiguió imponerse sobre el First de Gschweidl, quien ahora actuaba como entrenador/jugador, y el Sparta de Praga se enfrentaban en las semis.

 

El partido entre el Ujpest y el Austria en Budapest terminó en disturbios tras una victoria para los austriacos, y una lección futbolística de Sindi unos días más tarde en Viena resultó en el regreso del Austria a la final de la Mitropa, tres años después de haberla conquistado por primera vez. Su rival sería un Sparta inspirado que había conseguido disponer del Ambrosiana tanto en la Arena Civica de Milán como en el estadio de Letná. A pesar de contar con protagonistas como Raymond Braine, Nejedly, Facsinek, Pepi Stroh, Rudolf Viertl, Jerusalem o el propio Sindelar, los dos partidos de la final fueron dominados por las zagas respectivas, también repletas de estrellas como Nausch, Mock, Sesta y Adamek por el lado austriaco y Kostálek, Burgr, Ctyroky y Boucek por el otro bando. Tras un empate a cero en Viena parecía que el Sparta repetiría como campeón, pero un desempeño disciplinado en un estadio de Masaryk, repleto hasta las líneas de banda con 58.000 espectadores cargados de hostilidad, se transformó en el 0-1 que le daría el título al Austria y que marcaría el apogeo del fútbol austriaco.

MONTAGUE KOBBE es un ciudadano alemán con nombre shakesperiano, nacido en Caracas, en un país que ya no existe, en un milenio que ya pasó. Estudioso de la lengua, de todas las lenguas, una década de exilios y academias lo han convertido en un especialista del timo escrito que encanta con espejos y humo a todo tipo de serpientes. Como prueba de ello, su trabajo ha aparecido en la prensa digital y escrita de más de media docena de países, desde Argentina o Venezuela, pasando por Jamaica, Trinidad y Antigua, hasta llegar al viejo mundo, a España y Gran Bretaña. En The Daily Herald de la isla de Sint Maarten escribe, desde 2008, acerca de cultura y literatura caribeña y latinoamericana y a partir de junio de 2011 El nuevo herald de Miami publicará una serie acerca de literatura contemporánea venezolana. Ha sido traductor, editor, corrector y portador de cafés en el pasado, aunque el gran reto ha sido siempre, y lo sigue siendo, pagarse el vermut de la tarde con cuentos y novelas. Como la esperanza es lo último en perderse, ha decidido repartir sus sueños entre Madrid y una recóndita roca en el Mar Caribe, llamada Anguilla.   ADOLFO JOSÉ CALERO ABADÍA Investigador venezolano (Caracas, 1978). Es licenciado en letras por la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) y licenciado en Artes, Mención Cinematografía, por la Universidad Central de Venezuela (UCV). En el período 2007-2008 cursó estudios en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB, España), obteniendo el título de Maestría en Técnicas Editoriales. Ha publicado algunos trabajos y artículos relacionados con la literatura, el cine y la fotografía en revistas como Logotipos, Escritos o Dramateatro. Ha sido profesor de iniciación al guión cinematográfico en el Centro Nacional Autónomo de Cinematografía (CNAC) y ha colaborado con diversas editoriales en España y Venezuela, labor que prosigue en la actualidad. Actualmente es profesor en la Escuela de Artes de la Universidad Central de Venezuela (UCV) y cursa la Maestría en Literatura Comparada (UCV).