De mi Diario : 6.ª semana del 2024

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Rodenkirchen, 4.2.

He entrado nuevamente al portal Todo–Mail, y su envío con el título «Hecha Un Vistazo a Estas Hermosas Aves América del Sur» lo han desaparecido luego de recibir mi email preguntando si “Hecha” era del verbo “hechar”. Al menos no lo registran en el rubro dedicado a la Naturaleza. Eso se llama dar la callada por respuesta. Algo es algo, dijo el calvo al encontrarse un pelo, como diría mi abuela Remedios

Por la razón que sea el Steep’s estaba cerrado a las 12:00 en punto, cuando Diny y yo llegamos. Al poco rato llegaron también Angie & Vincent, pero el Steep’s  siguió cerrado, de manera que esperamos el ¼ de hora académico y enfilamos en dirección al chino porque el Bistro Verde y el Primo Piano cierran los domingos. Y en el chino hemos comido opíparamente y al final los he obsequiado con un postre chinísimo (aunque supongo que también lo habrá en países bananeros): plátanos fritos con miel, y guarnecidos con helado de vainilla.

El suplemento cultural dominical de La Jornada, como viene sucediendo en los últimos meses, todavía no ha subido a la página web del diario a las 11:12 pm del día de hoy. Sé de sobra que la Cultura es las más ninguneable de las rúbricas, y no sólo en México: acá en Alemania, la tijera de los reajustes económicos (entre los cuales se contaba –cómo no– la subida de sus dietas a los diputados) acabó con la revista Humboldt al cabo de 52 años de ser el mejor vehículo cultural de este país en sus relaciones con el mundo iberoamericano. Pero uno esperaría que un diario como La Jornada no cometiera semejante desafuero, ni que la República Bananera de Alemania sirviese de ejemplo al –¡ejem, ejem!– Tercer Mundo.

Rodenkirchen, 5.2.

Una de las muchas estupideces que he leído acerca de Love Affair (1994) es que su primera mitad es mala y la segunda es estupenda, de manera que el crítico de marras les adjudica respectivos 3 y 8 puntos, y por eso le concede un promedio de 5. Este imbécil no sólo no sabe nada de cine, sino que, además, sus nociones aritméticas le pondrían el pelo de punta al pobrecito Pitágoras: todavía no se ha enterado de que 3+8=11:2=5,5 y no 5 a secas.

Al levantarme hoy lo primerísimo de todo ha sido buscar el suplemento de La Jornada y respirar hondo al verlo en la pantalla, y en él mi nueva Carta desde Alemania, la versión larga de mi texto sobre el presidente Wilson. Por cierto que, para mi sorpresa, Pilar me escribió desde L.A. para decirme que no sabía nada acerca de ese presidente gringo, que en todas las listas que consulté para escribir mi Carta se cuenta siempre entre los diez mejores de los USA. Amén de lo cual me cuenta que consiguió la nacionalidad española y está pensando en dejar California, en uno o dos años, para irse a vivir a la vieja piel de toro. Me huelo que si el el ex fake president gana las elecciones de noviembre, van a ser muchos los que abandonen ese barco a la deriva.

Vino Rebeca y nos trajo malas noticias: ayer murió Harry, el marido de Miny y el más viejo de nuestro clan neerlandés, era dos años mayor que yo. Su muerte es muy de lamentar, claro que sí, pero en el fondo pienso que es lo mejor que le pudo pasar: llevaba años sufriendo atado a una silla de ruedas, con dolores en todas sus articulaciones y que ninguna terapia  logró calmar, y para colmo su mujer entró también casi los mismos años en una demencia progresiva que es la maldición que cargan los Hansen. Descanse, pues, en paz el querido Harry, otro de esos hombres, «en el buen sentido de la palabra, bueno».

Almorzamos en el Bistro Verde con Rebeca y es probable que lo repitamos este sábado, en que no vendrá Paul. Quien como la inmensa mayoría de los nacidos en esta ciudad es un carnavalero empedernido, y a partir del próximo 8, Jueves de Comadres, la locura carnestoléndica se apodera de Colonia, y casi no cesa ni un solo segundo hasta el día 14, Miércoles de Ceniza. Y al regresar hoy acá, al Maternus, Rebeca se ha enfrascado en reclamaciones a la lavandería y otras instancias, además de liquidarme 500 € que he ido pagando en ReWe durante las últimas semanas. Le he pedido que por favor se lleve todos los bonos de Caja y compruebe mis cálculos en algún momento que tenga libre: yo, que de siempre fui una máquina calculadora infalible, ya no me fío ni de mis propios cálculos.

Rodenkirchen, 6.2.

Después de desayunar y reposar una hora fui al Banco a ingresar 1.500 € en mi c/c., y al llegar me encontré allí con mi antigua asesora de inversiones, la capaz Frau Schneider, que andaba visitando a sus ex colegas, y al verme llegar vino a mi encuentro y nos saludamos efusivamente. Ella me ayudó además a hacer el ingreso, que ahora está todo automatizado y me pierdo en esos embelecos. Nos despedimos con afecto y de ahí crucé al otro lado de la plaza para acudir a un control donde la Drª. Pega–Wolter, mi otorrina, quien parece preocupada por mis oídos, y lo siento por ella, pero mis oídos oyen tal y como los de los tigres de Bengala. Al despedirme de las asistentas de la recepción y entregarme la de siempre, con el volante para la siguiente cita, una de sus galletas, me revanché (es el verbo alemán apropiado en este caso) depositando sobre el mostrador una tableta del mejor chocolate belga. Las dejé con los ojos abiertos como platos. Y al llegar al Maternus el que los abrió como platos fui yo, porque en la hora y ½ que estuve fuera mi compu se declaró en huelga de imagen y no conseguí que la interrumpiese, así es que avisé en la Recepción para que me enviasen a Pablo el argentino (fueguino) u otro técnico a reparar la posible avería, lo que no sucedió. [Todo lo que antecede y lo que sigue, lo escribo una vez que hoy, 7.2., ± a eso de las 10 am llegaron Pablo y otro técnico y, después de un par de intentonas al santo botón, inútiles, lograron restablecer la imagen en el monitor de la compu, pese a que minutos antes aseguraban que la avería parecía irreparable].

En La Modicana tienen hoy canelones pero el relleno es de col puntiaguda y jamón, y contra el jamón no tengo nada, así es que le pido a Minou espaguetis con atún fresco y berenjenas. A la mesa de atrás, y separada de la nuestra por el pasillo, se sientan Gabi & Carlo, para quienes ya tiene que ser evidente que no los he saludado al llegar: ellos, al irse, hacen estación en nuestra mesa, pero no con la intención de sentarse, como era antes su costumbre, yo parezco abismado en contemplar las irisaciones del sol en mi blanco de los Abruzzos. No les digo ni adiós cuando se van. Mientras no me expliquen (ni siquiera necesito que se disculpen, me basta con que me lo expliquen) el porqué de su inconducta el 2.º festivo de la Navidad, el 26.12., conmigo no hay tutía, como diría en este caso mi abuela Remedios. Y cuando se fueron, por broma, le digo a Ulli: «Y ahora Carlos pedirá su tiramisú». A Carlos la cara se le iluminó de alegría, “¡Ay, sí!» dijo, y enseguida llamó a Minou y se lo encargó. Regresa a la infancia, creo que es eso, y me parece que también lo piensa Ulli.

Rodenkirchen, 7.2., san Ricardo, rey

Anoche, como no tenía la compu a mi disposición, me enfrasqué en la relectura de Arms and the Man [Héroes], la deliciosa comedia de Bernard Shaw. Nunca me canso de releerla y siempre le encuentro cosas que me pasaron por alto en las relecturas precedentes. En esta, por ejemplo, Raína, la protagonista búlgara, le pregunta a Bluntschli, el oficial suizo en el ejército serbio que se ha refugiado casualmente en su dormitorio, huyendo de unos perseguidores búlgaros, si conoce la ópera Hernani, y cuando él le dice que no, ella le cuenta que Hernani huye de sus perseguidores y se refugia en la casa de su mayor enemigo, un anciano noble castellano, quien se niega a entregarlo a quienes lo persiguen porque su huésped es sagrado para él, y que Bluntschli puede esperar de ella lo mismo que Hernani del anciano noble castellano, y en su casa se puede sentir tan seguro como en la de su propio padre. A lo cual Bluntschli le responde que su padre «es un hombre sumamente hospitalario. Tiene seis hoteles. Pero yo no confiaría en él hasta ese punto». Me imagino las carcajadas en el teatro. Shaw no era sólo un paradojista inimitable, también dominaba el arte de la suave ironía. En lo que a mí me toca, me salvó la noche, dos horas de refrescante lectura.

Vinieron a ½ mañana Pablo y un técnico alemán, y en principio dictaminaron que mi compu estaba mandada retirar, pero les expliqué, y se dieron cuenta de que no hablaban con un 100% lego en la materia, sino con alguien que brega con estos chismes desde hace casi un cuarto de siglo, o más. Lo noté al pedirme el alemán que les describiese cómo sucedieron las cosas. Se las conté. Trabajé con la compu hasta las 10 am en que me fui donde mi otorrina. Volví alrededor de las 11:30 y la pantalla estaba en negro y la compu apagada. Chequeé todos los enchufes por si alguno andaba flojo, y no. Miré después los enchufes tanto en el monitor como en la compu. En el monitor descubrí que andaba suelto, es decir, sobre la mesa, el cable de la corriente eléctrica, lo que me pareció muy extraño porque es un enchufe grueso y con tres ranuras, que se inserta en su puerto tanto como el jinete cumplío de “Ojos verdes” en la serrana puta que lo recuerda: esto, claro, no se lo expliqué así a ellos. Pero es que antes ya me extrañó que el conector VGA (gracias, Laureano), que lleva implementados dos tornillos para fijarlo a la compu, también estaba sobre la mesa, y también lo fijé a ella. Aquí la palabra clave es “antes”, es decir: antes de reconectar en el monitor el enchufe de la corriente eléctrica. Algo brilló en los ojos del técnico y le ordenó a Pablo –debe ser su jefe– que desatornillase ese conector VGA. Apenas lo desatornilló el buen fueguino, y la imagen volvió a la pantalla. El técnico quiso saber cuando se programó por última vez la compu y le dije que a mediados del año pasado, y entonces él me explicó que quien lo hizo la compuso de modo que no hubiera necesidad del conector VGA. Y aquí paz y después gloria, les agradecí a los dos y me dije que nunca se acuesta uno sin aprender algo nuevo, como sostienen las prostitutas con un alto grado de profesionalidad.

Iban a venir Montse y Oskar pero aplazaron su venida hasta el viernes, así es que Diny y yo almorzamos solos en el Steep’s, servidos por Tom, Diny el menú del día (sopa de legumbres y una chuleta de cerdo con dos albóndigas de papa) y yo mis tres Reibekuchen con salmón ahumado. Tom me tiene muy consentido, le debe decir al cocinero que me ponga ración doble de salmón. Que los dioses del Walhalla lo bendigan.

Rodenkirchen, 8.2., Jueves de Comadres

Reflexionando sobre Héroes, la obra de Shaw (que en el original se titula con las palabras iniciales de la Eneida, «Arma virumque cano», en inglés «Arms and the man»), ya escribí y publiqué en su día que no puede haber una puesta en escena suya que mejore la que se haga en alemán. Y ello porque el protagonista es un suizo. Vi la puesta en escena que se hizo acá en Colonia antes de 1975 (aún vivíamos en el centro, en el 29 del Karolingerring, y el Teatro de Cámara tenía su sede a un tiro de piedra de nuestra casa, en los altos del Museo Etnográfico, en el Ubierring), y para el papel de Buntschli contrataron a un excelente actor suizo, con el inimitable acento helvético. Nos pasamos las dos horas de la función riendo a más y mejor cuando él hablaba. Creo que ni siquiera Shaw se dio cuenta del enorme potencial cómico que su obra tenía en alemán, con total independencia de la comicidad del tema y su magistral desarrollo.

Almorzamos en el Primo Piano, con el inevitable hilo musical de arquetípicas canciones del carnaval de Colonia, una de ellas con tintes escatológicos: «Es gibt ein Leben /ein Leben nach den Tod [Hay una vida /una vida tras la muerte]», mientras la que le sigue es una bella elegía de Die Bläck Fööss [=Los Pies Descalzos, en el idioma coloniense], la banda que popularizó la música urbana de su ciudad en toda Alemania: «In unserem Veedel [=In unserem Viertel =En nuestro barrio]», cuya melancolía siempre hace que se me piante un lagrimón, como dice el tango, cuya letra es tan semejante al sentido de esta creación de Los Pies Descalzos.

En LJS una espléndida charla sobre cine y literatura, entre Paul Auster y Wim Wenders, grandes amigos. No tiene pierde. Lleva ya un tiempo mi cuate Luis cambiándole la cara al suplemento y a cada semana que pasa me gusta más

Rodenkirchen, 9.2., Día Mundial del Periodista

Encontré y estuve viendo una grabación de la 100.ª representación de Arms and the Man [Héroes] en el Lyric Theater, sito en la Shaftesbury Avenue de Londres y transmitido por el Channel 4 el 16.1.1983. No pude detectar si Richard Briers [Buntschli] habla con algún acento dialectal, escocés, galés, irlandés, qué sé yo, si no sé inglés, pero el elenco es buenísimo. Ahora me tocar marcar una pausa antes de ver otra grabación, una producción de la BBC en 1989, con nadie menos que una Helena Bonham Carter de 23 años en el papel de Raina, de sus mismos años. Me las prometo felices, además de poder comparar la actuación de HBC en una producción para la TV con la de Alice Brige en esta versión teatral en vivo que volví a ver anoche.

Almorzamos en el chino con Montse y Oskar, que llevaban minutos esperando, pero es que uno de los tres ascensores del Maternus está fuera de servicio desde hace ya dos semanas, y es la hora del almuerzo en el comedor de la residencia y la mayoría de los residentes van en sillas de ruedas o con andadores, así es que los dos ascensores restantes no dan abasto. Hemos esperado casi ¼ de hora hasta poder bajar a la Recepción y salir camino del chino. Y la verdad es que no logro recordar qué es lo que hemos comido: Diny sé que una entrada de lumpia (me cuesta siempre un esfuerzo escribir “rollo de primavera”); Montse un plato creo que vegetariano; Oskar ¿carne de cerdo empanada?, y yo, eso sí, mi menú 19 de todos los viernes, pescaíto frito y con salsa agridulce, amén de una tacita de sopa pekinesa para abrir el apetito. Recuerdo, eso sí, que recordé que una vez, hace meses, comimos acá y Monte pidió gaseosa de ruibarbo, se lo dije y ella también lo recordó y esa fue la bebida que encargó, Diny su gaseosa de manzana, Oskar dos pequeños cubalibres («¡Es Carnaval!» me dijo como explicación) y yo mis dos Chardonnay de precepto.

De regreso en el Maternus hay un corte de la energía eléctrica en todo el barrio de Rodenkirchen a eso de las 2 pm, cuando Oskar está ya casi terminando de motilarme en el cuarto de baño de nuestro apartamento. Como el corte no se sabe lo que puede durar (duraría unos 45’), Montse ayudó a Diny a subir por la escalera, cargando ella con el andador. Cuando volvió la corriente me precipité a ver si se había perdido algo de lo que estuve escribiendo por la mañana, y no es el caso, alabado sea el santísimo sacramento del altar.

Rodenkirchen, 10.2.

Hemos ido a almorzar al Bistro Verde sin Rebeca, quien de todos modos me dijo que no estaba segura de si podría venir hoy. No puede. Se respira Carnaval por todas partes y el Bistro Verde es uno de sus feudos en Rodenkirchen, Petra lleva disfrazada desde el Jueves de Comadres y creo que lo estará hasta el Miércoles de Ceniza. Pasó algo curioso: Diny pidió su ensalada renana de papa («No hay ninguna en Colonia mejor que esta», le dijo a Petra), Petra le sugirió comerla con una Frikadelle, Diny aceptó y yo encargué mi guiso de pescado con tomate. Y ahora viene lo curioso: al terminar de comer lo encargado, Diny me dijo que seguía con hambre y le encargó a Petra una taza de sopa de pollo. Se le ha ido desarrollando un apetito envidiable.

Hoy se cumplen 75 años del estreno mundial, en Broadway, de La muerte de un viajante, el drama de Arthur Miller. Es una obra imperecedera. La he visto cuatro veces y en cuatro idiomas distintos y es conmovedora, me atrevo a decir que lo será en cualquier idioma, con la más que probable excepción del esperanto. Le he dedicado un homenaje en El Magazín Cultural de EE.

Vino sobre las 7 pm la asistenta para ponerle el pijama a Diny. le preguntó qué tal se sentía y Diny le contestó que mal, porque ha muerto su cuñado Harry, el marido de su hermana Miny y no fuimos hoy al entierro ya que su familia quiso que fuera en el círculo más íntimo: la viuda, las dos hijas, uno de los yernos (el otro muriò hace unos meses, muy joven, víctima de un cáncer) y los nietos. La asistenta quiso saber dónde tuvo lugar el entierro y le contestó Diny que en Essen. Yo escribía en la compu pero oía la conversación porque dejaron la puerta abierta, así es que me levanté y me acerqué para preguntarle a Diny de dónde sacaba que a Harry lo enterraron en Essen: lo enterraron en su pueblo, en los Países Bajos, no en la cuenca del Ruhr, al norte de Colonia. Diny se obstinó en que había sido en Essen y la asistenta me previno con los ojos y moviendo la cabeza que lo dejase de ese tamaño, así es que regresé a la compu y oí cómo le decía a Diny: «Con mi marido es igual, siempre quiere tener la razón». Es lo que me faltaba, que las asistentas me desautoricen cuando intento corregirle a Diny sus desbarres, pero ellas tienen su experiencia, tal vez sea mejor. Y esta de hoy es una de las más simpáticas y solícitas, no me quiero indisponer con naides, como diría don Inodoro Pereyra.

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