De mi Diario: Semana 13 / 2013

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Weiß/Colonia, 24.3.

El viernes me olvidé de consignar acá un descubrimiento hecho entre mis papeles, en este mismo cuarto de trabajo. Desde junio 2009 estaba traspapelado, este preciosísimo regalo que me hizo Manfred por mi 70° cumpleaños. Y así se lo conté ayer a los amigos en casa de Julio, y antes a Esther, al teléfono. Pero entretanto aprendí a desconfiar de mi memoria, por muy buena que siga siendo, y en este caso desconfié más porque andaba desde el viernes con la angustia de cómo explicarle a Manfred –al cabo de casi cuatro años– por qué no le di las gracias en su día. Y hoy busqué en mi diario y encontré esta entrada del 10.6.2009: «Reconozco que no estaba preparado para esta avalancha de e-mails, correo normal, envíos por mensajeros especiales, llamadas telefónicas. Todo el día en danza, y todo porque llegué a ser lo que Julio Camba definió diciendo“Septuagenario: palabra terrible, tanto por su forma, como por su contenido”. Óscar Domínguez me dedicó una crónica periodística retroactiva, del día de mi nacimiento. Mi hermana Susi me mandó de Buenos Aires un llavero de plata cuyo motivo son mis iniciales. El capitán Piene me felicitó desde su barco anclado en el puerto de Iquique. Y cuando el cartero me hizo firmar el recibo de un certificado, y abrí el sobre de cartón DIN A4 que me enviaba Manfred Blaeser y vi su contenido, ya no pude más: me eché a llorar. Manfred me ha regalado una acuarela original de Hermann Hesse, firmada por el autor. No sabré nunca cómo revancharme. (¡Qué verbo tan alemán!pero qué certero, redimensionando la revancha como positiva)».


[Esta entrada me consuela en el sentido de que de ella se deduce que sí le agradecí a Manfred el regalo, comilfó. Pero me revela una vez más la fragilidad de la memoria y la importancia de dejar consignado el día a día en este archivo. Alabado sea el santísimo sacramento del altar].

 

Sí que vale la pena volver a ver y, no sólo eso, también oír, El planeta de los simios, 1°: porque es una sátira genial que desde 1967 no ha perdido un ápice de actualidad, y 2°: por la partitura de Jerry Goldsmith, todavía más genial que la propia peli; que no consiguiese el Oscar de ese año, es una de las injusticias más flagrantes en la historia del premio.

 

Weiß/Colonia, 25.3.

Carlitos me llamó hace un rato para decirme que mañana viaja a Cámaralentolandia una joven vecina suya, con su hermano, pero ya no me da tiempo material para salir a comprarles algún regalo a Marjorie, Ana, Yadira, la Maguita… Máxime teniendo en cuenta que hubo un cambio de planes: Montse llamó muy temprano para pedirme que fuese hoy, y no el miércoles, a buscar a Henri al Kindergarten  (donde no hay vacaciones de semana santa) y traerlo a casa hasta por la tarde, para poder ir ella al centro con Paul y Oskar, a comprarle un regalo a Frank, que mañana tiene cumpleaños. Así es que acabo de regresar con Henri del Kindergarten (por dicha está a cinco minutos a pie de esta casa) y ya tenemos hecho el día, como diría Dirty Harry, hasta bien entrada la tarde, cuando Mamá Montse pase a retirarlo de la «consigna».

 

Algunos de los minutos más inolvidables de mi vida. Henri, antes, se sentaba en el sillón de la abuela, frente al televisor, y se pasaba las horas viendo los DVD de Petersson & Findus, uno tras otro, tranquilo, comiendo sus palitos salados y bebiendo el agua con sabor a manzana que tanto les gusta a mis nietos: “el agua del abuelo” la llaman. Pero desde hace algún tiempo ya no quiere ver los DVD a solas, exige que Diny esté sentada en el otro sillón, el mío, y hoy, a eso de las 5:30 pm, vino Diny a pedirme que la sustituyese porque tenía que cocinar la cena. Me fui al salón, me senté en mi sillón y me di cuenta de que Henri, a cada instante, volvía la cabeza hacia mí para cerciorarse de que yo seguía allí. Entonces le pedí que se cambiase a mi sillón, y lo hizo, se me sentó en el regazo y recostó su cabeza contra la mía y ya no apartó la vista de la pantalla mientras a mí se me adormecía el brazo derecho de tenerlo abrazado y sentía un calorcito en el centro del pecho, donde repercutía suavemente el latido regular de su pequeño corazón. En esos instantes no me hubiera cambiado por nada ni nadie en todo el mundo. Ni siquiera por Dios.

 

La serie inglesa Scott & Bailey me deja muy confuso. Es decir, me convence como estudio con lupa, entomológico, del desarrollo de la dinámica personal en un pequeño colectivo, una unidad de la policía criminal inglesa. Pero es a costa del elemento policial. Hay capítulos en los cuales al final aparecen los títulos de crédito y uno se pregunta: «Pero bueno, ¿y quién fue el asesino?», y eso es algo que nunca debería pasar en una serie dizque policial. Es como leer una fotonovela de Corín Tellado y que las últimas viñetas fuesen vistas panorámicas del valle de la Orotava: o sea, forzando un poco la imaginación, quiere decir que la pareja recién unida se fue a pasar la luna de miel en ese paraíso, pero joder, es un exceso de elisión. Un understament a la quinta potencia.

 

Weiß/Colonia, 26.3.

Suena el teléfono a las 8:30 am y es Montse, que le cuenta a Diny que Frank llevó esta mañana a Henri al Kindergarten, y al despedirlo le dijo: «Hasta luego, Henri, a las 12:30 te voy a buscar». Y Henri: «Tú no, el abuelo». Y que quería que yo lo trajera a nuestra casa y que ella lo buscase aquí por la tarde. Al final lo convencieron de que no podía ser porque hoy es el cumpleaños de su papá y después del Kindergarten van a celebrar ellos en familia, los cinco nada más. A lo que Henri accedió, pero advirtiendo: «Entonces, mañana». O sea, que mañana también lo vamos a tener para nosotros. Yupiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii, me lo comería a besos. Eso aparte de que me ha hecho empezar el día con una sonrisa de oreja a oreja cuando me lo contó Diny, y que estoy chorreando de baba el teclado mientras escribo estas líneas.

 

Almorzamos en La Modicana. Como hay vacaciones escolares, Diny no tuvo que ir hoy martes a ocuparse de Vincent y se nos añadió. El único problema es la contabilidad. Pago yo, aunque le tocaba a Carlitos, y entonces ahora le tocará pagar a Carlitos dos semanas seguidas. Pero si no lo anoto, el despelote está programado. Diny sugiere que como a lo mejor también se nos añadirá la semana próxima (por mor de las vacaciones), ella puede pagar su parte. Por todos los dioses del cielo, ¿no se da cuenta de que con eso volvería aún más complicada la contabilidad?

 

Weiß/Colonia, 27.3.

Mi gozo en un pozo, como decía mi abuela Remedios, la bella y sabia. Volvió a sonar a las 8:30 el telefón que contesta, esta vez para avisar que Henri ha vuelto a resfriarse y no lo van a llevar al Kindergarten, con el correlato frustrador, para mí, de que no tendré que ir a buscarlo. Merde alors!  Ya me jodieron el día, tan feliz como me lo estaba prometiendo desde ayer.

 

Ayer, una vez más caí en la trampa de creer que era persona de absoluta confianza quien me enviaba un enlace que luego transmití a muchos otros amigos españoles, rotulándolo “Es duro de oír, lo advierto”. Y desde luego que sí es de confianza la persona que me lo envió, sólo que no me paré a pensar en que a lo mejor (a lo peor) sabe tanto inglés como yo, o sea, ninguno, y que ella cayó antes que yo en la misma trampa. Era un enlace con unas declaraciones de un tal Sheldon Adelson explicando el porqué de su elección de España para montar Eurovegas. Estaban en inglés y resulta que los subtítulos españoles eran trucados y a decir verdad poco menos que justiciables por España y los españoles. Apenas me llamaron la atención algunos amigos que recibieron mi rebote y que sí saben inglés, volví a remitir un email a todos los implicados, aclarando el caso y pidiendo disculpas, a las cuales añadí lo siguiente: «Pero no puedo hacerlo sin omitir una reflexión, que me asedia desde que supe que esos subtítulos eran falsos. Y la reflexión es que algo de verdad, de una dura verdad, tienen que contener, porque si no, ah, si no, no serían tan hirientes. De tal manera que hasta casi me atrevo a pensar si no será que lo único equivocado fue rotular mi email anterior como lo hice, en lugar de rotularlo «Es duro de leer, lo advierto». Ahí os dejo esa inquietud, como dicen los colombianos».

 

Tira a mamá del tren podría haber sido un excelente homenaje a Hitchcock, pero DeVito apostó al final feliz y la desgració. De todos modos, divierte, eso sí.

 

Weiß/Colonia, 28.3.

Una amiga ha invitado a Diny a almorzar y no tengo ningunas ganas de cocinar, de manera que tomo el bus y voy a Rodenkirchen, a comer el menú # 8 de la carta de almuerzos del Orchidee (sopa pekinesa + fideos de arroz con brotes de soja, jamón dulce, pollo y camarones), regando el condumio con un ¼ de vino tinto chino, que no sabe nada mal. En la parada del bus hay una anciana todavía muy aguerrida que apenas me siento a su lado me cuenta que le encanta sentarse al sol, que ya era hora de que hubiese salido, que qué bien calienta los güesos, y cuando después de asentir abro mi Borges y me abismo en él, no pasan diez segundos sin que me avise de que ya llega el autobús, como si yo fuese ciego y sordo; y además tiene el tupé de pedirme disculpas  por interrumpir mi lectura, pues ella sabe por experiencia propia lo mucho que eso jode. (No dijo el equivalente alemán de “joder”, es mi “versión libre”). En el Orchidee, después de encargar la comida, al poco rato, mi vecina de mesa, una señora de unos 60 años, termina de comer y pide la cuenta y le dice a la camarera que se tiene que ir porque la amiga con la que se citó parece que no vendrá. Luego, viendo que he alzado la vista del libro, me cuenta que se citó con una amiga de la escuela y que le describió bien el camino de la parada del tranvía al restaurante: «”No tiene pérdida”, le dije, “hasta la persona más tonta lo encontraría”, y me da la impresión de que eso le ha caído muy mal». Murmuro algo acerca de un exceso de susceptibilidad, pero ella, sin oírme, añade: «Aunque es una amiga de la escuela, está visto que a nuestra edad una tiene que empezar a desprenderse de su pasado». Murmuro cortésmente que es ley de vida, pero no me oye, sigue: «Mi madre se me murió ayer, de 93 años, con ella perdí gran parte de mi pasado». ¿Cómo se da el pésame en estos casos?  Murmuro no sé qué, y cuando se va, me quedo pensando en ella y en la vieja de la parada del bus. Dios del cielo, que nunca tenga tanta necesidad de comunicarme.   

 

Weiß/Colonia, 29.3.

9:19 am : Este invierno es recalcitrante; me levanto, descorro las cortinas y abro la ventana para orear el dormitorio, y me encuentro con que nevó durante la noche. 13:15 : Esta nieve no vino para quedarse, y se fue sin dejar rastro. Laus Deo!

 

Ana me mandó ayer desde Barcelona este fragmento de Tito Monterroso que yo desconocía«La ciudad nos separa, las distancias, los malos medios de transporte; sin embargo, todos lo vamos aceptando. Los teatros se sienten cada vez más remotos; los cines, más extraños; no existen cafés y probablemente ya no se hagan ni fiestas, porque las amistades han ido también desmoronándose y hay algo triste, muy triste, en esto; y cada quien está cada vez más solo imaginando agravios ajenos o quién sabe qué cosas sin atreverse a decirlas por teléfono antes de las doce del día y después de las doce ya es muy tarde pues los teléfonos han terminado por dar miedo y su campanilleo te sobresalta, aparte de que el correo está muy lejos y habiendo teléfonos resulta insólito escribir cartas que llegarán ocho días después o un mes después, cuando la cosa ya no importa, como en Bartleby, oh Bartleby, oh humanidad. Hay una gran fatiga, tan grande como la ciudad; los amigos comienzan a tener algo de sobrevivientes de un raro naufragio y, como dice el verso de Eliot que Ninfa Santos pone en su libro Amor quiere que muera: «Every poem is an epitaph». Entonces te entregas a escribir tu diario y a publicar partes, como quien en la islita desierta despliega su camiseta en la única palmera. (Con miedo de que alguien la descubra, a decir verdad)». Le escribo a Ana para agradecerle el envío, y añado: «Creo que lo citaré íntegro en mi diario. Aunque alguien sospeche que lo hago pro domo. Pero así le daré motivos suficientes para que además se convenza de ello, ningún problema».

 

Weiß/Colonia, 30.3.

00:10 am: Hilary & Jackie. Y otra vez la lloradera más hijueputa. Busco en youtube la grabación del concierto de Elgar, de 1967, y la oigo una vez más, esa media hora sagrada del virtuosismo interpretativo, esa maravilla extraúnica. Y lloro y blasfemo. Jackie, tú y no la Kennedy, fuiste la Jackie de nuestros amores. Y de qué manera tan cruel te fue a matar el Omnihijueputa.

 

Vamos a Saturn juntos, a comprar un nuevo ratón para la compu de Diny, y luego almorzamos  en el sardo del piso subsuelo de Karstadt. Está lleno de bote en bote, sólo queda libre una mesa alta con dos taburetes, pero al par de minutos me lleva el dueño a la primera que queda libre; esa es la ventaja de ser cliente asiduo. Diny pide la lasaña con espinacas y yo una porción grande de la sopa de pescado, y por segunda vez constato la razón que nos asiste al no encargar nada más que la porción chiquita, cuando vengo acá con Julio; la grande está pensada para Gargantúa y Pantagruel. En el tranvía de vuelta voy viendo con calma los tres nuevos DVD que compré hace un rato en Saturn, que son tres muy difíciles de conseguir, Jane Austen in Manhattan (con nada menos que Anne Baxter, fue su última película y la primera de una Sean Young tan young que nada más tenía 21 años), Miss Austen Regrets (con Greta Scacchi en el papel de Cassandra, la hermana de JA) y, sobre todo, Backbeat, (donde debutó en el cine Jennifer Ehle, en el papel de Cynthia, la primera esposa de John Lennon), un DVD que le prometí a Dani al conocerla el mes de junio del 2007 en Berlín, y desde entonces lo he estado procurando pero recién hoy lo pude conseguir; como está cerca su cumplesantos se lo enviaremos de regalo para ese día.

 

Toca acostarse una hora antes, no ya por el cambio al horario de verano, a las 2 serán las 3 am, sino porque además estamos invitados muy temprano, a las 10 am, a un brunch en lo de Montse, por el cumpleaños de Frank. Dicho de otro modo: Henri, we come!

 

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