De mi Diario / Semana 13 / 2015

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Me hace recordar los versos de Blake«Lo que muestra en su rostro la ramera, / la expresión del deseo satisfecho, / nuestra esposa mostrárnoslo debiera».

 

Weiß/Colonia, 22.3.

0.10 am. : Tamara Drewe, una peli de Stephan Frears que no conocía. Con el gran atractivo de  Gemma Arterton en el papel protagonista; es una actriz a quien le tengo particular devoción por haber sido la Lizzy Bennet de Lost in Austen, la mejor secuela que conozo de Pride & PrejudiceEsta peli de ahora, Tamara Drewe, es divertida y se entretiene uno bastante con ella, pero está lejos de ser uno de los trabajos realmente memorables de Frears, como Mi hermosa lavandería, Las amistades peligrosas, La reina

 

Willy se compró un auto nuevo y con el fin de acumular km de rodaje vino desde Ámsterdam acá, a almorzar con nosotros y devolverse a casita. Llegó sobre las 11:30 am, y tras del obligado kopje koffie [=cafecito] que es parte inalienable de la hospitalidad neerlandesa, y la charla en torno al viaje, al nuevo auto, a mi diario, nos fuimos a La Modicana, donde la plática siguió con un par de ítems que no son de menospreciar: por ejemplo, pergeñar toda una intrahistoria de Europa bajo el prisma de nuestros, ¡ay!, prácticamente infructuosos esfuerzos para evadir los impuestos. O bien, al hablar de pelis en TV, cuando Willy afirma que si hubiera un campeonato mundial de dormirse delante del televisor, él se contaría entre los aspirantes al título.

 

Weiß/Colonia, 23.3.

Anoche me acosté pasadas las 2:30 am, me quedé gozando de La Pasión según San Mateo en una grabación live en la iglesia de santo Tomás, en Leipzig. Con prescindencia del prodigio de la música hay algo fascinante en asistir al espectáculo de un coro infantil cantando algunas cosas tan espantosas como las que les toca en la partitura. ¿Será que se limitan a leer lo que aparece en ella, sin abstraer el contenido, como cuando, por ejemplo, un coro en Manizales, sin nadie en él que entienda alemán, interpreta a la perfección la “Oda a la Alegría” al final de la Novena de Beethoven?  Hasta aquí buen razonamiento, pero en Leipzig, aunque Sajonia, sí saben alemán.

 

En el diario, como todos los 23 de marzo desde 1997, la esquela–recordatorio de la muerte de dos jóvenes alemanas en un accidente en Costa Rica. Un accidente en el que perdieron la vida cuatro personas más. Siempre me ha intrigado este caso, lo conversaré mañana con Carlitos.

 

Encuentro en las memorias de Grisélidis Réal un pasaje donde habla de la mezcalina y la describe como el producto extraído de un cactus brasileño. Con seguridad se trata de un lapsus, pero las dos páginas que le dedica a esa su primera experiencia con semejante alucinógeno me hacen recordar las de Aldous Huxley en Las puertas de la percepción.

 

El hipnotizador, que acabo de leer, transcurre entre el 8 y el 24 de diciembre, casi toda la acción en Estocolmo, y los autores logran el milagro de no mencionar con una sola palabra, una única alusión, la más importante celebración de la ciudad en esas fechas, la ceremonia de entrega de los Nobel el día 10. Chapeau! Aunque, claro está que desde el punto de vista del relato, el 10 de diciembre es un día como cualquier otro en la actividad de la brigada criminal de Estocolmo a no ser que asesinen a uno de los galardonados. Todavía no se ha dado el caso, pero en la novela (y en la peli) The Prize quedó planteado como hipótesis.

 

Weiß/Colonia, 24.3.

Vamos a comer Carlitos y yo en La Modicana con Diny, hoy libre de sus obligaciones para con Vincent porque la abuela materna, Beate, está de visita en Colonia. El peso de la conversación recae sobre Carlitos y Diny , yo ando en una fase monosilábica y la verdad es que cada vez me está importando menos lo que sucede a mi alrededor. Aunque no tanto que no registre cómo es que Diny le dice a Carlitos que ha visto en la página web del pasquín de Prisa una entrevista con HAF, y le parece, por la foto, que «cada día está más guapo», asegura Diny. Yo, que lo quiero mucho a HAF pero me faltan los sensores para semejantes juicios estéticos, al llegar a casa busco de manera excepcional la página web del pasquín, ubico la entrevista (o sea, la foto), y el marica que me habita, como a todo varón que se respete, me dice que no es para tanto. Tendría que ser [yo] mucho más marica. O mujer, claro está.

 

Comienzo, con grandes expectativas, la lectura de la llamada “Trilogía del Baztán”. Veremos, como dijo el buen Homero, ese que también se duerme de vez en cuando.

 

Weiß/Colonia, 25.3.

Una hora perdida en internet al hacer las reservas de Diny y Rebeca para su viaje a Ámsterdam a mediados de abril. Es increíble la cerrilidad de los programas prefabricados para cuestiones como esta, y la mala sangre que le crean a los usuarios.

[Addenda el viernes 27 : Con www.uniliber.com me ha pasado tanto de lo mismo al intentar pagar un libro que quiero regalarle a Rodrigo Tomás. Los he terminado mandando al carajo].

 

La Trilogía del Baztán evidentemente te atrapa con un tirón telúrico, a un país profundo, abisal, en ese valle aledaño a los Pirineos, sabiamente alternado con el escenario urbano, Pamplona. Lo que no es de recibo es el cúmulo de erratas y fallas tales como “rió”, “subsconciente” y un par de veces “por que” en vez de “porque”. Quelle horreur!

 

De pronto, a las 6:46 pm (miré la hora en el reloj de la compu, de manera instintiva), siento una insufrible opresión en el pecho, me falta el aire para respirar, diría inconscientemente, olvidando que lo podría decir porque al menos tengo el aire suficiente para hacerlo. Es como un puño que se me cerrara por dentro y me entrecortase la respiración. Recuerdo la explicación que me dio en su día mi cardiólogo, que no se trata de un infarto ni un amago de infarto, sino de una reacción muscular poco menos que fatal a consecuencia del hecho de no moverme casi nada, del estar muchas horas del día sentado ante la compu. Espero todavía unos instantes por si acaso el dolor se traslada al brazo izquierdo, y al sentir que no, sin alarmarme a pesar de mi respiración ya casi disnea, pongo en práctica lo que el cardiólogo me aconsejó hacer en estos casos: abro la puerta del piso, para gran sorpresa de Diny, y empiezo a bajar la escalera hasta el sótano y subirla hasta lo de los Rötgers, un piso por encima del nuestro, y así una y otra vez hasta que cede el ataque y desaparece la opresión. Sería fácil combatir la muerte con este método. ¿Método? Me asfixio, luego existo… todavía. 

 

Weiß/Colonia, 26.3.

Vamos a Saturn a comprar, Diny un nuevo cabezal para la aspiradora, yo auriculares nuevos para mi compu. Además el regalo para Frank, que tiene cumpleaños hoy (Montse me sugirió que le regalásemos la primera temporada de “House of Cards”), y además el regalo para Susanita, que tengo que enviarle a mi deuda estherna, a Berlín, para que se lo lleve cuando vuele a mi Buenos Aires querido el 10 del mes que viene. Al ir a salir, tras haber pagado en la caja, nos detenemos delante de un gran televisor por el que están pasando un noticiero. Hay mucha gente parada ahí delante, por eso nos da curiosidad, sobre todo me llama la atención la cara de incredulidad y/o asombro de muchos, y pronto sé por qué, es la primera información acerca de que la catástrofe aérea de ayer, el vuelo 9525 de Germanwings, de Barcelona a Düsseldorf, se debe al suicidio del copiloto, uno en el que ha arrastrado consigo la vida de 149 personas más.

 

Almorzamos en La Orquídea, el chino de Rodenkirchen. No se me quita de la cabeza el tema de la catástrofe aérea y su causa. Lo relaciono con la presencia del Mal, que tengo tan viva en estos momentos en mis pensamientos, a consecuencia de la lectura de la Trilogía del Baztán. Por más que lo pienso no consigo “realizarlo” (como se dice en alemán), no consigo hacer la necesaria composición de lugar, mental y humana, que me permita entender una canallada como esta, de un salvajismo que remite a los senos más profundos del alma humana. De repente, un nombre en mi pantalla mental interna: Eróstrato. Pero no, Eróstrato quería que quedase memoria eterna de su nombre, y este copiloto no encaja en el esquema. No sé qué pensar.

 

Compré cuatro entradas para el concierto de Buika, el sábado, en la Philarmonie, contando con que vendrían con nosotros Rebeca y Montse, pero Montse no va a poder, y Chico estará fuera de Colonia. ¿Para quién, pues, la cuarta entrada?  Llamo a Soledad, y me dice que recién podrá contestarme mañana, está pendiente de si tiene que viajar o no a Berlín el sábado. Me encantaría que viniese con nosotros, vivimos en Colonia y llevamos meses y meses sin vernos, lo que es tanto más extraño pensando en lo mucho que nos queremos.

 

Weiß/Colonia, 27.3.

2:30 am : En este episodio de la serie del DI Lynley, y como consecuencia del anterior, Havers presenta su renuncia, es decir, que aunque luego le salga el tiro por la culata, por lo menos parece que leyó mi diario y me hizo caso. Good girl, Barbara! [Inter nos, Barbara: Cheers!]

 

Nos traen a Henri porque Frank celebrará esta noche en casa su cumpleaños con un grupo de amigos. Adoro la presencia de Henri acá. Es como si el apartamento fuese una grandísima jaula, una volière, con una bandada de pájaros parlanchines y que todos se  llaman Henri. Muchísimas veces, sobre todo si se enfada, me recuerda una de las imágenes más logradas de Juan Ramón en Platero y yo, en el delicioso capítulo “La Primavera”: «¡Libre concierto de picos, fresco y sin fin! La golondrina riza, caprichosa, su gorjeo en el pozo; silba el mirlo sobre la naranja caída; de fuego, la oropéndola charla, de chaparro en chaparro; el chamariz ríe larga y menudamente en la cima del eucalipto; y, en el pino grande, los gorriones discuten desaforadamente». Este remate con los gorriones es semejante a ver a Juan Belmonte abrochando una media verónica perfecta, como suya. Sólo Rafael de Paula y Curro Romero se han acercado alguna vez a ese prodigio.

 

Termino el segundo tomo de la Trilogía del Baztán a tiempo para sumirme en los dos nuevos episodios de la segunda temporada de “El Puente”, la serie sueco–danesa que cada vez que la veo me gusta más.

 

Weiß/Colonia, 28.3.

Hoy en el diario dos esquelas fúnebres de dos extranjeros. La primera, una profesora de ballet, mejor dicho, de danza contemporánea, con una cita de uno de los Premios Nobel más ignorados (y yo diría que hasta ignorables), el suizo Carl Spitteler: «Encontrar personas que sientan y que perciban con nosotros es la mayor dicha en la Tierra». La segunda esquela es la de un profesor argentino, nacido el año 1927 en Deán Funes/Córdoba, y lleva dos epígrafes en español: «adiós querido papá y abuelo» y «Tú / que ayer sólo eras toda hermosura / eres también todo el amor, ahora». Sé que he leído esos versos, pero no recuerdo dónde. Recurro a mi buena amiga, Miss Hortensia Google, y me chimenta que se trata del final del poema que Borges le dedicó a uno de sus amores juveniles, Concepción Guerrero, a quien también dedicaría la primera edición de El tamaño de mi esperanza. Miss Google es impagable. Me hace recordar los versos de Blake«Lo que muestra en su rostro la ramera, / la expresión del deseo satisfecho, / nuestra esposa mostrárnoslo debiera».

 

Llega Diny a pedirme que vaya al salón, porque Henri «ha construido un hombre». Acudo a ver la obra de nuestro pequeño Dr. Frankenstein, y efectivamente, ha dispuesto en el suelo delante del ventanal una camiseta suya de manga corta a la que le ha añadido cabeza (un globo de esos que al agitarse parece que nevase en ellos, un souvenir de la Cibeles), manos (dos posavasos de fieltro rojo en forma de estrellas de seis puntas) y piernas, con un huevo de madera labrada y un zapatito de madera la derecha, y la izquierda con un abrebotellas de alpaca con el escudo de Huelva y una alcuza de cerámica que me regaló hace añares mi inolvidable amigo Heika, una alcuza que había encontrado en una de las excavaciones arqueológicas que eran su pasión y su placer. La imaginación de que hacen gala los niños es asombrosa, y si los niños son nietos tuyos la consideras hasta milagrosa y genial.

 

Weiß/Colonia, 29.3.

0:05 am : Recién regresamos a casa del concierto de Buika en la Philarmonie. El concierto no ha sido malo pero tan sólo porque el 90% del público lo componen sordos y fans a fortiori, es decir, que puede que la prensa hasta lo califique de éxito apoteósico. Pero ya cuando íbamos saliendo, Carlitos –que estaba sentado en la fila delantera de la nuestra, con Ulli– me comentaba que el sonido había sido una catástrofe, tanto más apreciable físicamente cuanto que él y yo teníamos muy a a vista, a la izquierda, la mesa de mezclas, y confieso que hasta alguna vez estuve tentado de levantarme de mi asiento e ir allá y preguntarle al señor “ingeniero de sonido” si su diploma lo había conseguido en la Organización Federal de Sordos. Si no lo hice fue, a) para no armar un escándalo; b) porque era evidente que el 90% del público vivía un orgasmo que se increcentaba a cada decibelio; y c) porque los dioses me dotaron del poder de abstraer el sonido original del que llega por los altoparlantes, así es que yo sí oí lo que cantó Buika y aquello que tocaron sus acompañantes, lo que el 90% restante del público ni se enteró. Literalmente. A ello habría que añadir algo de más enjundia y que Rebeca me resumió de manera lapidaria mientras estábamos esperando en el guardarropas que nos entregasen nuestros abrigos: «La próxima vez que Buika venga a Colonia puedes ahorrarte el invitarme, pero la próxima vez que venga Estrella Morente me pones al principio de la lista». Creo entender a Rebeca y le doy la razón: esta no es nuestra Buika, que nos l’han cambiao. Aparte del “Guten Abend, meine Damen und Herren [=Buenas noches, señoras y caballeros]» del saludo inicial, esa hoja de parra lingüística que el presidente federal alemán Lübke elevó a la perfección en una visita de Estado a una ex colonia alemana en África, cuando dijo «Meine Damen und Herren, liebe Neger [Señoras y caballeros, queridos negros]»aparte de eso y de un “Bueno” que se le escapó en algún momento, el resto de lo que Buika le habló al público fue en inglés. Alguien le tendría que haber dicho que en Alemania hay, sí, gente que entiende inglés, pero bastante menos que en Estados Unidos, donde, por lo demás, «llevan años sin usarlo», según afirma el profesor Higgins en My Fair Lady. Ay ay ay, sí, esta Buika miamizada no me convence para nada. Aplaudí sus prestaciones como cantante, pero no movería un dedo por las que ofrece como “entretenedora” del público, con todos los tics de los gringos. Qué pena. Qué pena, penita, pena. De la Philarmonie nos fuimos a la cervecería Sion, la mía favorita, para lavar con Riesling y kölsch el mal gusto que nos dejó el concierto. Que tuvo, eso sí, un lado muy, muy positivo, el reencuentro con Soledad. Ay sí, nos estaba esperando con Rebeca cuando llegamos y nos hemos separado recién al salir de Sion y haber hablado de todo lo divino y de todo lo humano, ese pleonasmo tan usado en castellano. Qué lindísima persona es ella, Soledad, qué pena que sólo nos veamos a cada muerte de obispo ¡con lo que suelen tardar en morirse Sus Eminencias!   

 

**************** FIN ***************                   

2 COMENTARIOS

  1. Si Diny dice que HAF cada día
    Si Diny dice que HAF cada día está más guapo, ¡créela!. A lo mejor también tú, aunque no te lo diga…

  2. Ah: y lo del «pasquín» de
    Ah: y lo del «pasquín» de Prisa, aún me está haciendo reír.

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