De mi Diario: Semana 14 / 2013

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Weiß/Colonia, 31.3.

0:20 am (horario de invierno todavía): John Rabe fue una de esas personas excepcionales que están en el lugar preciso en el momento que se las necesita. En su caso fue diciembre de 1937, en plena invasión japonesa de China. Cuando por fin regresó a Alemania, tras haberle salvado la vida a 200.000 chinos, el régimen nazi (de cuyo partido era miembro) lo despidió de la Siemens con cajas destempladas, por un tiempo lo internaron en un campo de concentración, acusado de colaboracionismo con China, y le decomisaron sus diarios de los días de la masacre de Nanking. Murió pobre y olvidado en 1950. Muchos nazis vivieron –algunos aún viven– muchos años después –algunos hasta hoy– con pensiones del Estado. La peli que sacó del olvido a John Rabe en el 2009 la veo siempre que la pasan. Y siempre me resulta intolerable, insoportable, al primer golpe de vista, esa escena con la bandera de la cruz gamada amparando vidas humanas. Pero luego me digo que lo mismo que Leni Riefensthal es la única artista que produjo el nazismo, la hazaña heroica de Rabe en Nanking tampoco hubiera sido posible sin esa bandera. Aunque luego me cague en la remilputísima madre que la recontramilparió.

 

Vamos a lo de Montse, para un brunch con motivo del cumpleaños de Frank, y luego nos traen a casa donde nos dejan con Henri mientras ellos se van todos al partido del 1 FC Köln, que gana 2:1 y se encarama así al tercer puesto de la tabla. Si lo mantiene tiene una chance de ascender a la Bundesliga, y ojalá que así sea, porque todos los varones de mi familia andan mohínos, menos Henri y yo, con eso de que el 1 FC se arrastre por la Segunda División. Me siento frente a Henri en la sala, mirándolo mientras está sumergido en el mundo de Pettersson & Findus. Es un regalo del cielo esta criatura. Tan natural, tan espontánea, tan cariñosa, tan henri.

 

Weiß/Colonia, 1°.4.

2:00 am: Miss Austen Regrets es un telefilm de la BBC que me faltaba en mi DVDteca Jane Austen, si bien ya lo había visto cuando lo pasaron por algún canal, creo que Arte, hace un par de años. Me falta poco para que esta DVDteca esté al 100%, ya tengo 20 discos, y serían 21 si Marianekke no me hubiera perdido en Madrid el de Bride & Prejudice, la versión Bollywood de P&P, que sí, bueno, es un completo disparate, de acuerdo, sí que lo es, pero se divierte uno con ella mirando el mundo de Miss Austen a través del caleidoscopio de Bombay. Jamás volveré a prestar un DVD de esta colección.  

 

El lunes de Pascua Florida es fiesta en Alemania. Y el viernes anterior, también. Este paréntesis de cuatro días en el quehacer cotidiano hace que uno se salga de la rutina y ande medio zombie todo el tiempo, máxime si durante ese paréntesis se ha producido el ominoso cambio al horario de verano. Mato las horas imaginando algunas poses bien escenificadas de humildad y modestia ejemplares, para tratar de vendérselas al asesor de imagen de Bergoglio. Me llevaron a la idea, ayer, un tuit de @carg0l («Hoy el Papa Francisco no ha puesto bien el USB a la primera, otro gesto de humildad») y este de @DavidPerro: «Hoy ha habido otro gesto de humildad del Papa Francisco al chupar la tapa de un yogur durante el desayuno». Maquinando maquinando se me ocurre uno, también aplicable al amigo de los pobres: «¿Cómo no imaginar la íntima convicción de un cura argentino autonombrándose sin pecar de inmodesto al decir “EGO te absolvo”?»

 

Weiß/Colonia, 2.4.

En La Modicana cocina hoy Flavio porque la mamma está de vacaciones en Sicilia, en Modica, como mandan los cánones. Al vernos llegar nos ofrece sopa de pescado, que Carlitos acepta ipso fuckto, pero yo descubrí en la pizarra unos espaguettis con calamares y camarones, de manera que los encargo, y me reservo la sopa para la siguiente vez, tengo muy cercana aún la porción grande del sábado en el sardo. Y mientras esperamos la comida, Carlitos me cuenta que él y Ulli han hecho un gran descubrimiento en la tele, en el canal EuroSport1, las partidas de billar de la modalidad Snooker. Y ahí mis recuerdos de una Huelva lejana donde nos encontrábamos en la calle con un campeón del mundo en la modalidad libre, y de Europa en cuadro 71/2, Pepe Gálvez, que regentaba sus salones de billar a dos pasos de Meli, una de las tiendas de mi padre. Casi me resulta un tema de ciencia ficción; un campeón mundial de algo, y onubense. Y bueno, por qué no, de Moguer salió un Premio Nobel.

 

Weiß/Colonia, 3.4.

Por el Borges de Bioy me vengo a enterar de que en la paráfrasis de Fray Luis de León, del elogio de la vida retirada de Horacio, falta el final: «Cuando el usurero Alfio, casi un futuro campesino, hubo dicho esto, recogió todo el dinero pagado en los Idus y ya busca colocarlo en las Kalendas». En otras palabras, el “Beatus ille” íntegro debería ir entre comillas porque son las palabras de un usurero, después de su cobranza e invirtiendo de nuevo su plata. Ay carajo, he vivido toda la vida, desde mi bachillerato, donde aprendí de memoria muchísimos versos de ese elogio, en el más profundo de los engaños. ¿Si será este el único?  Y luego, más adelante en el mismo libro, según Borges, en 1977, a su regreso de Italia: «El partido comunista hace negocio vendiendo afiliaciones al partido con fecha atrasada. Si uno paga bien puede convertirse en un precursor de Marx y Engels». Eeeeeese non é vero, é ben trovato. Berluscónicamente.

 

Henri en casa. Lo fui a buscar al Kindergarten, lo traje acá, Diny le dio de comer y a renglón seguido durmieron juntos la siesta, y cuando se levantaron me fui a dormir yo. Al despertarme ya se habian ido. Pero el eco de la voz y la luz de la sonrisa de Henri siguen acá.

 

Pasan esta noche Desperately Seeking Susan, y mi crítico predilecto, Milan Paulovič, dice de ella –en la página ad hoc del magazine– que es una de esas pelis tan raras como el secreto de la receta de la CocaCola: «Todo el mundo en Hollywood quisiera tener la fórmula, pero puesto que casi nadie la posee, ninguna variante sabe tan bien como el original». Por desgracia no la podré ver ya que en el horario coincide con una larga documentación dedicada a la reina de “les Pays Bah”, que anunció abdicar uno de estos días sin haberle pedido perdón al pueblo indonesio por las masacres cometidas contra él en nombre de la Casa de Orange. Se le debería caer la cara de vergüenza. Pero Diny, que nunca ha sido proclive a la monarquía, y menos desde que estamos juntos (y ya va para 48 años), sin embargo no se pierde nunca un programa dedicado a ella. Es mi mejor pieza de convicción cuando aseguro que, sin resquicio a la duda, el circo vaticano y las monarquías europeas le deben su supervivencia a la caja tonta. Miserere Domini!

 

Weiß/Colonia, 4.4.

Inefable. Reforman el Reglamento de Tráfico del Estado federal Norte del Rhin/Westfalia para hacerlo genéricamente correcto. Pero no para que ya no se diga más “los ciclistas” sino “los/las ciclistas, o “los/as peatones/as”, no, tan sencillo no lo resuelven los alemanes. No. Ahora se dirá “quien monte en bici”, que es completamente neutro, como “quien vaya a pie”, “quien cabalgue una montura” o “quien conduzca un auto”. Sólo que los sabios reglamentadores perpetraron un genérico al dictaminar que «se deben de seguir las señales e indicaciones de los funcionarios de la policía». ¡¿Y las de las funcionarias no?! En la glosa del diario, gracias a la cual me entero de esta genialidad lingüístico–legislativa, se propone como nueva redacción del susodicho ítem: «Quienes vistan de uniforme, y lleguen en un auto azul plateado y haciendo sonar el ta-ti-ta-tá, pueden dar órdenes que deben ser obedecidas». Ay diosito, no sé por qué, pero parece que a los alemanes, al menos a los de nuestro NRW, no les basta con las payasadas del nuevo Vaticano.

 

Se presenta una emergencia en el hogar de los Ritter, e inesperadamente tuvimos a Henri de nuevo en casa, con el mismo programa de ayer, sólo que hoy han venido los padres a buscarlo.  La abuela le ofreció pasta, palitos salados, pequeños bretzelnTrabajos de amor perdidos, Henri sólo quería chocolate, y la abuela no tenía para ofrecerle. De repente me acordé de una tableta de chocolate que compré el martes en Aldi, para Diny, pero la metí en mi heladera, no en la suya, y me olvidé de decírselo, así es que le informo a Henri de que yo sí tengo chocolate, viene siguiéndome a la cocina y en menos que ríe un tonto (como diría su tatarabuela Remedios) se queda Diny sin su tableta del mejor chocolate Moser Roth con un 85% de cacao.

 

Una nueva serie sueca, esta vez de ciencia ficción, sobre los Hubots (=robots humanoides); la pasarán en cinco entregas dobles a partir de hoy, cinco jueves consecutivos. Las dos primeras entregas abren el apetito, y me harán releer El señor de Pigmalión, de Jacinto Grau, que es una de las mejores obras del teatro español del siglo pasado, e ignominiosamente desconocida, pese a su cada vez mayor actualidad; esta serie sueca es la mejor demostración.

 

Weiß/Colonia, 5.4.

2:00 am : Acabo de ver la segunda parte de Anonyma, el telefilm basado en el libro de Marta Hillers. Entretanto he leído todo lo que pude acerca de este tema. Un tema que ha sido tabú para los alemanes durante décadas, las violaciones masivas llevadas a cabo en Berlín por los soldados del Ejército Rojo entre abril y junio de 1945, y que Marta Hillers, periodista, una de las víctimas, reflejó sin eufemismos en su libro Una mujer en Berlín. El relato estremece, y lo que más estremece es una simple pregunta, entre mujeres, que refleja y resume todo el horror de la situación: «¿Y a ti, cuántas veces?» Lo que me emputa es pensar que el libro fue rechazado por la opinión pública alemana, al publicarse en los años 50, porque la autora, presuntamente, había sido adicta al régimen nazi. O sea, si entiendo bien la lógica: para que el público aceptase el libro, además de que la violaran, la autora tendría que haber sido, qué sé yo, monja de clausura. Jamás entenderé al género humano. O peor, mucho peor; creo que lo entiendo tan a cabalidad que por eso sé por qué me asquea. Más que los animales carroñerosal menos ellos son políticamente incorrectos, comen mierda por naturaleza; el pitencantropus erecto por gusto.

 

Para leer durante los 10’ que monto a mi Kate Beckinsale del alma, debo elegir siempre libros cuya lectura se pueda abandonar en cualquier página y poderla reanudar al día siguiente sin que haya pérdida de referencias. Así ya despaché en los últimos tiempos, uno que me envió Susanita desde Güeno Saire (sobre fantasías sexuales de la mujer argentina); De re medicade mi buen amigo Ernesto Feria; la correspondencia de José López Rubio, y hoy le eché mano a Ailleurs, de Henri Michaux. Lo hice inspirado por un email de Carles que me llegó esta mañana, donde me contaba que Michaux es, de todos los escritores célebres, el único que se negó a aparecer en libro de bolsillo, alegando violento: «Tengo dos mil lectores. Es demasiado. ¿Por qué habría de tener veinte mil?» Le contesté a Carles que «como jamás me he preocupado de publicar un libro, lo de Michaux me parece una ostentación casi argentina: presumir de dos mil lectores, quelle horreur!» Bueno, lo cierto es que Ailleurs, que es de 1948, no lo había leído aún, y lo elegí para mis lecturas chez Kate, en la traducción española de 1983 [En otros lugares], y conforme más voy leyendo más se va agudizando mi sospecha de que lo plagiaron en 1969, en España, y es más, yo mismo he contribuido a que el plagiario fuera traducido al alemánporque desconocía el original de Michaux. En cuanto termine de leer Ailleurs le hincaré el diente al español, y ahí veremos. Si no consigno acá más detalles es porque de repente estoy haciendo pipí fuera de la bacinica, pero creo que no me equivoco. ¡Oh manes de Price Alfeñique!

 

Encuentro un tuit («Si no usa la muletilla «digamos» cada tercer frase, fracasó como intelectual colombiano») que se lo reboto a mis amigos intelectuales colombianos, y uno de ellos reacciona diciéndome: «Bueno, si hubiera dicho, digamos, «tercera» en vez de “tercer” frase, el [sic] frase de la tuitera tendría su efecto», a lo que le contesto: «Maestro, no le pida olmas al peral. Si hasta esa tuitera, que no tiene pelo de tonta, comete tales deslices, es que el idioma se está yendo cuesta abajo en la rodada, y en el fondo eso a quién le importa sino a una minoría (=nosotros). Claro está que sumercé me puede argüir en contra alegando los derechos de las minorías. Y sí, pero a mi juicio, los derechos de las minorías se reducen cada vez más a un derecho al pataleo. Ojo: entendiendo por pataleo el de quien se ahoga o lo ahorcan, no el de quien patea el suelo en señal de protesta».

 

Weiß/Colonia, 6.4.

Invitamos a Chico a almorzar en el Orchidee; Angie y Vincent están en camino de regreso de sus vacaciones esquiando en el Tirol, con los padres de Angie, y llegarán bien entrada la tarde. Convenimos que venga toda la familia mañana a comer en casa; por la noche, no al mediodía, porque desde las 8:30 tendremos con nosotros a Henri mientras sus padres y sus hermanos montan un puesto en un mercado de pulgas donde se ilusionan con vender toda la chatarra que les sobra en casa. Sancta simplicitas! 

 

Muy cerca ya del final del Borges, de Bioy, otro botón de muestra de su multa mala lactae. Bioy le pregunta, de parte de Rodríguez Monegal, si en Ginebra oyó hablar de Ferdinand de Saussure, el padre de la Lingüística moderna. Y don Borges le replica:     «El nombre me suena, aunque menos que Chaussure [=calzado] y que Saucisse [=salchicha]». Menos mal que poco después, el 7.10.1979, se redime con esta frase digna del bronce: «Qué triste la vida de Kipling, hablando siempre con facsímiles del general Videla».

 

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