De mi Diario : Semana 15 / 2020

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Weiß/Colonia, 5.4., Domingo de Ramos

2:00 am : Noche dedicada a la música. Primero en el canal NDR, de un concierto en Hamburgo, Scherazade, de Rimsky Korsakov. Luego, con los auriculares, en la compu, la 7.ª de Beethoven dirigida por Carlos Kleiber en el Concertgebouw de Ámsterdam. Para cerrar la noche, de nuevo en el canal NDR, en otra transmisión desde la Filarmonía del Elba, en Hamburgo, alcanzo a oír el 4.º movimiento de la 6.ª de Bruckner, quien solía decir «die Sechste, die Keckste [=la sexta, deshonexta]», sin poder adivinar que un día Celibidache la auparía al Olimpo de los clásicos. Esta versión de esta noche no era mala, pero si uno piensa en la de Celibidache Es como con la 7.ª de Beethoven, las hay hasta muy buenas, pero como la de Kleiber en Ámsterdam, ni modo. Es un juicio de lego, pero «lo digo y no me corro» (© by César Vallejo). Desde el podio, CK era él mismo un instrumento más. Es uno de los tres directores que más admiro, insuperable aquí con una orquesta del Concertgebouw dando el do de pecho. ¡Y la acústica milagrosa de esa sala de conciertos! Quien alguna vez oyó música en ella no lo olvida (no la olvido) nunca.

Veo en el Stadt Anzeiger la necrológica, con un epígrafe de Bonhoeffer, de una Frau Niemöller. Curiosa la visión de esos dos apellidos uno encima del otro: el de un mártir del nazismo y el de uno que estuvo a punto de serlo y lo salvó la campana (la de la Historia). Niemöller es, si acaso, un mártir de Brecht, porque en el ámbito hispánico su mejor poema se lo atribuyen a él.

Como viene siendo mi costumbre, después del desayuno dominical repaso en Fronterad el texto de mi entrega de anoche, y esta vez he descubierto 29 erratas. Me consuelo pensando en que a lo mejor necesito pasar del formato Times New Roman 12 al 14, ya que algunas de las erratas casi no se notan en el 12, y sí, mucho, en el 14. Veremos, como decía Borges plagiando a Homero.

Murió Luis Eduardo Aute y Twitter se llena de homenajes y emotivas despedidas. Nunca tuve una relación empática con su música. Poseo todos los vinilos de sus primeras canciones, pero no conecté nunca con ellas ni, sobre todo, con su voz, tan acaramelada, tan quasi femenina, tan, tan lejos de las de Alberto Cortés, Daniel Viglietti, Óscar Chávez, Víctor Jara, Rubén Blades, con quienes sí empatizaba, y no sólo por cuestiones políticas. Muchos años después, y cuando ya ni siquiera recordaba su existencia, conocí a MD, que lo amaba de forma indecible, y para el IGD de aquel año me regaló un disco suyo. El 3.1.2005 le escribí lo siguiente: «Escuché música esta mañana. Tu Aute. Intenté concentrarme en sus textos (la voz trabaja con ese trémolo que siempre me ha resultado inconvincente), y los textos me parecieron débiles, esa seudopoesía que quiere y no puede transmitir cosas importantes pero las nombra como si las transmitiera: sencillamente las nombra y nada más. ¡Qué lejísimos de Brel, y qué lejos de Brassens, de Ferré, de Paolo Conte, de Pete Seeger, de Leonard Cohen!  No puedes imaginarte cuánto lo siento, de veras que lo siento. Si quieres, te lo devuelvo: desde tu punto de vista debe ser como haber echado margaritas a los cerdos, y tendrás toda la razón del mundo. Sólo que cajún es cajún, como sabiamente dicen los gitanos: cada cuál es como es. Y no hay vueltas que darle». Recuerdo además que en ese CD incluía una canción, “Mojándolo todo”, que me resultó repugnante, y bien saben los dioses que no tengo nada de mojigato, pero hermano, el sexo explícito, si no eres D.H. Lawrence, ni modo.

En algún recoveco del subconsciente algo me decía que los andaluces no iban a dejar pasar la oportunidad de hacer un chiste sobre su Semana Santa cancelada por culpa del virus. Lo que no me podía imaginar es que iba a ser un chiste audiovisual. Y tal cual, hoy, Domingo de Ramos, descubro en Twitter un breve vídeo en el que se ve a un penitente de túnica y capirote rojos, sacando a pasear a su perro por una calle vacía. Si alguna vez se perdiera el sentido del humor en Andalucía, bastará parar la oreja para oír las trompetas que anuncian el Juicio Final.

Weiß/Colonia, 6.4.

Cumplo con hoy 20 días de cuarentena. Si Pitágoras no miente, aún me quedaría la mitad. Pero según la aritmética del CoronaVid19 haría cinco días que la terminé. Y es que, ya, ni siquiera el Tiempo sigue siendo lo que nunca fue. Ay, compadre Einstein

Mi columna del viernes en EE ha suscitado muchos comentarios en su foro, pero como no tengo acceso a ella recién los podré contestar en una semana, si es que. [Los pude contestar recién el jueves 8, ya bien entrada la tarde, hora europea]

Weiß/Colonia, 7.4.

2:00 am : Terminé de ver de nuevo (¿tercera, cuarta vez?) Lost in Austen, una gozada. Ahora me voy a dar una tregua en el repaso de la filmografía de Jane Austen, y trataré de ver unas dos, tres docenas de DVD que compré sin haberlos visto todavía; y el Viernes Santo, por supuestofcourse, La vida de Brian, siguiendo reverentemente las normas de la liturgia laica.

Llamo al despacho de agua mineral donde nos surtimos cada cinco o seis semanas, en Sürth, y el dueño turco enseguida reconoce mi voz (es la primera vez que telefoneamos en muchos años de conocernos). Le pregunto por su salud (bien, gracias) y si mantienen el servicio a domicilio. Me contesta que sí, y a la pregunta de cuánto me costarían tres cajas de 12 botellas de Fachinger (la que me tiene prescrita mi Dr. Ruppert) me dice que 29,70 €, es decir, un euro más por caja de lo que me cobra cuando las retiro personalmente con Carlitos. Me encanta la gente honesta, que no hace negocio con la desgracia ajena. Y pienso que los índices de criminalidad han descendido de un modo notable en toda nuestra región desde que comenzaron las medidas restrictivas de la libertad de movimientos, pero justamente un rubro ha experimentado un aumento, y es el de los fraudes a los ancianos, a quienes unos mafiosos hijueputas les mienten con descaro (incluso se hacen pasar por policías) y los desvalijan si no andan precavidos y desconfiados. Pero en estos días de la pandemia todas las defensas andan bajas, y más entre los ancianos. No es mi caso, aunque mis 80 me dicen que soy un anciano, pero he sido siempre desconfiado de nativitate, es muy difícil que me agarren con la guardia baja, y mucho más si se trata de dinero.

Poniendo algún orden en las baldas caóticas de un estante en el cuarto de los invitados me cae en las manos Egos revueltos, el libro de Juan Cruz, con dedicatoria autógrafa datada el 29.3.2010. Recuerdo haberle agradecido el envío y haberle dicho que Diny es una lectora apasionada de sus columnas. Me contestó diciéndome que le enviaba de inmediato un par de libros suyos. Lo que se ha repetido a lo largo de más de 10 años, sin que nos llegase ni uno solo, haciéndome concluir que Juan debe contar con lectores apasionados entre los funcionarios de Correos de España: los cuales, al ver un paquete de libros para una señora Hansen, en Colonia, Alemania, enviados por Juan Cruz, no se andan por las ramas y se quedan con el paquete para enriquecer sus respectivas bibliotecas. No de otro modo puedo explicarme la desaparición de más de una docena de envìos en diez años y en ese triángulo de las Bermudas que debe ser la Admón. de Corrreos madrileña. Creo que le voy a sugerir a Juan que los próximos envíos los haga consignando como remitente a “San Juan de la Cruz, c/o, convento de El Calvario, CP 23280 Beas de Segura (Jaén)”. Tal vez así, por fin, le lleguen a Diny los libros que no dudo que le manda. Y el seudónimo, al pelo.

Hoy he subido a mi blog en EE la 18.ª  entrega de una antología de páginas inolvidables que voy armando allá desde hace años. En esta ocasión se trata de uno de los más sutiles y bellamente enrevesados sonetos de sor Juaa Inés de la Cruz, colgándole al final, como un dije, el enlace a un vídeo en el que mi taruguita del alma recita ese soneto. Al poco de llegar a la página aparece a su pie el primero, y el último (hasta la fecha), de sus comentarios, que se comenta por sí solo: se reduce a la palabra «Eccelente» [sic]. ¡Oh manes de Bogotá, la otrora Atenas de Sudamérica!

Weiß/Colonia, 8.4.

2:30 am : Estuve viendo antes el DVD de The Revenger’s Comedies [El juego de la venganza] y luego como programa de contraste Joe Kidd, un western de John Sturges con Clint Eastwood. El juego de la venganza es una comedia tan, pero tan inglesa, que si no existiera Inglaterra habría que inventarla para que esta comedia no pareciese un desatino. Y no lo es, no, es simplemente una especie de film de la serie B de The Monty Python, con unas Kristin Scott Thomas y Helena Bonham Carter que son golosinas para los ojos. El western de John Sturges cuenta además de la presencia carismática de CE con la música de Lalo Schifrin, pero no es un Sturges clase A. Sin embargo, relax para mí tras un día agobiador, el 21.º de mi ingreso en el Gulag Bada Hansen.

Leido en el Kölner Stadt Anzeiger : A fines del 2012, el Instituto Robert Koch llevó a cabo una prospección experimental de lo que sería una pandemia como la que estamos viviendo, y que en aquel momento ni se sospechaba que llegaría, o que lo haría tan pronto. El Instituto Robert Koch es la máxima autoridad en materia bacteriológica en Alemania, y una de las más calificadas de la ecúmene, pero su informe de hace siete años parece haber entrado por un oído de las autoridades competentes y salido por el otro, ni una sola de sus advertencias fue tenida en cuenta hasta que ha sido ya (casi) demasiado tarde. ¿Tendremos en verdad los gobernantes que nos merecemos? Merkel, la canciller federal, es física de profesión: ¿ninguno, ni uno solo de sus colaboradores tuvo la idea de hacerle leer este informe del Instituto RK? Qué manada de pendejos.

Vinieron Montse y Frank a traernos las compras de la semana, un volumen considerable ya que mañana es fiesta y el lunes también lo es. Y vinieron de nuevo con Henri, a quien pude ver y saludar desde el balcón. Los padres nos trajeron alimentos para el cuerpo, Henri para el alma.

Titular leído en la prensa onubense: «Continúan las labores de desinfección en Huelva del Ejército». ¡Coño, es todo un notición! El Ejército español está haciéndose desinfectar nada menos que en Huelva. ¡Mare mía de mi arma! ¿O será quizá que se quiso decir muy otra cosa, p.ej.: «Continúa el Ejército con las labores de desinfección en Huelva»? No sé, digo yo. Y recuerdo que en la sección «La Comisaría de Papel», de la inolvidable La Codorniz, nuestro inefable diario Odiel –el único aquellos tiempos– era uno de los «reincidentes» más contumaces. Muchos indicios apuntan a que nuestra variopinta prensa actual quisiera perpetuar esa tradición.

Weiß/Colonia, 9.4., Gründonnerstag [=Jueves Verde, en alemán]

1:50 am : Veo Closer [Llevados por el deseo en América Latina, Closer en la purista España] y no logro ir más allá de admirar el trabajo de los protagonistas, en especial de Natalie Portman y Clive Owen. No me he quedado con ganas de volverla a ver, mala señal.

Releí el prólogo de Sergio Pitol a la edición mexicana de Orgullo y prejuicio. Son palabras mayores las suyas, y es evidente que se enamoró de Lizzy Bennet, qué pena no haberlo sabido la única vez que nos encontramos, octubre 1986 en Hamburgo, ¡hubiéramos tenido tantísima cosa que decirnos! No resisto la tentación de copiar las palabras con las que cierra su prólogo (porque he descubierto que cuando transcribimos un texto que amamos, es como si lo acariciásemos): «Elizabeth Bennet, con sus crinolinas, sus encajes, sus talles estilo Imperio, sus ejercicios al piano, sus tés, sus veladas deliciosas, ilustra una posibilidad de libertad e independencia. No podemos afirmar que colocó los adoquines del sendero que muchos años después transitarían sus bisnietas de severos botines, amargo traje sastre y hoscos ademanes en busca del sufragio femenino, aquel sería un trabajo demasiado rudo para ella, pero seguramente colaboró con los macizos de flores que adornan el camino. Y en uno de ellos escondió una bomba». Chapeau!

Luisa Mejer le escribe el 12.8.1782 a su amado Boie: «La hija menor de Dieterich murió de una fiebre séptica en Gotinga, y la bella de Lichtenberg murió del mismo mal. Probablemente sabes que siempre tenía una chica joven con él. Ésta cumplió 17 años. Vivió con él durante cuatro, y no ha visto a nadie más que a Lichtenberg en todo ese tiempo. Se dice que L. está inconsolable». ¡Vaya, vaya con don Lichtenberrg y sus lolitas! He hecho mis averiguaciones y esta era Marie Steckard, vendedora de flores (como la Liza del Pygmalion de Shaw), y si hacemos cuentas se fue a vivir con Lichtenberg a los 13. Por cierto que don Lichtenberg luego asentó la cabeza y, como Goethe, se casó con su ama de llaves. Pero a ver quien le quitaba lo bailao.

Weiß/Colonia, 10.4., Viernes Santo

Buscando en el estante de mis libros sobre cine y teatro uno de esos datos que no puede darme Miss Hortensia Google, reencontré un minilibro de formato apaisado que me regaló Montserrat hace varios años. Es uno de esos que los alemanes nombran Daumenkino [=cine con el pulgar] y en español se llaman “folioscopio”, pero la gente joven los conoce como “flip books”, porque flipan con ellos. Este que me regaló Montse es de la serie Classic Movie Moments y reproduce la escena icónica de The Seven Year Itch cuando Marilyn Monroe y Tom Ewell salen de cine, de haber visto The Creature from the Black Lagoon [La mujer y el monstruo], y Marilyn se encima en la parrilla de la ventilación del Metro, con resultados eróticos más que previsibles. Me divierto haciendo “vivir” la escena bajo mi pulgar antes de buscarla en la pantalla de la compu.

El cerezo ornamental japonés en el jardín del vecino está en plena floración, es un lujo quedarse un rato mirándolo. Pero tengo que hacerlo desde la cocina, sentado en el taburete en la esquina más lejos del ventanal: si lo miro desde el comedor, su vista queda semioculta por un pinoabeto que el tórrido verano pasado y la lluvia ácida han convertido en un auténtico harapo vegetal. ¡Y es tan hermoso el cerezo sin ese estorbo a la vista! Pero así es también en la vida: en primera fila la maravilla de Ipanema, detrás el monstruo de las favelas.

Me escribe Suzana deseándome que tenga un jardín donde gozar del buen tiempo, y me pregunta si he leído a Roland Barthes y qué pienso de su libro sobre el amor. Le respondo ipso fuckto: «No tengo un jardín, pero poseo una parcela en el país donde los alemanes prefieren pasar sus vacaciones, uno enorme, aunque muy fragmentado, llamado Balconia. (La ventaja de las parcelas es que cada una de ellas es mensurable. «Mensurable», por cierto, es anagrama de «Lebensraum», pero Hitler no lo sabía, tal vez porque nunca vivió en una habitación con balcón). En cuanto a su pregunta sobre Roland Barthes y su libro Fragments d’un discours amoureux, mi respuesta es no. En primer lugar no soy un buen lector de textos filosóficos, semiológicos o teóricos. Casi nunca me aventuro más allá de la poesía, la narrativa y la historia, o autobiografías, memorias, epistolarios Además, con la excepción del Ars Amandi de Ovidio (cuando era muy joven), nunca he leído textos que traten filosófica o teóricamente del amor. Simplemente no me interesan. Creo que hay asuntos más indispensables en los que pensar. Escribir teórica o filosóficamente acerca del amor siempre me pareció, disculpe mi franqueza, una paja mental».

Weiß/Colonia, 11.4., Sábado de Gloria

2:00 am : La programación estaba saturada con megaproducciones del tamaño de La Biblia, Los diez mandamientos, La mayor historia jamás contada, La túnica sagrada, Ben Hur, hasta Jesus Super Star, y para que no faltase la guinda del pastel una producción de Wim Wenders acerca de Bergoglioencargada por el Vaticano. Empecé a verla, pero a los 10’ ya sabía lo que iba a venir a continuación, así es reprogramé el televisor a pantalla de DVD, y a falta de La última tentación de Cristo, que creo que la presté y nunca me la devolvieron, puse en la bandeja soporte La vida de Brian y volví a disfrutarla como si fuera la primera vez que la veía.

En el cuaderno de necrológicas del Kölner Stadt Anzeiger, dos con epígrafes de Sócrates: «Una única palabra nos libera del peso y el dolor de la vida, esa palabra es Amor», y este: «¡Quién sabe, quizás sea la muerte el mayor de los regalos!» El primero debe ser un error de traducción: Sócrates era bastante listo y sabía que tal liberación no proviene de la palabra misma, sino de lo que nombra.

Al repasar, corregir teclazos en falso, limar aquí y allá mis anotaciones de la semana, antes de subirlo todo a Fronterad, me doy cuenta de que se me escapó contar el final feliz de la aventura (o desventura) de la pareja coloniense que quedó aislada del mundo en Sapzurro, en la frontera noroccidental de Colombia con Panamá. En un rincón del Paraíso Terrenal mutado en ratonera. Gracias al reportaje en el Kölner Stadt Anzeiger que comenté la semana pasada en este diario, la obra caritativa Adveniat, de la iglesia católica, movió sus peones en Colombia, consiguió que le expidieran a la pareja un salvoconducto para viajar por el país, la llevaron por vía marítima (la única posible) a un lugar desde donde pudieron seguir en el automóvil de un obispo, y con el obispo, hasta otro lugar desde donde a su vez pudieron seguir a Medellín, y de allí a Bogotá, y al aeropuerto El Dorado, el avión y el regreso a Colonia, donde ya llegaron sanos y salvos hace un par de días. Moraleja: Si alguna vez te quedas encerrado en el Paraíso Terrenal y prefieres seguir ganando el pan con el sudor de tu frente y parir los hijos con dolor, recurre a la iglesia católica.

***************THE END**************

 

2 COMENTARIOS

  1. Aunque haya personas que no tengan una especial capacidad para leer textos abstractos, alguna vez en al vida merece la pena leer «El Banquete» de Platón. La historia del festejo en la casa de Agatón donde varios personajes teorizan sobre el amor con la excusa, un tanto cogida por los pelos, de que los poetas áticos no han tratado a un dios tan esencial, Eros. Los diálogos platónicos tienen la ventaja de estar disfrazados de relatos coloquiales. Por otra parte, el banquete en casa de Agatón está contado con un trampantojo muy literario. El que cuenta la historia, Apolodoro, no estuvo allí, sino que escuchó los discurso por uno de los participantes, Aristodemos. Así parece que el mismo Platón se excusa por las mixtificaciones que pudiera contener. Uno de los libros esenciales de eso que llamamos, un tanto enfáticamente, la civilización occidental.

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