De mi Diario / Semana 18 / 2015

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Esto sucede en el año 2015 de la era cristiana en Alemania, no en Tercermundistán. Que conste en acta.

 

Weiß/Colonia, 26.4.

Teníamos pensado acudir hoy al Museo Käthe Kollwitz, porque festejan sus 30 años con una exposición de fotos y descubrimientos de la obra temprana de KK, y lo hacen hoy con un día de puertas abiertas. Pero por un lado el tiempo (desde ayer está lloviendo) no invita a salir de casa; luego lo de las puertas abiertas significa que el lugar estará lleno a tutiplén; y last but not last, quieras que no debo abismarme en el desciframiento de las liquidaciones que ya me llegaron, del seguro de enfermedad y de la subvención estatal, y que me suponen un agujero de 1.800 € en mis pobres finanzas. El tiempo afuera y la tarea dentro me deprimen de tal modo que me voy a la cama después del desayuno, una hora al menos de reposo antes de emular a Sísifo.

 

Entre el papelerío acumulado está la invitación de Paul a la fiesta con motivo de sus 18 años. Nos la mandó por correo, dirigida a Opa Ricardo Bada Díaz y Oma Diny Hansen de Bada, y le tendré que llamar la atención acerca del respeto a las mínimas normas de la cortesía: al enviarle una carta a una pareja debe consignarse primero el nombre de ella. Lo que me pregunto, claro, es si la cortesía forma parte del repertorio de comportamiento de las nuevas generaciones.

 

Termino de leer la autobiografía de Sybille Bedford y ya he comenzado otra maratón lectora, con un mamotreto que promete mucho y me ha prestado Carlitos, el libro de Charles C. Mann sobre lo que el título alemán define como “la herencia de Colón”; en realidad, y por las casi 200 páginas que ya llevo leídas, es mucho más que eso. En cuanto al libro de SB, antes de pasarlo a la biblioteca, quiero registrar esta frase: «Poseían el don de reírse de sí mismos y sus defectos. El arma secreta de los ingleses. (Tan eficaz como útil en tiempos de guerra)».

 

Weiß/Colonia, 27.4.

En el diario, hoy, la esquela fúnebre de su señor apellidado Hundgeburth. Descomponiendo su apellido en los dos elementos que lo forman, Hund [=perro] y Geburt [=parto], resulta que toda la vida se ha llamado Parto–de–perro. Se lo paso por email a Cinna, quien hace poco, al respecto de los nombres de los personajes de Shakespeare, en especial los clowns de Sueño de una noche de verano, me decía que «el autor les pone apellidos que nadie pudiera portar en la realidad: no existe gente llamada “Snout” [Hocicón] o “Starveling” [Muerto de hambre]»

 

Tengo cita con mi neumóloga a las 9:30 am. Salgo de casa a las 9:10 para tomar el bus de las 9:20 y llegar puntual. Pasa a las 9:19 el bus en dirección Sürth, y después lo único que pasan son los minutos y el bus de las 9:20 brilla por su ausencia, lo que no es nada agradable en un día que amaneció húmedo, frío y ventoso. Finalmente llega el bus de las 9:40, y lleno, como es lógico, porque debe de haber habido ilusos esperando en vano, como yo, en las seis paradas intermedias entre Sürth y la de Weiß Friedhof. La recontrarremilputa que la recontrarremilparió a la maldita KVB, la compañía de transportes públicos de Colonia, la peor de toda la Unión Europea, ¡qué desastre de servicio el que ofrece a sus usuarios, carajo! Y como tienen el monopolio del mismo se pasan por el arco del triunfo las protestas de sus damnificados. Merde!

 

Primero nueva sesión de rayos X, luego prueba de capacidad pulmonar, y al final la dubitativa Dra. Dornaika, mirando las radiografías y oyendo mi relato de los últimos días. Hasta yo puedo darme cuenta de que hay una mejoría visible en el estado de mis pulmones, pero la Dra. me dice que la cura va a durar al menos un mes más. Nueva cita para el viernes 29 de mayo y tengo que continuar con el aerosol del diablo, que terminará por reducir al silencio mis cuerdas vocales, ay.

 

Weiß/Colonia, 28.4.

Con Carlitos a La Modicana y se nos añade Diny, que hoy también tiene libre en lo de Chico, no sé la causa. «¿Nada de experimentos?» me pregunta la camarera persa, y cuando le digo que sí, ya sabe: espaguetis con marisco para Carlitos y para mí. Es bueno eso de poderse entender en claves que sólo conocen los iniciados.

 

Durante el almuerzo saqué a colación el tema de acudir al concierto de clausura del ciclo anual Ocho Puentes, que estará dedicado a Louis Andriessen, uno de los grandes compositores vivos, y el más grande, con seguridad, de la música neerlandesa. Un iconoclasta que sigue siéndolo cuando ya se ha convertido en un clásico. Todavía recuerdo el regusto a pólvora y asaltos a las almenas del castillo medieval cuando en 1970 compuso “Las 9 sinfonías de Beethoven, para orquesta y campanilla del carro de un vendedor ambulante de helados”. Y otro de sus opus es una canción con un poema de García Lorca, amén de las que ha compuesto con textos de san Agustín, Homero, Maquiavelo, Nietzsche, Bakunin, Rilke, Pavese 

 

Weiß/Colonia, 29.4.

La última vez que estuvo Diny en casa de Montse, al irse, Henri le preguntó si podía venir con ella acá, y Diny tuvo que contestarle que no, pobrecito mío, porque al día siguiente, sábado, iban a estar aquí los obreros que arreglarían el cuarto de baño, y las taladradoras hacen un ruido que a Henri lo dejarían aterrado (siente miedo al ruido). Hoy, como pasado mañana será el 1 de Mayo y los padres quieren festejar la llegada de ese mes especial, Montse le preguntó a Henri cuándo es que le gustaría venir a nuestra casa, y él le respondió altiro: «Dentro de 10 minutos». Lo tuvo que convencer de que no, de que sería mañana, pero que dormiría en casa de los abuelos. De la anécdota rescato dos notas mentales: a) La relación por completo sui géneris de un niño con el tiempo; b) El hecho de que en Weiß el 1 de Mayo sea un día como otro cualquiera, sólo que festivo, y en cambio en Sürth, que ya está literalmente pegado a Weiß en las urbanizaciones de nueva planta, la llegada del 1 de Mayo se celebra casi como en Andalucía o en Nicaragua, con sus canciones típicas, el árbol de Mayo en la plaza principal del pueblo, la banda de música con una diana matutina, y hasta la intronización de una reina de Mayo. En Sürth, la noche del 30 de Abril la gente no está muerta sino que anda de parranda, como en la canción colombiana que en España popularizó Peret. En nuestra casa, en Weiß, la tal parranda será con Henri.

 

Y ya que mencioné a Diny. Me dijo esta mañana que un lindo regalo que podría hacerle a Paul en su cumpleaños es el fragmento de mi diario donde cuento nuestro diálogo sobre su mayoría de edad ¡cuando él sólo contaba cinco años!  Lo busco en mis archivos y lo encuentro enseguida gracias a que en esta compu todo está atado y bien atado:

«Weiß/Colonia, 9.9.2002 : Traigo a Paul a casa de regreso del Kindergarten, nos montamos en el bus 131, está desocupado el asiento delantero solitario que es el que más les gusta, a él y a Oskar, para poder ir viendo toda la secuencia del tráfico. Nos sentamos ahí, y al poco de estar en camino, de repente la siguiente pregunta:

—Abuelo, ¿ya estarás muerto cuando yo sea mayor?

Casi sin atreverme a preguntar por qué, le hago una pregunta más cuidadosa:

—¿A qué le llamas tú ser mayor?

—Mayor: adulto –y se encoge de hombros, como no comprendiendo mi estolidez.

—Bueno, cuando tengas 18 años serás mayor de edad, hasta entonces faltan 13 años.

Y me decido finalmente:

—Pero ¿por qué querías saber si estaré muerto para entonces?

—Porque si no lo estás, yo te podría llevar gratis de pasajero en mi autobús».

Pienso que es una buena idea la de Diny, se lo puedo regalar con una breve misiva donde le diga: «Querido Paul, llegó la hora, ya cumples los 18 y no me he muerto, a ver, ¿dónde está tu autobús? Abrazos, besos y enhorabuena de parte de tu primer pasajero, que ha esperado nada menos que 13 años para serlo. [Firmado:] Opa Ricardo».

 

Weiß/Colonia, 30.4.

Me encuentro con Uwe en el bus, está yendo al oculista para que vea cómo ha reaccionado su córnea a una inyección que le puso hace días en un ojo. Lo miro incrédulo y estremeciéndome: «¿Te pusieron una inyección en un ojo?» Y sí, así fue. Yo creo que me moriría antes de someter mis ojos a un tratamiento que recuerda el comienzo de Un perro andaluz. Brrrrrrrrrrr

 

En lo del endocrinólogo para la extracción de sangre. A la enfermera que la practica le digo sin andarme por las ramas que no puede negar que sea coloniense, ¡ese acento!  Nos reímos y le cuento de mis hijos, que aunque han nacidos dos en España y en los Países Bajos, también son colonienses a machamartillo. Ella me habla entonces de su ciudad favorita (después de Colonia, se entiende), y es Barcelona, adonde viaja cada vez que tiene libre, dos o tres veces al año. Le sugiero que un día, para variar, vaya a San Sebastián. Y de la consulta salgo derecho a la parada del tranvía y dos paradas más allá a la primera panadería que tengo a tiro, en Barbarossaplatz, donde pido un pancito con embutido y un café; estoy en ayunas por mor de la extracción de sangre y en esta panadería tienen un pan y un embutido buenísimos, la conozco desde hace años, qué suerte que en Barbarossaplatz debo transbordar de línea de tranvía para volver a casa.

 

Salgo a buscar a Henri en el Kindergarten, me ahoga caminar bajo la lluvia, debo detenerme un par de veces para recobrar el aliento. Al llegar acá tengo que sentarme un buen rato antes de sacarme el chaquetón y cambiarme de ropa, la camisa y la camiseta estaban tan empapadas en sudor que me hicieron pensar en lo que dirán los resultados del análisis de sangre. Ay.

 

Ayer despejé de libros, revistas y demás todo el sector cercano a la ventana de mi cuarto de trabajo porque hoy venían a instalar una nueva ventana sustituyendo a la que está en servicio desde diciembre 1975, cuando nos mudamos a esta casa. Además de mi despeje, Diny cubrió con sábanas todo el resto, porque al cambiar la ventana hay que remover el marco y habrá polvo para decir basta en esta habitación. Vino el cristalero mientras yo andaba buscando a Henri, y al llegar me entero de que se ha tenido que ir sin poder instalar la ventana nueva porque quien estuvo hace unas semanas tomando las medidas, las tomó mal. La puta que lo parió. Tengo que volver a poner todo (y no es poco) donde estaba antes, y tendré que repetir ambas operaciones, quitar y poner, cuando vuelvan en un par de semanas con la ventana bien medida. Esto sucede en el año 2015 de la era cristiana en Alemania, no en Tercermundistán. Que conste en acta.

 

Weiß/Colonia, 1.5.

Alfonso subió ayer a su cuenta Twitter un trino mío del que he tenido un eco inesperado :

Abro la estafeta al levantarme esta mañana y me encuentro en la bandeja de entrada el siguiente email: «Perdona, Ricardo, pero de los sitios que conozco de la tierra, la Europa actual es uno de los lugares menos inmorales del mundo. Empezando por Alemania. Y esto no quiere decir que sean ángeles, ni mucho menos, ni dechados de virtudes, pero comparado con lo que ocurre en otras partes (aquí, sin ir más lejos) ustedes son el referente ético menos vergonzoso del mundo. Con todo y sus vergüenzas innegables, miserables» Lo contesto diciendo que no me referí a otra cosa que a las vergüenzas innegables y miserables, no me puse a comparar a Europa con el resto, y mal podría hacerlo sin conocer nada más que un par de países latinoamericanos. Por otra parte, decir yo, europeo, que nuestra miseria moral es «peanuts» en comparación con la de otros lugares, creo que me lo tomarían muy a mal, como un eurocentrismo que para nada siento, a no ser en el sentido crítico, es decir, para criticarlo.

 

Henri en casa, un torbellino. Un adorable torbellino. Y ahora, con el pelo cortado a navaja, ya no es más un querubín sino un muchachito de una energía incansable. Menos mal que los abuelos le dejamos hacer lo que le dé la real gana. De educarlo que se ocupen los padres, qué caray.

 

Los Aguilar–Mastretta estuvieron unas semanas largas en China. Y qué curioso que su regreso coincida con el nuevo # de Nexos y en él la columna Puerto Libre, de Arcángeles, que me trae infinidad de asociaciones con una de mis lecturas paralelas en estos días, el libro de Charles C. Mann titulado en español (yo lo leo en alemán) 1493. Una nueva historia del mundo después de Colón. Resulta apasionante seguir el primer proceso de globalización comercial habido en el mundo como resultado del viaje de Colón, el descubrimiento del filón de plata en Potosí y el canje de ese metal por objetos “made in China” a través de los galeones que lo transportaban desde Acapulco a Manila, donde se efectuaba el trueque en la primera Chinatown que hubo en suelo europeo (las Filipinas eran entonces españolas). Acabo de leer cómo es que en el siglo XVI ya copiaba China los modelos occidentales y se los vendía a los mercaderes de Manila, quienes aunque duplicasen, triplicasen, cuadruplicasen su precio al venderlos luego a su público, lo  hacían a un precio más barato que el producto europeo original. O sea, que la piratería en materia de marcas y manufacturas es una lección que los chinos tienen aprendida de largo tiempo, hasta se diría que incorporada a sus genes. Ello me recuerda una escena esclarecedora por lo sencilla, en el precioso film La deuda interna, del argentino Miguel Pereira. Transcurre en un pueblito perdido en las estribaciones de los Andes, al norte del país, desconectado del mundo a no ser por las radios de transictores porque no hay corriente eléctrica. Pero llega la dictadura, y con la dictadura, en el 78, el Campeonato Mundial de Fútbol, y en ese pueblo aparecen los soldados trayendo el tendido eléctrico para un televisor en el que los vecinos puedan seguir el torneo y apoyar moralmente al equipo de Menotti. Y traen, además, los soldados, cientos de banderitas nacionales para que los vecinos las agiten como muestra de apoyo moral. Entonces el niño protagonista de la película acude donde el maestro, el otro protagonista, y le pregunta con la banderita en la mano, leyendo en ella en voz alta y tal y como se escribe, sin pronunciarlo en inglés: «Maestro, ¿qué significa “Made in China”?» Temiendo estoy el día en que empiecen a copiar a nuestros políticos y nos los vendan todavía más baratos de lo que ya son de por sí.

 

Weiß/Colonia, 2.5.

Todo el día tratando de compaginar los 52 sonetos de mis envíos El Poema del Sábado, que este año quiero dedicar de manera monográfica a la forma poética más depurada y perfecta. Es tal la cantidad de buenos sonetistas en nuestro idioma que, fatalmente, al hacer una selección de sólo 52, habrá que dejar afuera más del doble de esa cifra. Lo único que tengo en claro es que habrá un soneto de poetisa por cada dos de poetas. Y estoy contento de la selección que he hecho; esa selección sí la tengo clara, desde sor Juana Inés de la Cruz a Ana Istarú, aunque no sé yo si mi Annuchka querida habrá escrito sonetos. Publicados, que yo sepa, no. Pero si no los ha escrito va a tener que hacerlo ahora, aunque sea sólo uno, para mi selección, que sin ella andaría renga. Pero ¿que pasaría si Ana me envía este? : «Un soneto me manda hacer Ricardo / y en mi vida me he visto en tal aprieto. / Catorce versos dicen que es soneto, / y pues que ya van tres, voy a intentarlo. // No creí que pudiera yo lograrlo / y estoy a la mitad de otro cuarteto, / mas si me veo en el primer terceto / el aprieto podemos olvidarlo. // Por el primer terceto voy entrando / y parece que entré con pie derecho / pues fin con este verso le voy dando. // Ya estoy en el segundo y aun sospecho / que voy los trece versos acabando. / ¡¡Ricardo, son catorce, ya está hecho!!»)  ¿Cómo decirle que no si me lo vende con el cuento de la intertextualidad, eh? 


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2 COMENTARIOS

  1. A Paul, le va a llegar muy
    A Paul, le va a llegar muy hondo el diálogo que tuviste con él hace trece años, si al final decides dárselo.
    Tú maldiciendo a la lluvia y yo al cielo raso.
    Un abrazo.

    • Gracias por leerme, Manu, y

      Gracias por leerme, Manu, y bueno, el regalo ya está preparado, listo para su entrega el día 12. Pienso que efectivamente le llegará hondo. 

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