De mi Diario : Semana 18 / About movies

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Con motivo de mis vacaciones, y siendo esa una ocasión en la que me distancio al máximo de las computadoras, durante las casi cuatro semanas que estaré fuera aparecerán acá, hasta el  próximo domingo día 13, viejas entradas de mi diario, agrupadas de manera temática. Hoy recojo diversos diálogos mantenidos vía email con el patriarca de la literatura chicana, Rolando Hinojosa, acerca de un tema que nos apasiona por igual: el cine.

 

Anotaciones del 2006

 

Le escribí ayer a Rolando Hinojosa:

«Querido Rolando, sólo estas líneas para reanudar el contacto (y espero que ya hayas recibido el mail anterior con el anexo de mi diario de vacaciones). Y esta noche, en la tele, una de mis predilectas, que nada tiene que ver con listas de las 25 mejores ni la puta que los parió a los inventores de tales listas: te hablo de una que seguramente también estimarás, The Big Heat, de nadie menos que Herr Fritz Lang (que nunca se quedaba kurz, y usted perdone el mal chiste), con Glenn Ford y Lee Marvin (cuando Marvin aún no era estrella) y la inconfundible sexualidad recóndita de Graham Greene, que tiene una de esas caras como de mujer a la que te estás cogiendo y le gusta, pero lo disimula muy bien porque lo están haciendo ustedes en público, ¿no te parece?

Un abrazo, y hasta la próxima. Ricardo».

 

Rolando me contesta que como ando a las disparadas he convertido a Gloria Grahame en Graham Greene. Por la noche, antes de irme a dormir, le escribo de nuevo, y esta mañana descubro que no hice sino volver a meter la pata:

«Caro Rolando, acabo de ver The Big Heat y todavía ando con el buen sabor de boca. Oye, ¿y ya te fijaste que la música que suena en el bar, cuando Glenn Ford expulsa de él a Lee Marvin, es “Put the Blame on Mame”?  Lo que me interesaría averiguar, si alguna vez la pasan y la vuelves a ver, es qué le dice Gloria (Graham) Greene a Marvin cuando regresa de su encuentro con Ford en el hotel y Marvin le pregunta qué hacía corriendo en la calle, y ella, en la versión alemana, le contesta que no iba tras Ford sino buscándolo a él, a Marvin, pero «como corriste más de prisa que Zatopek no te pude alcanzar». ¿Será así en el original?  No sé si te conté que una de las mayores impresiones de mi vida fue almorzar un día codo a codo con Zatopek, en los cursos de verano de la Complutense, en El Escorial, en 1991. Hablamos todo el tiempo, en alemán, un tipo formidable, y además bastante bien conservado, a 39 años desde la Olimpiada de Helsinki.

 

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«Caro Rolando, acabo de ver por enésima vez The Glass Bottom Boat y me reafirmo una vez más en mi convicción de que fue la mejor respuesta que pudo encontrar Hollywood a la aparición de James Bond en Inglaterra: pero lo que pasa es que Doris Day no hay más que una y a ti te encontré en la calle (¿será que conoces ese romance de ciego popular en España: «que madre no hay más que una / y a ti te encontré en la calle»?). Un abrazo, 008. My Name ist Bada, Richard Bada».

 

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Le escribo a Rolando Hinojosa:

«Mañana son 50 años sin Bogey, así que la tele está dando Bogey en dosis masivas: Africa Queen, El halcón maltés, El tesoro de Sierra Madre y, claro, Casablanca. Pero anoche pasaron The Enforcer, que no es de las más renombradas y había olvidado. Sólo que ahora mi sensibilidad para el idioma me la amargó: fíjate que B. hace en ella el papel de un fiscal, y en la versión alemana todo el tiempo lo llaman «Inspektor», convirtiéndolo en policía y haciendo por lo menos raro el comportamiento del inspector que está a sus órdenes. Mierda».

 

Rolando me contesta:

«En The Enforcer B. la hace de District Attorney, es decir abogado del condado. En una  reseña le  llaman Commissioner; un error de lo más grande ya que éstos tienen cargos civiles.
A mí me encanta la comedia/parodia, Beat the Devil, con Bogey, Gina Lollo, Jennifer Jones, Robert Morley y el amigo amigazo de Bogey, Lorre. La vi en el 54 y me encantó aunque no tanto al público. Dirigida por Huston y escrita por H. con Truman Capote».

 

Le contesto a Rolando:

«También a mí me gusta Beat the Devil a pesar de que en general rechazo las pelis de la Lollo. En ellas suelen ser inversamente proporcionales el tamaño de sus tetas y su talento como actriz: la conjunción de ambas magnitudes le estaba reservada a la Loren. Y a propósito de Italia, en Beat the Devil trabaja también un vasco de Motrico, joder, Juan de Landa, el que hace de marido, cornudo primero, asesinado después, en Ossessione, la película de Luchino Visconti que es la primera versión filmada de Double Indemnity. Vale».

 

Y Rolando remata:

«Double indemnity; qué papelazo, ni hablar, de la Ruby Stevens».

Curiosa la manera de entretenernos que practicamos Rolando y yo, pero si alguien se tomara el trabajo de recopilar nuestros mails, creo que saldría un libro divertido y sumamente rico en detalles y pormenores de los que pasan desapercibidos en las películas. Y algunos aprenderían incluso el nombre civil de la incomparable Barbara Stanwyck.

 

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Entre ayer y hoy otro de esos increibles mercados de pulgas cinéfilos en que nos enredamos por e-mail Rolando Hinojosa y yo. Fue a partir de haberle escrito ayer noche: «Y dentro de media hora, trío de ases: Barbara Stanwyck, Edward G. Robinson y Glenn Ford: The Violent Men. No nos privamos de nada».

 

Rolando: «Do not forget Brian Keith. La emboscada de Ford es otra cosa. Y como les dice a Barbara Stanwyck y a Robinson, «No les va a gustar cómo hago la guerra yo». Confieso que quisiera verla de nuevo».

 

Luego de haber visto la peli, yo:

«Me encantó The Violent Men, me encantó, este es el western que a mí me gusta. Me encantó además el personaje de Dianne Foster, la que hace de hija de BS y EGR, que parece la mala y es en realidad la buena, tiene un parlamento formidable sobre la inutilidad de la violencia (claro, está en el guión, pero ella lo sabe decir de un modo admirable), amén de que pocas veces en mi vida he visto un sheriff tan redomadamente anguila como James Westerfield».

 

Rolando:

«Westerfield es un actorazo. No sé si has visto Hang ‘Em High, con Eastwood. Westerfield tiene una escena de primera: en el cadalso, un minuto antes de que le pongan la venda (o la caperuza) pide un puñado de tabaco para mascar. La sonrisa es inigualable. En Violent Men, pachurrudo y todo, el cabrón sigue la Ley. Otro actor de primera (murió el `97) fue Richard Jaeckel, que trabajó toda su vida. Unas 50 pelis. Glenn Ford lo mata en la cantina, igual que Peck como Johnny Ringo”.

 

Yo:

«Inolvidable la escena que me dices de Hang ‘Em High, no me acordé en cambio de su protagonista. Y yo creo que confundes a Johnny Ringo con Jimmy Ringo, que es el papel de Peck en The Gunfighters. Por lo demás, hoy sólo ha faltado la nieve: el resto del programa meteorológico lo hemos tenido al completo».

 

Rolando:

«Tienes razón. The Gunfighters sigue siendo una de mis favoritas. ¿Habrás visto otro western con Peck y Anne Baxter y con Widmark para coronar el reparto?»

 

Yo:

«Of course, ese trío no se me despinta tan fácil: Cielo amarillo se llamaba la peli cuando yo la vi. Es de William Wellman Sr., a quien se debe una que pasan cada cierto tiempo por los canales alemanes, Westward the Women, con un insufrible Robert Taylor, no sé qué le vieron al tipo».

 

Rolando:

«¡Por fin!  Yellow Sky, Cielo Amarillo. Milagro que no le dieron otro título. Esa Baxter y su papel en The Razor’s Edge por el cual se le otorgó el oscarito… Aún me acuerdo del sombrerito que le regaló Peck en Yellow Sky. ¿Sabías que Wellman era de los Brahmin de Boston, apodo que se les da a los ricachones? Vivían, quizás aún vivan, en Beacon Hill. Ah, y uno de los bandidos en Yellow Sky era John Russell que, igual que Jaeckel, nunca fue  estrella pero que trabajó toda su vida, y siempre como malo; la última película, porque ya levantaba la pata, debió ser con Eastwood en Pale Rider. Se dice que una vez Newman en la playa de Malibú vio a Jaeckel jugando y correteando con sus hijos y lo escogió para el papel en Sometimes a Great Notion; por su actuación a Jaeckel se le nombró para el oscar. Robert Taylor ¿insufrible?  No has visto una peli que hizo en la Argentina (con dinero  argentino). Sí, con gauchos y malones, etc. Esa peli es tan mala que se pasa más allá de  malísima, que merece verse. (Creo que RT tenía el nombre inverosímil de Arlington Spangler Brugh. Ayporay)».

 

Yo:

«Esa peli, Savage Pampas, debe ser muy mala si tú lo dices, y yo te creo, pero la verdad es que no me lo explico, pues el guión es de Ulises Petit de Murat y Homero Manzi, así que la cagada la deben haber hecho el tal Hugo Fregonese y los actores, o bien Ulises y Homero (¿te das cuenta de que dúo hablamos?) tenían el santo de espaldas cuando escribieron el guión. Vale».

 

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La aviso a Esther, en Berlín: «Mañana domingo, a las 3.20 p.m., en la ZDF, pasan Being Julia, una de las mejores adaptaciones que se hayan hecho nunca de Somerset Maugham –de su novela Theatre–, con Annette Bening en el papel de Julia. Tuvo mala suerte la Bening ese año en el Oscar: la  aristocrática actriz londinense Julia Lambert se tropezó en su camino con la proletaria boxeadora gringa Maggie Fitzgerald, incorporada por Hillary Swank en Million Dollar Baby. Hélas!  Pero no te perdás de verla, digo Being Julia».

 

Le comento lo mismo a Rolando, en Austin, y él me contesta:

«Sí, muy mala suerte y a mí me gusta mucho la Bening, pero MDB es algo muy especial. El título Million Dollar Baby viene de una canción compuesta durante la crisis económica, The Great Depression. Trata de un joven que se enamora de una chica que trabaja en un Woolworth  o un Kress, que llamábamos “5 and 10 cent stores” porque la mayoría de lo que vendían costaba cinco o diez centavos. La canción empieza así: “I found a million dollar  baby in a five and ten cent store”. Es decir, el chico se encontró una joya que trabajaba en una tienda baratona.  Muy popular por lo optimista. Lo curioso es que nosotros llamábamos a esas tiendas “los diez  y quince”, y no “cinco y diez”, o “diez y cinco”».

 

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Le escribí a Rolando: «Ayer tarde pasaron por la tele Being Julia. Qué gozada… Aparte de la Bening, que es un auténtico dechado de interpretación de una diva, Jeremy Ivons está formidable (¡qué papel tan distinto de su Humbert Humbert en Lolita! aun cuando acá también se meta en la cama de la joven Avice, otra interpretación de lujo la de Lucy Punch), pero no menos formidable está Michael Gambon, en su papel de mentor y ángel de la guarda teatral de Julia. Sin embargo son otras dos las actuaciones que me han impresionado más, la de Rita Tushingham (la inolvidable Nancy Jones de The Knack) y la de Bruce Greenwood, en el papel que en realidad es trasunto del propio Somerset Maugham: fenomenal el momento, en Jersey, cuando Julia le dice que allí están solos y no los conoce nadie y lo va a besar, y él la detiene, y al cabo de un instante de vacilación o reflexión (o de ambas cosas) le dice: «Yo juego en el otro equipo». Una joya esta peli. Me la voy a comprar sólo para oírla en el original, que debe ser la rehostia». 

 

Me contesta Rolando:

«La Julia del alma; esos ingleses son otra cosa. Una escuela de actores que saben hablar; allí no es como the House of Lords, te admiten y te trabajan. Un cockney como Michael Caine o esos de Gales como Richie Burton, o irlandeses como Peter O’Toole, o ingleses católicos como el gran Alec Guiness, allí está Alan Bates y, naturalmente, Irons que también es otra cosa.
Gambon: ¿Qué papel no puede realizar ese hombre?  Detective, ¿te acuerdas de la serie? O en una comedia noir, también para TV, cuyo nombre no me viene ahora. Y en una western;  ¿conoces Open Range con el gran Robert Duvall? Y ni para qué hablar de la Bening que, coincidencia de coincidencias, trabaja con Gambon en Open Range».

 

Le contesto a Rolando:

«No he logrado ver todavía Open Range , con ese reparto espectacular: Duvall, Kostner, Gambon y la Bening, ah y no te olvides del mexicano joven, de Diego Luna, que ganó el premio Marcello Mastroianni de interpretación en el festival de Venecia del 2001, compartido con Gael García Bernal por Y tu mamá también, o sea, que hasta los menores detalles del reparto estaban en buenas manos, y hasta no sé si no habrá una cierta ironía en que el papel de Mose lo interprete un actor llamado Abraham (buen segundón el Benrubi, por cierto).

En cuanto a Michael Gambon, no he visto obviamente ni la serie ni el telefilme, que acá no los han pasado, pero lo recuerdo muy bien como el padre de Julia Roberts en Mary Reilly, la criada del Dr. Jeckyll y su infame criatura Mr. Hyde, y también lo recuerdo en su Dostoiewski en El jugador. Un actorazo. Ahora estoy metido con la vieja versión en cinco capítulos de Pride and Prejudice, 1979, de la BBC. No es nada mala, como tampoco lo es la película de 2005 con Keira Knightley haciendo de Lizzy. El problema es que ninguna de las dos resiste la comparación con la versión en seis capítulos de 1995, y eso tiene que ver, fundamentalmente, con Jennifer Ehle, la mejor Lizzie, y Colin Firth, el mejor Darcy, y ambos también los más adecuados a sus personajes desde el punto de vista físico. Se podría hacer un reparto ideal con ellos dos, y el Collins de la versión de 1979 y los padres de Lizzy en la del 2005, pero como dice el maestro Mutis, «no se puede tener todo»».

 

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Esta mañana me desayuné con la respuesta de Rolando a mi último emilio de ayer:

«Mi querido Ricardo, Open Range merece la pena. In re Diego Luna, su papel no es algo  pasajero y, en gran parte, sus heridas y…. bueno, no digo más que ya la has de conseguir. Lo recuerdo pero muy bien y la peli también. Costner es muy amigo, por años ya, de Augie Garrido, el entrenador de béisbol de la uni. En Silverado, el nombre que se le dio al sobrino de los hermanos (Scott Glenn y Costner) es Augie, en honor a su amigo. Costner es fanático de béisbol; Garrido tiene 1601 victorias, y no hay nadie en los equipos universitarios que se acerque a ese número.  En O. R., los trajes de todos los actores son de lo más auténtico, y nuestra Bening no usa rouge, lipstick, etc.  Envidia ha de dar a las mujeres que la Bening sin maquillaje está como un tren».

 

Le contesto lo siguiente:

«Compraré el DVD de Open Range a la primera oportunidad que se me presente.

Otrosí : Anoche concluí de ver la versión BBC 1979 de Pride and Prejudice, que al principio no me agarró, sobre todo porque no calcé onda con el intérprete de Mr. Darcy, demasiado envarado, un rostro excesivamente anguloso y las más de las veces inexpresivo. Pero el tipo gana con el transcurso de la serie, aunque sin  llegar a ser un Colin Firth. Ah, y dos cosas que se me olvidó mencionarte. La primera es que el guión de esta versión es de nadie menos que Fay Weldon, de quien lei hace años una novela buenísima que en el original se titula The Life and Loves of a She-Devil (Vida y amores de una maligna), de un humor negro como sólo los ingleses son capaces de producir. Y la otra es que ya descubrí lo que tanto me irritaba en todas las versiones de Pride and Prejudice sin acertar a dar en el clavo: y es que Mrs. Bennet nunca sale favorecida y es por la sencilla razón de que siempre la hacen mucho más vieja de lo que realmente puede haber sido: si su hija menor, Lydia, tiene 16 años y ella misma lleva 23 años casada, como mucho es una mujer de cincuenta años, pero en todas las versiones se la hace ser de más de sesenta. Cosa que jamás entró en los cálculos de  Miss Austen, ¿no te parece?»

 

También me escribe sobre cine Andrés Hoyos, desde Bogotá:

«Querido cinéfilo from Colonia,

El año, hasta ahora, ha traído películas muy buenas, con alguna estupenda engarzada por ahí. Al menos yo he sentido algo de alivio, tiznado quizá de un leve optimismo. Sin embargo, me late que el cine, sobre todo el de Hollywood, no está pasando por su mejor época. Aplica quizá la vieja noción de que un cine hecho por comité, como el que se hace ahora, también produce dromedarios cuando quiere producir caballos. Según Pauline Kael, la famosa crítica del New Yorker que murió hace pocos años, la mejor década del cine fue, no la de los famosos años treinta (Gone with the Wind), sino la de los setenta. ¿Opinión, plis?»

 

Y le contesto:

«Caro Andrea, yo soy un ecléctico realmente vomitivo, o vomitable, y creo que cada década ha producido sus buenas películas y su propio estilo, y que cuando Pauline Kael (a quien venero) hace una afirmación como esa, sencillamente está hablando de sus propias vivencias, pero para nada de algo extrapolable al resto de la bendita humanidad. Perdón por la iconoclastia, en gracia a que adoro al icono».

 

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Le escribo a Rolando Hinojosa:

«Ayer compré en Saturn la versión Bollywood de Pride and Prejudice y anoche la estuve viendo y te digo con el corazón en la mano: no te la puedes perder. Yo todavía me estoy riendo. Baste que te cuente esto: la acción sucede en la época actual y Lizzy es Lalita, una bellísima india, segunda de cuatro hermanas, y Darcy el millonario propietario de una cadena de hoteles de lujo; Pemberley pasa a ser el Hilton. Pero a lo que voy: como resultado de lo que sucede  en la India, esa acción se traslada primero a Londres y luego a Los Ángeles… ¡y aquí siéntate en una silla bien sólida para no caerte de culo!: en este Bride and Prejudice, cuando Lalita y Darcy están comiendo en un restaurante al aire libre, ¡¡¡les canta un mariachi!!!  No quiero ni pensar en lo que Miss Austen hubiese dicho. Qué bueno que esté muerta. Ahora bien: si decides olvidarte del original y aceptar las convenciones narrativas bollywoodenses (al menos para no tomar el primer avión a Bombay y matar personalmente al director de la peli), entonces te ríes hasta decir basta.

Algo más: No sé si recuerdas The Party, una de las más desopilantes bromas de Blake Edwards, con un Peter Sellers que te desternillas de risa, y no sé si además te acuerdas de que en esa peli, el personaje que interpreta Sellers se llama Hrundi V. Bakshi. Bueno, pues en esta Bride and Prejudice la familia Bennet es la familia Bakshi. Me dirás tú que de repente Bakshi es en la India como Martínez en España, Müller en Alemania o Smith en Inglaterra. Okey, aunque me parece demasiada coincidencia. Pero es que hay más: en esta Bride and Prejudice, el Collins de Miss Austen es un indio que vive en Los Ángeles y se llama Kohli, y el actor que interpreta su papel hace casi una caricatura del de Sellers en The Party, lo que literalmente ya es rizar el rizo. En fin, lo que te digo antes, que si la ves te vas a reír como pocas veces en tu vida».

 

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Le escribí anoche a Rolando:

«Hay obras maestras que se pueden (se podían) filmar en doce días, Comanche Station es una. Un crítico alemán ha hecho una linda observación al respecto de este Boetticher: “(Esta película) trata de venganza y salvación, y de la cuestión, no sólo interesante desde el punto de vista de la estética cinematográfica, de cómo se determina la relación de los personajes entre sí por medio de su ubicación en la imagen”. Eso se llama un juicio muy afinado».

 

Me contesta

«Como sabes, Scorsese era fan de Boetticher, a quien (hará cosa de 20 y pico de años) conocí cuando se le invitó a la universidad; favor que le debo a dos colegas ya que chocamos la mano. Scorsese seguramente vio todas las de B y Scott ya que hablaba con gran admiración del trabajo de los dos y daba sus  opiniones y razones de por qué eran pelis de primera. Otro Westem decía, no el de Ford o de Robert Aldrich, sino de un hombre solo, solitario, que había perdido algo, su rumbo, su mujer, etc.  Hollywood tiene sus maneras de saludar a otros actores, pelis y directores.  Acuérdate de The Train Robbers con Wayne, Ben Johnson, y Montalbán. Wayne se llamaba  Lane y la mujer (Ann Margaret) Mrs. Lowe.  En C. S., aparece Claude Akins; actor de primera y si no, recuerda su actuación vis à vis Clift en From Here to Eternity. Esas siete u ocho, no recuerdo ya ni bien, que realizaron B y S eran de primera. Por ahora no me acuerdo del nombre (la vejez, ay, la vejez) donde Scott aparece con Richard Boone y sus dos compinches: el Skip Homeier (la tercera donde aparece con Scott) y el boricua Henry Silva. Siempre hay una mujer de por medio pero sin romanticismo necio. Gracias por recordarme C. S. He pasado el día leyendo ensayos de los estudiantes y el recuerdo del equipo Boetticher-Scott me ha hecho recordar que hay otras cosas en la vida».

 

Le contesto:

«La película que no recuerdas el título, querido Rolando, es The Tall T, y me hace gracia lo que me dices de que «Siempre hay una mujer de por medio, pero sin romanticismo necio» porque en esa peli la mujer es nada menos que Maureen O’Sullivan, y seguro que tu memoria de elefante recuerda este diálogo entre ella y Randolph Scott:
Pat Brennan: Did you love him?
Doretta Mims: I married him.
Pat Brennan: That’s not what I asked.
Doretta Mims: Yes! Yes, I did.
Pat Brennan: Mrs. Mims, you’re a liar. You didn’t love him, and never for one minute thought he loved you. That’s true, isn’t it?
Doretta Mims: Do you know what it’s like to be alone in a camp full of roughneck miners, and a father who holds a quiet hatred for you because you’re not the son he’s always wanted? Yes, I married Willard Mims because I couldn’t stand being alone anymore. I know all the time he didn’t love me, but I didn’t care. I thought I’d make him love me… by the time that he asked me to marry him, I’d told myself inside for so long that I believed it was me he cared for and not the money.
En lo que se refiere a los nombres de los personajes de Wayne y Ann Margaret en The Train Robbers, sí, son los mismos que encarnan Nancy Gates y Claude Akins en Comanche Station, pero yo no los hubiera relacionado con ellos, sino con los del mismo Wayne y Geraldine Page en Hondo, que es de veinte años antes». 

 

Me contesta:

«Mi querido Ricardo: The Tall T, exactamente; otra novela western del gran Elmore Leonard (Valdez is coming, Hombre, etc). La Maureen, ex Jane con Tarzán, esposa de John Farrow y madre de Mía; etc. Trabajó toda su vida. Trabajó con Weissmuller (éste esposo, entre otros, como Guinn «Bog Boy» Williams, de Lupe Vélez) y realizó ni idea tengo de cuántas series y programas por tele; confieso que cuando la vi en T T T, no la reconocí inmediatamente pero entre más la veía, la iba reconociendo. Según Boetticher, Scott era uno de los hombres más ricos en Hollywood; cuando no estaba enfrente de las cámaras leía el Wall Street Journal.  Había invertido en el negocio petrolero y comprando tierra que ahora no se consigue. Además, Scott y su socio Harry Joe Brown formaron Randown y también la hacía de producer.  A eso se le llama barrer pa’ dentro. Gracias por el diálogo; me acuerdo perfectamente».

 

Le contesto:

«La Maureen, sí, la Jane de Tarzán-Weissmuller desde 1932, pero también la Jane Bennet de Pride and Prejudice, la versión de 1940 con Laurence Olivier como Darcy, y Greer Garson como Lizzy. Así es que ocho años después de estrenarse como Jane Parker en la selva, en esa otra jungla que es el baile de Meryton de Orgullo y prejuicio, donde conoce al dueño de Netherfield, casi espera uno oírla decir: “You Bingley, I Jane!” (Esto lo tengo que meter en una versión ampliada de mi Carta abierta a Jane Austen, ¿no te parece?)
Y aquí la mochila y un abrazo, Ricardo».

 

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Me escribe Rolando:

«No sé si Lonely Hearts haya llegado a Colonia, pero, cuando caiga, te la recomiendo; te vas a  asombrar».

 

Le contesto:

«Lonely Hearts no ha llegado a Colonia, y no dudo de que sea buena, pero para que me llegue a asombrar tendría que ser mejor, mucho mejor, cosa bastante difícil, que Honeymoon Killers, que es del 70, y ya creo que te pregunté por ella una vez acá en casa (la tengo en video) y me dijiste que no la conocías. Es el mismo caso de Martha Beck y Raymond Fernández, o sea que Lonely Hearts es una remake, como decimos los puristas,  y el original era la peli favorita de un tal François Truffaut, no te digo más».

 

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Después de ver Clueless, en un canal privado, le escribo a Rolando:

«En el curso de mis investigaciones acerca de la adaptación de obras de Jane Austen al cine descubrí que había una ubicada en Beverly Hills y entre college girls: se titula Clueless, y la intenté comprar en Saturn, pero está superagotada, aunque me prometieron avisarme apenas apareciese de nuevo, allá por mayo, o guardarme un ejemplar, si estoy en España por esas calendas. Bueno, en realidad era por mor de la exhaustividad que me interesaba, porque ya comprenderás que Emma, nada menos que Emma, entre college girls y en Beverly Hills… casi peor que Pride and Prejudice como Bride and Prejudice y en Bollywood. Pero mira tú por donde, resulta que hoy la pasaba un canal de los privados, y acepté tragar el sapo de los 30 minutos adicionales de publicidad… de la manera más deshonesta: viniendo a mi cuarto de trabajo a seguir adelantando cosas, y regresando a la sala apenas oía el grito de Diny anunciando que seguía la peli. Con lo cual, indirectamente, te estoy diciendo que me atrapó, que si no con los primeros quince minutos me hubiera bastado. Pero pienso que la versión  es incluso bastante buena, y tiene algún diálogo como este, en el auto de Josh (el equivalente al Knightley de Miss Austen, y Cher es Emma), que no desmerece de algunos de la suprascrita:
HEATHER The man is ridiculous. He doesn’t have one unique thought in his little, puny brain.

JOSH I think there’s some merit in learning the form straight off.

HEATHER Oh, Josh, please. He’s taken our minds at the most fecund point, and restrained them before they’ve wandered through the garden of ideas. It’s just like Hamlet said, «To thine own self, be true».

CHER Ah, no, uh, Hamlet didn’t say that.

HEATHER I think that I remember Hamlet accurately.

CHER Well, I remember Mel Gibson accurately, and he didn’t say that. That Polonius guy did».

 

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Anoche, antes de irme a dormir, zapeé un poco y encontré el final de High Noon, y luego un largo reportaje sobre Fred Zinnemann, es su centenario, o lo ha sido, uno de estos días. Y me anoto una frase suya que citan. Según él, hay una manera de distinguir a los alemanes de los austríacos, y es que los alemanes suelen decir, en determinados momentos, que “la situación es grave, pero no desesperada”, mientras que los austríacos dicen: “la situación es desesperada, pero no grave”.

La presencia de Katy Jurado en High Noon me ha hecho cavilar esta mañana, en la duermevela de las 6 a las 7, antes de levantarme, que mis colegas de las revistas del corazón carecen de una buena memoria histórica, y ello se nota cuando hablan de la masiva presencia latina en el cine actual de Hollywood, y nombran a Penélope Cruz, Jennifer López, Cameron Díaz, Selma Hayek, Raúl Juliá, Antonio Banderas, Benicio del Toro, etc. Yo diría que esa lista no es más que la continuación de otra, mucho más extensa, que llega hasta los comienzos del cine y que incluye los nombres de Ramón Novarro, José Mojica, José Ferrer (Golden Globe & Oscar 1951 por su Cyrano de Bergerac, y asimismo inolvidable como Toulouse-Lautrec en Moulin Rouge), César Romero, Ricardo Montalbán, Desi[derio] Arnaz, Antonio Quiñones (a) Anthony Quinn, entre ellos, y entre ellas Lupe Vélez, Lupita Tovar, Dolores del Río, Linda Christian (segunda esposa de Tyrone Power además de la primera “James Bond girl”, en la adaptación a televisión, en 1954, de Casino Royale), Carmen Miranda, Katy Jurado, Rita Moreno (espléndida Anita en West Side Story), Margarita Carmen Cansino (a) Rita Hayworth, amén de quienes intervinieron en películas interpretándose a sí mismos: así, el pianista valenciano José Iturbi (entre otros en un musical clásico como es Anchors Aweigh) y el multifacético catalán Xavier Cugat (por ejemplo en Bathing Beauty, que en España se conoció como Escuela de sirenas). Last but no least, que ha habido latinos en el cine de Hollywood desde siempre, se demuestra incluso en los dibujos animados: pienso en Speedy González y en esa rara y no muy bien apreciada gema que es Los tres caballeros (con el gallo mexicano Panchito y el loro brasileño José Carioca acompañando al gringo pato Donald), una película recargada de clisés, pero que incluye momentos de una rara poesía y una singular belleza.

 

Rolando me contesta:

«Mi querido Ricardo:
Si mal no recuerdo, Ramón Novarro y Dolores del Río eran, además de duranguenses, también parientes.  Novarro siguió trabajando en la tele por años. A la del Río me tocó verla en persona en el aeropuerto del D F. Pasó así, se me había invitado a un Congreso de los intelectuales, cuando el peso mexicano se desplomó (La Madrid/Portillo) y la areolínea mexicana que había usado cerró sus puertas. En esos días los billetes todos eran iguales e intercambiables; me dirigí a la Braniff y mientras esperaba (la gente amontonándose y no viendo nada más que la manera de salir de México), de repente se abrió una de las paredes falsas (a las cuales los empleados les dan la espalda) y sale Dolores con un chico que la acompaña). Nadie se fijó en la viejita y la cara sin arrugas ya que la cubría con un tipo de bufanda o algo. Yo me fijé en las manos ya que las manos te delatan y los cirujanos no puedan hacer chapuza con los años.
¿Y qué tal Chris Pin Martin?  La próxima vez que veas Stagecoach con Wayne, allí lo verás.
And, of course, Gilbert Roland. a no ser que lo perdí de vista en tu emilio. El inolvidable Alfonso Bedoya de Sierra Madre, etc.  ¿Badges?  We don’t need no stinking badges…  Frasecita que aún se usa en USA cuando alguien pide pruebas de algo.
Pero hubo otros latinamericanos: entre ellos los argentinos Fernando Lamas y Carlos Thompson.
Mira lo que has despertado tan temprano.
Abrazos, Rolando

nb No menciono a Leo Carillo porque era californiano».

 

Le contesto:

«Caro Rolando, al leer lo de que no metes en la lista a Leo Carrillo porque nació en los USA, me pongo a chequear la lista que se me ocurrió de memoria esta mañana y descubro que Cameron Díaz lo hizo en San Diego, California. En cualquier caso, la memoria no me es tan fiel, porque bueno, que me haya olvidado de Chris-Pin Martin no tiene importancia, porque ni siquiera sabía de su existencia, y con ese nombre nunca lo hubiese identificado como latino. Que me olvidara de Fernando Lamas y Carlos Thompson (sobre todo de este, que fue el primer marido de Lilli Palmer y tiene por ello cierto nombre en Alemania), bueno, no es tan grave. Pero que me olvidara de Gilbert Roland, eso ya es jodido. Y lo más jodido de todo es que me olvidé del único de todos ellos a quien conozco personalmente, y hasta me regaló un libro precioso (El libro de la salsa, de César Miguel Rondón, que es la biblia de los salseros) y me envió una tarjeta muy cariñosa desde Nueva York invitándome a comer «unos buenos plátanos con arroz y frijoles», y todo por una entrevista que le hice en Berlín, a fines de mayo de 1982, mir’usté lo que son las cosas. Ah, bueno, joder, que además no se me olvide ahora: te estoy hablando de Rubén Blades.
Un abrazo de Ricardo ex Funes Bada».

 

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Le escribo a Rolando:

«Te cuento que anoche vi en la tele Return To Me: es una película lindísima, de la cual lo que más me gusta es, primero, que logra salvar el escollo del melodrama, y segundo, que cuenta con un coro como de comedia griega, de lo más divertido. ¿La conoces?»

 

Me contesta:

«Acabo de leer seis reseñas de Return To Me y todas han sido afirmativas. Una queja y otra allí de Duchovny como actor pero, por lo demás, la llamaron charming. Como todas mencionan a O’Connor y a Loggia, ello debe darle buen respaldo a la peli ya que esos dos son unos ases; aunque creo que O’Connor murió no hace mucho. Una la compara con lo de Hanks y la linda Meg, pero admite que no están en la misma liga.  De Minnie Driver no hay queja. Este fin de semana nos cae Clarissa de Houston y veremos si algún cine de vecindad está dando Return».

 

Le contesto:

«No entiendo, Rolando querido, la crítica que hace una comparación con la peli de Hanks y la linda Meg (supongo que será Insomnes en Seatle, y no Tienes un e-mail). Nunca se me hubiera pasado por la cabeza establecer una comparación entre ellas. Pero una vez el asunto sobre el tapete, reflexiono y te adelanto lo que sigue: El tándem Hanks/Ryan es mejor que el de Duchovny/Driver, pero no por culpa de ella, y en último término tampoco de él, que tiene un papel bastante menos agradecido que el de Hanks en Insomnes, donde siempre cuenta con el apoyo del crío, Ross Malinger, que está espléndido. Ahora bien, en punto no ya a credibilidad, que en ambas películas sería muy peludo hablar del tema, sino en punto a naturalidad, a hacer creíble la situación, Return To Me es mejor, hasta diría que me gusta más si no fuese a enojarse conmigo mi adorada Meg. Para no hablar de Deborah Kerr y Cary Grant. Ya me contarás cuando la hayas visto».

 

Luego le envío un mail más:

«Te copio una muestra del diálogo, como aperitivo:
Marsha: [as Grace is bringing water to their table] Oh no-no-no-no-no! Do you have bottled water?
Grace Briggs: Sure. Anybody else?
Marsha: I don’t want Swiss water. I got sick on an imported Swiss water. [to her friend] Do you remember that night? As long as it’s not Swiss or tap water it will be fine, preferably French, no bubbles. I want it cold, no ice, no glass, just the bottle and a straw. Do you want to write it down? I don’t want Swiss water, I got sick on an imported Swiss water once…
Grace Briggs: I’m pretty sure I got it.
Marsha: [later, as Grace is telling her the specials] That sounds so fattening. Is every dish here cooked in oil?
Grace Briggs: No… some we boil in Swiss water».

 

Le escribo a Rolando, apenas recibida por correo la edición anotada de Pride and Prejudice:

«¡¡¡Aleluya!!!… como dizque gritan durante sus orgasmos los testigos de Jehová… Miss Austen ya está en casa. Gracias mil, Mr. Hinojosa. Feliz como pibe con zapatos nuevos, y de yapa, esta noche, a las 20.40, comienza en Arte la versión integral de Lady Chatterley, la versión de la francesa Pascale Ferran, la única versión que vale la pena ver, la de 220 minutos, una maravilla, según parece. Dice un crítico alemán, comentando la escena del primer polvo de Constance y el guardabosque: «El sexo no debe haber sido bueno, pero Marina Hands (la protagonista, no sé si la viste en Tell No One) mira al cielo como si se le hubiese aparecido la Virgen María». No te la pierdas si la pasan por esos pagos».

 

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La Lady Chatterley de Pascale Ferran es una gozada increíble, se me fueron los 220 minutos en un santiamén, como decía mi agüela Remedios. Esa chica, Marina Hands, es extraordinaria, me recuerda otro acierto de reparto enorme, con otra también casi debutante, Jennifer Ehle en la Lizzy Bennet de Pride and Prejudice (la versión BBC de 1995). Con todo, lo que me parece más importante de esta película es que Pascale Ferran se haya decantado por la primera versión de la novela, resaltando su componente social sin llegar a los extremos que lo hace Lawrence en los capítulos finales. Esto en cuanto al texto, aunque en verdad, el canto a la Naturaleza que vibra desde las imágenes del bosque de Wragby es algo que más bien proviene de la segunda versión, de John Thomas y Lady Jane, que es mi favorita entre las tres. Por supuesto: en los créditos de la película se dice, sin más, que está basada en El amante de Lady Chatterley, pero el dato revelador es el nombre del guardabosques, Parkin, y no Mellors, como en las versiones segunda y tercera.

 

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Le escribo a Rolando Hinojosa, acerca de un DVD que andaba persiguiendo y he conseguido comprar hoy:

«Acabo de ver la Emma de Kate Beckinsale y creo poderte decir, sin el menor asomo de duda, que me gusta más y que la creo mejor que la Emma de Gwyneth Paltrow. Para empezar; Kate parece casi una adolescente todavía, y Gwyneth una mujercita ya muy crecidita. Y además el  ambiente inglés está mejor captado, mucho mejor. En esta versión nos movemos en Inglaterra y con la gente de Jane Austen, en la otra en un decorado inglés y con la gente del guión sobre una novela de Jane Austen. En la versión de Gwyneth hay mucho subrayado, y en la de Kate las cosas se subrayan por sí solas. Como puedes ver, no son diferencias desdeñables».

 

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El lunes le comenté a Rolando que había vuelto a ver, al cabo de los miles de años, el mejor duelo de espadachines de la historia de nuestro querido medio, el film: le hablaba, claro, del duelo entre Stewart Granger y Mel Ferrer en Scaramouche, seis minutos geniales, puro ballet.

 

Y Rolando me contesta hoy:

«A mí siempre me gustaban los duelos entre Flynn y Rathbone y otros más, pero Granger se lleva la copa. No se veía ni se notaba alegría en la cara de Flynn (fíjate bien), mientras que Granger era otra cosa. 
La primera peli que vi de él fue con la lindísima Deborah: K. S’s Mines. Me acuerdo del reproche de Granger a la viuda-no viuda, «You are expiating a feeling of guilt», como la razón por la cual ella embaucó a su hermano, Richard Carlson, a que hiciera el viaje. (Las patillas largas de Carlson eran pintadas, fijate y lo verás).
Me tocó ver (ya que el televisor funciona de nuevo) la última escena de The Violent Men con la otra lindeza, la Stanwyck. Actriz que podía desarrollar, de primera, cualquier rol que le dieran. H’mbre, hasta la hizo de strip tease, donde cantó algo y se movió también.
Y por fin, gracias a mi Karen, vi Open Range con Duvall y Costner. La suerte que tiene cierta gente: aparecer en una peli con Annette Bening». 

 

Le comento:

«Otro que no se batía nada mal era Tyrone Power. Acuérdate de El príncipe de los zorros (con Orson Welles como César Borgia), de Capitán de Castilla (donde se llamaba Pedro de Vargas, y Jean Peters era Cayetana Pérez, y Lee J. Cobb nada menos que Juan García), o de El signo del Zorro (ahí era Don Diego Vega, y el Zorro, claro, mientras que la lindísima Linda Darnell fungía de Lolita Quintero), de El cisne negro (otra novela filmada de Rafael Sabatini)… Cuanti al resto, Las minas del rey Salomón no la tengo en buen recuerdo, no sé si la volvería a ver. A la Stanwyck siempre (hoy he comprado el DVD de The Lady Eve, la peli donde hace doble papel, de jugadora y de dama inglesa). Y sí, hay gente que tiene suerte: actuar junto a Annette Bening: alguno como Ben Kingsley lo ha conseguido ya tres veces, ¿no te acuerdas que también interviene en What Planet Are You From y en Bugsy?  Warren Beatty en dos, también en Bugsy y en Love Affair. Pero aparte de ellos, la lista es impresionante: Robert de Niro, Denzel Washington, Michael Douglas, Colin Firth (la pareja ideal en Valmont), Kevin Spacey, Kevin Costner, Jeremy Irons, Harrison Ford, Ian McEllen… Ahora: si me preguntas por mi peli favorita de ella, y no me preguntas el porqué, porque eso no sabría respondértelo, no es ni siquiera Being Julia, que posiblemente sea su mejor creación, sino la de Garry Shandling, Pero ¿de qué planeta vienes?, que es una pura delicia. 
Hoy compré además, un álbum de seis DVD donde vienen la versión original de 300 minutos de Pride and Prejudice (pero sólo en inglés y con subtítulos eliminables en alemán), la versión alemana en 270 minutos, y un documental de una hora sobre la vida de Jane Austen. Ah, y compré además otro DVD de nuestro superadmirado Cary Grant, ¿sabes cuál?: His Girl Friday, con Rosalind Russell, ¡qué parejón!»

 

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