De mi Diario: Semana 19 / 2014

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Hoy en día el encanto de cualquier lugar que alguna vez haya sido encantador, es que no lo hayan descubierto los turistas.

 

Weiß/Colonia, 4.5.

Sigo fascinado con el libro de Emma Reyes, en él se cumple algo de aquello que postulaba Borges sobre las erratas en sus libros; que los mejoraban. En el caso de Emma Reyes son las faltas de ortografía: cuando afirma, por ejemplo, que la bandera es «tres pedazos de tela cocidos juntos», es evidente la falta de ortografía, pero no que el verbo que emplea es muchísimo más correcto que el que hubiera sido lógico. Las banderas son, todas, un sancocho, o mejor todavía, un pot pourri, en el más literal de los sentidos: una olla podrida. Nadie explica el significado del rojo, en una bandera, de otro modo sino diciendo que simboliza la sangre de los valientes que dieron su vida por la patria. Nunca es la de los valientes enemigos a quienes masacraron aquellos cobardes patriotas que vertieron por su patria la sangre de los otros. Ni jamás se explica tampoco el significado del negro en ella simbolizando la conciencia de sus respectivos gobernantes, por ejemplo en la de Bélgica, la conciencia del genocida del Congo, el rey Leopoldo. Que se dejen de joder con sus putos simbolismos. Subliminalmente, Emma Reyes tuvo razón.

 

Acaban de pasar Nelly & Monsieur Arnaud. Qué bella esta peli, la última de Sautet, bella como pocas. Y qué cargado de sentido el diálogo cuando Nelly intenta hacerle digerible a M. Arnaud  lo que es una compu: «Piense que se trata de una máquina de escribir con una memoria». Y él: «¡Pero si es eso lo que me asusta, una memoria sin recuerdos!»

 

Diny me ha pedido que no me acueste hasta las 3:30 am, para poderla despertar, desconfía de todos los despertadores de la casa y a las 4:30 pasarán a recogerla Rebeca y Uwe, el avión para Barcelona tiene su salida a las 6:10. Así pues me dispongo a escribir la columna del viernes para El Espectador, y luego el nuevo post para el martes en mi blog, también en EE; ver a las 0:20 am el nuevo episodio de la 6ª temporada de Lewis, y a continuación Mariages!, que corre hasta las 3:28, justo 2” antes de despertar a Diny. Son ahora las 10:30 pm; todo es, pues, una cuestión de saber administrar  bien el tiempo, y en ese menester me considero ± imbatible.

 

Weiß/Colonia, 5.5.

En primera plana en el diario, y no es para menos: nuestras rojiblancas volvieron a proclamarse campeonas de Alemania ¡y fueron a conquistar el título en Hamburgo, en la cueva del enemigo! Lo celebraré esta noche con un buen Single Malt de 12 años y releyendo el cuento que les tengo dedicado y es mi preferido entre los míos. En El País, que consulto, la sola referencia al hockey sobre hierba es el reportaje con una jugadora de la selección española que no logró clasificar para la Olimpiada en Londres y espera poderlo hacer para la de Río. Son dos mundos distintos, por completo: en España muchas veces tienes que pagar para jugar hockey; acá te pagan por hacerlo, y no digamos en Holanda, donde es pasión. Y con razón, porque ver a esas chicas neerlandesas desplazándose por el césped es algo así como la “Ronda nocturna” de Rembrandt en tecnicolor.

 

1:15 pm : Rebeca acaba de llamarme con su móvil para comunicarme que están sentadas en una terraza de la Plaza de Cataluña, tomando un Marqués del Riscal blanco, seco, bien frío, y que lo hacen a mi salú. Cría cuervos y te llamarán desde su móvil, para comunicarte cosas como esta.

 

La nueva serie de la BBC protagonizada por el Padre Brown, hoy los episodios 3 y 4 de la 1ª temporada. La veo con un sentimiento de lo más ambivalente. Está muy bien hecha, muy bien interpretada, sus versiones “contemporáneas” de los relatos no rechinan pero siento que falta Chesterton. A Chesterton le pasa lo que a García Márquez: no es filmodegradable. [Como mi diario se publica en Fronterad, vamos a ver cuánto tardan en plagiarme este neologismo].

 

Weiß/Colonia, 6.5.

8:00 am : Llamo a Diny y Rebeca a su hotel en Barcelona. Por suerte es uno de vieja data, con teléfonos de red fija en cada habitación. Pero me sale una voz robot diciéndome que con ese # no puede establecer ninguna conexión. Seguramente me equivoqué el teclearlo. Tecleo de nuevo y de nuevo la voz robot. Prendo la compu para chequear en Google si es correcto el # que Diny me dejó apuntado en una fichita adosada al atril delante de la compu. Mientras se enciende la compu voy al baño. Y sentado en el inodoro oigo que suena el teléfono. Por mucha prisa que me doy no llego a tiempo. Seguro que ha sido Rebeca desde su celular. Busco con ayuda de Miss Hortensia Google el # del teléfono del hotel. Y es eso, Diny apuntó una cifra de menos. Llamo al hotel, el conserje me dice que las damas están desayunando y que en el comedor no disponen de teléfono. Le pido que les diga que me llamen apenas desayunen. Y sí me llaman 10’ después, pero sólo para decirme que están bien y que se van de paseo. Quedamos en que volveré a llamar mañana a las 8:00 am. Me quedo estudiando la fichita de Diny. Y no, ella escribió el # correcto, 0034.932179250, pero la secuencia de cifras 21 está escrita de tal modo que parece un simple 2. Misterios de la grafología. Regreso a la cama hasta las 10:30.

 

Hoy es un día de veras histórico para mí. De camino a La Modicana le platico a Carlitos acerca del camarero de Fuerteventura que conocimos el jueves pasado en el Sansone, y Carlitos desliza no recuerdo qué comentario acerca de los “conejeros”. «¿Conejeros?» le pregunto. Me contesta que ese es el gentilicio popular de la gente de Fuerteventura. Y yo: «¿No eran majoreros?» «Ay, sí, majoreros, los confundí con los de Lanzarote». Lo dicho, un día de veras histórico para mí, aquel cuando corregí a Carlitos en un dato relativo a las Canarias. Estoy pensando mandar hacer una placa y pedir a los ediles de Rodenkirchen que la coloquen, con la debida ceremonia, en el lugar por donde transitábamos. Hasta podrían invitar a alguien del Cabildo insular, digo yo.

 

Un email de ZMA diciéndome que podría pasar hoy por casa («Me gustaría mucho verte»). Le pido que me llame a las 6 pm para confirmarle que puede venir, me contesta que me llamará a las 6 pm. Son ahora ya las 10:15 pm, cuando escribo estas líneas, pero ni me llamó ni me escribió. Y desde hace más de una hora llueve. Afuera, pero también adentro. Y bueno, es la otra cara de la medalla: ¿no era hoy un día histórico para mí?  La vida no te da nada de balde. Qué hijaeputa.

 

Weiß/Colonia, 7.5.

0:30 am : Era mi amigo. Me acompañó noche tras noche durante al menos quince años. Se hizo mi amigo, quizás el más entrañable, a partir del día que lo descubrí en El Corte Inglés de Madrid y me lo llevé a casa y Diny consiguió el milagro de traerlo indemne a Colonia. Todas las noches lo llenaba una ½ docena de veces con cubos de hielo, una generosa porción de whisky, un buen chorro de agua mineral. Hace poco, Diny me llamó la atención: en su base tan sólida y compacta había aparecido una grieta, se evidenciaba en ella el cansancio del material. Ahora, hace escasos minutos, lo llené de nuevo con la dosis habitual de cada noche. Caminé con él hasta este cuarto, y al llegar acá me quedé con su cuerpo en la mano mientras la sólida, compacta base se caía al suelo desparramando una lluvia dorada. Ni un solo añico, el cuerpo del vaso entero en mi mano (mis dedos podían leer a ciegas, como si fuese en alfabeto Braille, el nombre de Jim Beam), mientras que su sólida y compacta base caía sin astillarse al chocar contra la alfombra. ¡Cómo me gustaría ser Faulkner para despedirme de este amigo fiel, siempre nocherniego, igual que yo!

 

Me levanté con una tal desidia que después del desayuno me volví a acostar, y hasta volví a dormir. La consecuencia es que me acosté hace un rato, para la siesta, y no he logrado pegar ojo y me tuve que levantar. Y aquí estoy, sin saber qué hacer. Oiré música. Shostakovich y luego un poco de Satie, para compensar. Y me beberé solo la botella que pensaba compartir ayer. Cheers!   

 

Weiß/Colonia, 8.5.

0:30 am : Algo que me reconcilia con el día que acaba de terminar: descubro un tuit venezolano de antes del partido Atleti vs. Chelsea, en Londres, que dice lo siguiente: «Confieso que, como fanático del fútbol español desde carajito, me haría muy feliz ver a los merengues sacando a Mourinho de la historia». Que un fanático del fútbol español, ¡¡desde carajito!!, todavía no sepa que los del Atleti no son los merengues, sino los colchoneros, me da mucho que pensar. ¿O será todavía peor: que escribió Mourinho donde quiso escribir Pep Guardiola, por la semifinal del día del tuit, Bayern Múnich vs. Real Madrid? En cualquiera de los posibles casos, este tuitero creo que ha avanzado poco terreno mentalmente desde que era carajito. Y hasta es posible que se le hayan cruzado los cables y no considere españoles ni al Barça ni a Guardiola. No sé qué es peor.

 

8:12 am : Llamada tempranera de Rebeca y Diny. Lo primero que me dice Rebeca es que sí, que Barcelona es muy linda, pero le falta el calor humano de Madrid. Como fuere, están pasándolo muy bien las dos. Rebeca me cuenta llena de entusiasmo que ayer comió almejas a la marinera y boquerones fritos, y que Diny comió choco frito. ¿Choco, en Barcelona?  Eso me lo tendrán que explicar con pelos y señales cuando vuelvan. Como las noto muy atareadas y con ganas de salir a la calle de nuevo, les deseo un buen día y que no se olviden de traerme cecina de León.

 

¡Qué buena la columna de Diego hoy, en El Colombiano, sobre los diarios íntimos! Le escribo para felicitarlo por ella, y le recomiendo: «Puesto que tanto te gustan los diarios (ojalá también el mío) no dejes de leer los de Zenobia Camprubí, la esposa de Juan Ramón, son maravillosos. Ya verás cómo me lo agradeces cuando consigas leerlos. Zenobia fue una mujer excepcional, como su marido, ¡qué pareja!; no conozco ninguna que se le asemeje excepto la de los Curie. Ah, y además hay un diario íntimo excepcional pero de lectura de lo más laboriosa, porque está prácticamente todo en abreviaturas y nada menos que en cinco idiomas que se autocontaminan, es el de Leandro Fernández de Moratín, que abarca de 1780 a 1808. Una verdadera golosina para quienes somos amantes de los diarios, las memorias y los epistolarios».

 

Por echarle una mano a Alberto transcribí ayer de su soporte papel un texto que Severo Sarduy escribió en 1989 para la contratapa del suplemento cultural de Diario 16. Fue una contratapa que se alargó casi año y ½, rotulada “Mi libro favorito”. Aquella fue una vitrina donde hubo joyas a tutiplén. Por ejemplo la de Claribel sobre Rayuela, la de Luis Fayad sobre Pedro Páramo, la de Mutis sobre el Quijote, la de Ana María Moix sobre Madame Bovary, la de Elena Soriano sobre El rojo y el negro, la de María Zambrano sobre Seis personajes en busca de un autor Pero las dos que más impresionaron, saliéndose de los cánones, fueron la de Severo Sarduy y mal que me pese, la mía, porque César Antonio me exigió, o poco menos, que yo también dijese cuál era mi libro favorito. Así es que tuve que hacerlo, y elegí las Enciclopedias. Se lo cuento a Lillian y le añado esto: «Y ahora te vas a reír: creo que es el único recorte que no conservo de la serie. O bien lo archivé en un fólder distinto, y ahora no sé más cuál es. Genial. Digo genial en el sentido de mear y no echar gota. Puesto que me he pasado dos horas de búsqueda intensa y no logré encontrar no ya el recorte del diario sino ni siquiera el manuscrito del texto. Merde!»

 

Weiß/Colonia, 9.5.

8:30 am : Supuse, y supuse bien, que Diny y Rebeca estarían haciendo la maleta. Hablo con las dos. Hasta Diny es categórica: «Con cinco días basta y sobra». Rebeca es más explícita: «Para Madrid se necesitan por lo menos dos semanas». Y sí.

 

10:33 pm : Consulto en Google el tablero de llegadas del aeropuerto de Colonia. El vuelo 4U 527 de Germanwings, procedente de Barcelona, aterrizó hace diez minutos.

 

Weiß/Colonia, 10.5.

0:35 am : Diny se va a dormir después de rendir informe exhaustivo del viaje a la vieja Barcino. Me conforta la confirmación de mi vieja observación desde hace décadas, acerca del encanto de Madrid, y es que en Madrid no hay turistas, no hay turistas, no hay turistas, si acaso lo que hay, que los hay, y muchos, son extranjeros, pero no hay turistas, no hay turistas, no hay turistas, y a mi parecer, las ciudades que pueden permitirse el lujo de que a ellas acudan muchos extranjeros pero en sus calles casi no se vean turistas, además de Madrid, deben de ser muy pocas; tan, pero tan pocas, como ninguna. No, de a de veras, es muy, muy, muy en serio, casi no hay ninguna. Y ese, ése, es el encanto inmarchitable de Madrid. Porque hoy en día el encanto de cualquier lugar del mundo que alguna vez haya sido encantador, es que aún no lo hayan descubierto los turistas. Con todos mis respetos hacia esa tribu multirracial. [Por favor, ¿dónde están los vomitorios?] [[]] [[[Ugggggggggggggggg]]]

 

Pere Sureda me envía un email diciendo lo siguiente: «Afirma Joseph Brodsky en Para agradar a una sombra que cuando un escritor recurre a una lengua ajena a la suya, una lengua ajena a su idioma natal, lo hace por tres razones básicas: por necesidad (como Joseph Conrad), por una ambición desmedida (como Nabokov) o para lograr un mayor extrañamiento o distanciamiento (como Samuel Beckett). Interesante, no?»  Le contesto: «Yo no veo realmente a qué se debe la necesidad en el caso de Conrad, pero sea. Lo que sí me parece es que puede haber una cuarta razón (por rechazo íntimo del idioma propio, como en el caso de Blanco White) y hasta una quinta (por juego, como cuando Rilke estuvo componiendo poemas en ruso, o Pessoa en inglés, o García Lorca en gallego). Y aún nos quedaría el caso de Larrea con el francés. Me parece que la reflexión de Brodsky está excesivamente centrada en el idioma inglés». (No he querido tocar el vidrioso tema de los catalanes que escriben en castellano, para no hacer mala sangre).

 

En el tablero de menciones de mi nombre en Twitter me encuentro con la siguiente sorpresa:

Me resulta evidente la referencia a mi artículo en El Malpensante # 73, septiembre/

octubre 2006, pero no sé qué pueda ser “OP”, y como el tuit va dirigido, entre otros, al buen Alejandro Arcila, le escribo para que me lo aclare y/o me dé la dirección de la joven Ana María; contesta a vuelta de correos que se trata de una revista virtual, Opinión a la plaza, que está publicando un grupo de gente joven, ahora no recuerdo bien en qué lugar de Colombia. Con lo que el misterio se vuelve todavía mayor, porque ¿para qué querría tan bella joven publicar mi artículo del 2006 en una revista del 2014?  Será cuestión de preguntarle. Y le escribo para preguntarle y me contesta y la Internacional Ricardista prosigue su política de la mancha de aceite.

 

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4 COMENTARIOS

  1. Estoy de acuerdo contigo: en
    Estoy de acuerdo contigo: en Madrid, el turista cambia su estado sólido y gregario por el gaseoso y evanescentese que lo hace casi invisible. Pero hay un signo externo, sólido y recio, del turista : el autobús. Y una observación llamativa: dos o tres veces al año voy al Museo del Prado y una o dos veces al mes paso por delante del estadio Santiago Bernabeu (campo del Madrid, dicho sea para los felices seres no iniciados) y, aunque no lo creas, en los espacios habilitados alrededor del Bernabeu se ven más autobuses que en los del museo.

    • Hola, paisano, seas quien

      Hola, paisano, seas quien seas. Y lo que me dices no me extraña mucho, para mejor decir no me extraña nada. No sé cuál sería el equivalente del Prado en la antigua Roma, pero estoy seguro que no habría en sus alrededores más cuadrigas que al lado del anfiteatro un día de luchas de gladiadores. De todos modos, bendita sea la ciudad donde los turistas dejan de serlo. Todos salimos ganando, hasta ellos. Vale.

  2. Hasta ahora no conocí a nadie
    Hasta ahora no conocí a nadie que por amor se convirtiera en despertador.
    La cosa tiene mérito.
    Un abrazo.

    • Con independencia de lo mucho

      Con independencia de lo mucho que quiero a Diny, mi querida Manu, la cosa no tiene tanto mérito, las tres de la madrugada es la hora en que más o menos me voy a dormir. Vale, con un abrazo y el deseo de un feliz fin de semana.

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