De mi Diario : Semana 19 / 2020

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Weiß/Colonia, 3.5.

Leyendo el Kölner Stadt Anzeiger, de repente caigo en la cuenta de que hace unos días hubo alguien, no recuerdo quién, que me preguntó a qué huele el Rhin, y que al contestarle olvidé hablarle de ello. Y caigo en la cuenta porque en las páginas culturales le dedican este fin de semana casi ½ página al poeta Rolf Dieter Brinkmann, el enfant terrible de la posguerra que fue a morir muy joven en Londres y del modo más tonto, por mirar en la dirección equivocada antes de cruzar una calle. RDB era coloniense de adopción, y la ciudad creó en honor suyo el premio (Stipendium=beca, en alemán) que lleva su nombre y en el 2004 ganó nuestro querido Javier, quien entonces vivía acá. Aber lange Rede, kurzer Sinn (como dicen por estos pagos), todo ello viene a cuento de que en el artículo del KStAnz se citan estos versos de Brinkmann: «Oh mierda, / eso es lo que pensé hoy en Colonia, donde el río hiede a mierda / que pasando la plaza hasta la catedral / se extiende, cuando yo en la Engelbertstrasse / trascendía, / cama revuelta». El poema es de mediados los 60s, y el Rhin, entonces, olía a mierda, como el Nervión a su paso por Bilbao (he olido ambos los dos, © by Cantinflas). Pero desde hace años, tras una intensa campaña de depuración, casi no huele. Menos mal porque lo tenemos al final de la calle

Después de leer mi diario, Pepe Iges me dice que coincide en mis gustos por esos cantantes, pero en el caso de su adorada Elis Regina prefiere sobre todo su versión de “Águas de Março” a dúo con Antonio Carlos Jobim; «Es como si inventasen el idioma cuando lo despliegan ante su auditorio con esa gracia y elocuencia. Como si se adelantasen sutilmente a nuestros deseos encantados, compás a compás, estrofa a estrofa». Le contesto dándole la razón, porque es claro que la tiene, tan sólo acoto que hoy no la hubieran dejado grabar en el estudio con el cigarrillo prendido en la mano derecha. Y luego le amplío mi lista, con Violeta Parra, Chabuca Grande, Adalberto Romero y Bola de Nieve, por ejemplo la genialidad de su “Drume mobila”(y no el canto plano de Yupamqui en el mismo tema, de cuyo copyright además se apropió). Pepe a su vez me responde: «¡Y qué decir de Bola de Nieve! A mí, desde luego, NO me lo descubrió Almodóvar». A lo cual le replico ipso fuckto: «Almodóvar sólo le descubre cosas a quienes nacieron después de 1975. Para ellos es el descubridor del Mediterráneo y la pólvora, y algunos de sus exégetas creen, incluso, que del andar p’alante y el agua tibia».

Ignacio de Loyola Brandão, mi tan querido y tan admirado Loyola, tan combativo a sus 83 años como cuando hace medio siglo le hizo frente a la dictadura militar brasileña, escribe y publica un demoledor artículo acerca del fantoche analfabeto Bolsonaro, y apenas lo leo me siento de vuelta en 1968, empiezo a teclear la traducción y lo llamo luego a São Paulo para consultarle tres cosas que sólo me puede explicar él. Charlamos un rato, le doy cariños para Marcia (ellos pasaron parte de su luna de miel en esta casa, en 1987), nos despedimos con “um puta abraço”, y a renglón seguido mando mi traducción ex abundantia cordis, como decimos los clásicos, a tres direcciones –España, Colombia, México– donde sé que encontraré ojos y oídos atentos. [En Colombia, en El Espectador, de Bogotá, fue portada el miércoles 6, y el jueves 7 apareció en las páginas de opinión de La Jornada, de Ciudad de México].

Weiß/Colonia, 4.5.

2:00 am : Acabo de ver Master and Commander [Al otro lado del mundo] y me ha encantado. Retengo dos momentos. Uno cuando el capitán Aubrey (un Russell Crowe en estado de gracia) arenga a la tripulación y le hace tres preguntas que la tripulación responde de manera unánime y estentórea: «¿Queréis ver una guillotina en Piccadilly Circus?» «¡No!» «¿Queréis llamar rey a ese Napoleón culiandrajoso?» «¡No!» «¿Queréis que vuestros hijos canten La Marsellesa»?» «¡No!» Y dos cuando en el comedor de oficiales, de sobremesa tras la cena, le preguntan a Aubrey si conoció personalmente a Nelson, y él contesta que sirvió a sus órdenes en Abukir. Sus oficiales quieren que les cuente alguna anécdota suya con Nelson y él les cuenta: «La primera vez que me habló Nunca olvidaré sus palabras. Lo recuerdo como si fuera ayer. Se inclinó sobre la mesa, me miró directo a los ojos y dijo [Breve pausa y cambio de voz]: «Aubrey ¿le importaría pasarme la sal?» Los oficiales se ríen a carcajadas mientras Aubrey contiene las suyas: «Siempre he tratado de decirlo exactamente como él lo hizo entonces».

En el Kölner Stadt Anzeiger, esta mañanita, las previsiones meteorológicas para la mañana, el mediodía y la tarde eran lluvia, lluvia y lluvía. Son las 10:00 pm cuando escribo esto y en todo el puto día no ha caído una puta gota de agua. Y yo lo único de provecho que hice en todo el día es pergeñar una nueva columna para Árbol Invertido, y enviársela a Arzola. Ojalá les guste.

Weiß/Colonia, 5.5.

Siri Hustvedt es una mujer extraordinaria. Y menos mal que se le reconocen sus méritos en vida. El siguiente debería ser el Nobel. Hoy aparece una larga entrevista con ella en el Kölner Stadt Anzeiger. El periodista le pregunta sobre la gestión de la pandemia por the fake presidente, ella le responde: «Su Administración es caótica y mendaz. Su tardía reacción al virus es típica. El  narcisismo del presidente tiene que ser alimentado constantemente. Al principio se desentendió del virus. Después dijo que todo estaba “bajo control”. Luego tildó al virus como “paparrucha” urdida por sus enemigos políticos, más tarde como virus extranjero o chino, todo en el marco de su rabiosa xenofobia. En los últimos tiempos se las da de presidente en pie de guerra, que en sus conferencias de prensa diarias al mismo tiempo se pavonea y elude una y otra vez las respuestas. Pero más deprimentes que todas estas manipulaciones predecibles son los millones de personas que le siguen apoyando, pase lo que pase». A la pregunta de si ella siente personalmente miedo contesta lapidaria: «Sólo un idiota no tendría miedo a una enfermedad tan contagiosa y que es potencialmente mortal». Espero que el periodista haya aprendido a no volver a hacer semejante pregunta a alguien tan inteligente como la Hustvedt. Chapeau, doña Siri!

Pasó Frank a recoger una nueva remesa de camisas planchadas. Yo a Frank no lo veo como un yerno, sino como a un hijo, más ahora que ya es huérfano. Y con Angie me pasa lo mismo, para mí no era mi nuera, sino una hija más, como lo sigue siendo. Con Pia, en cambio, que no nos cae nada mal, casi no tenemos relación, En los dos años que lleva de estar con Chico me parece que en total la hemos visto cinco veces, de las cuales tan sólo una vez estamos estado los cuatro a solas, cuando los invitamos a cenar en casa.. La intrahistoria familiar suele ser complicada, pero no lo es por dicha en nuestro caso. Todas las cartas han estado y están siempre sobre la mesa, y boca arriba. Lo escribo así pensando en el drama de Buero, Las cartas boca abajo, que vimos allá por 1958 en Sevilla, Javier y yo, creo recordar que fuimos juntos con su padre.

Weiß/Colonia, 6.5.

Días atrás cité aquí de una carta de Luise Mejer a su gran amor, Heinrich Christian Boie, donde le contaba lo muy aficionado que era Lichtenberg a las lolitas. Esta vez Luise está de visita en Gotinga, la ciudad donde residía y en cuya Universidad enseñaba este precursor de Humbert Humbert, y Luise le escribe a su Boie el 17.8.1783: «Lichtenberg mantiene ahora a dos jóvenes “favoritas”. Según me doy cuenta, es poco querido aquí». Eso me lleva a recordar mi extrañeza cuando en 1992, recién entonces, se inauguró en Gotinga una estatua del notable pensador, casi dos siglos después de su muerte; y que además ese monumento fuese fruto de una iniciativa privada, del editor de Günter Grass, cuyo domicilio social está en la ciudad. Ahora, leyendo esta correspodencia de la Mejer con Boie, me empìezo a explicar por qué no había en Gotinga una estatua de Lichtenberg. Ah, el rencor de los tataratataranietos de las lolitas

Me vengo a enterar por pura chiripa de la existencia de una nueva editorial en Huelva, llamada Pábilo, que ya publica desde septiembre del 2016. Me gusta su logo, una I negra figurando una vela, coronada por una llamita en rojo vivo (el pábilo ardiendo). Es pura poesía visual.

Hace cinco años, la saga australiana Miss Fisher’s Murder Mysteries arrasó en la TV mundial, nada menos que en 120 países pasaron las tres temporadas protagonizadas por la carismática Phryne Fisher, una de las más originales detectives privadas en la historia de la novela policial. Las novelas que le servían de base transcurrían en la Melbourne de los años 20s. Ahora están tratando de reflotar el éxito de la saga, pero teniendo como protagonista a Peregrine, sobrina de Miss Fisher y heredera suya, pues al parecer desapareció tragada por la jungla de Papúa/Nueva Guinea. Estas secuelas tienen también como escenario Melbourne, pero en los años 60s, y acabo de ver el primer capítulo. No está mal, pero parece naïf si lo comparo con los de su predecesora. A la joven protagonista le faltan el temple y el glamour de la asimismo carismática Essie Davis, la primera Miss Fisher, a quien el papel le venía como hecho a su medida, y no por cualquiera, sino por Balenciaga. Veré la nueva serie un par de semanas más, para ver si mejora. Ojalá.

Weiß/Colonia, 7.5.

2:30 am : Killing Fields [Los gritos del silencio], la he vuelto a ver al cabo de muchos años y ha ganado con el tiempo. Es una obra maestra. Y qué alegría la sorpresa de redescubrir “Recuerdos de la Alhambra” en la banda sonora, un gran acierto de Mike Oldfield.

Avanzando en la lectura de la correspondencia entre Heinrich Christian Boie y su Luise Meyer, él le escribe once días después de lo que reseñé ayer: «A pesar de sus apreciables cualidades, Lichtenberg es demasiado egoísta, es demsiado poco amable como para poder ser querido. Se dice que sólo tiene a las dos muchachas consigo para moldear de ellas una mujer a su medida». ¡Ay caray, de las cosas que se entera uno, don Lichtenberg! Ahora entiendo “más mijor” (© by Cantinflas) aquel aforismo suyo donde dice: «Avanzó lento y orgulloso como un hexámetro, y su esposa trotó como un pentametrito detrás de él». ¡Que pillastre era usted siendo tan enano!

El Covidiario de hoy en Nexos lo firma Juan Pablo García Moreno, y después de leerlo le dejo este comentario en su foro: «En lo que a mí respecta, prefiero las cervezas a las certezas. Pero las cervezas me las tienen prohibidas la gota y los kilos de más, y de las certezas sólo le voy a dos: que mañana será otro día y que todos tenemos que morir. En cualquier caso, Prost!»

Acabo de ver Quartet [El cuarteto], la primera peli dirigida por Dustin Hofman. Lo que más me gustò, además de un par de actuaciones memorables, en un reparto poblado de grandes nombres, ha sido la elipsis final, casi idéntica a la de mi cuento “La oración fúnebre”.

Weiß/Colonia, 8.5.

Me quedé dormido delante del televisor, anoche. Ni siquiera recuerdo bien qué me puse a ver, creo que una policial alemana ambientada en Zúrich, me serví el tercer whisky de la noche, me senté frente a la tele, tomé un trago, en algún momento se me cerraron los ojos, y cuando volví a abrirlos eran ya las 4:18 am, Menos mal que Diny debe haber tenido por fin una noche de un sueño profundo, porque si no me hubiese despertado a las tres al no sentirme en la cama. ¿Será esta modorra un daño colateral del CoronaVid19? Lo cierto es que hoy comienzo mi 52.º día de encierro y que no siento el menor deseo de salir a la calle. Con seguridad, no debe ser nada sano. Aunque ya, a mis casi 81, qué importa.

Hoy se cumplen 75 años de la rendición incondicional de Alemania, que puso fin a la 2.ª guerra mundial en Europa. Leo la amplia información que le dedica el Kölner Stadt Anzeiger al hecho, y me digo que esa fue una guarrada mayor que la del virus, pero también le llegó su sanmartín.

He pasado casi todo el día oyendo música. Tengo la suerte de disponer de una buenísima fuente de sonido en mi compu, sin altavoces exteriores, de manera que me encasqueto los auriculares y empiezo a buscar en Youtube temas y cantantes que me gustan, de vez en cuando se entrevera una orquesta sinfónica, un cuarteto de cuerda, un flashmob (como el del 29.2.2016) en el patio de la estación central de Amberes, un espacio luminoso y limpio como pocos en Europa), y se me van las horas, tanto que de pronto me sorprende como ahora la voz de Diny anunciando desde el comedor: «La cena está servida».

Weiß/Colonia, 9.5.

0:50 am : Es una historia espeluznante. En los últimos días de la guerra, abril 1945, un cabo de la Wehrmacht, Willi Herold, aprendiz de deshollinador en la vida civil, queda descolgado de su unidad, encuentra un auto abandonado y en él una maleta con un uniforme de capitán de la Luftwaffe, y ni corto ni perezoso lo viste y se convierte por obra y gracia de la ropa en oficial de paracaidistas. Con otros descolgados que va recogiendo en su camino, por el noroeste de Alemania, forma un grupo de combate, el Kampfgruppe Herold, en cuya cuenta se contabilizan casi 170 asesinatos a desertores, trabajadores forzados extranjeros, renitentes al comando del “capitán” Herold. Finalmente son apresados por la policía militar de la Wehrmacht y a Herold, en juicio sumario, lo condenan a ser ahorcado, pero lo salva dentro del propio tribunal la intervención de su abogado defensor, miembro de las SS. Cuando llegan los ingleses y se hacen cargo del norte de Alemania, al poco detienen a Herold por un robo, pero a lo largo de los interrogatorios de la policía militar británica sale a la luz la siniesta historia de su grupo de combate, y él y seis de sus secuaces son condenados a la guillotina. En el momento de morir, Willi Herold contaba 21 años, dos meses y tres días. Es una historia verídica, que inspira el film que acabo de ver, Der Hauptmann [El capitán], narrado con absoluta impasibilidad, sin omitir ningún horror. Una inmejorable manera de recordar la tragedia que fue esa guerra nacida de la vesania nazi, del III Reich milenario que, por suerte, fue un milenio muy corto: sólo 12 años.

Me levanté a las 11:11 am, la hora canónica coloniense, y estuve desayunando/ almorzando a la par que leía el Kölner Stadt Anzeiger. Registro con pesar que la apertura de los restaurantes, ya prevista para el lunes 11, se ha pospuesto al lunes 18. Una semana más sin La Modicana, hélas!

La peli de anoche  me hace recordar la variante más célebre de la impostura de vestirse con un uniforme de oficial y comandar una tropa en una Prusia habituada al mando militar. En 1906, el zapatero remendón Wilhelm Voigt, pobre de solemnidad, compra un uniforme de oficial prusiano en un baratillo, y vestido con él encuentra a un grupo de soldados a quienes da la orden de seguirle. Llegan a Köpenick, en el sudeste de Berlín, y asaltan el ayuntamiento, llevándose Voigt, como botín, los fondos municipales. Lo curioso es que ello lo convierte en un héroe popular: ha puesto en ridículo a la institución prusiana por excelencia. Cuando lo capturan y lo sentencian a cuatro años de cárcel, la presión popular es tan grande que el káiser lo indulta a los dos años. 25 después, Carl Zuckmayer lo inmortalizó en su tragicomedia El capitán de Köpenick, que es una de sus mejores obras, se sigue representando y ha sido adaptada al cine varias veces. Pienso en cuán distinta la trayectoria humana de dos impostores como Voigt y Herold, el uno convertido en símbolo de la burla al uniforme, el otro valiéndose del mismo para darle rienda suelta a sus instintos criminales. Voigt un héroe, Herold una nota a pie de página en la historia universal de la infamia.

Se me ha ocurrido un tuit que le voy a regalar a mi hermana Pilar, en Los Ángeles, dice así: «La Casa Blanca desmiente que the fake president, en su “grande e inigualable sabiduría”, haya esnifado desinfectante como terapia precautoria contra el CoronaVid19. Su portavoz declaró lacónicamente: “No era desinfectante”».

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1 COMENTARIO

  1. «Lluvia, lluvia, lluvia» y no cae ni una gota. Y es que no hay que fiarse más de la cuenta de los meteorolos.

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