De mi Diario / Semana 2 / 2016

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Los idiomas se vengan de manera inclemente en contra de sus entomólogos.

 

Weiß/Colonia, 10.1.

Viridiana, desde Caracas, me pide que le cuente «sobre lo de Colonia el 31 de diciembre. Es totalmente incomprensible que suceda algo así y que no haya respuesta policial. ¿Ha generado mucha xenofobia?»  Le contesto: «Lo del 31 de diciembre aquí es demencial porque además anteayer se descubrió que desde Düsseldorf ofrecieron enviar un centenar de policías de refuerzo y la Policía coloniense declinó el ofrecimiento ya que «todo estaba bajo control». Los vídeos demuestran por el contrario que los policías de acá estaban desbordados, y no recurrieron a la fuerza bruta para no crear un clima de xenofobia, quizás, pero también porque no están mentalizados para reaccionar contra una estampida como esta. Y el problema se volverá a plantear, porque las masas de refugiados que llegan son en su mayoría ciudadanos de países carentes de una educación cívica, y que al sentir in situ la libertad de costumbres que impera entre nosotros, se creen que todo el monte es orégano. De cualquier modo, ese estallido de la noche del 31 no fue tan irracional, hubo una organización detrás, lo demuestran los documentos requisados a varios de los detenidos, una hojas de papel en que aparecen frases en árabe y su traducción al alemán, frases como «Quiero follar contigo», y por el estilo. No soy precisamente un amante de soluciones radicales, pero me temo que la única viable acá va a ser la de Tolerancia Cero. Y de todos modos, espero que ahora, leyendo mi diario, mis amigos a quienes he recibido en Colonia y los he llevado a conocer la ciudad, reconocerán la razón que me asistía cuando los puse en guardia para que cuidaran sus pertenencias personales y sus documentos mientras nos encontrásemos en los alrededores de la catedral».

 

Una vez más me hago la reflexión de que al hablar de potencias coloniales siempre se nombra a Portugal, España, Inglaterra, Francia, los Países Bajos, Bélgica, Alemania, Italia, incluso puede meterse en la lista a Dinamarca, que poseyó las Islas Vírgenes hoy USAnas desde 1672 a 1917. Pero jamás se menciona a Rusia. Parecería  como si partiéramos tácitamente de la base de que Siberia perteneciera a Rusia desde la noche de los tiempos, nomás por pura vecindá geográfica. Eso para no hablar de Alaska, que fue rusa hasta 1867, como quien dice ayer.

 

Weiß/Colonia, 11.1.

Hoy tengo un mal día, pésimo en realidad. Las piernas pesadas, la cabeza algo así como metida en algodón hidrófilo, el pulso acelerado (101) a pesar de ser normales los valores de la presión (141 / 80). Los achaques de la edad, lo sé de sobra, pero saberlo no me consuela un carajo.

 

Termino el segundo episodio de la saga de Van Vetteren al cabo de una lectura desconcertada: por momentos se me hacía que estaba leyendo una traducción no del sueco sino del neerlandés, como si la trujimana alemana hubiese dejado en ese idioma lo que su colega de los Países Bajos había “neerlandesizado”: los nombres de las calles (“straat, laan”), los de los diarios (Telegraaf, Allgemijne, Journaal), ciertos apellidos (Maandrijn, Peerhoven, de Witt) Y además algo que no pega ni con cola, y eso es grave en una policial: el hecho de que en varios lugares del texto la cronología esté referida a 1998, y en el colofón del libro se nos diga que la edición original fue publicada en 1994. También alguna frase despistante porque en el contexto no parece irónica, como esta del comisario: «Alguna vez he oído que hay países donde se come pescado podrido, creo que en Suecia, si no me equivoco». Y también alguna gema deslumbrante, como cuando el forense, con un gesto “ampuloso” retira la sábana que cubre al cadáver: «Sólo existe un oficio verdadero. El de matador de toros. Todo lo demás es sucedáneo o trampantojo». Chapeau!

 

El enano canario, como Carlitos llama a Javier, que es un armario normando de casi 2 m de alto, me escribe desde Tenerife después de leer mi diario: «Me ha inquietado la parte que dices que corren tiempos difíciles en este país, ¿me podrías decir algo más?»  Le contesto lo poco que le puedo contestar en este caso concreto: «El problema consiste en que en realidad no sabemos (ojo al plural), nadie, lo que va a pasar en este país si los refugiados continúan afluyendo, y con la amenaza de un invierno que puede ser mortal para muchos de ellos si no hay un concepto bien armado acerca de su acogida, dónde y cómo (no van a dormir en tiendas de campaña, como podrás imaginarte). Y vuelvo al plural de antes: Y lo grave del problema es que en ese plural están incluidos, desde la canciller para abajo, todos los políticos del país. Sin excepción».

 

Weiß/Colonia, 12.1.

La lasaña de La Modicana es un milhojas de otra especie. Busco en el diccionario de la RALE la definición de milhojas, y la docta casa me dice que se trata de un «pastel en forma de prisma rectangular, que contiene merengue entre dos capas de hojaldre espolvoreado con azúcar». En la lasaña de La Modicana, el merengue es salsa boloñesa, y el azúcar, queso parmesano. Ecco!

 

No sé dónde lo habrá detectado @ellaesprufrock, porque practica el mismo tipo de fair play que yo, esto es, decir el pecado pero no el pecador. ¡Qué requetebruta puede ser la gente, Señor! :

 

La muerte de David Bowie ha pasado como un huracán por la programación de los canales de TV de este país. No importa qué canal abra uno, allí te lo encuentras en alguno de sus conciertos o alguna de sus pelis. Pienso en lo curioso de que tanto la carrera de los Beatles como la de DB coincidan en incluir un importante capítulo alemán. En la de los Beatles aún más importante, ya que de aquí salieron al estrellato. Y no de un aquí cualquiera, sino de Hamburgo, en 1960, a sólo quince años de que la aviación británica redujese la ciudad a un desierto de escombros.


Weiß/Colonia, 13.1.

De repente, sangro por la nariz mientras desayuno. La sangre es tan escandalosa. Debe ser por el color. Nada más por eso, porque en realidad deberíamos estarle agradecidos cada vez que se nos presenta, es la única visita que nos hace el interior de nuestros cuerpos. (Lo formulo muy mal, lo que quiero decir es algo distinto aunque muy parecido, pero no me sale. Merde!) ((Completando el pensamiento se me ocurre ahora que las mujeres nos llevan milenios de ventaja en materia de visita de nuestro interior: desde la primera menstruación hasta la menopausia, una vez al mes, a lo largo de unos treinta años, salvo caso de fuerza mayor, léase embarazo)).

 

Voy donde el cirujano dental, para que concluya el trabajo que empezó el 23 de diciembre y me permitió pasar sin dolores los días de fiesta. Desde la parada del tranvía hasta el consultorio son unos diez minutos caminando. Llego cansado, pero por culpa de mis kilos y la falta de aliento, los dolores en la espalda que sentía antes del 23 D cuando recorría un trayecto como ese, han desaparecido por completo. Alabado sea el santísimo sacramento del altar.

 

Weiß/Colonia, 14.1.

Me acosté anoche a las 2:32 am, me levanté a las 4:15 para aliviar la vejiga y ya no pude volver a pegar un ojo. Me levanté, pues, para gran sorpresa de Diny, a las 7:30 y luego de las abluciones matutinas y el desayuno con lectura del diario me puse a trabajar. La laburoterapia, como yo la llamo. A mediodía regresó Diny de su gimnasia y me cocinó un lenguado hermoso como la faz de la reina de Saba. Ella durmió una ½ hora y yo me fui a mi siesta a las 2:15 pm, de la que me tuvo que despertar Diny a las 7:45, al regresar de su otra gimnasia de los jueves, con el famoso método Feldenkrais. Justo al rato llamó Nuria, desde Huelva, para anunciarnos solemnemente que ella, su madre y su abuela nos visitarán el 30 de junio para festejar con nosotros el 2 de julio nuestras bodas de oro como casados (las bodas de oro como pareja fueron el 2 de julio del año pasado). Es una inmensa alegría, la de saber que vendrá una representación tan guapa de las tres generaciones de mi familia que viven en la vieja Troglodia. Laus Deo!

 

Marjorie sube a su cuenta en Twitter un trino mío que me parece un buen juego de palabras :

 

Weiß/Colonia, 15.1.

Hoy ha sido prácticamente la repetición del programa de ayer, sólo que me acosté a las 2:52 am y me desperté a las 7:05, pero ya sin sueño y sin ganas de seguir en la cama, yéndome luego a dormir la siesta (“el yoga ibérico”, según la llamaba Cela) a las 2:15 pm, que duró hoy hasta las 6:10. Entremedias quise ocuparme de los ticktes para los vuelos de la Nena, Mónica y Nuria, pero apenas comencé comprendí que las reservas nada más puedo hacerlas si tengo a Mónica al lado, las opciones son muchas y sólo pueden elegir sobre la marcha las personas que van a volar. Contacto en Huelva con Laure, de quien sé que tiene mucha experiencia en estos casos, y desde luego está dispuesto a echarle una mano a Mónica en este tema. Luego llamo a Mónica a fin de explicárselo, y no está en casa, pero sí que está la Nena, y gracias a ello me entero de cuál es la última ratio de su visita a Colonia. Fue porque Nuria dijo que ella sí quería venir, pero sólo si la abuela [la Nena] también venía. Y cuando la Nena le contestó que no, Nuria, que debe tener un IQ en el Himalaya del sistema, le contraargumentó: «Pues si los titos [Diny y yo] vienen aquí en Semana Santa con su nieto, ¿por qué tú no puedes viajar con tu nieta a Colonia en julio?» Ante semejante pregunta de la Esfinge (que ni Edipo hubiera sabido responder) la Nena capituló.

 

Traduzco un trino de @ColoradoHighway: «No puede ser casualidá que al oír la publicidad del nuevo álbum de Justin Bieber entienda que se titula HERPES». Lo traduje porque como me dio curiosidad busqué en Google el título del álbum, y se titula PURPOSE. Y es evidente que de Purpose a Herpes no hay más que un paso. Me recuerda la Berlinale del 65, el primer festival de cine que he cubierto profesionalmente como periodista. Un día estábamos en la sala de prensa, cada cuál afanado con su máquina de escribir (¡oh tiempos aquellos cuando no había compus!) y en un momento determinado nos anunciaron por los altoparlantes, en inglés, la lingua franca del festival, que en la sala X comenzaría en unos minutos el pase para la prensa de Repulsion, la peli de Polanski, y aquí reproduzco en escritura fonética el final del anuncio: «güiz Kézerín Denéviu». ¡Pobre Catherine Deneuve, qué masacre con su nombre al pasar el Canal de la Mancha!

 

Me escribe Carles desde Barcelona para decirme que casi al final de la biografía de Simenon encontró una anécdota «sobre cuya autenticidad Assouline duda, pero que le parece muy ilustrativa. Es a propósito de la legendaria rapidez con que Simenon escribía. Un día suena el teléfono de su casa. Una de las criadas atiende. Es Alfred Hitchcock. “Un momento, por favor, Sr. Hitchcock. () Mire, lo siento muchísimo pero el señor Simenon acaba de empezar a escribir una novela”. Y Hitchcock: “No se preocupe. Espero”». Le contesto que conocía la anécdota, «porque de Simenon me sé la tira (es uno de mis autores más apreciados y releídos, un Maigret te lo cargas en dos horas y es el mejor pasatiempo que conozco), y hasta creo que alguna vez la he mencionado en mis viejos tiempos (de los que toda mi producción está en soporte papel), cuando hablé de Simon Vestdijk, el gran escritor neerlandés de quien los críticos de su país decían que escribía más rápido de lo que Dios podía leer».

 

Weiß/Colonia, 16.1.

Gran parte de la mañana dedicada a leer la ópera prima policial de un alemán, una policial que se ambienta en Augsburgo, la ciudad de los Fugger, en la Suabia de Baviera. He avanzado unas 100 páginas y el color local se reduce a menciones de calles y plazas, y una, al paso, del ruido del agua en los canales del Lech, el afluente del Danubio que atraviesa la ciudad. Dos veces he estado allí, por motivos de trabajo ambas veces. La primera fue para grabar el material sonoro típico del lugar, de cara a una serie donde cada año ofrecíamos “retratos estereofónicos” de tres ciudades alemanas que tuvieran un denominador común. Aquél año fueron tres con un pasado romano: Colonia y Tréveris, además de Augsburgo. Por cierto que una noche cenamos en un restaurante donde se comía al uso de la Roma Imperial, y los manjares y brebajes se servían de acuerdo con aquellas costumbres, una de las cuales era que en cada mesa había un comensal al que por sorteo le tocaba ser el sirviente de sus compañeros. En nuestro sorteo le tocó la china al pobre Arno, de la redacción brasileña, y le estuvimos gastando bromas todo el tiempo, en latín macarrónico las más de las veces. Y la segunda vez que estuve en Augsburgo fue para hacerle una entrevista al profesor Günther Haensch cuando estaba a punto de publicar el primer tomo del Nuevo Diccionario de Americanismos, obra magna emprendida por su departamento en la Universidad augsburguiana. Ese primer volumen estaba dedicado a los colombianismos, y la lógica curiosidad me llevó a preguntar por uno cuyo uso había aprendido de los dos amigos colombianos con quienes compartí vivienda, durante el año 1964, en Berlín. Le pedí, pues, al profesor Haensch que me mostrase la ficha de la palabra “sanitario”, en su acepción de retrete, WC, letrina, etc. Al cabo de una desesperada búsqueda, el profesor y sus auxiliares se vieron obligados a tirar la toalla y la esponja, y hasta el taburete hubiesen tenido que tirar los pobres¡el colombianismo “sanitario” brillaba por su ausencia en aquel flamante Diccionario a punto de publicarse! Los idiomas se vengan de manera inclemente en contra de sus entomólogos.

 

**********FIN**********

 

 

1 COMENTARIO

  1. Pobre del que no llegue a

    Pobre del que no llegue a padecer los achaques de la edad. 

    Echa de tu lado la hipocondría.

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