De mi Diario : Semana 20 / 2011

0
205

Weiß/Colonia, 15.5. (1)

Nos trajeron a Henri al mediodía, anduvo correteando por toda la casa, hay que estar pendiente de él todo el tiempo, por los enchufes eléctricos y los milyún cachivaches de porcelana que quedan al alcance de sus manitas, aun cuando de momento se limita a señalarlos y a emitir unos grititos que son hasta ahora su único léxico; la sola palabra que dice completa es “mamá”, amén del “bü bü” con que le urge a Diny que se ponga a planchar. Y otra alegría hoy, que amaneció lluvioso y gris, pero se va enmendando, es que el vecino de arriba me trajo un paquete que el cartero dejó ayer en su buzón, por error. Son las memorias de Hernando Jiménez, Un siglo de ausencia, publicadas en marzo en Bogotá, y en cuya página de epígrafes, debajo de uno del gran Woodsworth, figura éste: «Amistad en el sentido de afecto íntimo, duradero, incorruptible por el tiempo y la distancia, refractario al egoismo, amistad –en fin– como sentimiento más profundo y más altruista que el amor. RICARDO BADA de su diario Urbi et interneti, revista digital Fronterad, [31.10.]2010». Me conmueve harto más de lo que me enorgullece.

 

Weiß/Colonia, 15.5. (2)

Óscar Domínguez en un mail a un amigo, del que me envía copia (del mail, no del amigo): «El español Bada, residente en Colonia  («sí, la del soneto de Juan Lozano», como suele decir él mismo), tiene más historia literaria que una mujer fatal». Qué sensación jodida la de saberse objeto de evaluación por los demás. ¿Qué sentirá el conejillo de Indias bajo el microscopio del científico?  Hermano cobaya, que te llegue desde aquí mi sentida condolencia.

 

Weiß/Colonia, 16.5., primera hora del día

Cuando alguien cuya única habilidad profesional consiste en relacionar palabras de tal modo que haya mercaderes que las compren, es decir, cuando un imbécil como yo acepta por ejemplo el compromiso de dar una conferencia acerca de Sabato, y se lo toma en serio porque su ética profesional y personal se lo exige de manera imperativa, en algún momento se siente tentado a hacer cuentas, ya que en último término su consideración de la escritura pasa por el monedero. Releer la obra completa de Sabato, a un ritmo de 100 páginas por día, significa entre 20 y 30 días a unas tres horas diarias, digamos 75 horas. Más las correspondientes a la escritura del texto de la propia conferencia, que nunca bajarán de unas 20 a 30. Redondeemos 100 horas de trabajo (siempre son más) e imaginemos en aras de la aritmética el mejor de los casos: que me pagasen 1.000 € –¡ja ja ja!– por dar la conferencia. Ello significaría que mi honorario real sería de 10 € por hora, es decir, menos de la mitad de lo que cobra un fontanero por una suya. Y está bastante claro que la enseñanza que de ello se desprende es que si fui tan estúpido como para decidir ganarme la vida por medio de la escritura, ahora sería tanto más estúpido si me quejo porque lo más rentable hubiera sido convertirme en fontanero. ¡Idiota, Ricardo Bada, definitivamente eres un idiota! Pero qué remedio te queda, si escribir parece que es lo único que sabes hacer.

 

Weiß/Colonia, 16.5. (1)

Leo en el diario que la etapa de ayer del Giro d’Italia fue escalando el Etna, en Sicilia. ¡Pero qué falta de imaginación estos italianos!  Esa etapa tendría que haber sido la última, una contrarreloj por equipos, y debió consistir en el descenso hasta el fondo del cráter, donde estaría Berlusconi para entregar el premio al vencedor. ¡Flor de ocasión única y desperdiciada, qué lo parió!

 

Weiß/Colonia, 16.5. (2)

Voy a Rodenkirchen a fotocopiar chistes de Yrrah para mi tocayo porteño, y aprovecho de camino para despachárselas en la oficina postal con el último ejemplar que me quedaba de la linda estampilla especial (¡Borges!) que sacaron los Correos alemanes con motivo de la pasada feria del libro de Fráncfort, dedicada a la Argentina. Ahora, paciencia y esperar que le lleguen.

 

Weiß/Colonia, 16.5. (3)

Héctor, que yo no sé de dónde saca el tiempo para leerme (pobre mártir, como diría Cortázar), me ilustra ¡¡desde Medellín!! y no lo digo con ironía, sino con asombro, acerca de que sí hay un libro de Gonzalo Rojas en alemán [ver entrada de este diario del 25.4.(4)]: «Su fecha de imprenta es 2005 y lo publica, como debe ser, pues la biblioteca de su centro lleva el nombre de Rojas (ya sabes que las bibliotecas deben llevar el nombre de un Premio Cervantes), el Instituto Cervantes de Bremen: Das Haus aus Luft, Gedichte 1936–2005, una bonita edición bilingüe». Le contesto que es cierto, «si hasta tenemos un ejemplar en casa, lo que pasa es que está en la mesita de noche de Diny, que gime bajo el peso de los libros de poesía que ella acumula allá,  buscando para las reuniones con un grupo de amigas que se encuentran regularmente y cada una lleva un poema y los leen y platican acerca de ellos. Cuando escribí esa entrada de mi diario había mirado nada más que en mi propia biblioteca, porque soy muy respetuoso del desorden de Diny en su rincón, y ella  no estaba en casa y luego me olvidé de preguntarle». También es verdad que una de las últimas cosas que se me ocurrirían sería leer a Gonzalo en alemán. ¡Por todos los dioses, no! «¡Personaja!» ¿Cómo coños traducir “personaja” a ningún otro idioma?

 

Weiß/Colonia, 17.5. (1)

Me escribe Josefa desde Cáceres para agradecerme el envío del enlace con el artículo acerca del legado que le hace la viuda de Gerd Backhage al Museo Municipal de Colonia, y me dice que gracias a él descubre una obra de Vostell que desconocía. Y se despide enviándome «abrazos desde el berrocal». Le contesto cuánto me alegra haberle dado a conocer una nueva obra de Vostell, «pero más me alegran tus abrazos desde el berrocal, y es que cuando yo era niño y dizque enclenque, me mandaban los veranos donde mi tío Juan, en Fregenal de la Sierra, y de allí recuerdo un sitio que me gustaba mucho y que también se llama El Berrocal. Hacía siglos que no escuchaba o leía esa palabra». Una palabra como la magdalena de Proust.

 

Weiß/Colonia, 17.5. (2)

Una muy joven amiga (¡23 primaveras recién recién cumplidas!) me escribe diciéndome que se siente bien estando en mi The Twitter’s Digest. Le contesto que me alegro de que se sienta bien en mi casa de citas; y le añado un “(ejem)”, mejor que un emoticono, porque nunca se sabe.

 

Weiß/Colonia, 18.5., primera hora de la noche

Loft. Una maravilla, una de esas maravillas que consigue el cine de los países pequeños sin tener que echar mano ni de estrellas ni de presupuestos vertiginosos, sino sencillamente nada más que de un buen guión, unos actores excelentes, una cámara solvente, un buen pulso en la dirección. Me entero (leyendo la documentación ad hoc) de que Hollywood ya contrató a Erik van Looy, el director, para hacer un remake. Y me llevo las manos a la cabeza. ¿Qué coño podrá hacer Hollywood para mejorar semejante original, ni que remilputísima necesidad hay de ello? Ay

 

Weiß/Colonia, 18.5. (1)

Me pidió Yadira que reuniese mis sonetos en un archivo, para que no andaran desperdigados como tribus perdidas. Y esta mañana, después de desayunar, me puse a la tarea, rastreando en los archivos donde podrían estar, y creo haberlo hecho de manera exhaustiva, aun cuando no me parece que 46 sean muchos, y yo creía tener muchísimos más. Seguramente debe de haberlos en soporte papel, es decir, tendría que revisar los archivos que aún no he pasado a pantalla. Sólo que me pregunto si vale la pena el esfuerzo. Mis sonetos de ese archivo, que ya le he mandado a Yadira, demuestran que soy un buen versificador, brillante incluso, a veces. Pero demuestran del modo más palpable, al mismo tiempo, que no soy poeta. Y entonces ¿para qué el esfuerzo?

 

Weiß/Colonia, 18.5. (2)

La norma de los 140 caracteres como tope para los trinos en Twitter conduce a veces a tanta telegrafía sin hilos que fatalmente se producen ambigüedades. Por ejemplo: «Claro, que DSK haya presumiblemente intentado violar antes a una mujer no asegura que sea culpable esta vez. Para eso está el juez». Pregunta: ¿Para qué está el juez?, ¿para intentar violar a una mujer, para ser culpable, o para asegurarnos que esta vez también lo es? (¡DSK, no él, claro!)

 

Weiß/Colonia, 19.5. (1)

Maud Gonne fue mujer bien singular, la musa de Yeats y una de las más ardientes partidarias de la independencia de Irlanda. Justamente no se casó con Yeats, pese a que él se lo pidió tres veces, porque no le parecía bastante nacionalista; lo hizo en 1903 en París con John MacBride, a quien luego los ingleses fusilarían tras la rebelión de los patriotas durante la Pascua Florida de 1916. [De ese matrimonio nació Séan, que fue cofundador de amnisty international y recibió el Nobel de la Paz en 1974]. Aquel mismo año de su boda, 1903, cuando visitó Dublín el rey inglés Eduardo VII, en vez de hacer como la mayoría de sus vecinos, que adornaron balcones y ventanas con la Union Jack, Maud colgó de su balcón sus enaguas negras. Ahora, con motivo de la primera visita de un soberano inglés a la Irlanda ya libre, la secretaria general del pequeño partido Republican Sinn Fein, Josephine Hayden, lamenta que las mujeres no sigan usando esa prenda. Lo que me sugiere dos preguntas: a) ¿por qué no se veneran aquellas enaguas negras de Maud Gonne en el National Museum of Ireland, exponiéndose en su balcón principal cuando se dan circunstancias homologables a su valor histórico?; y b) ¿qué le impide a Mrs. Hayden colgar de sus  ventanas una muestra de sus bragas, con los colores nacionales irlandeses? Seguro estoy de que la adorable Maud no hubiese vacilado un segundo en hacerlo. “God shame the Queen!”

 

Weiß/Colonia, 20.5., primera hora del día

Decir, mientras llego a la página 800 de los ensayos completos de Sabato, que ya veo la luz al final del túnel, es una manera inocente de olvidar que aún me quedan por releer, precisamente, El túnel y sus otras dos novelas. Ay

 

Weiß/Colonia, 20.5. (1)

Voy en bici por el bosque, al supermercado, creía que tenía por ahí una botella de Jack Daniel’s reservada para las grandes ocasiones, y no, tengo que comprarla y el día está lindo, invitando a pedalear para sacudir este esqueleto mío anquilosado ante la pantalla. En el camino sonrío al ver a un paseante con una cara como esculpida a martillazos y pienso en lo que dice Milan Paulović, mi crítico favorito, al hablar de Mr. Majestyk, que la pasan esta noche en la tele. Dice que en los años 60s Clint Eastwood puso de moda el tipo parco en palabras, pero que al lado de Charles Bronson parecería un vendedor de feria.

 

Weiß/Colonia, 20.5. (2)

Me viene a la memoria un poema de Grass a sus 75 años, ese que dice: «Hasta ahora mismo flácido y gastado / tras tantos años de usarlo, / se yergue / –¡qué milagro! / se yergue–, / quiere que lo admiremos tú, yo y tú, / escarnecido y útil al mismo tiempo». (Ese «stehen» del original los latinoamericanos lo traducirían como «pararse», pero me gusta más un verbo como «erguir», con el mismo núcleo de la palabra «verga»). Cuando se publicó el libro que lo incluye, Letzte Tänze, Últimos bailes, hubo un crítico que dijo que algunas de estas «miniaturas eróticas, en su implacable franqueza (“–¡qué milagro! / se yergue–“), más de una vez resultan penosas», y me pregunté al leerlo cuántos años tendría ya el crítico y si se “le” erguiría todavía y si su esposa se admiraba de ello. [Llamé a Miguel Sáenz para ver si ya tradujo este poema, pero no me contesta, así es que lo hice el 21 a Carlos Fortea, y chequeé con él mi versión. Donde había traducido, en el verso final, “calumniado”, Carlos me dice que a él le gusta más “escarnecido”. Sea, pues].

 

Weiß/Colonia, 21.5., primeras horas del día

Hice una pausa en la relectura de los ensayos completos de Sabato (me quedaban ya menos de 150 páginas) y vine a mi despacho a ver qué novedades había en mi estafeta y en las cuentas Twitter que tengo en Favoritos, para nutrir mi Twitter’s Digest, y me encuentro en la de Héctor con el incendio en La Ceja. La seguidilla de trinos es angustiosa:

«Se está incendiando mi cabaña en La Ceja. Necesito que lleguen los bomberos. 123 no me contesta. Es en serio.

¿Sirve de algo twitter? Necesito que lleguen los bomberos.

Km. 6 vía La Ceja, La Unión. Llevo 5 minutos esperando una respuesta del 123.

Parece que enviarán a alguien. Creo que es muy tarde.

¿Lo que más me duele? Tengo adentro los cuadernos de mi novela. No todo está pasado en limpio. No estoy diciendo que no la voy a escribir.

No quiero ningún escándalo. No hay ninguna víctima. No importa. Gracias por la ayuda.

Ya los bomberos están en camino. Por favor no llamar más. Gracias.

Ya llegaron los bomberos».

Pero bueno, lo que más me aterroriza no es la destrucción posible de la cabaña, reconstruible, sino de esos cuadernos de que habla Héctor, que no todos están pasados a limpio (es decir, supongo, a pantalla). Retorno a su cuenta T y lo de «Ya llegaron los bomberos» no me deja en claro si él ha estado todo el tiempo allí, o si le avisaron y rajó para allá, en fin Regresé a Sabato y dos horas después (son las 2 a.m.) a su cuenta T pensando en esos cuadernos, ay Pero no hay ningún tuit más en esa cuenta ni hay ningún mail suyo en la bandeja de entrada de mi estafeta. Cierro la estafeta y cerraré la compu y me iré a dormir, si puedo. Qué miserable me siento pensando que su trabajo de meses, su novela, pueda haberse perdido mientras que de la basura que yo escribo siempre queda un registro impoluto en esta pantalla. Si fuera así, desde luego, o sea, ya, me cago en Dios, en Ese que se escribe con mayúscula.

 

Weiß/Colonia, 21.5. (1)

Lo primero al levantarme es abrir la estafeta (tengo un mail tranquilizador de Héctor) y la cuenta Twitter de H:

Se quemó una parte del techo y del segundo piso. Los cuadernos no se quemaron, se mojaron (hay mucha agua de los bomberos). Gracias a todos.

En un país con las tragedias de Colombia –medio país inundado– un incendio sin víctimas es una ridiculez. Perdonen el escándalo. Y gracias.

Ufffffffffffffffff, alivio, y a desayunar y esperar la llegada de Oskar, que tiene un examen el martes y su mamá me ha dicho que le tengo que tomar la lección. Ay

 

Weiß/Colonia, 21.5. (2)

Hace dos días, cuando escribi la entrada sobre Maud Gonne, quise cerciorarme del dato según el cual Eduardo VII habría visitado Dublín en 1903, no estaba yo muy seguro. Pero llevé a cabo de la mano de Miss Laetitia Google un grato descubrimiento: no sólo el dato era cierto sino que incluso existía una postal (en venta) que documentaba el paso del rey por la Grafton Street de la capital de Irlanda, y su precio era £ 9.99. Así es que ni corto ni perezoso activé mi cuenta en PayPal y compré la postal. Y con la misma diligencia inserté ese enlace en este diario como hipervínculo. Ahora, repasando el texto antes de subirlo a Fronterad, de repente pienso que puesto que la compré, ese enlace se tiene que haber borrado. Pero lo activo y sigue ahí, sólo que donde decía “Buy for” ahora dice “Sold for”. Ah, el mundo virtual, qué haríamos hoy sin él ¡Si hasta tengo que estarle agradecido de que no hayan añadido el nombre del comprador y el número de mi cuenta en PayPal!                 

 

  *************************************