De mi Diario / Semana 20 / 2015

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¡Aleluya!... (según dizque gritan durante sus orgasmos los miembros del Opus Dei).

 

 

Weiß/Colonia, 10.5.

Hoy es el Día de la Madre y el suplemento del diario le dedica nueve páginas con ilustraciones a todo color a la madre en la pintura y la fotografía, ejemplos extraidos de la versión alemana del libro Mother, de Juliet Heslewood, que acaba de aparecer en alemán. Las fotografías, al menos las seleccionadas para este artículo, son todas familiares, hechas por no profesionales. En cambio los óleos y grabados lucen firmas que son como el Gotha de la pintura, empezando por Durero y siguiendo por Manet, Cézanne, Marie–Joséphine–Cornélie Morisot, Gauguin y Van Gogh, hasta Toulouse–Lautrec. Un verdadero lujo. Por cierto que a su mamá Gauguin la pintó con labios de polinesia: ¿será de a deveras un retrato o una sublimación ectoplasmática?

 

También en el diario, hoy, una entrevista a toda plana con Margarethe von Trotta, de quien se estrenó esta semana su primera peli no política, Die abhandene Welt [El mundo extraviado], acerca de su relación con una hermana suya de cuya existencia se enteró recién a la muerte de la madre. Es decir, además de no política, es una peli autobiográfica; ni modo, hay que verla.

 

Salimos de la Philarmonie con la sensación de haber vivido una noche inolvidable, haber vivido dos horas de conexión total con el mundo sonoro de Louis Andriessen, este enfant terrible de la música contemporánea que en 1969 –en compañía de otros iconoclastas– se permitió el lujo de interrumpir con silbatos, tambores y megáfonos, un concierto en uno de los sanctasanctórums de la música universal, nada menos que en el Concertgebouw de Ámsterdam. Los protestantes reclamaban que la programación de la casa incluyese más música moderna, menos siglo XVIII. Y a la postre lo consiguieron, Andriessen es entretanto una glorial nacional, y su música ya está en el repertorio del Concertgebouw y de las mejores orquestas del mundo. Esta noche, acá en la Philarmonie, se alcanzaron altas cotas de virtuosismo en la interpretación de la banda sonora de M is for Man, Music, Mozart [M de masculino, música, Mozart], el film de Peter Greenaway, y “La Passione”, basada en poemas de Dino Campana, y se rozó lo genial con la interpretación del percusionista Dominique Vleeshouwers en “Tapdance”, Concierto para batería y gran conjunto. Lo dicho, una noche inolvidable. En el poco tiempo que ya nos resta.

 

Weiß/Colonia, 11.5.

Esta noche tiene Diny invitadas a cenar en casa, rotativamente le toca el turno dentro del grupo de ai (que aunque disuelto sigue funcionando a nivel gastronómico). Ello significa que nuestra cocina más parece laboratorio de alquimista que otra cosa. Porque estas comidas rotativas si por algo se caracterizan es porque la respectiva anfitriona quiere sorprender a sus invitadas con unos guisos de lo más sofisticado. Hoy menos mal que es cena y no almuerzo, con lo que no se me condena al ostracismo ni debo irme de casa, pero sí confinado en mi cuarto de trabajo, adonde Diny me va trayendo las raciones del convidado de piedra (tal es mi papel). No me quejo porque de entrada hay una bruschetta de puta madre, y de postre un sorbete de fresa de puta abuela. Pero, sobre todo, el plato fuerte fue ya de puta bisabuela: una sopa espesa de espárragos blancos y trigueros con langostinos, mmmm, de chuparse los dedos, cosa que fice, a fe mía, voto a brìos.

 

Weiß/Colonia, 12.5.

¡Qué pena que inicié mi diario el 1.1.98!  De haberlo hecho un año antes tendría el registro del 12.5.97, el día en que nació Paul, y de la indecible felicidad de tener en los brazos esa criaturita, mi primer nieto. Hoy, pues, se convierte en mayor de edad y lo vamos a festejar el viernes por la tarde en el jardín de la casa de sus padres, toda la familia y todos sus amigos. Montserrat me ha pedido un pequeño discurso para la ocasión. Y bueno, la verdad de la milanesa es que no soy un Demóstenes, pero algo se me ocurrirá. Veremos, como decía Homero, y Borges se lo plagió.

 

En La Modicana me pierdo el comienzo de un diálogo entre la signora y Carlitos en el que ella le está contando no sé qué cosa acerca del Santo Sudario, el de Turín, y meto baza en la plática diciéndole que lo que pasa es que los expertos en textiles aún no han descubierto, escondida en una doblez del paño, una etiqueta donde puede leerse: “Made in China”. Después de lo cual encargo mis espaguetis con mariscos sin el menor remordimiento de conciencia.

 

Weiß/Colonia, 13.5.

Nos traen a Vincent, que anda enfermo, más bien pachucho. Se posiciona horizontal en el sofá, con una rimera de libros a la mano y bien arropado con una manta roja. Diny está fuera de casa hasta ya entrada la tarde, así es que le hago el almuerzo al enfermito y luego cocino mi propio almuerzo, y mientras como me acuerdo de que hoy a las 2:20 pm pasan por Arte la peli Bella Martha, así es que le cuento el argumento a Vincent, le pregunto si le gustaría verla y me dice que sí la quiere ver. Tras el almuerzo vengo a trabajar un poco en la compu antes de dormir la siesta, pero previamente a ella voy a la sala y le pregunto a Vincent si le está gustando la peli. Me dice que al principio con reservas porque le parecía que iba a ser una historia triste, pero que ya no, que le está gustando mucho. Laus Deo!

 

Weiß/Colonia, 14.5.

Henri en casa desde el mediodía, porque mañana es la fiesta de la mayoría de edad de Paul, en el jardín de la casa, y los padres tienen harta tarea por delante. Pero a ello se suma que Henri no está yendo al Kindergarten en toda la semana, a consecuencia de la huelga de monitoras en las guarderías infantiles, reclamando derechos poco menos que elementales pero casi impagables en esta época de vacas flacas estatales (y privadas). Y Henri todo el día en la casa, cinco días uno detrás del otro, acaba con la paciencia de un regimiento de madres, y Montserrat es un soldado solitario. Por la noche, a las 8:15, pasan por un canal regional la peli Die Mannschaft [El equipo], un reportaje de 90’ sobre el desempeño del seleccionado alemán en el Mundial de Brasil, y le pregunto a Henri, que ya siente como sus hermanos a esa edad la fiebre del fútbol, si la quiere ver, y él me dice que sí pero Diny está en contra porque la peli termina a las 9:45 y es una hora muy tardía para Henri; pero yo le arguyo que en realidad, aunque se acuestan siempre a eso de las 8 casi nunca se duermen hasta eso de las 10, porque el crío quiere que ella le lea o le cuente cuentos, y le aseguro a Diny que esta peli es un somnífero perfecto. Me hace caso, y al final me da la razón, Henri llega groggy a la cama unos 10’ antes de que termine la peli. Seria cosa de ir a plantarme delante del espejo y ensayar una sonrisa mefistofélica.

 

Inicié la lectura de una nueva saga policial sueca, por el cuarto episodio, que es el único que de momento tengo a la mano. Y al rato le escribo a Gert Forsström, en su casa de Flen, en la Suecia profunda, desde donde tantísimo me ayudó a aproximar al castellano un poema de Tranströmer«Estimado don Gerardo, estoy leyendo una novela policial de su compatriota Carin Gerhardsen titulada en sueco Helgonet (yo la leo traducida al alemán), y allá por la ½ del libro, al comienzo del capítulo «Miércoles por la tarde», leo que el equipo de policías encargados de resolver el caso se encuentra almorzando en su local preferido, el café de Lisa. Y están tan deprimidos que ni siquiera se animan con el proverbial buen humor de Lisa y sus sabrosos sandwiches con carne embutida «y huevos fritos por ambos lados». Me intriga esta indicación que le he subrayado. ¿Es costumbre sueca, o de alguna determinada comarca de su país, freír los huevos por ambos lados? (Por si acaso le cuento que la acción de la novela se desarrolla en los alrededores de Hammarby, es decir, cerca de Estocolmo). Le quedaré de lo más agradecido por lo que pueda explicarme al respecto». Tengo curiosidad por ver qué me responde. Si es que.

 

Weiß/Colonia, 15.4.

Henri sigue en casa y –¡qué descanso!– hace la guerra por su cuenta, sin hacérnosla a nosotros, sólo recurre a nuestra ayuda cuando se trata de algo que él todavía no sabe cómo: programar un DVD, por ejemplo. Es una bendición del cielo tener en casa a esta criatura, con el único lunar (¿no sería mejor, tratándose de una bendición del cielo, hablar de con la única nube?) de que no hay forma de hacerle comer. Come cuando y lo que le da la real gana. Pero yo lo tengo ya muy claro: le dejo hacer lo que le dé la real gana. De educarlo que se ocupen los padres, qué caray.

 

Hoy, cumpleaños de Laura Juliana, le regalé un tuit que ha subido a su bonísima cuenta :

 

A las 7:05 pm pasa Chico a buscarnos con su auto, para llevar toda la impedimenta a casa de Montse. No sólo el trousseau de Henri (cada vez que viene a casa lo traen con tanto equipaje como si fuese de viaje a Ultramar), también las dos monumentales tortillas españolas encargadas por Montse a Diny para el buffet de la fiesta, y los regalos para Paul, uno de los cuales pesa. Grandes abrazos al llegar, y gran alegría al abrir los tres regalos. El crematístico, dentro de la consabida tarjeta de felicitación. La navaja multiuso suiza que le prometí un día y que siempre me reclamó de niño hasta que le dije que sólo se la entregaría cuando llegase a la mayoría de edad. Y finalmente una obra de arte, una cerámica de Rafa Pérez que es una joya: dentro de un marco metálico, un cuadrado en el que puede verse a la derecha un hombre inclinado hacia adelante, contemplando en el suelo su sombra. La obra se titula “Sun”, en inglés, y apenas la vi en la exposición que Rafa Pérez presentó acá en Colonia, en la galería de Carmen, el 16.1.99, el día de la inauguración, sin perder ni un solo segundo busqué la pegatina de COMPRADO y la adherí al marco. «¡Qué rápido te decidiste, se ve que te gustó nada más verla!», me comentó Carmen. Y yo le expliqué que la compraba para regalársela a mi nieto Paul cuando cumpliese la mayoría de edad, porque el tema de “Sun” está íntimamente relacionado con una anécdota de la infancia de Paul, de agosto del 2001, que le conté y que copio aquí de mi diario de aquel año :

«Paseando con Paul Louis, llegamos a la orilla del Rhin con el sol a la espalda, y luego de estar arrojando piedras al río, cerca de las 6 de la tarde, nos acercamos al picadero. A medio camino, de pronto, Paul Louis me mira parpadeando a causa del sol poniente:

«–Opa, warum gehen wir nicht weiter mit uns? [Abuelo, ¿por qué no seguimos caminando con nosotros?]

«Lo inesperadamente metafísico de la pregunta me deja mudo. Mi nieto despeja el misterio al advertir mi perplejidad: se limita a señalar el suelo donde ya no nos preceden nuestras sombras».

 

Hay barbacoa en el jardín, con Frank de maestro asador. En la mesa más resguardada del viento, que no es fuerte pero sí fresco de sobra, nos sentamos los más cercanos y los más íntimos de la familia. Ute y Kadir, con Levin; Norbert, el hermano de Frank, con Ute, que por cierto también es ceramista; Chico y Angie, con Vincent; Diny a mi lado, y Oskar, que nunca se despega del nuestro en estas ocasiones, carga una especie de electricidad estática conectada con nosotros. Yo como más bien poco, una salchicha de Fráncfort, otra de Nuremberg, un pincho de tortilla y una albóndiga de cordero que ha preparado Ute, la mejor amiga de Montse. Todo regado con un buen tinto italiano que comparto con Kadir, al estreno de cuya última peli, en la Cinemateca, no pude acudir, tuvo lugar estando yo en el pleno apogeo de mi pulmonía doble. Cuando se van, a eso de las 10 pm, entonces pego la hebra con la otra Ute, la ceramista, la cuñada de Frank, con quien converso acerca de nuestro regalo a Paul y se interesa mucho por la obra de Rafa Pérez. En las otras mesas bullicio de Paul con sus amigos (ni una sola amiga, esas se reservan para una nueva fiesta donde no estaremos los mayores), y de Rebeca con el resto de los invitados que no son amigos de Paul sino de sus padres. El perro de Norbert ladra cada vez que le echa el ojo a Maggie, la gata negra de los Ritter. Y pasadas las 11, reconfortados por cuatro horas de buen comer, de buen beber y de buenas pláticas, nos despedimos y regresamos a casa con el bus. Ya tenemos un nieto mayor de edad. ¿Con cuántos de los otros tres alcanzaremos a celebrarlo?

[Un dato positivo más de la jornada : A Montserrat, desbordada por la dinámica del party, se le olvidó pedirme el discursito del que me habló hace días. Menos mal que no lo había preparado porque decidí que lo iba a improvisar contando varias anécdotas de la infancia de Paul].

 

Weiß/Colonia, 16.5.

Mi amolllcito mío dedica su columna de hoy a hablar acerca de su primera novela, Las noches habitadas, que le acaban de publicar y que yo leí en el manuscrito, en pantalla. Le he dejado un comentario en su foro: «En mi opinión tu novela es muy buena. Atrapa desde el primer momento por el poder imán de tu prosa, que ya conocemos de tus columnas. Es más, en un primer momento temí que nos fueses a endosar casi una serie encadenada de columnas, pero no. Los personajes son convincentes, y sus historias también. Tienes muchas cosas que contar y sabes cómo contarlas. Tienes muchas cosas que decir y sabes cómo decirlas. En fin, mi taruguita querida, que me has dado un gusto grande como lector y te estoy por ello de lo más agradecido, y te deseo el éxito que este relato se merece. Verás cómo a tus lectores te los metes en el bolsillo con esos personajes que al final se nos vuelven familiares y queribles, unos más, otros menos. Yo quedé enamorado de Carlota, por ejemplo».

 

Cuando Diny está durmiendo la siesta llega Oskar para ayudarla a trasladar la máquina de secar al cuarto de baño, del que fue desterrada al de los invitados cuando la reforma de la tina. Y no es que a Diny ni a mí nos falten las fuerzas para empujarla de regreso al cuarto de baño, pero sí para alzarla en peso y colocarla encima del lavarropas, que es lo que hicimos ahora Oskar y yo, despertando a Diny con el ruido. Y dejándome sorprendido de que subí la máquina a pulso a la par con Oskar sin que se descuajaringase el esqueleto de mi jiúman bodi. ¡Aleluya! (según dizque gritan durante sus orgasmos los miembros del Opus Dei).

 

************FIN************

2 COMENTARIOS

  1. Ojalá sigáis celebrando
    Ojalá sigáis celebrando mayorías de edad de los nietos con la misma felicidad.

  2. Que conste en el sumario que
    Que conste en el sumario que no había leído tu diario cuando te hablé la maravillosa y atrapadora prosa de Alma Delia.
    La metáfora de tu nieto para la puesta del sol tiene ribetes de poema épico. Definitivamente.

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