De mi Diario : Semana 20 / 2022

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Weiß/Colonia, 15.5.

2:20 am : Terminé la lectura del 22.º episodio de la saga de John Rebus y ya sé qué regalo pedirle a mis hijos para mi cumpleaños: el 23.º episodio, último por ahora, cuya traducción alemana llega a las librerías el 14 de junio. Y empecé la lectura del diario de viaje de Camus por los Estados Unidos Anoto varias frases: «Mi cabeza está demasiado cansada como para trabajar, Pero leo Guerra y paz. ¡Cómo hubiese amado a Natacha! [] Nos adentramos en el puerto de Nueva York. Impresionante el espectáculo, a pesar de o a causa de la niebla. El orden, el poderío, la potencia económica es lo que domina aquí. El corazón tiembla delante de tanta admirable inhumanidad. [] La impresión de que sólo los negros saben de la vida, la pasión y la tristeza en este país, que colonizan a su manera. [] Razón tan sólo tiene quien nunca mató. O sea, no puede ser Dios. [Y esta premonición: ] Tristeza porque me sigo sintiendo tan vulnerable. Dentro de 25 años tendré 57. O sea 25 años todavía para hacer mi obra y encontrar lo que busco. Después la vejez y la muerte». Pero no tuvo (ni tiene) vejez.

Rebeca viene para echarle una mano a Diny en las tareas domésticas y le recuerdo que tenemos que organizar nuestro viaje a Düsseldorf a renovar los pasaportes en el consulado. Aunque por otra parte me pregunto qué sentido tiene la presencialidad para ese trámite burocrático. Ah, constatar que uno sigue vivo. ¿Pero y si uno les dice a los empleados consulares que está muerto por dentro? Es que mirusté, a efekktos estadísticos usté no consta como fallecido. Ah

Veo de nuevo El tambor de hojalata (y aviso a Vincent por teléfono para que no se la pierda). Es una obra de arte. Y a David Bennent le tendrían que haber otorgado el Oscar por la vívida interpretación de su tocayo Matzerath. Solo que ni siquiera estuvo nominado. Lo curioso es que ese año nominaron al Oscar al mejor actor de reparto, a sus 59 años, a Mickey Rooney, otro legendario mito juvenil.

La polémica gringa sobre las leyes que rigen el aborto en ese país es un índice descorazonador de la inversión del credo darwiniano: los que sobreviven son los mentalmente más débiles. Esta noche, en el programa satírico heuteshow del segundo canal, ZDF, a propósito de esa polémica, me parece que el moderador Oliver Welke le ha puesto el cascabel a la gata sobre el tejado de papel oficio: «Si los hombres pudieran preñarse, habría cabinas para abortar en las tabernas».

Weiß/Colonia, 16.5.

2:00 am : Le hinco el diente al diario de viaje de Camus a Sudamérica, en 1949, tres años después del que le llevó a USAlandia. Cuando el barco en que viaja desde Marsella hace escala en Dakar, anota: «Sólo un par de horas, pero reencuentro el olor de mi África, el olor de la miseria y el abandono, olor virginal y tan fuerte, cuya fuerza tentadora conozco. [Y en Río, sobre la bahía de Guanabara:] La riqueza y el esplendor de los colores que brillan sobre la bahía, en los morros y en el cielo, nos dejan mudos. Un minuto más tarde, los colores parecen los mismos, pero ahora es una tarjeta postal. La Naturaleza aborrece los milagros que duran demasiado. [] Los conductores brasileños son locos alegres o sádicos a sangre fría. El desbarajuste y la anarquía de este tráfico tienen como contrapartida una única ley: llegar el primero a cualquier precio». Y a mí me llegó al alma eso de “mi África”.

Montse pasa a buscar a Diny para acompañarla a la dermatóloga, y al poco de marcharse estalla una tormenta prematura de verano con gran aparato eléctrico, no dejan de oírse truenos durante un ¼ de hora, y al cabo de ello la sirena de una ambulancia, los bomberos o la policía, no sé distinguirlas unas de otras. Menos mal que de la parada del bus al consultorio de la dermatóloga no es más que ½ cuadra [europea], y además Montse llevaba un paraguas grande, no uno de esos paraguas bonsai de los japoneses. A pesar de lo cual, cuando regresan, todavía vienen chorreando.

Me escribe Lettty desde Rolópolis que mi diario, que lee por primera vez, he parece muy divertido. Le contesto ipso fuckto: «Mi diario, sí, puede parecer divertido, pero es porque la procesión va por dentro. El mío es eso que en alemán se llama «humor de patíbulo», como el del comandante inglés Herbert Armstrong, condenado a muerte por haber asesinado a su esposa Katherine, y antes de que el verdugo le pusiera la capucha primero y la soga después, miró al  cielo y dijo «I’m coming, Kathie!»»

Weiß/Colonia, 17.5.

2:00 am : Sigo leyendo los diarios de viaje de Camus, esta noche por Río, Recife y Bahía. El pobre ha hecho el viaje enfermo, a cada momento le dan ataques de gripe. Con todo, no pierde comba, p.ej. en Recife, describiendo la iglesia de san Pedro: «Como se encuentra al lado de una tostadora de café, se halla completamente ennegrecida por el humo de las máquinas de torrefacción. Es, literalmente, una iglesia con una pátina de café».

Jardiel Poncela explicaba que tenía un método infalible contra los dolores de muela. Acudía donde el dentista, tocaba el timbre y el dolor se desvanecía como por ensalmo. Yo recurro al Paracetamol, de pura haraganería, porque llegar hasta el timbre de nuestro dentista, en Weiß, sólo me costaría unos 5 a 10’ de camino, con un par de paradas para recuperar el aliento. Pero lo cierto es que ayer y antier me los jodió un dolor de cabeza que hoy creo ya desaparecido. Toquemos madera, a falta de timbre.

En La Modicana, hoy, Ulli espárragos blancos y verdes con jamón de Parma, Diny linguinis con tiras de ternera, Carlitos una pasta que no ubico bien, y yo, como siempre, mis espaguetis alla marinara. La pareja asimétrica ha vuelto a comer en el patio, y se nos une para una pequeña tertulia de sobremesa. Creo que va a terminar por convertirse en costumbre y que todos estamos satisfechos de que así sea.

Herr Knobel, de la Fundación Casa Heinrich Böll en Langenbrink me telefonea para anunciarme que llegó la postulación de José Luis y decirme que van a tratar de hacerle un hueco, aunque se trata de un autor de literatura científica, académica. Por lo demás, de sus palabras deduzco que como hace tanto tiempo que nadie se postuló desde América Latina, yo ya no figuro en el jurado que admite las postulaciones y dejo en claro que si estuve en él fue por delegación expresa de Annemarie Böll, y que en realidad no me interesa el puesto pero siempre pueden contar con mi asesoramiento cuando se trate de postulaciones latinoamericanas. Esta declaración mía parece aliviarle mucho, así es que sigo golpeando en el yunque: José Luis Rocha es un científico y un académico, en efecto, pero es más que eso, añado enérgicamente, está su obra periodística, donde se mueve en los mismos parámetros que la Premio Nobel bielorrusa Svetlana Alexiévich, y es justamente en ese desempeño literario donde se halla en peligro a causa del régimen de represión extrema que domina en su país. Me promete tomarlo muy en cuenta y comunicárselo tal cual a los miembros del jurado (con lo que queda harto claro que ando excluido del mismo). Creo que pese a estos tiquismiquis burocráticos están interesados en volverse a poner una pluma [de quetzal] en el sombrero con un periodista nicaragüense: Nicaragua dejó mucha huella acá cuando la revolución sandinista de los 80. En Colonia tenemos incluso una calle dedicada a Enrique Schmidt Cuadra, en el barrio universitario. De manera que soy optimista al respecto. Pero tengo que hablar con René, para que apoye mi parecer.

​Le regalé a FD este tuit: «El arte abstracto es aquél que lo cuelgas como te dé la real gana y seguirá siendo abstracto. O sea: seguirá sin ser arte. Prueba a colgar “Las Meninas” o “El jardín de las delicias” boca abajo. O de costado. Para no hablar de la Gioconda. Y luego me cuentas». No lo sube a su cuenta Twitter porque, dice, «es que no me gusta la injerencia que se puede hacer. ¿Lo abstracto no es arte? ¿En serio? ¿Qué es arte?» Le respondo: «Yo, la verdad, no soy nada amigo de las teorías conspiracionistas, pero que el expresionismo abstracto sea arte me huele a invención de la CIA. O a una confabulación de los marchantes. Hace poco creo que se pagaron 195 millones $US por una de esas paparruchas del tal Andy Warhol, con la que Rembrandt se limpiaría el culo sin arrepentimiento. Al nieto de mi abuela Remedios no le hacen comulgar con ruedas de molino, mi buen FD».

Weiß/Colonia, 18.5.

2:10 nm : Camus en Porto Alegre, Montevideo, Buenos Aires, Santiago de Chile, Montevideo y Río. Casi me alegro de que por fin se monte en el avión que lo llevará de regreso a París. Este viaje fue un auténtico viacrucis para él, entre la gripe por un lado y las falencias latinoamericanas por el otro. Anoto tan sólo volver al párrafo del que ayuda a bien morir, en Minas Gerais, cuando el médico y los parientes saben que no tiene sentido prolongar los dolores del enfermo, y mi descubrimiento de que lo que en español se llama “llave inglesa”, en alemán se conoce como “der Engländer [=el inglés]”.

Pertinente charla con Dorotea, mi pedicura. Cuando le cuento lo de mis valores hepáticos y que mi nuevo médico de cabecera me ha prohibido beber alcohol durante dos meses, me pregunta “¿Cuántos años tiene usted, Herr Bada?” “El 10 del mes que viene compliré 83”. “Entonces seguro que no le hará el menor caso a su nuevo médico”. Me echo a reír y le aseguro que sí le haré caso por tratarse de la primera vez, pero que a partir del 7 de julio (¡San Fermín!) y después de la extracción de sangre a que me someteré ese día, volveré a mi régimen escocés en el speakeasy de Weiß, providencialmente domiciliado en el primer piso del 11a del Pflasterhofweg, o sea: acá. Dorotea me dice que no espera menos de mí, y aunque no lo formula así, la reformulación castiza sería: «¡Y que le quiten lo bailao!»

Al regresar a casa, y como tengo tiempo hasta el siguiente bus, entro en ReWe, al lado de la parada, y compro para mí una lata de leche condensada La Lechera y un paquete de té de menta marroquí, el que más me gusta, y algunas Delikatessen para Diny: moras, coppa di Modena y un fuet de Murcia, que es el que más le gusta. Un día es un día, y a vivir, que sólo son dos, decía mi abuela Remedios.

Weiß/Colonia, 19.5.

2:10 am : Vuelven a pasar la primera temporada de la saga El joven inspector Morse, que en realidad debería titularse Retrato del DI Morse cuando era DC. No vamos a tener tantísima suerte que repitan todas las temporadas ya habidas y por orden cronológico. Los cerebros de los programadores de TV trabajan a contrapelo de las esperanzas del telespectador. He dicho.

Hasta hace aprox. un mes, cuando comenzaron las calores de este verano anticipado, al levantarme todas las mañanas urgido por la vejiga, y mientras la aliviaba, dejaba correr el agua del lavamos y al minuto de hacerlo salía un agua fresquísima de la que era bendición del cielo beber un vaso. Ahora, por más que la deje correr (no mucho, me lo prohibe mi conciencia ecológica), sale invariablemente tibia: este es mi barómetro privado del cambio climático. Ay ay ay, la que nos espera

Sin decir ¡agua va!, a las 3:30 pm, cuando me tiendo a dormir la siesta se desencadena una tormenta igual a la del lunes, pero con aparato eléctrico caótico, unos truenos suenan como tambores lejanos en una peli rodada en África, los otros como los dizque golpes en la puerta del destino del comienzo de la 5.ª de Beethoven, casi como aldabonazos a nuestra puerta. Se conoce que es una tormenta divina a lo cristiano, con la pretensión de la omnipresencia. Cuando bajo al garaje, después de la cena, para traer agua mineral a casa, cuento al menos una docena de caracoles en el camino. Si Pablo andase por aquí ya sabría yo qué tapa tomaríamos con el aperitivo del domingo.

Por HuelvaRed me entero de la muerte de El Litri. Nunca fui litrista ni participé en aquella histeria colectiva que se desencadenó en la Huelva de los 50, tras la muerte de Manolete. Era como pasar de la poesía de un califato a la prosa de un reino de taifa. En todo caso, descanse en paz.

La columna de Marcos Peckel en EE/Bogotá, sobre el rugir de Occidente termina así: «La OTAN ha dejado claro que no se quedará de brazos cruzados frente a un ataque a uno de los suyos. Ese grito de batalla fue escuchado en Helsinki y Estocolmo y en otras capitales quizás. Occidente vive, resurge y vigorizado afirma su lugar en el mundo. Gracias, Putin». Pues eso, joder, ar Putin lo qu’es der Putin.

Weiß/Colonia, 20.5.

Se nos han muerto Teresa Berganza y Vángelis, y siguen viviendo tantísimos hijos de la remilputaA Teresa Berganza la pude admirar de córpore insepulto acá en Colonia, en un recital acompañada al piano por su marido. Lo que más amo de ella es su Rosina, en El barbero de Sevilla. [¡Qué pareja!  ¿no? Porque Hermann Prey tampoco era manco]. ¡Y Vángelis, anoche, al ver la noticia en el último telediario, me dieron ganas de llorar!  Tres cosas suyas que amo: la elegía para el entierro de Stephan Hawking y las partituras de Blade Runner y de Chariots of Fire, en especial esta, que me lleva por el túnel del tiempo a mis muchos años de acudir al festival de cine iberoamericano, en Huelva, y en el Emperador, donde estuvo mi colegio San Ramón inolvidable («el que entra bueno sinvergüenza sale», ese era nuestro lema), las pausas entre una y otra proyección las llenaba la música de Vángelis. ¡Qué de recuerdos!

Remato mi trilogía dedicada a Asta Nielsen en el 50.º aniversario de su muerte, que se cumple el 25, miércoles. Ese día un artículo largo en Nexos, el 27 mi columna quincenal en El Espectador, y el 29 la mensual en La Jornada. Se merece mis tres textos y un centenar más, y que por fin alguien se lance al ruedo y haga traducir al español sus memorias, y las publique. ¿Será El Acantilado? Oremus.

Weiß/Colonia, 21.5.

Anoche estuve viendo hasta las 2:20 am un documental sobre los niños alemanes al final de la 2.ª guerra mundial. Cómo fue que niños, realmente niños de 13 años, sólo un año mayores que nuestro Henri, fueron sacrificados en el altar de la vesania nazi, empuñando las armas que casi no podían con su peso. El documental se abrió y cerró con la ejecución [fusilamiento] de un muchacho de 16 años, acusado de un delito que no conocía otro castigo que la pena de muerte: el espionaje. Los aliados se proponían estatuir de un modo claro que con ellos no se perdonaba ni se olvidaba todo. Así es que ¡apunten! ¡fuego!, y a una vida acabada de empezar la truncaron en agraz.

Rebeca me escribe que el miércoles tendría tiempo para renovar su pasaporte, que se vence casi el mismo día que el mío. Me meto en la página web del consulado español en Düsseldorf, y lo primero que compruebo es que para renovar el pasaporte es inexcusable hacer una cita en lìnea nada menos que con una antelación de tres meses: la primera fecha libre sería a principios de agosto. La segunda cosa que compruebo es que con el consulado no se puede mantener contacto postal o telefónico. Sólo en línea. Tanto de lo mismo sería tratar con un robot. Y este es el momento en que decido pedir la nacionalidad alemana. La puedo conseguir fácilmente, tras 54 años de residencia continuada y con mis conocimientos del idioma. Y hacerlo de una manera cómoda, en el ayuntamiento barrial de Rodenkirchen, a siete paradas de bus desde acá. Nunca pensé solicitarla porque una vez cada cinco años, luego cada diez, iba con Carlitos al consulado, en su auto, hacía yo la gestión sin cita previa ni garambainas, y ½ hora después regresábamos ricamente a la civilización (Düsseldorf está en la orilla siberiana del Rhin). Pero jamás renové mi pasaporte debido a motivos patrióticos ni nacionalistas. Del patriotismo y el nacionalismo me curó a rajatabla el inferiocre, por lo cual le estaré siempre agradecido. Ea, pues, el lunes me pongo en campaña para sacar mi DNI alemán. Jawohl, Herr Bada!

En el cuadernillo de esquelas fúnebres de hoy, en el KStAnz, una con un epígrafe de don Borges: «Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca». En su tumba de Ginebra tendrían que haber parafraseado dos de sus versos más famosos: «A mí se me hace cuento que empezó la Buena Muerte, / la juzgo tan eterna como el agua y el aire». Harto más eterna que mi Güeno Saire querido que yyya no volveré a ver.

*******************THE END******************

9 COMENTARIOS

  1. Tienes razón, querido Ricardo. El tambor de hojalata es una de las mejores películas del siglo XX. Ninguneada en festivales. Pero no por los amantes del buen cine.
    Lamento que Camus no haya visitado México. Lo que habría escrito sobre su estancia…

  2. Espero que se te haya pasado el rebote. ¿Para qué quieres otra nacionalidad si ya tienes una?
    No olvides que es aquí donde está el Jardin de las Hespérides.

    • Yo no quiero ninguna nacionalidad. Quiero sencillamente un documento que acredite mi existencia desde un punto de vista legal y que sea fácil de adquirir, lo tengo a ocho paradas del bus. Para renovar el pasaporte español tendría que correr los 500 m vallas, y en cambio para el alemán sólo son 100 m lisos, sin cronómetro al que darle un infarto. La cuestión de la nacionalidad, mi querida Manu, es totalmente administrativa. Algunos la elevan a premisa de su personalidad. Yo no. Si acaso, soy europeo, y entretanto, y aun cuando la política me interesa bastante poco, me interesa más la que se hace en Berlín que la que se hace en Madrid. La que se hace en Berlín me afecta directamente, y a mis hijos y nietos. Por lo demás, de patriota no tengo nada; si acaso mi amor a Huelva, es decir, a mi familia y mis amigos allá, y a los recuerdos que conservo de mi infancia, adolescencia y juventud: más nada. E ainda mais, no renuncio a la nacionalidad española, sencillamente no renuevo mi pasaporte y punto.

        • Manu querida, no quiero polemizar (y mucho menos contigo) sobre una cuestión tan baladí cual es la expedición de un documento acreditativo de mi existencia como persona, un simple documento que necesito para moverme en el mundo y que no tiene absolutamente nada que ver con el desarrollo de mi vida ni con el lugar donde nací (a no ser como dato en ese documento). La nacionalidad –para mí nada más (nada más, sí) que una categoría administrativa– no me ha interesado nunca como seña de identidad. Y el patriotismo me lo erradicó de cuajo el inferiocre. Mi único patriotismo podría ser, si acaso, constitucional: la Ley Fundamental de la República Federal de Alemania.

          • Me refería a que los recuerdos de infancia y adolescencia no son poca cosa, nos acompañan siempre.
            Siento no haberme explicado mejor.

  3. Por aquí voy llegando, animado por el buen talante del columnista a quien de vez en cuando leo en EL ESPECTADOR, de Bogotá. Siempre ameno, con chispa y gracia andaluza. Me animó hoy especialmente el compartir con Ricardo la opinión sobre Andy Warhol. Pagar no sé cuántos millones de dólares o euros por ese cuadro de la Marylin me parece una estupidez supina pero no tan extraña a los tiempos tontos y peligrosos que vivimos. También me toca el tema de la nacionalidad y comparto el comentario de quien le dice: «¿y le parece poco?»; porque no es fácil renunciar a nuestra nacionalidad y menos justificado hacerlo por motivos políticos. Porque, como Neruda y con muchas más razones, los españoles llevamos a «España en el corazón» y de ahí no la podemos sacar ni nosotros mismos. Hay además otros motivos de empatía con Ricardo y de envidia: trabajé unos cuantos años en el Colegio Andino de Bogotá, Deutsche Schule, pero no aprendí el alemán como debía aunque sacara buenas notas en el Instituto Goethe, pero me quedó la admiración por su cultura y su gente, aunque no toda desde luego. Y una pregunta: Ricardo, ¿has leído a Galdós? ¿Qué opinión tienes de él? Cordial saludo y mis mejores deseos. Francisco (pero no el papa)

    • Gracias por leerme y por comentar. Me satisface pensar que no soy el único a quien no le han hecho caer en la trampa de que las mamarrachadas del tal Warhol sean arte. Y en lo que toca al tema de la nacionalidad ya creo haber dicho todo lo que tenía que decir en respuesta a los dos comentarios anteriores. Sólo una puntualización: ¿qué tiene que ver un documento expedido por un consulado o por un registro civil con lo que se lleva en el corazón? Y si vamos a cuentas, en mi propio caso particular y a lo mejor (o peor) intransferible, es mucho más lo que le debo a Alemania que al país donde nací. Por lo demás, en este diario he dejado muchas veces constancia fidedigna de mi amor por Galdós, a quien tengo por el novelista más humano que haya escrito en cualquier tiempo y en cualquier lugar. La humanidad en Galdós es tan intensa, tan proteica, que casi pasa desapercibida porque se la siente por completo natural. Compare usted a la señora Bonary con Fortunata: a lo que le pasa a la señora B., espléndidamente contado por Flaubert, asistimos como espectadores de un suceso que no nos va ni nos viene. Con Fortunata sufrimos, como debió sufrir Galdós con ella, con Marienala, con tantas otras. Galdós es uno de los muy pocos autores que sufre con sus criaturas sin caer, como Dickens, en el sentimentalismo lacrimógeno. A las que más se acerca la obra de Galdós es a aquella de los gigantes rusos, Dostoievski y Tolstói. Vale.

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