De mi Diario : Semana 22 / 2011

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Weiß/Colonia, 29.5. (2)

Yo creía que la de Elina Vere era la única estatua que existía dedicada a la protagonista de una de las seis novelas de esa que yo llamo “la saga del adulterio”: Madame Bovary (1856), Anna Karenina (1878), El primo Basilio (1878), La Regenta (1885), Elina Vere (1889) y Effi Briest (1896). Pero Ángeles, con quien platico sobre el tema, y hasta me dice que me lo quiere robar, me informa de que tiene «una foto con la regenta en Oviedo. Voy a ver que me la pongan en la máquina y te la mando. Es grandota, la regenta. y está en la plaza. Héctor y yo nos tomamos la foto con ella». Ahora me toca investigar a las otras. Es curioso que se produjeran tan seguidas estas obras maestras en Francia, Rusia, Portugal, España, Holanda y Alemania Y justamente enmedio, 1879, el estreno de Casa de muñecas. La realización de la mujer a través del adulterio o directamente la huida del hogar. Acerca de ello me gustaría pergeñar algún día un artículo, y lo único que me detiene es pensar que resulta tan, pero tan evidente, que ya lo tiene que haber escrito otro hace tiempo. Pero insistiré, porque me duele como en carne propia el destino de esas mujeres: la Bovary y Anna Karéñina –así es como se pronuncia en ruso– se suicidan. Eline Vere (muy desconocida en esa saga de las adúlteras, pero tan válida como la que más) muere de una sobredosis, no sabemos si voluntaria. Effi Briest, al expulsarla el marido de su casa y quedarse él con su hijo, enferma y muere. Y mi pobre Luisa, la más digna de compasión de todas ellas, cuando se da cuenta de que ha sido sólo un capricho sexual de su primo Basilio (que además la deja esclava de una sirvienta chantajista), muere de amor humillado, es decir, se deja morir sin remisión. En cuanto a Anita Ozores, basta [re]leer el último capítulo para darnos cuenta de que es una muerta en vida. Y Nora, no sabemos, pero no debió de tener una vida fácil en aquellas condiciones en que abandonó su “casa de muñecas”, marido e hijos. La reacción de los públicos que vivieron el estreno de la obra no presagiaba nada bueno para ella. Un tema, de veras.

 

Weiß/Colonia, 29.5. (3)

Nadie parece querer entender que anoche, entre las 20.15 y las 22.38, Diny y yo estuviésemos prendidos en la pantalla de un estudio y una interpretación de la 9ª de Beethoven, con la Wiener Philarmonie dirigida por Christian Thielemann. Se diría que fuese obligación ver la final de la Champions. Anda y que le den por culo al fútbol, carajo, de una remilputísima vez. Ese sí que está embruteciendo a la gente, y no internet. A mí me gusta el fútbol y soy del Barça, y en no habiendo una alternativa mejor los veo, pero habiéndola, mis prioridades las tengo muy claras. ¡Váyanse al carajo con su pane et circensis para intelectuales y sus babosadas sobre la prosa del ManU y la poesía del Barça!  En este albañal tengo que chapotear, hasta con los amigos. Ay

 

Weiß/Colonia, 29.5. (4)

Ana Nuño me envía el enlace con el artículo de Juan Goytisolo sobre la detención de Mladic. A vuelta de correos le digo que uno de los grandes orgullos de mi vida es el de ser amigo de él, desde 1981, sin solución de continuidad. Y lo que dice en su artículo clama al cielo: en La Haya tendrían que estar sentados al lado de Mladic, ya in absentia, Mitterrand, y en presencia John Major y el comandante en jefe de las fuerzas armadas neerlandesas en Bosnia, sus cómplices.

 

Weiß/Colonia, 30.5.

Mi Maruja del alma me escribe, no indignada, pero sí extrañadísima y hasta creo que irritada: «¿Cómo así que Atahualpa Yupanqui no es santo de tu devoción?  Pues el mío sí es. (…) Claro que para el estrato 6 no era, pero para la demás gente sí». Y yo le contesto: «Mira, yo no sé de qué estratos 6 ó 7 me hablas, Maruja querida, yo he sido siempre un lobo estepario. Y el tal Don Ata nunca me simpatizó. Ojo: no estoy diciendo ni que cantase mal ni que no fuese un gran artista. Todo eso es posible y yo nunca lo negaría. Yo simplemente estoy diciendo que hay gente que no me cae bien, y este Don Ata fue uno desde el día que vi el hermoso «Drume mobila» convertido en su insoportable «Duerme negrito», casi una metáfora de la vida del racista Michael Douglas. Y además, por razones de trabajo, estuve muy cerca de él a través de la persona de su mayor confianza, un uruguayo con quien yo trabajaba en la Deutsche Welle, y lo he podido observar muy de cerca: era un santón, como Saramago y Sabato, otros dos che te la voglio dire. Hacía ostentación de sencillez y de ser muy paisano, sí, sí. Pero al nieto de mi abuela no se la dan tan fácil con queso. Sorry, ya sabes de sobra que yo siempre digo lo que pienso y que no me duelen prendas. Lo sabes desde el día que nos conocimos, cuando te escandalizaste porque te dije que no me gustaba Lorca, y por qué. Un beso, pese a todo, porque la amistad está (y debe de estar) por encima de estas babosadas». Enter.

 

Weiß/Colonia, 31.5., primera hora del día (2)

A las 1.30 p.m. salgo con Carlitos camino de Fráncfort, para mi primer encuentro personal con Cinna, al cabo de cuatro años de estar emilieándonos. Lo asimétricamente divertido del caso es que cuando llegamos al Sheraton del aeropuerto y nos reunimos, Cinna y yo caminamos delante hacia el Käfer’s donde vamos a comer, mientras que Bety y Carlitos nos siguen, pero después de sentarnos, encargar la comida y los líquidos acompañantes de la misma, Carlitos y Cinna se enredan en un vis à vis al tiempo que Bety y yo nos la pasamos en grande contándonos historias de gatos. Pero ha sido un hermoso primer encuentro, a pesar de mi mal disimulada envidia al contemplar a este hombre de 86 años recién cumplidos que me hace parecer un carcamal. ¡Ay! Al regreso, Carlitos decide no hacerlo por la aburrida autopista, sino que bajemos a la orilla del Rhin y, aunque nos demoremos media hora, tres cuartos de hora más, lo hagamos gozando del paisaje del que llaman “el Rhin romántico”, entre Maguncia y Bonn. Y apenas llegamos al río y miro si se restableció la navegación normal, la primera gabarra que veo es una neerlandesa que se llama… ¡Shakira! Ya de camino le digo a Carlitos que pasaremos a un tiro de piedra de donde Marlies y Osvaldo, que por qué no los llamamos y les avisamos de que les caeremos allá para tomar un café antes de seguir viaje. Y no es un café sino una botella del mejor Sekt alemán, el Príncipe Metternich, y hasta querían que nos quedásemos a cenar con ellos, pero a Carlitos le iba a tocar entonces conocer el rigor del rodillo de amasar del Fantasmita, así es que agradecemos y de nuevo carretera y manta. Ya duerme el río cuando lo cruzamos por el puente norte de la autopista en Bonn. ¡Qué día más completo!  Un par de horas en cada caso con dos de los más privilegiados cerebros de América Latina y los no menos privilegiados de sus mejores mitades respectivas. Casi tendríamos que comunicárselo a la redacción del Guinness Book of Records.

 

Weiß/Colonia, 31.5.

Un senador australiano solicitó del gobierno de su país que le reclame a la FIFA la devolución de los 46 millones de dólares invertidos en la candidatura de Australia para el Mundial 2022. Arguye que teniendo en cuenta la corrupción interna en ese organismo, Australia no tenía la más mínima chance contra Qatar. Apoyo sin reservas al senador australiano, sólo me da un poco de alergia su nombre: Nick Xenophon. Espero que nunca llegue a ser ministro de Emigración.

 

Weiß/Colonia, 1°.6.

Ayer, almorzando con Carlitos en La Modicana unos espaguetis con mariscos, ¡¡¡*****!!!, conversamos largo sobre el suicidio, y desde entonces he estado reflexionando acerca de los suicidas que ha habido a lo largo de mi vida. Nicasio, en Huelva, alrededor de 1958: detenido en una redada de homosexuales, se mató con pastillas para no pasar la vergüenza de un juicio, en aquella época y en aquella España. Ans, la novia de Willy, que sufría depresiones brutales, se evadió de ellas colgándose en el armario de su apartamento. Mi primo Luis, otra víctima de espantosas depresiones, compra en una tienda de Madrid un cuchillo de carnicero, sale con él a la calle y se lo clava en pleno corazón. Jean Claude, un colega haitiano en la Radio Deutsche Welle, con quien trabajamos juntos en un radioteatro donde él interpretaba el papel de un perseguido político que moría en un atentado, al par de meses de la grabación se colgó como Ans, también en el armario de su casa. Y un administrativo de la misma DW, con quien a veces almorzábamos Populius y yo, fuera de la emisora, en alguna pizzería cercana, un tipo casi genéticamente anodino, súper pequeñoburgués y nonplusultra correcto, de quien hubiera sido difícil imaginar hasta un gemido de placer en un orgasmo, a los dos o tres meses del inesperado fallecimiento de su esposa es otro que se cuelga en el dormitorio común. El más terrible caso es el de mi vecino, del apartamento encima de este: Vernon Nelson se arrojó de madrugada, desde el tejado de la casa, lanzándose de cabeza (para mayor seguridad de que se partiría la cervical) delante de nuestra puerta: o yo o su esposa (los primeros en bajar a buscar el diario en nuestros buzones) seríamos quienes lo descubriésemos, y fue ella, pero además también yo casi de una manera simultánea, porque me había levantado a orinar, y acudí a la cocina a tomar un sorbo de leche y escuché el grito de mi vecina al descubrirlo y me asomé a la ventana, y ya. Y luego el suicidio de Jesús Arcensio, a quien tanto afecto le tuve y que tanto me apoyó en mi decisión de no hacer otra cosa sino escribir: un día se fue a Sevilla, al parque de María Luisa, se sentó en un banco frente a una pareja de novios que andaban muy amartelados, sacó una pistola y se disparó en el corazón. Y el año pasado Brigitte arrojándose al Danubio, y este año Juan arrojándose al Rhin. En todos y cada uno de los casos registro una irrevocable decisión de matarse, y esa es la única cuestión verdaderamente seria de la filosofía, como supo decirnos Camus. En todos y cada uno de los casos, no me cabe ninguna otra actitud sino la de sacarme el sombrero ante su valor y la congruencia de su conducta. Lo contrario sería ofender su inequívoca decisión. Enter.

 

Weiß/Colonia, 2.6.

Hice un experimento mandándole por e-mail, a once amigos twitteros, a las 4.33 p.m., el regalo de un trino. Héctor reaccionó desde el Hay Festival de Gales a las 4.38, sólo 5’ después del envío, repercutiendo mi trino con uno de su invención: «La lagartija es el tuit de un cocodrilo. O su resumen. O bien, dice Bada: «Un cocodrilo es una lagartija que ha leído a Nietzsche»». Y Ana María un minuto más tarde. [Chequeo hoy 4.6. antes de la ½noche, y el trino de HAF lo han retuiteado 48 seguidores, y 9 el de Ana María. No es poco el éxito para tan breve frase].

 

Weiß/Colonia, 3.6. (1)

Me llegó, cuidadosamente enrollada en un tubo de cartón la foto de cuando Eduardo VII visitó Dublín en 1903, la última vez que estuvo un rey inglés en Irlanda, siendo Irlanda todavía una colonia del Reino Unido: La otra isla de John Bull, como la llama Shaw en el título de una de sus comedias más disparatadamente paradójicas. La compré esa foto vía eBay gracias a mi cuenta de PayPal, hace unos diez días, y yo creía que se trataba de una postal, pero no, son las dos páginas centrales de un suplemento dedicado por una revista, The Sphere, a la visita real. Tiene un tamaño king size (noblesse oblige!), 55×32 cm, formidable para enmarcarla como una estampa antigua. Viéndola y admirándola me felicito del impulso que me llevó a comprarla.

 

Weiß/Colonia, 3.6. (2)

Estoy temiéndome que con Anahí, “la Lectora”, terminaré embarcándome en la aventura de un nuevo libro de límericks, Límeri de Bueno Saire, para titularlo como lo hablarían los personajes populares de Sabato en Sobre héroes y tumbas: «Lectora, no debés de andar al Tigre, / pero no que tu vida allí peligre, / sólo que muerto Borges / en vano es que te forjes / la ilusión de que Borges monte al tigre». Y ahora que la petiza ya se me ha mudado de Pilar a Retiro, este otro: «Se mudó la Lectora pa Retiro / y hasta allá la acompaña mi suspiro / de porteña nostalgia: / “La vida, ¡qué neuralgia!”, / como dijo una vez Robert de Niro». Ay ayme lo estoy temiendo, se me viene un nuevo libro encima.

 

Weiß/Colonia, 4.1., primera hora de la noche

Me tienen literalmente fascinado los mecanismos de la sedicente intertextualidad vía Twitter. Me deslumbra por ejemplo la ingenuidad auténtica y manifiesta de @animesa:    «A mí me interesa más que me aclaren si el gato salió de dudas y no tanto saber si la curiosidad lo mató», y me pregunto si @rioskat es tan inconsciente o desfachatada que pretende vendernos como propia una frase que es de otro (circula en la red desde hace meses): «El médico me mandó a hacer ejercicio. ¿Será que a los atletas los manda a leer?»  En verdad en verdad os digo que los espectadores lo pasamos mucho mejor que los intérpretes, pero eso en realidad no constituye una novedad, siempre ha sido así. Hace poco, Héctor recordaba que en la vieja Roma, si en una obra de teatro un personaje debía de morir, elegían para ese papel a un condenado a muerte y se lo cepillaban en escena. Linda manera, digo yo, de matar, literalmente, dos pájaros de un tiro.

 

Weiß/Colonia, 4.1. (1)

Diny se va a Maastricht, con Angie, Chico y Vincent, y yo me quedo en casa, para iniciar hoy el asalto final a Sabato, sólo me quedan ya Abbadón el exterminador y las memorias. Después de desayunar programo las cuatro sinfonías de Schumann, con Harnoncourt, y me pongo a trabajar, primero despachando el correo. Cuando suena la Renana, me detengo por un momento con las manos posadas sobre la mesa a ambos lados del teclado, absorbiendo esa hermosa melodía como una esponja. Me entra la tentación de agarrar la bici y salir a dar una vuelta por el Rhin, pero el deber me llama. A mediodía una pausa para prepararme una sopa stracciatella con tropezones (albondiguillas de sémola, empanaditas suabas), y en ese momento siento la llave en la puerta del apartamento y aparece Diny. ¿Qué pasó?  Que a medio camino de Aquisgrán se les pinchó una rueda y hubo que llamar al servicio de auxilio en ruta, una hora bajo el sol implacable que hace hoy (me enseña Diny los antebrazos morenos, mas no de verde luna), y una vez reparada la rueda ya no tenían ganas de seguir viaje, así es que ¡sus!, de vuelta a casita con el rabo entre las piernas. Me da pena por ellos, que tanta ilusión habían puesto en esta excursión. Pero me alegro de que no la planearan para mañana, cuando el servicio meteorológico tiene anunciada tormenta.

 

Weiß/Colonia, 4.1. (2)

8.45 p.m. El aire enrarecido, caliente, pegajoso. Anuncio de calígine. Creo que la tormenta va a llegar todavía esta noche. Y ojalá nos deje el aire fresco y recién lavado.

 

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5 COMENTARIOS

  1. Querido Ricardo: Nick
    Querido Ricardo: Nick Xenophon, en español, daría Alias Jenofonte, que a mí sí me parece un buen nombre para un primer ministro, aunque no se me ocurre ninguno tan sabio como el historiador griego.

    • No sé a quien debo el honor

      No sé a quien debo el honor del comentario, y es evidente que Nick Xenophon puede (y hasta seguro que debe de) traducirse como dices, pero yo cada vez que veo el prefijo «xenos», y más en la política, me echo a temblar. Vale.

  2. Te apoyo en lo del futbol

    Te apoyo en lo del futbol como una mera opción si ya las prioridades están resueltas.

    Ando también pensando en mis amigos suicidas y de uno justamente como tu Nicasio, pero este se suicidó por amor; se metió a la boca una manguera conectada al exosto de su auto y se quedó dormido. Yo le di la fórmula…Tenía 26 años.

    Tengo en mente una muy buena lista de actores para representar el papel del que debe morir en escena…

    • Me interesa la palabra

      Me interesa la palabra «exosto», que no la encuentro en diccionario alguno, y además soy completamente analfabeto en lenguaje automovilístico. A duras penas sé lo que es un volante, y no confundo el de los autos con los faralaes de un traje de flamenca. Gracias si me ilustras al respecto. Vale.

      • Vamos a ver si este sistema

        Vamos a ver si este sistema de mierda o código de validación, que llaman los dueños de la revista, deja que te llegue la respuesta sobr la palababreja «exosto» que con seguridad dedujiste por asociación de ideas. Exosto tiene su origen el el inglés «exhaust» que al español va como tubo de escape y en algunas partes, por lo menos de mi región, antioquia, también lo llaman exosto, o simplemente escape.

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