De mi Diario: Semana 22 / 2014

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Las flores del nacionalismo no son ni las del bien ni las del mal, son de la especie      espermatofétida gilipollidónea.

 

Weiß/Colonia, 25.5.

0:10 am : Repetición, sin segundo partido de desempate, de la final que el Atleti perdió en 1974 contra el Bayern Múnich. Aquí el empate vino en los minutos de descuento. Y también esta vez  ha sido un defensor quien sentenció el match. De todo me entero a posteriori en un informativo de la tele, el partido no quise verlo porque supe que iba a sufrir, y no es eso lo que necesito en estos momentos. Además de que, en realidad, tengo cerradas mis cuentas con el fútbol: si no es sufrimiento, es aburrimiento. Y para sufrir ya están los hinchas. Y para aburrirme pues casi mejor leyendo a Javier Marías. Aunque no, ¡por Dios!, para todo hay un límite.

 

Me levanto por primera vez sin achaques, al cabo de trece días. Al sentarme al desayuno parezco un científico ante una batería de instrumentos de prueba. El egg coddler ya abierto, el salero junto a él; un cilindro de papel de estaño conteniendo magnesia en polvo y unas tijeritas al lado para abrirlo; un vaso colmado de un cóctel de frutas y legumbres; el frasco de la miel; la taza del té; la tetera; un cuchillo (ignoro para qué), dos cucharitas (la de metal para el té, la de plástico para el egg coddler). Sólo falta en fondo la balada de “El aprendiz de brujo”. Y como soy un esteta, busco el DVD de Fantasía y lo programo para ver/oír la música de Paul Dukas mientras desayuno. Aunque Stokowski dirija la orquesta. A DVD amortizado no se le mira la batuta.

 

Toda la mañana trabajando, me parece increíble. Una buena siesta a su hora reglamentaria y me levanto de nuevo dispuesto al trabajo. Si esto sigue así, mañana estaré sano. La única sombra en el panorama es que a las 10:30 am tengo cita con el dentista, aunque, eso sí, ya me lo advirtió su asistenta: que cuente con mucho tiempo por delante, lo que va a hacer es tratar de matutearme entre dos pacientes con citas fijas, de lo contrario tendría que esperar unos diez días más.

 

Weiß/Colonia, 26.5.

De camino al dentista, en la esquina del camino que colinda con las huertas familiares, parado en la acera, un grupo de niños, entre ellos Henri. Los han sacado las monitoras del Kindergarten para enseñarles en la práctica cómo cruzar las calles, mirando a ambos lados antes de hacerlo. Le digo que estoy yendo al dentista, que si quiere acompañarme, y deniega sonriendo. Es el primer rayo del sol en este día gris y pesado, y al mismo tiempo casi frío, cuando uno esperaría calor.

 

Donde el dentista (ventaja de tener un seguro privado) no tengo que esperar mucho, al contrario de lo que preveía, y él es rápido y preciso. Hay que sustituir una corona. Me mandará un evalúo de costes –para que lo apruebe mi seguro– y me receta un ungüento que deberé aplicarme tres veces al día en el lugar del crimen, hasta el martes 11, cuando nos volveremos a ver las caras.

 

Arcángeles tercia en el diálogo que mantuve por email la semana pasada, acerca de los acentos, y me dice: «¡Pero Ricardo, la diferencia entre el modo en que habla nuestro Abad Faciolince y cómo hablan los caribes, es enorme! Y si nos descuidamos, los bogotanos hablan distinto de él. Aunque más parecido que los caribes. «Oye, ven acá», dicen ellos». Le contesto que sí, que «efectivamente, si estoy entre colombianos bien pronto percibo que un paisa no habla como un costeño, ni un rolo como un pastuso, lo mismo que si se trata de argentinos, enseguida percibes si hablas con un porteño o con alguien del interior, sooooobreee toooooooooodooo siiiii es deee Cooooooórdobaaaa. Pero siempre hay un «bajo continuo» nacional que hace que cuando hablan en el extranjero se autoidentifiquen pese a su acento regional. Sin ir más lejos, en el bus con el que viajo a Rodenkirchen (de compras, al banco, a la oficina postal) o bien a Sürth (a la casa de Montserrat) me encuentro a veces con tres mexicanas, con las cuales intercambié ya algunas palabras, y una es de Chiapas, otra de San Luis Potosí y la tercera es regiomontana, pero yo las identifiqué fonéticamente, antes de saberlo, como mexicanas. Lo que no conseguí es que ni una  sola de las tres me creyera que soy español, seguramente piensan que lo digo para presumir.

 

Weiß/Colonia, 27.5.

Esperando a Carlitos para ir a La Modicana me tiendo 40’ y cierro los ojos. No tiene nada que ver con el estómago, el hígado o la depresión (sea ello lo que fuere que padecí hasta el sábado, dos semanas largas como el Credo); no, sencillamente tiene que ver con la infeliz coincidencia de un tiempo gris y pesado + el déficit de sueño que arrastro desde que cambié de régimen a raíz de la visita al Dr. Ruppert el jueves: irme a dormir a las 2 en vez de a las 3 am y ni una gota de whisky. Resultado: que me despierto antes de las 4 am, voy al baño, regreso a la cama y ya no logro conciliar el sueño sino a trechos, con el consiguiente peso en los párpados durante el día. De todos modos, creo que estoy en el camino de la mejoría. Y si no, joderse y aguantarse.

 

Hoy no estaba la signora, que se ha tomado unas breves vacaciones. Pero Flavio ha heredado la buena mano de su madre para los espaguetis; los suyos de hoy, con atún y gambas, sobrepasaron bastante al 7 en la escala Mancinone. Bravo, Flavio. Y luego una larga siesta de dos horas: se ve (se siente, se palpa, lo siento, lo palpo, lo vivo) que el cuerpo estaba necesitándolo.

 

Weiß/Colonia, 28.5.

Con Colombia mirando ya la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, encuentro un tuit que me desconcierta: «La solución contra el abstencionismo es que las elecciones sean por TV, que la gente vote por celular y que les cobren el mensaje». ¿Cobrarle al ciudadano por su voto es una solución contra el abstencionismo, no será más bien un incentivo para abstenerse?  Pues tal parece que no, José María me desasna desde su beatus ille en Arboletes: «Como ni tú ni yo vemos reálitys, ni «Yo me llamo«, claro que no sabes qué es esa vaina. En el programa «Yo me llamo» un concursante interpreta a un cantante, digamos Serrat, Nino Bravo o cualquier otro. La cadena de TV que hace el programa, aliada con otra de telefonía, propone la «participación» del «querido público televidente» con una llamada al programa con un código que representa a c/u de los concursantes, y esto, por lógica  mercantil (que el televidiota ignora a sabiendas con tal de participar), tiene un costo que no es barato; digamos que en Colombia equivale a casi un dólar cada llamada. Así y todo, en el último reálity de esos, en la final hubo casi 16 millones de llamadas y el ganador obtuvo más de 6 millones, que comparados con los que obtuvieron los candidatos a presidente, son muchísimos más. ¿Te queda claro?» Por supuesto que me queda claro, hasta diría que me queda aún más claro cuánto avanzó el Plan de Infantilización Masiva, de la CIA, sobre el cual alerté a la Humanidad en 1968. Claro está que como fue en el diario Odiel, de Huelva, mi grito de alarma no parece haber encontrado mucho eco.

 

Descubrí otro tuit colombiano que decía «¡El nuevo sueño americano es vivir en Uruguay!» y se lo reboté a todos mis amigos orientales. SP me escribe desde Montevideo al recibirlo: «Es muy gracioso que el Uruguay se haya puesto de moda y nosotros vivimos rezongando, por el frío, por lo caro que está todo, por los ómnibus, por los impuestos, y porque un inglés avieso lastimó a nuestro Luisito (eso es lo peor de todo). También por la inseguridad, porque los montevideanos, al menos, tienen la percepción de que viven en el Chicago de los años veinte, y no hay encuesta internacional que les asegure lo contrario de lo que creen». A lo cual no me queda más remedio que contestarle: «Andá y contale todo eso a los marihuaneros del resto del Continente». 

 

Me llega desde Huelva, documentada gráficamente, una frase de un catalanista de piñón fijo: «Mis hijas no entienden el castellano porque tienen prohibidas las televisiones españolas en casa». También aquí oficio de trampolín y se la reboto a mis amigos españoles con esta apostilla: «El problema grave para esas niñas no es que aprendan inglés en vez de castellano, sino que van a ser eternamente semiextranjeras en un país bilingüe». Y luego pienso que si ese padre cerril fuese alemán y hubiera publicado acá ese tuit, antes de que transcurrieran 24 horas recibiría la visita de dos miembros de los tribunales tutelares de menores para notificarle que se quedaba sin la patria potestad sobre sus hijas, por autoconfesada crueldad mental, amén del recorte unilateral a sus derechos como ciudadanas. Y se me ocurre un tuit : «Las flores del nacionalismo no son ni las del bien ni las del mal, son de la especie espermatofétida gilipollidónea».

 

Weiß/Colonia, 29.5.

Repasando mis anotaciones de ayer en este diario me doy cuenta de que podría parecer que fue para mí un día de esos que un francés llamaría “Un jour à la politique”. Lo que pasa es que me olvidé de registrar cómo es que vimos juntos, Diny y yo, en el canal Arte, Monsieur Lazhar, una peli que nos dejó mudos. Tengo que volverla a ver, no una, sino varias veces.

 

El lunes, al ir a la consulta del dentista, me llevé un libro que me trajo de regalo Javier la semana pasada, Caricaturas y retratos, de Julio Camba. Lo he leído de dos sentadas, y con ello por fin reanudo las lecturas en que andaba metido antes de la depresión (o lo que sea, todavía no me ha llamado el Dr. Ruppert con el resultados de los análisis de sangre), reanudo el contacto tan fértil –y desde luego alternado– con los voluminosos libros de Vélez, Raddatz, Deschner. Y añado a ellos otro más en una edición no venal, uno sobre Pablo Palazuelo que también me trajo y regaló Javier, una verdadera joya bibliográfica.

 

Anotado de Julio Camba en su retrato de Bergson: «Los filósofos alemanes están en sus libros como las fieras en sus jaulas. Se les ve de lejos, se les oye rugir, pero nadie se acerca». Y esta otra, también sin desperdicio: «En el mundo tiene mucha más importancia ser criada de Anatole France que pertenecer a la Academia Española de la Lengua. Es decir, que a un lector de Berlín, de Londres o de Nueva York no le extrañaría ver en su periódico este título [sic]: “Lo que dice la criada de Anatole France”, mientras que le extrañaría mucho ver este otro: “Lo que piensa Octavio Picón”». Me pregunto a qué académico actual hubiese mencionado, de haber escrito su texto en 2014 y no en 1912. Yo podría sugerirle una terna en la cual elegir infaliblemente.

 

Weiß/Colonia, 30.5.

2:20 am : La serie policial belga con el comisario Van In, en Brujas, me gusta más a cada nuevo episodio. Tengo que ver si están traducidas las novelas al alemán, si no le pediré a Diny que me traiga un par de ellas en neerlandés, cuando la semana próxima viaje a Bélgica a pasar unos días con Willy.

 

Subo al bus rumbo a Rodenkirchen para ir al banco y la oficina postal, y también para hacer un par de compras. Antes de sentarme registro que hay unos diez pasajeros, asimismo sentados, y todos solos menos una pareja de mi edad, aproximadamente.

1.ª parada: suben un africano y una rubia de menos de 20 años, con unas caderas tan poderosas que podría parir ella sola el coeficiente demográfico anual de todo el pueblo;

2.ª parada: sube con su celador un chico con síndrome de Down, de uno de los dos centros de atención a discapacitados mentales del pueblo, el que está por aquí cerca;

3.ª parada: suben un joven de bluyíns descaderados y una señora ensimismada, ambos con los auriculares puestos;

4.ª parada: sube una pareja ya mayor (quiere decirse, mayores que yo);

5.ª parada: baja una anciana que venía en el bus cuando me subí a él;

6.ª parada: suben cinco estudiantes del mismo gimnasio de Paul;

7.ª parada: suben cinco señoras que vienen cargadas con bolsas, y un hombre joven cargando un árbol algo grande plantado en una maceta;

8.ª parada: me bajo aquí, en la Maternusplatz, sin haber pagado. Viajar gratis en los transportes públicos, en Colonia, es una cuestión de sangre fría, estudio fisionómico–sicológico & claro está que también «a little bit of luck», como diría el viejo golfo de Alfred Doolittle en My Fair Lady, y antes en Pygmalion. Claro está que sí, por supuesto. Pero en este viaje lo tuve muy fácil.

 

Los futbolistas y la aritmética frecuentemente se desencuentran. Tres de esos desencuentros los he podido convertir en tuits. «Creo que Alemania, Francia, España, Holanda e Inglaterra se encontrarán en las semifinales con Brasil». (Pelé, 2010)  «Una liga difícil. Liverpool, ManUn, Arsenal se reforzaron, y Tottenham también cuenta en el cuarteto de los 5 mejores». (Cole, del Chelsea)  «En esa jugada estábamos en desventaja numérica, dos contra dos». (Rost, arquero del Hamburgo SV)   Hay un cuarto que se muestra reacio a los 140 caracteres por lo que debe explicarse acerca de su protagonista: Helmut Rahn [a] “El jefe” marcó el gol con que Alemania  venció por 3:2 a Hungría en la final del Mundial del 54, en Suiza, y así se convirtió en un héroe nacional al que se le perdonaba todo, hasta conducir borracho. Llegado el momento de renovar su contrato con el Rot–Weiss–Essen, el equipo donde alcanzó la internacionalidad, la directiva le ofreció subirle el sueldo en una ¼ parte. Pero Rahn rechazó de plano la oferta y dijo que no se conformaba con menos de la ⅛ parte. ¡Y Pitágoras tronchándose de risa en su tumba!

 

Weiß/Colonia, 31.5.

Willy nos invitó a pasar unos días con él en el apartamento que ha alquilado para tomarse unas vacaciones en la costa belga, cerca de Oostende [su nombre flamenco, que significa “el fin del Este”]. Aunque Diny quería que la acompañase, desde el vamos le dije que yo no iría, y viendo que no me convencía condicionó su viaje al resultado de los análisis de sangre que me hizo el Dr. Ruppert el jueves 22. Lo llamo al Dr. Ruppert y no se encuentra en Colonia, así es que sabré los resultados recién el lunes, de manera que soy yo quien convence a Diny de que sí debe viajar a Bélgica, todo lo más que puede pasar es que a su regreso me encuentre hospitalizado o muerto, pero «contra el Destino nadie la talla», le argumento, sin cantarlo, porque sonaría a cachondeo.

 

Voy con Diny a la estación central, donde comprar los billetes para su viaje, de martes a viernes, a la costa belga. Y después de comprar los billetes, increíblemente baratos gracias a una oferta encontrada por el diligente funcionario que nos atendió, Diny paga un seguro suplementario de 6 € por si acaso no puede hacer uso de los mismos (debe seguir reinando en la idea de que los resultados de los análisis van a ser terroríficos). Luego, con el Metro, a Neumarkt, para comer en el italiano del subsuelo de Karstadt. Diny encarga su habitual hígado a la veneciana, ¡pero con la cebolla frita, caramelizada si puede ser!, y yo, por primera vez en varios años, no encargo la sopa de pescado que ya iba apuntando el camarero, sin preguntarme, sino espaguettis a la marinera. Cuando me los trae, protesto: «Yo le encargué espaguettis con pescado y marisco, no marisco y pescado con espaguettis». Como ya me conoce, se ríe y me desea buen apetito. Devoro el plato hasta el último bocado y no lo arrebaño porque me comí todo el pan del antipasto, regado con abundante aceite de oliva y rociándolo con sal, y me da una cierta vergüenza pedirle un  par de rebanadas más «per fare la scarpetta». Regreso a casa y una larga siesta hasta las 7 pm, tiene que venir Diny a despertarme. No ceno, sigo saciado por esos espaguettis memorables. Pero cabalgo 10’ a la Kate, hago una tabla de gimnasia para desentumecer los músculos de la espalda, y luego avanzo en la lectura de los diarios de Raddatz, como ayer en los libros de Deschner y Vélez. ¡Qué inteligente y qué sabio de pluma es Raddatz!  A García Márquez, con quien se encuentra el 25.8.1987 en el Ritz de Barcelona, lo desmonta como persona sin decir una sola palabra en contra suya. Lo de que el Sur de Faulkner se parece un poco a “su” Caribe, es de antología.

 

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