De mi Diario: Semana 23 / 2013

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2:00 am Ver Brujas ¿y después morir? es una sabia y caótica mezcla de policial, melodrama y  humor negro británico. O lo tomas o lo dejas. Yo lo tomo. Y lo disfruto cada vez que la vuelvo a ver y al mismo tiempo recuerdo que fue en Brujas donde Diny & I celebramos nuestros veinte años de casados

 

He podido comprobar, por las preguntas que me llegan vía email, que son pocos los lectores de este diario que se dan cuenta de que está sembrado de hipervínculos que amplían o ejempllifican lo dicho en el texto. Me cuesta harto trabajo buscar los correspondientes enlaces e implementarlos. No me dejen la impresión de que aro en el mar. Vale, y gracias.

 

Weiß/Colonia, 2.6.

2:00 am : Ver Brujas ¿y después morir? es una sabia y caótica mezcla de policial, melodrama y  humor negro británico. O lo tomas o lo dejas. Yo lo tomo. Y lo disfruto cada vez que la vuelvo a ver y al mismo tiempo recuerdo que fue en Brujas donde Diny & I celebramos nuestros veinte años de casados, cuando fuimos a Gante cinco días con los niños, en julio de 1986. Bueno, tan niños no eran ya, Rebeca iba camino de los 19, Chico de los 18, Montse de los 16. Pero sí, para nosotros eran, todavía, “los niños”. Y los llevamos con nosotros a vivir en Gante la experiencia ”Chambres d’amis”, que es una de las exposiciones de arte contemporáneo más maravillosas que hayamos visto, y el día 2 nos escapamos a Brujas para festejar el aniversario con un recorrido turístico comilfó y unos mejillones con pommes frites en un buen restaurante flamenco. Lo cual es una tautología.

 

Desayunando, invité a Diny a almorzar en el chino, para que no se pusiera a cocinar, pero hubo que desistir porque después me sentí indispuesto y tuve que acostarme hasta el mediodía. Por la tarde, y hasta la cena, sólo tomé té de tila. Y de cena espárragos biológicos (semejante adjetivo es una tautología, pero sea) con papas cocidas y salsa de berros. ¡Espárragos biológicos!

 

El río deslumbrante. Es curioso, y reconfortante, pensar que me sigue deslumbrando a más de cuarenta años de la última vez que la leí, aun cuando decir que la releí es muy poco, tendría que decir que la fui poniendo en escena mientras lo hacía. Es ese valor añadido que llevan ínsito las obras de teatro para quienes sabemos leerlas como tales, y no como simple literatura. ¡Puah!

 

Weiß/Colonia, 3.6.

Como compensación por la frustrada invitación de ayer, llevo a Diny a almorzar en el chino.  Aprovechamos el viaje a Rodenkirchen y compramos los boletos para nuestros autorregalos de cumpleaños: nos invitamos recíprocamente al espectáculo Tanguera, que actuará en Colonia del 16 al 28 de julio, a mitad de camino entre nuestros respectivos aniversarios. El empleado de la boletería nos entrega las entradas para [sic] Tangüera, y me callo la corrección fonética porque ya es una hazaña que al ver escrito “tanguera” no haya pronunciado “tangüra”. La transcripción de las vocales ä ö ü como ae oe ue, para los idiomas que no disponen de diéresis, tendría que haberle inducido a hacerlo. Yo he llegado a leer una vez en el diario que fundó Marx cómo es que un barco alemán había sufrido una avería en un puerto del sur de España llamado Hülva. De no haberlo visto con mis propios ojos, nunca me lo hubiese creído.

 

Es curiosa la observación que hace el Dr. Johnson, en una isla de las Hébridas, acerca de los tejidos textiles. El tema de la conversación es la ropa de cama escocesa, y el doctor argumenta que «los tejidos de origen animal son por lo común menos limpios que los de origen vegetal. La lana, de la que se hace la franela, es un producto animal; la franela es por ello menos aseada que el lino. [] A menudo he pensado que si tuviese un harén, mis mujeres tendrían que vestir de lino o de algodón, en todo caso tejidos vegetales. La seda no la toleraría; nunca se sabe si está todavía limpia: ha de ponerse mugrienta para que se note; [en cambio] el lino deja ver cualquier rastro de suciedad». Macqueen, uno de los contertulios, le pregunta entonces si admitiría en el harén a Boswell, su biógrafo y compañero de viaje, allí presente. «¿Por qué no? –le responde el doctor–, siempre y cuando se dejase castrar. Sería un excelente eunuco, a fe mía».

 

Weiß/Colonia, 4.6.

Me despierto y veo los dígitos en el despertador sobre la mesita de noche de Diny, son las 3:37. No puede ser, hace no sé cuánto me levanté para aliviar la vejiga y eran las 7:04. Alzo la cabeza y descubro que Diny, al levantarse, debe haber movido un vaso que hay en la mesita y que ahora tapa parcialmente el 9 de las 9:37 y lo convierte en un 3. Me relajo tanto que decido seguir entre sábanas hasta la hora que es la capicúa doble por excelencia, las 10:01.

 

Carlitos y yo buscamos a Henri en el Kindergarten, le endoso el cinturón de seguridad en el asiento trasero del Citroën y se lo llevamos a Montse. De camino le pregunto que cuántos años tiene y no me dice 3 sino 4, le corrijo y le pregunto si ya sabe contar hasta 10, responde que sí y empieza, pero cuando va por el 6 le interrumpo: «Y seis son los años que hoy cumple Meggie, ella es el doble de vieja que tú». Se extraña Carlitos: «¿Meggie?»; «La gata», le explico. 

 

Ayer olvidé consignar que el canal Arte ha comenzado a transmitir un largo reportaje dividido en tres capítulos, sobre Madagascar, uno de los escenarios más excepcionales en cuanto a flora y fauna en todo el planeta. Allá viven especies que no se conocen en ningún otro lugar, pero en tal cantidad que si Darwin se hubiese quedado a vivir allí hasta el resto de sus días, entonces sí que nadie se habría atrevido a refutar su teoría. Dos de tales especies se me quedaron grabadas en la memoria. La primera de ellas fue el escarabajo jirafa que los alemanes, más precisos en la taxonomía, llaman escarabajo cuello de jirafa, y me hizo recordar a una de mis tuiteras favoritas, desaparecida de Twitter como si se la hubiera tragado un agujero negro virtual*. Y la segunda fue una mangosta en celo aupada en la rama de un árbol: son tan refinadas que le hacen honor al género; se encaraman a la rama y esperan al macho, y cuando uno llega, si le gusta, accede a la cópula, pero si no, se traslada a otra rama que no soporte el peso de ambos y, en consecuencia, el macho se cae al suelo. ¿Será esto un índice de lo que Goethe llamaba “el eterno femenino”?

[* Gran rasgo de humor suyo: desapareció de Twitter el 18.5., y reaparece justo al día siguiente de mi anotación, el 5.6., con este simple mensaje tan elocuente por lo tácito : Juana Jirafa @juanalajirafa : Pfff, casi no encuentro cigarrillos].

 

Weiß/Colonia, 5.6.

Se ha vuelto ya una dulce costumbre la de ir a buscar a Henri al Kindergarten y traerlo a casa con su manita confiada en la mía. [Escribo “dulce costumbre” y al hacerlo me doy cuenta de que, sin quererlo conscientemente, me estoy citando, es algo que ya dije en un poema que le dediqué a Diny en nuestros primeros meses de casados: «alguna vez que fijo / mis ojos en la dulce / costumbre de tu cuerpo, y me sonrío / de yo no sé qué»]. 

 

El cartero me trae un envío certificado. Son los dos últimos libros publicados por Gaby, me los mandó el 1° de abril desde Cochabamba, según se desprende del matasellos en las estampillas. El sobre llega abierto y cerrado luego con cinta scotch. Y la pegatina verde indicando que la Aduana tedesca lo abrió de oficio. Hace poco Rolando me contaba que los envíos que le hacían de Europa le llegaban igual. La histeria le va ganando la mano a la razón. Entre los gringos el coco es el terrorismo, acá es la droga. Qué bueno que cada vez me quede menos tiempo de estar en este mundo estúpido.

 

Llamo a Nono, en Lauenbrück, para saber cómo le fue a Cheme en la operación que iban a hacerle ayer, pero no está en la casa y hablo con Esperanza, su hija, y me encanta charlar con alguien cuyo idioma natal en verdad es el alemán, pero pronuncia el español con inconfundible acento de Granada. Es decir, de Graná. Pasa igual con Rebeca, Chico y Montse, me hace gracia oírlos hablar en español porque lo hablan con acento de Huelva, el que aprendieron durante sus vacaciones infantiles de verano, con mis padres, y con sus amigos en Aljaraque y Punta Umbría, ese acento de Huelva que a mí ya no me sale ni cuando telefoneo con la Nena o mis sobrinas.

 

De camino al centro, desde el tranvía, admiramos al Rhin en su anchuroso esplendor vacío, las aguas van tan crecidas que se ha suspendido la navegación. Es una imagen tan inusual que por un momento cree uno estar viviendo una escena de una peli de ciencia ficción. Vamos al antiguo cuartel de los bomberos, convertido en centro cívico y donde esta tarde actúa una compañía de teatro colombiana, Barracuda Carmela. Significa el reencuentro con muchas amigas a las que no veíamos desde hace meses y meses, Indira, Lukas, la profesora Volckmann, Catalina (que me trae la obra poética completa de su abuelo, recién aparecida en una edición íntegra en México); también Alberto Pontón y la niña Andrea, tan querida. La obra se titula Reparar: detenerse para seguir caminando, y su propuesta es una «visión crítica de la difícil tarea de subsanar las heridas dejadas por el conflicto armado en Colombia». Santo y bueno, pero el exceso de simbolismo es un peso muerto sobre el conjunto de la puesta en escena. Tampoco el sonido colaboró a la buena recepción. Apenas concluida la obra, bajamos al restaurante y, a pesar de la buena temperatura, no nos sentamos en la terraza, sino dentro, donde somos los únicos parroquianos, aunque al rato se nos une Andrea. Charlamos tomando unos vinos hasta casi las 11 pm y pareciera que hoy es el día de los reencuentros; en el tranvía de vuelta a casa, en la parada de la catedral, se nos unen Gertrud y Gernot, a quienes tampoco veíamos desde la anterior muerte de obispo. A Gernot le tenemos un gran afecto porque fue el maestro predilecto de nuestro Chico, y aunque chocamos en política (él es socialdemócrata y yo de izquierda), eso jamás ha afectado nuestra amistad. 

 

Weiß/Colonia, 6.6.

Citando de algo que ha leído recientemente, José María me escribe desde Arboletes que «no es de extrañar que en las librerías la sección de Autoayuda se encuentre siempre al lado de las de Religión y Filosofía. Lo extraño es que no estén las tres al lado de la de Cuentos Infantiles». A lo cual le contesto que algún año, allá por 197ytantos, en la Feria de Fráncfort, en el pabellón del Instituto Nacional del Libro Español, al volumen de prosas de Peter Handke Bienvenida al Consejo de Administración, lo habían ubicado –congruentemente– en la sección de Ciencias Empresariales. Fue Víctor Canicio quien lo descubrió y quien me llevó a verlo porque pensé que me quería gastar una broma. Hasta hizo una foto, creo, para documentar tamaña epifanía.

 

Prácticamente todo el día encerrado a cal y canto en mi pieza, componiendo el largo artículo dedicado a Cortázar que me pidieron de El Espectador, para un suplemento cultural especial que sacarán el lunes, festivo en Colombia.

 

Weiß/Colonia, 7.6.

Leo en el diario que a la edad de 91 años ha fallecido Esther Williams. Para los de mi quinta, EW es el paradigma de la mayor cantidad de carne femenina desnuda que toleró el franquismo en el cine. Fue mucho después que supimos cómo es que la guerra mundial acabó con su carrera deportiva, que la llevaba derechita derechita a la Olimpiada de 1940 en Tokio (o bien Helsinki cuando Tokio renunció en 1938 a ser sede, a causa de la guerra chino–japonesa). Lo que iban a ser medallas de oro fueron películas donde se creó un género nuevo, el musical acuático. Desde luego la más famosa de sus pelis fue la primera, Escuela de sirenas, pero lo que más recuerdo de EW es la prodigiosa escena submarina de Dangerous When Wet [título que hicieron muy bien al traducirlo como Una chica de fuego, porque la traducción literal, Peligrosa cuando se moja, es de lo más equívoca]; esa escena increíble donde Tom y Jerry escoltan a EW con la misma gracia simétrica que el elenco íntegro de La hija de Neptuno, y donde se nada, se canta y hasta se bebe champagne bajo las aguas. Y después de todo ¿por qué no?, ¿es que acaso no cantan las sirenas de Wagner, en El oro del Rhin, desde el fondo de las aguas del río?, ¿por qué va a ser Hollywood menos que Bayreuth? Dos fábricas de mentiras, nada más y nada menos. Y además Hollywood más cerca de la “obra de arte completa” de lo que nunca pudo llegar el enano antisemita.

 

Weiß/Colonia, 8.6.

Me pregunta Ana, desde Medellín, que si conozco el cine de Chris Kraus, de quien acaba de ver dos pelis que la han impresionado mucho, en especial Shattered Glass. Le contesto que es muy bueno: «Esa peli de la que me hablas, Scherbentanz [en alemán, algo así como La danza de los añicos de cristal], claro que la conozco, pero no es la que más me gusta de él, sino otra que se titula Cuatro minutos, no sé si es la segunda suya que ya viste, o bien El Einstein del sexo, que tampoco es mala. Y la última, Poll, no te la debes perder. Kraus tiene incluso alguna peli en una de las series policiales de TV más famosas de Alemania, la de la comisaria Bella Block. Y es un fenómeno curioso, que de los grandes directores alemanes contemporáneos, incluyendo los que han triunfado en Hollywood, ninguno ha dejado de hacer algún que otro episodio de tales series, y esas son joyas desconocidas fuera de Alemania». También le cuento que uno de los guionistas de Kraus es Pepe Danquart (alemán que se autorrebautizó como Pepe), amigo mío de los tiempos en que yo era periodista en activo; lo conocí en el festival de cine ecológico, del Puerto de la Cruz, en las Canarias, cuando fui miembro del jurado. Muy poco después, Pepe ganaría en 1994 el Oscar al mejor cortometraje del año con uno que es una gozada y, al mismo tiempo, una de las más sabias reflexiones, o mejor dicho, refracciones, acerca de la xenofobia. 

 

Los Bada Scholz se autoinvitaron a comer e hicieron su aparición alrededor de las 6 pm, con hambre, venían de la piscina. En la sobremesa convenimos festejar juntos mi cumpleaños (el 10) y el de Vincent (el 11), toda la familia, el próximo sábado. Y después de que les cuento casi los guiones completos de cinco pelis que les recomiendo, se van llevándose otros tantos DVD y, para escaneármela en su casa, la quinta postal de Cortázar, que reapareció milagrosamente entre mis papeles mientras trabajé el jueves en el artículo para El Espectador.

 

Curioso, el problema que tenemos Diny y yo con el blog de SBJ es que rechazamos íntimamente su avatar. No es una foto suya sino uno de los cuadros que más amamos de Gerhard Richter, y él es uno de los pintores que más amamos, y ese cuadro tiene para nosotros connotaciones muy especiales, tan personalizadas que en ningún momento conectan con nuestra amiga tan querida y, por lo mismo, convierten en un contradiós abrir su blog y ver ese avatar. Por supuesto que es irracional, pero contra lo irracional es contra lo que menos puede uno alzarse en armas. Además, si nuestra amiga fuese fea lo entenderíamos, pero carajo, es que se trata de una mujer guapísima.

 

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