De mi Diario : Semana 23 / 2021

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Weiß/Colonia, 30.5.

1:40 am : He vuelto a  ver Relatos salvajes y a gozar con ella, apreciando detalles que la primera vez tal vez los capté pero de manera subcutánea. Esta vez, por ej., me di cuenta de que la ½ de la peli, o sea: tres de los episodios tienen que ver con autos y unos problemas derivados del tráfico. También he estado recapacitando que tan sólo he visto, con ella, cuatro pelis en episodios. Fue la primera O.Henry’s Full House [Cuatro páginas de la vida], con cinco episodios derivados de cuentos de aquel genio que se llamó O.Henry, aunque en la versión española sólo vimos cuatro; luego Boccaccio 70 y años después otra italiana, pero con título inglés, Woman Times Seven [Siete veces mujer], con la proteica Shirley McLaine en siete papeles distintos. Una buena peli de episodios es como un buen libro de cuentos, ¿por qué se hacen tan pocas así?

Le pedí a Diny que me hiciera espaguetis con aceite de oliva y ajo, y con camarones del Mar del Norte, esos chiquiticos que parecen como escamas de salmonete. Hhhhmmmmmmmmmmm, di en el centro de la diana, qué delicia de plato.

Desde Caimanópolis me escribe mi buen Samuel: «Después de leer tu diario, donde mencionas a Kapuściński, y leer el enlace a El Semanal de La Jornada, y a riesgo de romper el encanto, no me aguanto las ganas de preguntarte que respondió RK a tu pregunta donde mencionaste a Rulfo. Por cierto muy bella historia; la disfruté mucho». Le contesto ipso fuckto: «Caro Samuel, he buscado infructuosamente la casette de aquella rueda de prensa, quizás no me quedé con copia y la única que hay está en el inmenso archivo de la Radio Deutsche Welle, pero recuerdo que me contestó que admiraba los dos libros de Rulfo y que estaba agradecido a México por haber sido el Fondo de Cultura Económica su puerta de entrada en el mercado editorial en lengua española».

Termino de leer el quinto volumen de la saga de Sebastian Bergman, que también acaba en punta, una punta espeluznante, por cierto. Este episodio me ha hecho pensar de nuevo en algo a lo que vengo dándole vueltas hace tiempo y por fin me decido a anotar. A mi manera de entender las cosas, los detectives de las series policiales que conozco, salvo la serie Polar francesa, todos padecen de anosmia. Según datos de la OMS, cerca del 5% de la población mundial padece una pérdida parcial del sentido del olfato (hiposmia) o la pérdida total del mismo (anosmia). En este episodio de SB, por ejemplo, el dúo de autores describe la escena de manera que no deja lugar a la más mínima duda: «Estaba desnuda en la cama. Sus manos seguían esposadas a la cabecera. De piernas abiertas y atadas con las delgadas correas de cuero que siempre usaban. Él respiraba tan fuerte que todo su cuerpo temblaba, por lo que no podía ver si el pecho de ella se movía. Quiso tocarla ligeramente en el hombro, pero se detuvo. De repente, todo desapareció. Excepto una cosa. Las marcas de color amoratado en su cuello». Es decir, se fija en el torso de ella, para ver si aún respira, en vez de haber olido (y verlas entre sus piernas) sus deyecciones. Una señal inequívoca de la muerte es la pérdida de control sobre el esfínter anal. Este personaje de la saga de SB me recuerda a Egbert, el protagonista de uno de los mejores cuentos malévolos de Saki. Otro tan anósmico² como los detectives de las series que conozco, que lo primero que hacen es buscar la yugular de la víctima, para sentir si late, en vez de confiarse al infalible olfato. Por lo que hace al respecto, estas series policiales son muy poco, o nada, realistas.

Weiß/Colonia, 31.5.

2:30 am : Terminó la que entretanto ya no se anuncia como temporada piloto sino 1.ª temporada de Huss: Crímenes en el fiordo. Muy buena serie, ojalá me toque ver la siguiente temporada. Y la del joven Morse, programada a continuación y que es buena como el atún de Isla Cristina.

Después de leer mi diario, Manu me deja este comentario al pie: «Se entiende que una joven Hannah Arend se sienta deslumbrada y se enamore de Martin Heidegger, un filósofo de una mente poderosa, y que su admiración por él perdure siempre. Lo que ya se entiende menos –al menos yo no lo entiendo–, es que el afecto le durara hasta el último día de su vida. He leído la correspondencia entre ambos repetidas veces, y cada vez me resulta más antipático el enrevesado  filósofo». Le contesto: «En cuanto a la relación Hannah Arendt/Heidegger, la única explicación que le encuentro es la vieja sabiduría de que el amor es ciego. Claro está que si la ciega es Hannah Arendt, a uno le duele esa ceguera como propia. Pero no es el único caso que conozco en el mundo germánico. La infeliz Dorothea Sternheim (a) Mopsa se enamoró locamente de Gottfried Benn, quien no le hizo el menor caso, y ella emperrada en seguir amándolo aunque no tan a ciegas, porque alguna vez escribió acerca de él que era “tan gordo y desagradable”. Ya sabes, Manu, lo que decían antaño las gentes de mi edad, porque no sé si lo siguen diciendo así, como lo hacía mi abuela Remedios: que hay gustos que merecen palos».

Desde la Cámaralentolandia profunda me escribe Fabio, uno de mis lectores más asiduo y me pide consejos de lectura en materia de obras de teatro. Le contesto ipso fuckto: «Fabbio caro, no sé qué posibilidades tenés de acceder a los títulos que te voy a dar, pero pienso que se trata de seis piezas que debés conocer sin falta: Seis personajes en busca de un autor, de Pirandello, según Bernard Shaw “la más original y poderosa de todos los tiempos”, opinión con la que coincido; Santa Juana, de Bernard Shaw; La señorita Julia, de Strindberg; La muerte de un viajante, de Arthur Miller; Un tranvía llamado Deseo, de Tennessee Williams; y Hoy es fiesta, de Antonio Buero Vallejo. De esta última hay una versión bastante buena en el Estudio 1 de TV española. Algo te ruego a cambio, y es que me contés lo que te parecieron aquellas que conseguiste leer de la lista que te doy. Especialmente la obra de Pirandello, que la he visto en escena media docena de veces y todas me ha maravillado, en el sentido más literal del verbo».

Weiß/Colonia, 1.6.

1:45 am : Estuve viendo, por segunda vez, Unlocked [Código abierto], más que nada por volver a admirar el trabajo de Noomi Rapace, creo que actualmente la mejor actriz para pelis de acción, y quien, por cierto, es hija del cantaor gitano Rogelio de Badajoz, que un día llegó a Suecia y allí se quedó. Además, en este film la flanquean nada menos que Toni Collette, Michael Douglas y John Malkovich, aunque la gitanísima Noomi se las apaña para robarles el show a todos ellos.

Con Ulli & Carlitos el que eventualmente pudiera ser nuestro último almuerzo servido por el Bistro Verde, se rumorea que tal vez el domingo autoricen a abrir los restaurantes, ojalá, no por nada sino porque ello sería un buen índice del regreso a la normalidad. Ulli encargó arenques “a lo ama de casa” y con papas hervidas; Diny unas espinacas a palo seco; Carlitos setas del bosque con linguinis, y yo mi ración de espárragos alemanes con huevos revueltos. Mientras Carlitos se contentaba con su kölsch, nosotros dimos buena cuenta de un Chardonnay de los que alborotan las tapaeras der sentío. Mientras comíamos, les hice el gran elogio de la peli mixta de animación y documental sobre el paso de mi tocayo Kapuściński por la guerra civil de Angola, y resulta que Ulli no sabía quién era Kapuściński. Se lo estuve explicando, y cuando terminé le puse la guinda al pastel diciéndole a Ulli: «Vete sabiendo que estás sentada en la misma silla que se sentó él la noche que vino a cenar a nuestra casa». Ya sé qué regalo de cumpleaños le haré esta vez a Ulli.

A propósito de Kapuściński, después de leer mi diario de la semana pasada me escribe mi deuda estherna, santafecina de Ataliva, desde su Tracia particular, en la provincia alemana, un lugar llamado Berlín: «No me sorprende que tu tocayo sólo haya tenido ojos y escucha para Diny la noche que cenó en tu casa. Tenía una forma de mirar tan profunda que creo que se la dedicaba sólo a las mujeres. O por lo menos es lo que sentí, cuando lo conocí durante la lectura de un colega africano en un Festival de Literatura. Ryszard se sentó a mi lado y ay, no me quitaba los ojos de encima: ni macho ni pesado ni flirteroy sí dulce como las fresas salvajes (Bergman) o las moras de Ataliva. (Güeno, es el espacio de publicidá)». Le recuerdo que las fresas salvajes sólo existen en la fantasía botánicamente analfabeta de un traductor del sueco.

Poco después de levantarme de la siesta me ha llamado Pepe Oliver, muy excitado y contento, para contarme que acaban de concederle el premio Heinrich Böll, uno de los galardones más preciados de la literatura alemana, y que lo fundó y lo financia la ciudad de Colonia. Mi alegría no es menor que la de Pepe, y apenas colgamos el teléfono me lancé a la tarea y acabo de poner punto final a mi columna para el viernes 11 en El Espectador. He canibalizado en ella bastante de lo que escribí sobre Pepe en mi blog Corazón de Pantaleón, hace un año y trece días. Mi suerte es disponer de un archivo mejor organizado que el de Indias.

Weiß/Colonia, 2.6.

Donde la pedicura primero y luego de compras en el Aldi de Rodenkirchen, porque ayer, en el de Sürth, no tenían los camarones del Mar del Norte que necesito para que Diny cocine una receta que he descubierto en los dominios de Miss Hortensia Google y que promete ser de chuparse los dedos. Compro además una ración de salmón silvestre ahumado, escocés, para la misma receta, aunque lo que en ella figura es salmón fresco, pero en materia de salmones siempre he preferido el ahumado o en escabeche. Y si es ahumado escocés deja un regusto como el de un Single Malt.

Hoy es un día gastronómico, pienso cuando cenamos unas empanadas brasileñas de una receta que descubrió Diny en su enciclopedia en 10 tomos, cuyos 100 fascículos compramos semana tras semana y luego encuadernamos. Eso fue todavía viviendo en el Vringsveedel, antes de 1975, en que nos mudamos a vivir acá. Jamás he visto un libro de recetas mejor que esa enciclopedia, de la que Diny ha experimentado ya no pocas. Con variantes propias que las enriquecen, como estas empanadas brasileñas, que no las ha hecho con las dos harinas preceptivas sino con hojaldre y le han quedado rebuenísimas. Con todo, y eso es habitual en los buenos cocineros, Diny no se siente satisfecha con el resultado y me dice que la próxima vez las hará con las dos harinas. Es inútil que le diga que con hojaldre son hasta más brasileñas que una gambeta de Garrincha.

Weiß/Colonia, 3.6., Corpus Christi

2:00 am : Amin [estrenada en español con el mismo título] es una peli francesa que te deja muy pensativo, como Todos los hijos de Dios tienen alas, el conmovedor drama de Eugene O’Neill, de 1924, anterior en 43 años a Adivina quién viene esta noche, el canto de cisne de Spencer Tracy. En Amin, el protagonista homónimo, es un senegalés que trabaja en París mientras su mujer y sus hijos siguen viviendo en Dakar. Un día conoce a Gabrielle (fenomenal Emmanuelle Devos, como Moustapha Mbengue en su Amin) y se trenza una relación amorosa entre ellos que pone a prueba los lazos afectivos de Amin con su familia africana. Está tan bien actuada la peli que pareciera como si los intérpretes pusieran en escena sus vidas. La veré de nuevo cuantas veces la pasen.

Irrespetuosos, casi blasfemos alla napolitana, los aborígenes de estas tribus germanas traducen “Corpus Christi” (en alemán “Fronleichnam”) como “Happy cadaver”. A decir verdad, creo que ni siquiera en Nápoles se atreverían a tanto. Y para blasfemos, los bávaros.

Diny descubre en el KStAnz una esquela con este epígrafe: «Anduve mi camino. A veces fue difícil y a veces fácil. He amado, reído y llorado. Esa fue mi vida». Me dice que es lo que desea que conste en la lápida de su nicho, porque, según ella, la reflejan en todo y por todo. «A ti y a millones de seres humanos más», le digo, pero no la convenzo.

Desde Lausana, Freddy se admira de que Diny y yo pasáramos nada menos que ocho meses en Buenos Aires, así es que intento sacarle del error: «Bueno, en realidad aquí tendríamos que aplicar la teoría de la relatividad. Para ti ocho meses son mucho (lo demuestran los muchos signos de admiración con que escoltas esa precisión), pero para nosotros fueron poquísimo, tienes que tener en cuenta que habíamos emigrado con tutti, con la intención de quedarnos allí para siempre. Menos mal que descubrimos a tiempo que somos irredimiblemente europeos y volvimos grupas a los ocho meses; de habernos quedado es bastante seguro que contaríamos en el número de los desaparecidos, muchos de nuestros amigos desaparecieron durante la lúgubre dictadura de Videla & Co». Y sí, la teoría de la relatividad es universalmente aplicable.

Weiß/Colonia, 4.6.

0:45 am : Vi otra vez el episodio titulado “El francotirador”, de la saga del comisario Wallander. Es el que más me gusta de todos los que siguieron a la fenomenal primera temporada con Linda, la inolvidable Johanna Sällström.

Carmen Alicia y René me escriben a propósito de la concesión a Pepe del premio que lleva el nombre del padre de René: «Nos alegra también saber que es un autor con el que tienes una gran amistad». Les contesto: «Y sí, Pepe Oliver y yo somos amigos desde por lo menos 1992, aunque nos conocíamos de nombre y de emails desde un par de años antes. Pero en 1992 coincidimos ambos en un concierto de jazz (Tete Montoliu al piano) en Fráncfort y desde entonces la amistad se anudó muy fuerte, estuvimos en Hausach con su familia malagueña, él se ha alojado en nuestra casa para traducir conmigo al alimón, y tenemos además mucho intercambio intelectual porque yo le ayudo en sus traducciones al español. Para nosotros es una enorme alegría que le concedan un premio que lleva el nombre de alguien a quien los tres admiramos profundamente».

Acabo de ver Les Héritières, un telefilm francés que me ha costado descubrir con la ayuda de Miss Hortensia Google porque hay una peli homónima, en la que una profesora de Historia logra concienciar a su heteróclita clase proponiéndoles que hagan un trabajo en equipo sobre el tema del Holocausto. Es un gran film, que se beneficia de una manera natural del tema elegido. En este telefilm que acabo de ver el foco se centra en una chica de 15 años, africana, anclada firmemente (aunque a la trágala de las costumbres ancestrales) en una familia que vive en St.–Denis, en las afueras de París. Pero sucede que sus notas en la escuela son tan buenas que la califican para inscribirse en una de las mejores escuelas del país, en el centro de París. De allí ella espera poder dar el salto a ingresar en la Uni, donde conseguir el título de ingeniera especializada en energía eólica, el sueño de su vida. Son 80’ que no tienen desperdicio.

Weiß/Colonia, 5.6.

En el cuadernillo de esquelas fúnebres del KStAnz de hoy, una con este epígrafe tan trillado: «”Aquí es el final”, dijo la oruga. “Aquí es el principio”, dijo la mariposa». Por los clavos de Cristo y los de una puerta vieja, ¡qué falta de fantasía!

Alfonso ha subido a su cuenta Twitter un trino mío que le regalé ayer y que cada vez que lo veo me parece que va ganando en verdad con el paso del tiempo. Y eso que recién lo pensé el 13 de mayo: «Me fui de España en febrero 1963, y aunque he vuelto muchas veces allá de vacaciones, el oído me ha dicho que mi léxico es muy distinto. Soy como un sefardita a deshora».

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Ricardo Bada (Huelva/España, 1939), escritor y periodista residente en Alemania desde 1963. Autor de numerosísimos libros, desde La generación del 39 (cuentos, Nueva York 1972) a El Canto XXV (novela breve, Copenhague), es o ha sido colaborador de medios como Revista de Occidente, ABC y Cuadernos Hispanoamericanos (España), El Espectador y El Malpensante (Colombia), Nexos, La Tempestad y La Jornada (México), La Nación (Costa Rica)…

3 COMENTARIOS

  1. Gracias por leerme, Manu, y esas que llamas reminiscencias sí que existen, pero muchas de ellas son obsoletas en la lengua que hoy se habla en España. Lo sé a ciencia cierta.

    • Es cierto, pero a mí me encantan.
      Y hay algo más: el vocabulario que manejan los andaluces es bastante más rico que el empleado en las Castillas, y no te estoy hablando de andaluces cultos.

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