De mi Diario / Semana 24 / 2015

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...«Y el búho de Minerva ojos mayores». Este verso me hace entender el aparente desdén con que Borges solía hablar del Machado grande: era pura envidia. 

 

Weiß/Colonia, 7.6.

1:35 am : The Door [Tras la puerta], la acabo de ver y he resucitado visualmente muchos de los escenarios de nuestros dos viajes a Budapest, cuando Lizandro era embajador de Nicaragua en Hungría y nos alojábamos en la residencia, con él y Lillian. La residencia estaba en un barrio muy parecido a este en que transcurre la peli. La cual es un formidable tour de force de dos de mis actrices favoritas, la alemana Bettina Gedeck y la inglesa Helen Mirren, qué maravilla de duelo interpretativo. En otro contexto y con otros ingredientes, me recuerda el de Bette Davis y Joan Crawford en ¿Qué fue de Baby Jane?, el peliculón de Robert Aldrich.

 

Me escribe Javier apenas he subido la nueva entrega de mi diario a la página de Fronterad«Vuelves a hacer en tu diario de hace unos minutos una breve referencia a una entrada de la semana anterior sobre la zarzuela, y aprovecho la circunstancia para hacer un comentario que no hice en su momento: la razón de que no se aprecie la zarzuela en todo su valor es que España se odia a sí misma. La zarzuela nació con complejo de inferioridad y, desde sus orígenes, algo tan grande fue calificado como «el género chico»». Le contesto enseguida: «Yo el rechazo a la zarzuela lo he entendido siempre como una actitud clasista (¡algo genial, porque suele proceder de la izquierda!) y de algo que no puedo definir sino como pequeño-burguesismo–que–quiere–dárselas­–de­–ser–algo–mejor, donde, por supuesto eso «algo mejor» no es sino puro esnobismo y rastacuerismo, algo así como «donde haya un Verdi o un Puccini, qué carajo significan un Bretón o un Chapí». Pendejos. Ello se pone en evidencia, de una manera flagrante, cuando grandes directores y cantantes no españoles, de repente descubren la zarzuela y se quedan deslumbrados. Igor Markevich, al llegar a España para dirigir la Sinfónica Nacional, ni siquiera sabía de la existencia de la zarzuela. Pero apenas la descubrió se dio cuenta del tesoro que tenía en las manos y sus grabaciones demuestran sin resquicio a la más mínima duda que le dedicó tanto amor como a los «clásicos». (Menciono a Markevich porque era extranjero, pero un genio como Ataúlfo Argenta ya sabía qué grandiosa era la música de la zarzuela, y sus grabaciones lo demuestran, a tantos años de distancia). Insisto, yo el rechazo a la zarzuela lo he entendido siempre como una actitud clasista y que no tiene nada que ver con la música de sus partituras, porque se necesita ser sordo para no captar la maravilla de cosas tales como los dúos de La revoltosa, La del manojo de rosas El dúo de «La Africana», los coros de Bohemios y Doña Francisquita, las carceleras de Las hijas de Zebedeo, las romanzas de tenor de La tabernera del puerto y Doña Francisquita (una vez más), o ese prodigio que es el preludio de La revoltosa, que a Saint–Saëns, quien estaba de turista en Madrid y asistió al estreno, cuando terminó el preludio y el público estaba mudo de estupor ante tantísima belleza, lo hizo saltar de su asiento y gritó desde su palco «Merveilleux, merveilleux!», aplaudiendo frenéticamente, y el público se le unió como un solo hombre. O sea, resumiendo, a quien no le guste la música de la zarzuela sólo cabe extenderle un diploma de «indigencia musical», ¡no saben lo que se pierden! Y eso que no he mencionado la partitura íntegra de La verbena de la Paloma, que es La Pasión según San Isidro, y al que le pique, que se arrasque, como decía mi abuela Remedios, la bella y sabia».

 

Me doy cuenta de que en las etiquetas de mi blog de hoy en Fronterad escribí “Renoir” con minúscula y entro en mi página para corregir el entuerto, cambio la r inicial por una R, pero la página no registra el cambio. Lo he intentado tres veces, y nada. Misterios del mundo virtual. Se lo informo a Israel, nuestro omnisciente y diestrísimo Webmaster y me contesta que, como informáticamente “renoir” y “Renoir” es lo mismo, el condenado sistema no lo cambia. Lo que le comento diciéndole que la recontrarremilputa que lo recontrarremilparió, dicho sea sin ánimo de ofender al padre de la criatura. Pero decido ponerle una zancadilla al sistema, y ahora, en vez de cambiar la r por una R, suprimo “renoir” e incluyo “Jean Renoir”. ¡¡¡Y el sistema se rinde sin condiciones, qué marica!!!

 

Weiß/Colonia, 8.6.

0:40 am : Me lo tenía que haber imaginado: yo me las prometía muy felices porque a las 10:10 pm estaba programada en el canal bávaro El jardín de los Finzi Contini, me arrellané en el sillón con un buen whisky al alcance de la mano, y a la hora señalada ¿qué es lo que veo, en vez de las calles de Ferrara? ¡las grandes praderas del Oeste! ¡¡Claro!! Murió Pierre Brice y era fatal que alguno de los canales alemanes iba a pasar alguna de sus pelis haciendo de Winnetou. Merde alors! Menos mal que en el canal hamburgués pasaban un poco más tarde el tercer episodio de la 3.ª temporada de Sherlock Holmes con Benedict Cumberbatch. 

 

Buscando vídeos para ilustrar hipervínculos en mi entrada de ayer sobre la zarzuela, de repente hago un descubrimiento que me deja embelesado: Sabina Puértolas. Me paso una hora oyéndola cantar, y cuando termina con sus carceleras de Las hijas del Zebedeo

se me hace inevitable la comparación con la interpretación de Elīna Garanča. Esta acompaña su canto con un repertorio de gestos tomado en préstamo a las pelis de Saura sobre Carmen y el canto flamenco. Por su parte la Puértolas se diría que canta gestualmente a cappella, con una naturalidad que nace de la lengua materna, sí, pero también de la gestualidad natural de la gente española. Esos brazos en jarras, esos movimientos de la cabeza y los hombros, ese mohín de placer cerrando los ojos

 

Termino de leer la biografía de Machado por Ian Gibson, y registro estos versos que cita de las “Canciones” a Guiomar: «Por ti la mar ensaya olas y espumas, / y el iris, sobre el monte, otros colores, / y el faisán de la aurora canto y plumas, / y el búho de Minerva ojos mayores». Este último verso, de pronto, me hace entender a cabalidad el aparente desdén con que Borges solía hablar del Machado grande: era pura envidia. 


[Al leer este anticipo de mi diario, Juan Manuel Roca me escribe: «Gracias por el anuncio del libro de Gibson sobre Antonio Machado. ¿Me podría decir qué editorial lo publicó?» Y al tiro mi respuesta: «Le advierto que el libro es del 2006, lo que pasa es que por pura dejadez he ido aplazando su lectura casi diez años. Andaluz que es uno. Los datos para localizar el libro los puede ubicar abriendo este enlace]».

 

Weiß/Colonia, 9.6.

Malentendido en La Modicana, hoy. Tanto Carlitos como yo nos salimos del programa, yo al encargar espárragos trigueros gratinados con jamón de Parma, y Carlitos una ensalada de pulpo con boquerones fritos. Al oír lo de “boquerones fritos” (que no vi en la pizarra porque detuve mi lectura en la palabra “pulpo”, un marisco que no me gusta mucho), le di contraorden a la signora y le pedí una ración de sólo boquerones fritos. Para mi sorpresa, al final le trajeron a Carlitos su ensalada y a mí mis espárragos ¡y una ración de boquerones fritos! Pero le dije a nuestra buena Mehrnoosh [pron.: Meernúsch], la camarera, que no se llevara nada, que iba a probar a hacer un almuerzo con representantes de los tres mundos comestibles: el vegetal, el animal y el marítimo. Y comí con un apetito que me desconocía. Terminé antes que Carlitos su solo plato.

 

Durante el almuerzo conversamos ampliamente acerca de cuáles serían las primeras palabras que usó el ser humano. Para mí era claro que “madre” fue muy anterior a “padre”, palabra que recién debió adquirir carta de naturaleza cuando alguien descubrió la relación causa/efecto entre coito y embarazo. Otras dos posibles primeras palabras pudieron ser “día” y “noche”. Carlitos piensa que más que ellas, tal vez, “hambre” y “sed”, pero le argumenté que ningún ser primitivo podría resumir en una palabra lo que significan el hambre y la sed, tenía que recurrir a la descripción, y por ende los verbos “comer” y “beber” serían anteriores. Lo que me preguntaba todo el tiempo, pero me olvidé de plantearlo, es cuál debe haber sido el primer insulto.

 

Weiß/Colonia, 10.6.

1:15 am : He entrado en mi 76.º invierno viendo Brothers. Una buena peli, lo que pasa es que no resiste la comparación con el original danés, de Susanne Bier.

 

Imagino que la NSA debe ser responsable de la broma de que, hoy, por mi cumpleaños, y al menos en mi compu y en la portátil de Diny la pancarta de Miss Hortensia Google se vea así


 

…y al pulsarla con el ratón aparece un letrerito donde dice “¡Feliz cumpleaños, Ricardo!”.

 

[Al copiarlo y pegarlo acá el saludo se desactiva, pero no así en la página de mi blog en Fronterad].

 

Por ser mi cumpleaños invito a Diny a almorzar en el Falderhof, el sitio noble de Sürth, en el que hoy, con sol y con el viento en calma, la meteorología y el cuerpo piden ir a comer en la terraza de esa vieja granja acondicionada como restaurante y hotel ***.

 

En casa ha estado sonando el teléfono todo el día. Después de la siesta llega la llamada desde más lejos, desde Asunción del Paraguay, con una queridísima Ana Carmen a quien al final se le quiebra la voz y se despide llorando mientras repite lo mucho que nos quiere, y me hace llorar a mí también. Y en mi radio interna la voz de Alberto Cortez cantando un texto de Lope de Vega con medallones de guaraní en la rima: «Taquitán mitanacuní, / español de aquí para allí».

 

A las 6:30 pm toda la familia en casa menos Paul (en el aula de Literatura, un nuevo montaje teatral de un grupo distinto del suyo) y Angie (preparando la fiesta del cumpleaños de Vincent, que es mañana). Oskar llegó cargando un paquete de buen porte que, al parecer, es el regalo de mis hijos y nietos, mancomunados en el esfuerzo. Es como en Fuenteovejuna, «¡todos a una!» Tras los brindis con prosecco –los adultos– se me conmina a abrir el paquete y descubro que se trata de un artefacto multiuso que permite escanear, imprimir, enviar faxes y qué sé yo cuántas cosas más. Les agradezco vivamente, aunque les hago ver que el regalo no está completo porque al artefacto le faltan un microondas y una máquina de hacer café.

 

Esta noche, 50’ sobre Paul Celan en el canal Arte. Apasionante por la participación de su hijo, que nos permite echar una ojeada al mundo más íntimo del poeta. Y qué lujo de grabaciones de poemas suyos en su propia voz, en especial su emblemática “Fuga de la muerte”. Me acordé de lo que escribió al respecto Héctor, cuando publicó su traducción, e incluyó al final de su nota explicativa el enlace con esa grabación que yo le había dado a conocer.

 

Weiß/Colonia, 11.6.

Llevo casi cuarenta años viviendo en esta casa, desde diciembre de 1975, y recién ahora estoy haciendo el descubrimiento de su balcón. La causa es que la Dra. Hansen me ha recetado por lo menos ½ diaria de estadía en él, leyendo, apolillando o mirando las musarañas, para que el aire libre y el padre Febo me carguen las baterías de vitamina D. Y desde luego es una pura delicia el estar ahí tumbado, con los pies en alto, oyendo el canto de los pájaros y cómo a veces dialogan, se diría, con la música que les llega desde mis altoparlantes. Ya he hecho la prueba con Messiaen y su Catalogue d’oiseaux, y más de una vez he sentido como algún pájaro cercano reacciona al oír esas notas de piano que transcriben tan armoniosamente sus trinos.

 

Weiß/Colonia, 12.6.

Instalación de la nueva ventana en mi cuarto de trabajo. Menos mal que han sido rápidos y no han dejado rastro alguno de su paso por acá. Excepto, claro, el despelote natural de haber tenido que despejar ½ mesa (la parte más próxima a la ventana), pero ello me viene bien para reordenar lo despejado y hacerle sitio al armatoste que me ha regalado la familia para el cumpleaños y que Oskar, a petición mía –para que se gane unos euros–, vendrá a montar e instalar mañana.

 

Tormenta lejana mientras duermo la siesta. Lo que significa que no la duermo.

 

Comienzo la lectura de 1491. Una nueva historia de las Américas antes de Colón, de Charles C. Mann y ya en la segunda página me encuentro este involuntario anacronismo: «Mi interés por los pueblos que habitaron las Américas antes de la llegada de Colón sólo comenzó a cobrar verdadero sentido y definición en el otoño de 1992. Por azar, un domingo por la tarde me encontré ante un escaparate en la biblioteca universitaria de Columbia y allí vi un ejemplar del número dedicado al quinto centenario de los Anales de la Asociación de Geógrafos Americanos». Ay, dios. Se dieron prisa los geógrafos americanos, porque si en 1992 era el quinto centenario de sus Anales, ello sólo puede significar que fundaron su Asociación incluso antes de la llegada de Colón! AySi la cosa sigue así buscaré la traducción alemana, porque fallos de redacción como este no había ninguno en el otro volumen de Mann, 1493. Una nueva historia del mundo después de Colón, que estuve leyendo hasta hace unos días, pero en alemán.

 

Weiß/Colonia, 13.6.

Desayunando, descubro en el diario, en el cuaderno finisemanal dedicado habitualmente a las esquelas fúnebres, la de un coloniense de 93 años apellidado nada menos que Noirhomme, es decir, en francés “hombre negro”. Se la envío a Cinna, en el Defe mexicano, como prueba harto fehaciente de que en materia de apellidos, la inventiva del ser humano es algo que nunca dejará de asombrarnos. Mi favorito sigue siendo “Espantaleón”, y hace poco le decía, ya no recuerdo a quién, que me hubiera gustado vivir en Madrid en los años 40 e ir a un teatro en cuya cartelera se enfrentasen los nombres de dos de los mejores actores de aquellos tiempos, Valeriano León y Juan Espantaleón. Ah, y ya me estaba olvidando de que en la esquela de hoy, la de Noirhomme, el epígrafe es de santa Teresa y está en español: «Sólo Dios basta», y la traducción al alemán, debajo, es errónea porque, retraduciendo al español dice que «Dios solo basta». La importancia del acento en este caso es definitiva.

 

Vino Oskar al mediodía para proceder a la instalación del artefacto multiuso y se tuvo que ir con el rabo moral entre las piernas, el pobrecito mío no logró encontrar en la computadora el puerto donde insertar la clavija del cable de comunicación con el artefacto. Es evidente que tendré que recurrir a un profesional. Pero, eso sí, a Oskar le pagué lo pactado, con lo que su frustración será menos frustrante. ¡Qué niño tan querido y tan querible!

 

************FIN************