De mi Diario / Semana 24 / 2016

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«Lo que la oruga llama el fin del mundo, el resto del mundo mariposa lo llama». (Lao Tsé)

 

Weiß/Colonia, 5.6.

Le escribo a mi querida sefardita preguntándole si ya se vio citada en la última entrega de mi diario en Fronterad y me contesta: «Tal vez llegue el día en que no lea nada, puede ser, pero nunca dejaré de leerte a vos». Le contesto a mi vez: «Gracias, sos un sol  Pero a decir verdad, en materia de buen gusto literario, vos, que tan bueno lo tenés, conmigo hacés una excepción que sólo la explica el afecto, y desde ya te digo que ese afecto me vale más que la excepción que hacés». Luego de enviar el email me quedo pensando en que debí nacer en el siglo XVII. Y haber intentado echarle los tejos a sor Juana Inés de la Cruz.

 

Weiß/Colonia, 6.6.

Todo el día trabajando en mi artículo sobre The Catcher in the Rye, que debo entregar lo más tarde el miércoles a primera hora de la tarde (europea) en Nexos. Ahora me quedan por hacer el que me encargó Luis para La Jornada Semanal y el que quiero ofrecer en EE, pero ahí dispongo de más holgura de tiempo. Aunque luego pasará lo de siempre, no que mueran cuatro romanos y cinco cartagineses, sino que los dos artículos me los tendré que sacar de la manga como este, a contrarreloj y con la espada de Damocles amenazándome. Menos mal que todavía reaccionan mis neuronas y no me dejan con el culo al aire. ¿O será que mi alzhéimer está ya tan avanzado que ni siquiera me doy cuenta de las pelotudeces que escribo? ¡¡Pero los redactores de diarios y revistas que las publican sí tendrían que darse cuenta!! Es mi única salvaguardia, pensar eso.

 

Weiß/Colonia, 7.6.

Veo en el diario, en la esquela de una alemana casada con un italiano, Marlene Gioffreda, este epígrafe de Lao Tsé (o Laozi, como parece ser que sería lo más correcto transcribir su nombre): «Lo que la oruga llama el fin del mundo, el resto del mundo mariposa lo llama».

 

Puntual a la 1:00 pm para acudir al almuerzo nuestro de cada martes, en La Modicana, llegó Carlitos hoy con su nuevo auto, un Peugeot. Es la primera vez que lo veo en un auto que no sea un Citroën. Sería quizás digno de estudio averiguar en qué medida la sique de un individuo está ligada a una marca, a un modelo de automóvil. Conozco personalmente un caso, el de mi pobre hermano, que un día se fue de Huelva y vino a Alemania, a vivir y a trabajar acá, una de las decisiones personales más equivocadas que he conocido a lo largo de mi accidentada biografía. Y su sueño era regresar un día allá al volante de un Mercedes, y estacionarlo delante mismo de la taberna de Joselito, en la Plaza Niña, para que todo el mundo (¿qué todo y qué mundo?, ¡ay!) supiera que se fue a Alemania con una mano detrás y otra delante, y regresaba al volante de un Mercedes Benz. Si no se tratase de mi hermano y que ya está muerto, podría ser de lo más feroz comentando este tipo de mentalidad, pero me la trago doblada.

 

Con el correo quelonio recibo hoy la liquidación de Hacienda sobre mis ingresos del 2014, y lo primero que constato es que mi asesor fiscal se equivocó en su pronóstico: Hacienda me pide sólo 1.566,08 € y no los 1.841,15 que él me calculó, de lo cual resulta que me ahorro 275,07 €. La otra cara de la medalla es que como los anticipos trimestrales se calculan en base a lo que se declaró el año anterior, este trimestre seguiré pagando (pasado mañana lo haré) 393 €, pero a partir del tercer trimestre la cuota sube a 1.187. Una lucecita al final del túnel es que como en el 2015 gané algo menos que en el 2014, en el 2017 Hacienda seguramente tendrá que devolver a mi cuenta una parte de lo ya recaudado. El que no se consuela es porque no quiere.

 

Un tuit alemán onubensizado en honor a una muchacha que nos quitaba el sueño a quienes la conocíamos [no bíblicamente, ¡ay!] en la Huelva feliz e indocumentada de los años 50, 60, y como es de rigor se lo envío a Javier, notario de Troglodia en Twitter, y Javier lo acepta «muy onubensizado, así como marilolizado, en nombre del saco de hormonas que fuimos»:

 

Weiß/Colonia, 8.6.

1:00 am : Después de ver un documental interesantísimo acerca de la reina de Inglaterra y los doce primer ministros con los que ha tenido que lidiar, mando a mi consejo asesor la versión definitiva de mi artículo sobre The Catcher in the Rye, enviado ayer a las 6 pm a la impagable Kathyushka, en Nexos. Y les digo: «A mis guardianes en el centeno : Esta vez debo comenzar por disculparme porque les mando el texto cuando ya –urgido por la fecha de entrega– lo he enviado a la redacción, la de Nexos, en México. Pero igual quiero que lo reciban y que lo lean porque es uno en el que he puesto mucho de mí mismo y del muchacho que fui, tan distinto de Holden Caulfield: a él no le interesaba nada, y a mí me interesaba todopor ejemployo seguía en el diario Odiel (¡¡en el culo del mundo, en Huelva!!) la guerra de Corea como si fuese la Champions League, y él, en Nueva York, ni la nombra; valga este único botón de muestra». 


Tenía cita a las 12:00 con mi neumóloga, de modo que me levanté a las 10:00 am y, sólo por precaución, llamé a su consultorio para avisar que si la Dra. Dornaika necesitaba que se me hiciese una radiografía (en el consultorio de rayos X del piso inferior al suyo), lo mejor sería que me tuvieran preparada la boleta de transferencia, para no perder el tiempo en ese trámite. La respuesta me dejó seco: sí se necesitaba una radiografía pero yo tendría que estar en el consultorio máximo a las 11, porque el de radiología cierra a las 12. Masticando odio logré asearme y tomar un té antes de partir a las 10:30 para alcanzar el bus de las 10:40 y estar en lo de la Dra. Dornaika en hora. Pero apenas llegué allá solté rayos y centellas. Aguantaron bien el chaparrón y prometieron enmienda. La Dra. sonreía luego, cuando nos quedamos a solas, «Es que usted ya es como de la casa, se nos olvidan cosas tan elementales como esta», y también  me pidió disculpas en nombre del consultorio. Además de darme la buena noticia de que mi volumen pulmonar actual es del 72%, lo que me consoló del sprint de las 10 am.


Justo cuando estaba a punto de salir para el consultorio de la neumóloga llamó Oskar y apenas reconocí su voz le dije que sentía no poderle atender porque salía corriendo para no perder el bus, y le pasé al teléfono a Diny. Al regresar a casa me cuenta Diny el porqué de la llamada de Oskar. Resulta que Oskar pasó por aquí el sábado 28 para llevarse las prótesis de oro que me extrajo el dentista y que, según él, dependiendo de a quién se vendiesen, podrían reportar entre 70 y 100 €, así es que le aconsejé a Oskar que las hiciera tasar en varios lugares, no vendérselas al primer postor. Pero él hizo algo mucho mejor: ayudado por su padre las subastó en Google ¡y consiguió nada menos que 350 €! Como en su casa nadie contesta al teléfono le mando un email: «Oma Diny me dice que has conseguido 350 € por mis prótesis dentales, de lo cual me alegro mucho por ti. Pero también por mí, porque así tienes la oportunidad de hacerme un buen regalo el día de mi cumpleaños, pasado mañana día 10». No doy puntada sin hilo, joder.

 

Después de leer mi artículo sobre la novela de Salinger, Rolando me escribe que, en gran parte debido a él escribió su primera novela en español, a los principios de los ’70, una novela que aún se sigue publicando en ambos idiomas. No me dice cuál, pero es seguro que debe tratarse de Estampas del Valle y otras obras, en la edición ya casi un incunable dentro de su obra que le hicieron en Quinto Sol Publications, en Berkeley/California. Somos afortunados poseedores de un ejemplar que nos envió el 4.9.1990 desde Austin/Texas, al regresar del viaje a Alemania que fue cuando nos conoció y por primera vez se alojó en esta casa. Saco el ejemplar de su puesto en la biblioteca, transcribo la dedicatoria: «Para los Bada, / Ricardo y Di [sic], / que, para mi suerte, / son amigos de / Rolando Hinojosa». Transcribo también la nota preliminar, una joya: «Estas estampas son y están como las greñas de Mencho Saldaña; unas cortas, otras largas y todas embadurnadas con esa grasa humana que las junta y las separa sin permiso de nadie». Tantas veces he leído este ejemplar que tendría que llevarlo a encuadernar, la mitad de las páginas andan sueltas, pero no lo haré, es justo ello lo que mejor documenta cuánto amo este libro. Semejante desbarajuste, diría Marx, es su valor añadido.


Weiß/Colonia, 9.6.

Voy al Banco a hacer diversas transferencias y sellar con la fecha del día la copia de la que le hago al Fisco, y luego al correo a despachar correspondencia: facturas a la subvención estatal y al seguro de enfermedad, fotocopias de la liquidación de Hacienda para mi asesor fiscal, amén de un libro de P.D. James, Sangre inocente, para Teresa en Wolfsburgo, y unos regalos para mi querida Susanita en Londres y su maestro Carlos Gamerro en mi Güeno Saire querido, de quien me ha regalado su última novela, Cardenio, inspirada en el episodio del Quijote. ¿Cuándo será que tenga tiempo para leer todos los libros que me llegan, amén de los que compro?

 

Mis lecturas paralelas de por estos días son releer las memorias de Tennessee Williams y leer la biografía de Eleanor Marx por Chushichi Tsuzuki. Constato que llevo leyendo bastante más alemán que español en lo que va de año. Ojalá mi mejor herramienta de trabajo no lo acuse.

 

Por Diny, que tuvo que pasar por casa de Montse, me entero de que Oskar, de los 350 € ganados con la venta de mis prótesis dentales le regaló 50 a Paul y 20 a Henri (“tan chiquito no necesita tanto como Paul”, dijo, sabiamente), se compró un blusón y el resto lo ingresó en su cuenta del Banco. Cuando oigo lo de los regalos a sus hermanos casi me echo a llorar. En una entrevista que me hicieron cuando cumplí 70 años, a la pregunta del cuestionario de en quién me gustaría reencarnar respondí verazmente: «En mi padre o en mi nieto Oskar».

 

Weiß/Colonia, 10.6.

00:05 am : Entro a caminar por mi septuagésimo séptimo año de presidio a cadena perpetua en este mundo de mierda, brindando a solas con un Single Malt 12 years. Que me quiten lo bebío.

 

Cuando me llama la Nena desde Huelva, para felicitarme, le cuento lo de los 350 € de Oskar y el destino que les dio, y al oír lo de los regalos a sus hermanos comenta lapidaria: «Papá». Sí que es verdad, así era mi padre. Fue por eso que anoche casi me eché a llorar al enterarme.

 

ZC me felicita dándome tal prueba de afecto y confianza («sólo para tus ojos») que enmudezco anacrónicamente al alimón con los jueces atenienses encargados de procesar a Friné.                      

 

El teléfono empezó a sonar alrededor de las 9 am y no ha dejado de hacerlo hasta la llamada de Montserrat hace unos minutos (son las 8:07 pm).

 

Pepe, que anda con su mártir por el norte de España, me felicita desde Huesca con un email donde se despide diciéndome: «Un fuerte abrazo y besos a Diny de nuestras partes». Eso me hace recordar cuando en la tertulia literaria El Butacón, de Hamburgo, le concedieron a Cela la Medalla de la Amistad, y Cela me comisionó para ir a recibirla en su nombre, con cordiales saludos suyos, advirtiéndome que no se me ocurriera decir que eran «cariñosos saludos de sus partes» sino «de su parte», en singular, por si las moscas.

 

Weiß/Colonia, 11.6.

Hoy estoy cumpliendo diez años sin fumar. El 11 de junio del 2006, cuando desaparecieron, por fin, los atroces dolores del ataque de gota que me tenía en un ¡ay! desde tres días antes, prendí un cigarrillo y, de repente, espontáneamente, le dije a Diny: «Este va a ser el último cigarrillo que fume en mi vida». Y desde entonces. Y lo jodido del caso es que no puedo enorgullecerme de ello porque no me ha costado el más mínimo esfuerzo. Dije “no fumo más”, y al carajo por tortas, como decía mi tío Laureano, que en esto de los dichos se parecía a su madre, mi abuela Remedios, tan bella como sabia.

 

El regalo de Diny era un bono de compra en Weingarten, los almacenes de ropa mejor surtidos de toda Colonia. Fue una manera de decirme que no quiere verme con ninguno de mis viejos pantalones en la fiesta de nuestras bodas de oro. Así es que como entiendo bien las indirectas y quiero tener la fiesta en paz, acudimos a Weingarten, el vendedor me tasa bien tasado y me trae unos vaqueros azul oscuro que me pruebo y me quedan como si me los hubiera hecho mi sastre Rodés, en Huelva. Desde que entramos en Weingarten hasta que salimos no han pasado siquiera 5’, me pregunto una vez más por qué las mujeres pierden tanto tiempo al ir de compras.

 

De Weingarten salimos a pasear por el Ring [=el primero de los anillos semicirculares que estructuran el plano de la ciudad, desde el Rhin hasta el hinterland] y el paseo es una manera peripatética de ver el partido Suiza vs. Albania, los restaurantes tienen todos terrazas en las aceras, y en todas ellas han instalado macrotelevisores para que los comensales sigan las incidencias del partido mientras comen. Me recuerda mi viaje de luna de miel a Huelva: por la noche salíamos a pasear Diny y yo y podíamos seguir de ventana en ventana, de cancela abierta en cancela abierta, el desarrollo de la telenovela o el dramón que estuviera emitiendo la RTVE de aquellos años. Para Diny fue un espectáculo nunca visto antes, y además gratuito.

 

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