De mi Diario / Semana 25 / 2015

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«Ese libro tienes que leerlo en la traducción de Harry Rowohlt, en el original se pierde mucho».

 

Weiß/Colonia, 14.6.

Parafraseando al Corán, ya que Manolito [=yo] no fue a Buenos Aires, Susanita vino a Colonia. A las 10:40 am, cinco minutos antes de su hora, llegó al andén 6 de la estación principal el tren procedente de Ámsterdam y estamos parados en el sector de los vagones de 1.ª clase deseando abrazar a una hermana a la que no más conocemos por emails y teléfono. Pero Susana no bajó del tren. Recorrimos el convoy de arriba abajo, y nada. Al cabo, Diny le pregunta a un empleado y nos enteramos de que ese tren se compone de dos convoyes que se juntan en Colonia y que el segundo está a punto de llegar, a las 10:45, como sabíamos por Susana. Corremos al fondo del andén, porque en el convoy que llega los vagones de 1.ª están en el sector F, donde ya termina el andén y siguen las vías. Y el primer viajero que desciende, apenas nos detenemos y al mismo tiempo se abren las puertas, quién otra podía ser sino Susana.

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Fue un día muy bello, sobre todo porque yo hice cuanto me fue posible por estar siempre en segundo plano, lo que me interesaba por encima de todas las cosas era que intimasen Susana y  Diny, y la cuenta me salió redonda porque las dejé andar en pareja todo el tiempo, y yo siempre caminando diez pasos por delante de ellas, como si fuera un japonés bígamo.

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La catedral fascinó a Susana. La admiró largo rato por fuera, y luego entramos para que pudiese ver el relicario con los dizque restos de los dizque Reyes Magos y el vitral de Gerhard Richter, que con el espléndido sol que hacía la iba a dejar turulata. Pero ocurre que no se podía circular dentro de la catedral ya que se estaba celebrando uno de esos ritos antropofágicos que ellos llaman misas, y decidimos volver a la tarde.

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Luego hicimos el recorrido de rigor: el Museo Romano–Germánico para admirar desde afuera el mosaico de Dionisos y la tumba de Polibio; el conjunto monumental del Museo Ludwig con la Philarmonie; la cervecería Sion (pero sin entrar en ella); la torre del viejo Ayuntamiento con las pequeñas estatuas de las personas más importantes en la historia de la ciudad (esta vez descubrí la de Carlos Marx); las excavaciones de las termas; la casa matriz del agua de Colonia Farina, la primera que se fabricó, en 1709; el Museo Wallraf-Richartz; las ruinas de St. Alban con las estatuas de los padres dolientes ante la tumba del hijo, esa impresionante escultura de Käthe Kollwitz; y después, caminando por la zona peatonal, donde un edificio comercial recuerda intensamente al original de Londres (y lo construyó el mismo arquitecto), llegamos al Neumarkt y subimos con el ascensor propio del museo al más lindo de la ciudad, al Käthe Kollwitz.

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El Museo Käthe Kollwitz ha sido la experiencia más fuerte y más emocionante de este viaje relámpago de Susana. Una hora completa pasamos recorriendo algo que yo suelo recorrer en ¼ de hora porque este Museo me lo sé de memoria, junto con el Prado es el que más he visitado en mi vida, y cuando vengo es tan sólo para alguna exposición especial de las que organizan, dos o tres, al año. O bien para acompañar a los amigos que nos visitan y a quienes hago cuestión de honor que no se vayan de Colonia sin haberlo visto. Susana tiene una hermosa novela sobre los últimos días de Van Gogh, y me contó que había llorado cuando vio en persona los cuadros de los que habló tanto en esa novela. Pero a KK la desconocía por completo, a la artista y a su obra, y la conmocionaron, ambas. Añadió Susana, contándome su experiencia con los Van Gogh, que aquí, con los grabados de KK, es la única vez que ha vuelto a sentir el impulso de llorar. Y no es para menos, porque la persona y la obra de KK son de las que rascan el alma y dejan rastro.

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Carlitos nos recogió con su auto a la 1:15 pm a la salida del Museo y partimos rumbo a Sürth, a La Modicana, pero no fuimos derechos sino por Rodenkirchen y Weiß, porque quise que Susana conociera los escenarios de mi diario y de mis cuentos, que le fui mostrando por el camino. Y en La Modicana, lasaña fresca para todos, amén de limoncello fresco por cuenta de la signora y a cuenta de mi cumpleaños ya tan pasado. Pero a limoncello regalado no se le mira el pretexto.

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Pasamos un par de horas en casa (Carlitos nos acompañó un rato) y Susana tuvo ocasión de ver nuestro apartamento en detalle, admirando sobre todo el atril que hay delante de mi compu, para cuando debo tener libros abiertos o documentos de los que debo transcribir algo. Lo que no me comentó para nada –me di cuenta muy tarde para hacérselo ver– fue la presencia en él de mi objeto fetiche, el bolígrafo con Mafalda & Co. que La Maguita me regaló hace varios años.

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Diny se quedó en casa porque mañana debe estar muy descansada cuando vaya temprano a una nueva operación de várices, así es que a las 6:30 nos pusimos en camino para llegar con tiempo a la estación y pasar antes un ¼ de hora en la catedral. Sólo que si bien es verdad que llegamos a tiempo a la santa casa, no lo es menos que de nuevo no se podía circular por ella porque estaba celebrándose de nuevo uno de esos ritos [vide supra]. Hablé con uno de los cancerberos a ver si le conseguía apiadar, argumentando la próxima salida del tren y el hecho de que Susana vive en Buenos Aires, para que nos dejase pasar sólo cinco minutos. Pero estos tipos son incorruptibles. Deben de ser lo único no corrupto en la iglesia a la que pertenecen. Le dije a Susana, mientras caminábamos ya hacia la estación, que este doble fracaso con la catedral era una clara señal del Destino en el sentido de que tenía que volver a visitarnos.

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El tren que la llevaría de regreso a Ámsterdam, a las 7:15, llegó puntualmente al andén 8 a las 7:10 y de nuevo hubo que recorrerlo entero, hasta el sector F. Al pie del vagón nos abrazamos y sólo fui capaz de decirle, viendo cómo le brillaban los ojos, y antes de que empezaran a brillar los míos, que no iba a esperar a la salida del tren. Se despidió con la mano desde la puerta del vagón y me marché sin mirar atrás. Al llegar todavía dentro del andén al ascensor para bajar a la parada del tranvía, ya el tren se había puesto en marcha. Ciao, cara!, le dije mudamente.

 

Mientras estábamos con Susana, a las 2:30 pm fue la fiesta de cumpleaños de Vincent, a quien Angie le entregaría nuestra tarjeta con un motivo de Die fromme Helene [La piadosa Helene] de Wilhelm Busch, y esta cita impresa: «Helenchen wächst und wird gescheit / Und trägt bereits ein langes Kleid» [Elenita crece y ya se hace cargo / y en consecuencia la visten de largo]:

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A ese pareado le añadí uno de mi puño y letra en el que lo llamé “Vini”, como todo el mundo le llama (menos yo, y yo no porque me sentiría tentado de llamarlo “Vinividivici”). En esencia es la misma aleluya que la de Busch, sólo que cambia su protagonista, la aderezo con una frase en francés –que es la bête noire de Vincent en la escuela– y en vez de un traje largo hablo de unos pantalones largos: «Vini wächst, la même chose, / Und bald bekommt er die lange Hose».

 

Weiß/Colonia, 15.6.
 

Pasada la medianoche termina la proyección de The greatest [El mejor], que si no fuera por las actuaciones de Pierce Brosnan, Susan Sarandon y, sobre todo, Carey Mulligan, no sé yo si se sostendría en la pantalla. Luego, a las 2:40 am, zapeando antes de irme a la cama, alcanzo a ver el final de Belle de jour y me reafirmo en mi opinión de que el cine de Buñuel huele a naftalina y moho. Algunas veces hasta siento vergüenza ajena viendo estas cosas.

 

Dedico la mañana a pasar a la pantalla las notas escritas y mentales del día de ayer, y después de la siesta le hinco el diente al segundo episodio de la saga de Sandhamn con Thomas Andreasson como protagonista. Ya tengo todos ellos hasta el sexto, último de los publicados en alemán, así es que me prometo una semana de felices lecturas.

 

Weiß/Colonia, 16.6.

Hoy es Bloomsday y Dublín será una fiesta. Eduardo Lago andará por allá, como cuenta en su artículo del # de esta semana en Fronterad. Le escribo un email para decirle cuánto me gustó ese artículo y tratar de reanudar el contacto que establecimos en Bogotá, en el Festival Malpensante del 2008, donde los dos estábamos invitados. Al mismo tiempo le paso copia de mi artículo en el que recojo las vivencias de mis dos Bloomsdays, una tan lejana en el tiempo como 1979, a los 75 años del Bloomsday original, y la segunda en el 2004, cuando el centenario. En la primera no había otros celebrantes del día que mi cuñado Willy y yo, y cuando preguntábamos por hechos y cosas relacionados con el libro de Joyce sólo cosechábamos miradas de extrañeza. 25 años más tarde eran masas disfrazadas las que festejaban una especie de Carnaval joyciano y más o menos cada dublinés un experto en la materia. Me dieron ganas de vomitar.

 

Me escribe Israel, mi querido Websmaster de Fronterad, para preguntarme si tuve problemas con el vídeo de Sabina Puértolas, pues tan sólo inserté el enlace, que él, alertado por Alfonso, ya ha sustituido por el vídeo. Le contesto ipso fuckto: «Pues no, no tuve problemas con la inserción del vídeo, porque ni siquiera lo intenté. Date cuenta de que soy un inepto neolítico llegado acá por el túnel del tiempo. Lo que me pasó fue que cuando subí el texto de mi blog a la página de Fronterad, el párrafo donde iba ese vídeo como hipervínculo apareció en un tamaño de letra gigantesco, que no podía reducir con los instrumentos de la barra de herramientas de la página. Lo tuve que homologar en el Blog de Notas y ahí se desprogramó el hipervínculo. Entonces intenté insertar el enlace en el texto ya homologado de la página de Fronterad, y no reaccionaba, es decir, no admitía el enlace para hacer el hipervínculo, por lo cual inserté el enlace en la forma que Alfonso, acertadamente, te pidió que sustituyeras por el vídeo. ¡¡¡SE LE TENÍA QUE HABER OCURRIDO A AQUÍ TU NEGRO!!!, la madre que me parió. Ahora la página queda preciosa con esa Sabina Puértolas que es una maravilla. Gracias, y ya aprendí la lección, y os dejo, que está al llegar la yunta de las 11:30 y debo uncirme a ella». 

 

En La Modicana con Diny y Carlitos, comentamos la noticia de la muerte de Harry Rowohlt, uno de los pocos intelectuales alemanes con arraigo popular.

 

Weiß/Colonia, 17.6.

Durante el desayuno leo en el diario la esquela de Harry Rowohlt, anunciada en primera página con una foto y este titular: “El clochard más encantador del mundo”. La referencia al clochard es por el personaje que interpretó en Lindenstrasse, una de las más famosas series de la tele alemana, que se está emitiendo desde el 8.12.1985 y de la que el próximo domingo 21 pasarán el episodio # 1.535. Pienso en la alegría que me llevé hace una o dos semanas cuando descubrí que la saga escrita por Ken Bruen con el expolicía Jack Taylor como protagonista, en Galway, en la provincia irlandesa, había sido traducida por HW. He leído sólo el tercer episodio, que tocaba el tema de las criminales monjas magdalenienses, un tema que me apasiona, pero ya encargué el resto de las novelas que componen la saga. ¿Quién se atreverá a seguir traduciéndola ahora? Un Harry Rowohlt es de aquellos que siempre mueren sin dejar sucesor. Ayer, comentando sus dotes magistrales como traductor, Diny nos contó haber visto el siguiente chiste en la revista Stern:

[«Ese libro tienes que leerlo en la traducción de Harry Rowohlt, en el original se pierde mucho»].

 

Recibí un email colectivo de Manolo Moya, desde Fuenteheridos, anunciando que «este fin de semana, concretamente, la noche del viernes al sábado próximo tendrá lugar Birras y Estrellas. Este año la reunión será en el municipio de Cumbres de San Bartolomé (Huelva, Spain), en un lugar que llaman Peña de Utrera. Y que está a 1 km de Cumbres de San Bartolomé en dirección a Cumbres Mayores. La reunión consiste, como en años anteriores, en una fiesta de solsticio en la que nos solemos reunir dos docenas de amigos y conocidos, en la que se toca música, se lee poesía, se canta, se cena, se bebe un poquito, y se charla amistosamente. No hay más, tampoco menos. Cada año nos reunimos en un lugar diferente de la Sierra de Huelva y este año, ya digo, toca en ese lugar fantástico que es la Peña de Utrera. Un buen programa ante la noche del solsticio. La cosa comienza como a las 10 y se prolonga hasta la 1 de la madrugada aprox. Como quiera que la puesta de Sol es espléndida se sugiere a quien lo desee que vaya antes». Me entra una nostalgia inmensa por el pecho, pensando en mis recorridos de joven, acompañando a mi tío Laureano en su moto, por toda la provincia de Huelva. Y como no puedo acudir a la fiesta, pero tampoco quiero faltar a ella, le mando a Manolo tres sonetos míos, dos de ellos choqueros hasta el tuétano. [Programo “choquero” en la página de la RALE y la docta casa me responde que «la palabra choquero no está registrada en el Diccionario». Pues iría siendo hora de que constase en él que es el gentilicio popular de los nacidos en Huelva, devotos comedores de choco. Busco en la misma página la palabra “choco” y recién la séptima acepción remite a “jibia”. ¡Académicos!]

 

Weiß/Colonia, 18.7.

Prácticamente todo el día enfrascado en la saga de Thomas Andreasson, que cada vez me gusta más. La serie de la tele no es nada mala, al contrario, es buena, pero la trama es más compleja en las novelas, el desarrollo de los protagonistas harto más diferenciado, la credibilidad bastante mayor. Devoro páginas a un ritmo que dice mucho a favor del interés de la narración, el pulso de la autora se siente firme, manejando con destreza todos los hilos. Gran placer como lector.

 

También ha muerto Christopher Lee. He estado viendo esta noche, en homenaje a su memoria, la peli suya que más me gusta fuera de su Drácula inmortal, y es en el papel de hermano de SH en La vida privada de Sherlock Holmes, ahí lo dirigió nadie menos que Billy Wilder. Y con su Mycroft Holmes, CL creó un modelo que lo imitan sin darse cuenta, e incluso puede ser que sin querer, e incluso pudiera ser que sin saberlo, todos los actores que han incorporado después ese personaje, sin excluir la fabulosa serie reciente con Benedict Cumberbacht.

 

Weiß/Colonia, 19.7.

Regresa Diny del “día de la plancha” en casa de Montse y me cuenta que le entregó a Henri los regalos de Susana, entre ellos una miniatura de autobús rojo de dos pisos, más londinense que Jill la Destripadora. Y le dijo: «Fíjate bien en él y me cuentas qué diferencia le ves con un autobús de los de Colonia, además de los dos pisos». Y que al rato vino y le contó: «¡Tiene el volante en el lado contrario!»  A lo cual su padre le explicó: «Es que en Inglaterra los autos no circulan por la derecha sino por la izquierda, Henri». Y su impagable respuesta: «¡Esos ingleses, todo lo hacen al revés!» ¿De dónde ha sacado esa respuesta?  Estoy seguro que de la peli de Asterix entre los británicos. Otra explicación implicaría elementos sobrenaturales, y a pesar de lo abuelo bien baboso que soy, no creo en ellos. Aunque ya sé que las brujas no existen pero que haberlas, haylas.

 

Weiß/Colonia, 20.6.

Mañana, según veo en el diario mientras desayuno, en la Literaturhaus, leerá algunos de sus textos Aristide Tarnagda, un autor de Burkina Faso. Pienso en Asséto y en Félix y en que no sé nada en absoluto sobre la literatura que se hace allá. Recurro a mi buena amiga Miss Hortensia Google, y me informa solícitamente de que no sólo hay en activo una docena de autores sino que casi la mitad de ellos son autoras. Me pondré en campaña para descubrir qué hay traducido al alemán, no creo que haya nada en castellano. De repente hago algún descubrimiento como el de Fatou Diome, que tanta huella me ha dejado.

 

En el foro de mi columna del miércoles en EE apareció un comentario de esos de quienes se quieren lucir corrigiendo al columnista. Lo firma un seudónimo, usacabeza, que pretende ser un programa, y dice así, citándome: «En cuanto [sic] «que la batalla de Waterloo no tuvo lugar en esa localidad flamenca sino varios kilómetros al sur» mi viaje virtual me da estas latitudes para Waterloo, 50°42′52″ N, y para La Belle Alliance Inn, 50°40’5″N. De ahí infiero que la batalla tuvo lugar varios kilómetros al norte. Pero habría que ir por allá para batallar». Le contesto: «Para usacabeza, rogándole que efectivamente la use : En cuanto a que “la batalla de Waterloo no tuvo lugar en esa localidad flamenca sino varios kilómetros al sur» y su viaje virtual le da para Waterloo la latitud 50°42′52″ N y para La Belle Alliance Inn 50°40’5″N, de lo cual infiere que la batalla tuvo lugar varios km al norte, fíjese bien en un mapa de su país, y ahí verá que Bogotá se encuentra a 4°35′56″N y Chía a 4°51′48″N, y hasta donde me sugieren esos mapas, Bogotá se encuentra al Sur de Chía. ¿O no? Usted que vive más cerca que yo me lo podrá confirmar». Por pura piedad no le dije que a donde habría que ir no es “por allá para batallar” sino a la escuela, de nuevo, y aprender cómo se leen los minutos y grados de latitud. ¡Sabelotodos a mí, amos anda!

 

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2 COMENTARIOS

  1. Me parece que, tendríais que
    Me parece que, tendríais que haber ido a la Catedral a la hora de los oficios.

  2. Esther Andradi, escritora
    Esther Andradi, escritora argentina que ha sobrevivido a la dictadura de Videla y a Lima la horrible, y es capaz de sobrevivir en la provincia alemana, en un lugar llamado Berlín, lo ha intentado heroicamente y no ha conseguido dejar su comentario al pie de mi texto, de modo que me ha pedido que sea yo quien lo inserte, pues no dependo del albur de la identificación ni de las insalvables aduanas para comentar en Fronterad. Y su comentario es este :
    «El recorrido con Susanita por la Colonia badiana con y sin Catedral es el testimonio de una amistad como no hay otra igual, cantaría el bolero. Y el comentario de Henri sobre los ingleses tan sabio que no importa de dónde le viene, waw».

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