De mi Diario : Semana 25 / 2020

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Weiß/Colonia, 14.6. 

El correo quelonio me trajo ayer y las veo recién hoy las felicitaciones por mi cumpleaños de la Radio Deutsche Welle y de los Schwenckes, Gunhild y Ulf. La de la DW viene encabezada por esta frase destacada en negritas: «El pasado es historia, el futuro un secreto y cualquier instante un regalo». ¡Qué hernia cerebral le habrá quedado a quien craneó esta filosofía de almanaque! En cuanto a la de Gunhild y Ulf es una tarjeta postal en amarillo reproduciendo un poema de la austríaca Ada  Christen en el que recomienda tomar champagne contra la pesadumbrez mental alemana, y la palabra “champagne” aparece deletreada de arriba abajo en la tarjeta, en letras blancas, de manera caótica, como si fuesen burbujas de un buen Moët & Chandon. Cheers!

Almuerzo en la Fährhaus con Frank, Paul y Oskar. Los dos muchachos encargan monumentales escalopes a la vienesa, el padre pierna de cordero, Diny hígado de ternera a la berlinesa, yo me doy por contento con una sopa de pescado. Paul me pide que le recomiende buenas columnas de diarios alemanes, y como es lógico le digo que no se pierda las glosas del Süddeutsche Zeitung, que eran nuestra lectura obligatoria de cada día. Me pregunta por Paolo Coelho y le traduzco su nombre al alemán: Paul Kaninchen [=Pablo Conejo], se echa a reír, y ya sabe por mi vuelta de tuerca que le aconsejo no leerlo. Por su parte, Oskar anda buscando trabajo pero sigue grabando vídeos con su conjunto rapero y me dice que está seguro de que quizás todavía este año ya gane con los royalties lo bastante para pagar el alquiler de su apartamento. Para mí, en todo caso, lo esencial es estar con ellos y verlos tan saludables, tan responsables, tan amigos de su abuelo.

Tras la siesta he pasado largas horas de la tarde adelantando Frases del Domingo para mis Dobles Envíos semanales hasta casi fines de octubre. Tres de ellas son súper memorables: «Hay que confiar en los malos, nunca cambian», de William Faulkner; «En el país de la Magia, para construir carreteras disponen de un pincel para pavimentar», de Henri Michaux; y «Si le preguntan a un niño qué quiere ser de mayor, jamás responde: “Voy a dedicarme a la crítica”», de François Truffaut. Trabajo con muy buenos mimbres; estos, y las cartas de mis amigos.

Weiß/Colonia, 15.6.

1:00 am : Empiezan a pasar por la tele una serie policial inglesa que transcurre en Ámsterdam y protagoniza el comisario Van der Valk. Está basada en las novelas del inglés Nicholas Freeling, uno de mis autores predilectos, y también de Rolando (Rolando, carajo, en qué agujero te has metido a purgar cuáles pecados, manda alguna vez una maldita señal de humo) Freeling tuvo tres series distintas, y las tres buenas. La de Van der Valk, a quien mató en el décimo episodio, para continuarla años después con Arlette, su viuda francesa. Y la del comisario Henri Castang, en una ciudad provinciana de la douce France.

Confieso que mi horóscopo del día de hoy me deja bastante pensativo. Según el del Kölner Stadt Anzeiger debo asegurarme de que ningún tema importante me pase desapercibido, para poder mantenerme completamente informado: «El Cosmos recomienda: guárdate el profesor distraído para cuando tengas ochenta años». Me crea un problema, porque recién he cumplido los 81. ¿Qué debo hacer, empezar a imitar a Jerry Lewis en The Nutty Professor?

Weiß/Colonia, 16.6.

Pensando en aquello que me escribió Jorge la semana pasada a cuenta de Mrs. Miniver (le hice recordar que esa fue la primera peli que vio en su vida) se me ocurrió preguntarles a mis amigos cinéfilos cuál fue la primera que vieron ellos. Me dije que con sus respuestas podría armar una linda panoplia de rememoraciones. Pero de los 38 que contacté sólo reaccionan 7.

En su correspondencia con Luise Mejer, le cuenta Heinrich Christian Boie el 19.8.1784 que un muchacho fue mordido por un perro y termina así su relato: «El chico aguanta como un hombre el parche matamoscas español que le siguen aplicando, y sólo a veces se queja de que le duele». Ahora resulta que a fines del siglo XVIII, en Europa, el papel matamoscas español se utilizaba para combatir la rabia. Alabado sea el santísimo sacramento del altar.

Me abismo en el séptimo epìsodio de la saga del capitán Blanc y suelto la carcajada al leer este diálogo entre Blanc y su teniente, Marius, quien le explica cómo los lobos están regresando a los parajes del sur de Francia, provenientes de Italia: «Cada año se atreven a penetrar un poco más allá. En algún momento se pasearán por las calles de Marsella». A lo que Blanc le responde: «Ya me imaginaba yo que la cosa tenía un lado bueno». Pero un fallo clamoroso pocas páginas después: Blanc y Marius llegan vestidos de paisano a un lugar donde encuentran trabajando a una sismóloga, y ella –que no les conoce– los trata de “mon Capitaine” y “mon Lieutenant” Ay. Y dos grandes frases cerca del final del episodio: «Una mañana de un día entre semana con mucho tráfico de vaivén, y como no quedaba nieve sobre el asfalto todos circulaban como si fueran a hacer una inaplazable donación de órganos»; y acerca de una posible pero difícil testigo: «Hacerle un interrogatorio es como correr la maratón sobre arenas movedizas».

Me felicita Andrea desde Erlangen: «¡Feliz cumpleaños, Ricardo! Espero que sigas bien a pesar de la pandemia, y que el que hoy empieza sea un buen año». Le contesto: «Bueno, mi cumpleaños fue el día 10, pero como decía mi abuela Remedios, tan bella como sabia, “todos los santos tienen novena”». Me responde «¡Oh! Yo tenía en la memoria el Bloomsday, pero ahora creo recordar que el 10 también fue un día importante en la vida de Joyce». Le explico: «En realidad el Bloomsday hubiera debido ser el 10, que fue el día en que se conocieron Nora y Joyce, pero este prefirió inmortalizar la fecha de su primer encuentro sexual, seis días más tarde. Hace años le pasé la factura a Joyce por semejante ninguneo a mi cumpleaños».

Weiß/Colonia, 17.6.

2:15 am : Un interesantísimo reportaje sobre las pinturas rupestres en la sierra de Capivara, en el Estado brasileño de Pîauí. Pueden datarse en unos 30.000 años a.C., 20.000 antes que Clovis (The Fake President a.C. para sus descubridores y adictos) y entre ellas se cuenta la primera representación gráfica de un beso. En la redacción brasileña de la RDW conocí a Estelina, una colega de Teresina, y ella me enseñó una coplilla popular piauense: «Teresina, Teresina, / capital de Piauí, / si es verdad que tiene culo / el culo ‘el mundo está aquí». No recuerdo el original en portugués, pero sí que lo traduje sobre el pucho y se me quedó pegada la traducción en el disco duro. Y he estado tarareando en sordina la coplilla buena parte del reportaje.

Hace 50 años, estábamos Diny y yo con nuestros hijos en Wijchen, un pueblito muy cerca de Nimega, pasando vacaciones en la casa de Rieke y Gerd, que a su vez estaban de vacaciones y nos dejaron la casa para que además la cuidáramos en su ausencia. Y como la casa era grande también vinieron con nosotros los Salsamendi (Graciela,  César y Soledad, que tendría entonces unos tres o cuatro años), amén del padre de Graciela, “el veterano”, así lo llamaba su hija. Y esa noche, el veterano, César, Chico y yo nos repantigamos en el diván y en los sillones para ver, sin que lo pudiéramos sospechar (ni nosotros ni los cien mil espectadores en el Estadio Azteca ni los millones de telespectadores del primer Mundial transmitido en colores), el partido posiblemente más dramático en toda la historia del fútbol, la semifinal Alemania–Italia en el también primer Mundial de México. Creo que ese 4:3 favorable a Italia, y el 5:0 de Colombia a la Argentina en el estadio de River, en Buenos Aires, en 1993, son los dos únicos partidos que se pueden volver a ver íntegros, el segundo por su inesperada espectacularidad y el primero por su suspense, digno de haber sido imaginado por un Clouzot o un Hitchcock. En cualquier caso, a las once de esta noche ya tengo programado volverlo a ver, con ½ siglo más a mis espaldas.

En un texto mío inédito, sobre mi relación con Colombia y con los colombianos, escrito a principios de este milenio, dejé constancia de lo siguiente: «La mañana europea del 14.9.1993, mientras desayunaba, leí en el Kölner Stadt Anzeiger el resultado “Argentina 0: Colombia 5″ y le comenté a Diny: “Estos linotipistas de hoy lo escriben todo al revés”. Cuando llegué a la redacción y chequeé que no era un error, que Colombia sí le había ganado por 5:0 a Argentina y nada menos que en el estadio de River Plate, lo primero que hice fue contactar con mi querido Eduardo Char Mutis (el hombre de El Tiempo en Cartagena de Indias, ¡y vaya dos apellidos de poetas!) y pedirle que me consiguiera, al precio que fuese, un video con la transmisión íntegra de ese partido. Eduardo, que es un reloj en materia de confiabilidad, me envió la cinta una semana después. Han pasado más de diez años y aún la sigo viendo con gusto, y les juro que lo paso retebién».

Weiß/Colonia, 18.6.

1:30 am : Ha sido emocionante volver a ver este Alemania–Italia, un partido de poder a poder, especialmente en el alargue. La versión que conseguí es la italiana, me perdí el «Ausgerechnet Schnellinger!» con que el locutor alemán saludó el 1:1 en el minuto 92: Schnellinger, uno de los mejores zagueros zurdos de su tiempo, pasó en 1963 del FC Colonia al AC Milano y era el único “legionario” italiano en el once tedesco, lo que explica el grito del locutor alemán: «¡Tan luego Schnellinger!» Ha quedado como frase hecha en el acervo de este idioma, y aún recuerdo cómo Chico y yo nos echamos a reír al oírla y tuvimos que explicársela a César y el veterano, que también se rieron de buena gana al darse cuenta del chiste.

En La Modicana las dos parejas, hoy jueves y no el martes porque Carlitos tenía este martes una cita con su médica de cabecera, anda con problemas intestinales. En los últimos tiempos lo noto muy callado, y cuando llamo por teléfono es ahora siempre Ulli la que contesta. Al contrario que mi tío Laureano no soy nada hipocondriaco, pero solo con respecto a mí mismo.

Weiß/Colonia, 19.6.

Me envió Héctor desde Medellín un programa de Caracol TV en homenaje a Álvaro en el centenario de su nacimiento. Lo ha dirigido el hijo de nuestro querido Guglielmo. Le escribí a Héctor pasada ya la medianoche, y con las imágenes aún en la retina, y las voces de Gloria y Álvaro reverberando en mis oídos: «Gracias de todo corazón por este regalo que me haces llover del cielo; es decir, más exactamente, de la nube. Lo he gozado a pesar del dolor que me han causado algunas imágenes. A partir de la mitad del metraje empecé a llorar y he seguido sollozando hasta el  final. La amistad que nos unió, a Gloria, Diny, Álvaro y a mí, es algo tan entrañable que no puedo hablar de ella sin llorar. [Imagínate que teníamos acceso a las llaves de su apartamento en París, a la vuelta de la esquina del Centre Pompidou. ¡Cuántas veces hemos hecho uso del mismo a lo largo de los años!] Te cuento sólo esto: En mayo 1998 fuimos Diny y yo a Bogotá, a la feria del libro, aquel año dedicada a Alemania. Y Gloria y Álvaro, al saber que nosotros íbamos (yo al frente del pabellón de la Radio Deutsche Welle en la feria), organizaron las cosas de tal modo que no nos alojamos en un hotel sino en su casa. Y no sólo eso sino que nos pusieron a disposición un carro con chófer para que nos pudiésemos movilizar con total independencia. Con el chófer, Macario. inolvidable, nos encariñamos enseguida, y uno de los días (bajábamos del norte a La Candelaria) le comenté: “Usted, Macario, como chófer del Doctor, habrá conocido a todas las personalidades que se han alojado en la casa de doña Gloria y el Doctor. ¿Cuáles son las que más recuerda?”  Macario no contestó altiro, sino algo así como medio minuto después: “Don Ricardo, en todo el tiempo que llevo sirviendo al Doctor y doña Gloria, en esa casa sólo se han alojado don Gabo y su esposa, y don Mutis con la suya. Y ahora, doña Diny y usted”. Puedes, pues, imaginarte lo que ha sido para mí ver este video».

Apareció en Vasos Comunicantes mi artículo dedicado a dos puntos sobre otras tantas íes en otros tantos versos del idioma francés. Jorge reacciona con entusiasmo, Arcebelle me cuenta que su entusiasmo se le derrumbó de golpe al leer la última palabra. Y es que como decía mi abuela Remedios, «nunca llueve a gusto de todos». Ahora bien, en mi defensa debo decir que el artículo aparece en una revista especializada para trujamanes, y con ellos hay que jugar con todas las cartas encima de la mesa. Porque a mi juicio, esa revista es asimismo un taller, donde cada uno aporta sus descubrimientos para perfeccionar el oficio. Por lo tanto, para redondear el artículo estaba obligado a llamar la atención sobre la posibilidad con que lo cierro.

Weiß/Colonia, 20.6.

2:45 am : Reví Thirteen Days [Trece días] y me he vuelto a preguntar cómo es posible que a Chico no le guste Kevin Costner como actor. Pero dejo el tema por imposible. En esta peli lo que más me gusta es el trabajo de los actores, me hace recordar una de las coplas de mi “Cante chico”: «Cada cuál en su papel / y el mejor actor del mundo / no hubiera sido Chaplin».

En el cuaderno de esquelas del Kölner Stadt Anzeiger una con un epígrafe de Hemingway, en inglès, que traduzco con la ayuda de DeepL: «Es bueno tener un fin al que dirigirse; pero al fin es el viaje lo que importa». Qué lata, empiezo y termino la semana con filosofía de almanaque. En este caso, además, me suena a refrito de sabiduría “oriental”. Bada retro!

Contrariamente a la idea romántica de mucha gente, la figura del Cid como ganador de batallas después de muerto siempre la he rechazado. Ganar una batalla después de muerto es contrario a la ley natural. Vale más no ahondar en el asunto, porque viendo el crecimiento del racismo y el antisemitismo en Alemania tendría que aceptar que Hitler sigue ganando batallas después de su muerte tan cobarde. Mencionarme una batalla ganada después de muerto me toca un punto flaco.

Releo Azorín, Las confesiones de un pequeño filósofo, y descubro algún sustantivo femenino inesperado y fresco: «de las viñas sube una frescor grata y fragante». Pero sobre todo encuentro casi al principio una reflexión que me pone muy pensativo acerca de lo que hago en este diario. Dice Azorín: «Si dejo la mesa y salgo un momento al balcón, siento como un aguzamiento doloroso de la sensibilidad cuando oigo en la lejanía el aullido plañidero y persistente de un perro, cuando contemplo el titileo misterioso de una estrella en la inmensidad infinita. // Y entonces, estremecido, enervado, retorno a la mesa y dudo ante las cuartillas de si un pobre hombre como yo, es decir, de si un pequeño filósofo, que vive en un grano de arena perdido en el infinito, debe estampar en el papel los minúsculos acontecimientos de su vida prosaica»

*****************THE END*****************

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2 COMENTARIOS

    • Gracias por leerme, Manu, y no es que me intimide, es que siento que tiene razón. Además, hasta ahora tenía a mi favor el argumento de que deseaba dejarle memoria de mí a mis hijos y mis nietos. Pero el panorama se ha puesto tan color de hormiga (negra) que nadie puede decir hasta cuándo durará la Humanidad.

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