De mi Diario : Semana 27 / 2020

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Weiß/Colonia, 28.6.

1:50 am : Acabo de ver Blancanieves y el cazador, que no conocía, y pienso que el cine tal vez sea, junto con la voz de los padres y la de los abuelos, el mejor soporte para la narración de un cuento de hadas. Recordando ahora las respuestas de mis encuestados acerca de la primera peli que vieron, constato que nunca vi Bambi, y Blancanieves y los siete enanitos sólo la vi en modo nuevo rico, cuando leí que la apostrofaban como una obra maestra. Nunca me atrajeron las pelis de dibujos animados, lo mío eran y son los cartoons de Tom & Jerry, donde debo aclarar que aunque me divierten mucho las astucias de Jerry, mi compasión por Tom es tan grande que compensa la contraparte.

Después de leer mi diario, desde Madrid me escribe Jesús para corregirme que Armin Hary era un sprinter (yo prefiero decir velocista), no un corredor de fondo, y que debo escribir maniquíes y no maniquís. En lo de AH le doy la razón, tuve un lapsus, pero en cuanto a las maniquís, me acojo a la preceptiva de la Real Academia sobre sustantivos o adjetivos terminados en i o en u tónicas: «hay voces, generalmente las procedentes de otras lenguas o las que pertenecen a registros coloquiales o populares, que solo forman el plural con s». Así es que maniquís.

Me fijé en que Vicente Aleixandre ingresó en la Academia en 1950 y que en la edición del Diccionario de 1958 la letra W sólo incluía dos entradas, la propia letra “w” y “watt”, pero en la siguiente, de 1970, ya eran once, entre ellas “wellingtonia”, descrita como una planta llamada así por un botánico inglés en honor del Duque de Wellington, vencedor en Waterloo. Y este debe de haber sido el primer aporte de Aleixandre al Diccionario, porque no podía dejar de incluir en él ese nombre de su calle, famoso como pocos en el mundo de la poesía española.

Weiß/Colonia, 29.6.

1:00 am : Nuevo episodio de la serie policial sueca El comisario y el mar. Me gusta mucho el personaje del comisario, tan distinto de sus colegas Beck y Wallander. Y siempre está además el aliciente de ver a la primera Pippi Calzaslargas convertida en médica forense.

Me escribe desde México mi sub para contarme cuál fue la primera peli que vio, y me dice: «La novicia rebelde o The Sound of Music: me llevaron como a los 8 años, esta peli es de 1965 y recuerdo vagamente que estuvo muchos años en el cine. No sé si es verdad esto que digo, pero creo que sí. Era tal la cantidad de gente que querían verla que por fin mis papás consiguieron boletos para la función de las 8 pm en el Cine Manacar, ya hoy inexistente. Fuimos con mis primos también. Para no dormirme, mamá me metió a la cama como a las 5 para una larga siesta. De entrada me emocionó el cine mismo, vaya sala fantástica, enorme, con un recibidor lleno de dulces. Recuerdo sentarme en esas butacas, irme hasta el fondo del asiento y tener mis pies al aire. En imágenes ver el mar en esa peli fue lo que más me gustó, sin duda. Pero que haya sido una peli musical fue para mí la gloria. Cantar en el cine, no lo podía creer. Hace como un año la volví a ver, llegaron borbotones de sensaciones como cuando la vi en aquella enorme sala del Manacar». Le contesto: «¡La novicia rebelde! Realmente tuviste suerte de que tu primera peli fuese un musical, y uno tan bueno, además. Yo creo que el primer musical que vi fue ¡Levando anclas! [Anchors aweight!], con Frank Sinatra y Gene Kelly, que se mandaba un número de baile con nada menos que el ratón Jerry: yo tendría siete, si acaso ocho años, como tú viendo La novicia rebelde, y ¡Levando anclas! cimentó desde el vamos mi amor por el musical. ¡Le debo tanto a Jóligú! // Besos en pixeles, cuídate mucho y, ya sabes: bleibe gesund! // Taconazo y tentetieso, / El cabo furriel Bada».

Luis Miguel publica en su sección El Poema Diario, en Nexos, uno del neerlandés Benno Barnard dedicado a su lengua materna. Honestamente hablando, he ido a leer el original y no me gusta, demasiada literatura, que mata a la poesía. Prefiero la modesta gracia de Jan Hanlo: “Tu sonido”: «Een paal! Een paal!  leyó el niño. / ¡Oh neerlandés natal, / cuán bello eres, cuánto mi cariño, // al oír que una criatura, / párvula todavía, / tus palabras, tu música leía!»

Mientras cenamos llamó Carlitos y al oír su voz se me quitó un peso enorme de encima. Ya le hicieron la colonoscopia, esta mañana, y no tiene nada, lo mandaron a casa, He pasado tenso el día entero, esperando la llamada de Ulli para darnos cuenta del resultado de la colonoscopia. De manera que al oír la voz de Carlitos hasta estuve un momento sin reaccionar.

Weiß/Colonia, 30.6.

2:30 am : Pasaron A sangre fría, basada en la obra de Truman Capote, y hasta puede que mejor que el texto que la inspira. A continuación dos largos documentales, el primero sobre la historia reciente de China, el segundo sobre la mujer de Mao. Me entero de que su primer triunfo como actriz fue incorporando la Nora Helmer de Ibsen en Casa de muñecas, y me pregunto cómo es posible que alguien que alguna vez fue Nora pudo llegar a ser el motor de la revolución cultural, una de las mayores canalladas cometidas por una clase dirigente contra su propio pueblo. Aquí cobra sentido cabal aquello de la “capacidad histriónica”.

En La Modicana, alegría por el reencuentro con Ulli & Carlitos, que estaba pendiente de un hilo, el resultado de la colonoscopia. Ulli encarga unas berenjenas gratinadas, Diny el menú del día (ensalada con mango y macarrones), y Carlitos y yo canelones de la casa. La mitad de los míos se la lleva Carlitos a la suya para la cena. Cada vez como menos, pero es que, además, cada día me sabe menos la comida. Le encuentro el mismo gusto a todo. ¿Achaque de la edad? No lo sé, pero más bien creo que es nostalgia de paladares perdidos. Hasta cuando compro sobrasada, chorizo y jamón serrano acá, poco o nada me devuelven de sus gustos originales.

Weiß/Colonia, 1.7.

1:45 am : El agente Carl Hamilton es una especie de 007 escandinavo, con la reserva de que un miembro de los servicios secretos suecos nunca puede matar en el desempeño de su profesión a no ser en defensa propia o defendiendo los intereses de su país. Tal es el caso en este episodio que acabo de ver, protagonizado por el gran Mikael Persbrandt. Un Krimi perfecto.

Rebeca en casa para echarle una mano a Diny, que se ha mercado un nuevo teléfono móvil y no tiene el know how necesario para programar semejente chisme. Me asombro una vez más con la destreza de Rebeca para leer instrucciones, que suelen estar redactadas en algún dialecto chino de una provincia lejana del ex Celeste Imperio. Hoy es el Imperio Rabanito, muy rojo por fuera y blanco que te quiero blanco por dentro. Y más corrupto que la dinastía Ming.

Llueve tan tupido que parece que hay niebla. Cinco minutos después sale un sol resplandeciente y me parece algo así como si el Dios de la meteorología se encogiera displicente de hombros sin excusarse, quizás diciendo: «Es que soy así de caprichoso». La madre que lo parió.

Weiß/Colonia, 2.7.

1:50 am : Un nuevo episodio del agente Carl Hamilton, esta vez no defendiendo los intereses de su país sino tratando de rescatar a su ahijada, secuestrada por unos fundamentalistas islámicos. Es curiosa esa relación de los países escandinavos con los del Cercano Oriente, una relación con un alto pedigrí político. Pero también literario: recuerdo a Selma Lagerlof y su épico relato de la emigración de unos campesinos suecos a Palestina, a Pär Lagerkvist y su novela  BarrabásY en cuanto a este nuevo episodio la presencia de Mikael Persbrandt, como siempre, carismática.

Acabé la lectura de The Night Lords [El Rolls–Royce negro se titula en la traducción alemana], el cuarto episodio de la saga del inspector Castang, por Nicolas Freeling. Anoté que al inspector le asignan la investigación, en la que están implicados unos ingleses, porque «habla rosbif», una divertida forma de llamar al idioma de Shakespeare. Uno de los ingleses implicados es una joven llamada Patience, y registro este diálogo entre Castang y su jefe: «”Esa chica Patience –lindo nombre ¿no?– y sus repetidas visitas a los aseos” “Sí. No tuve la intención de volver a plantear la gran controversia del Bidet or not bidet”». Y dos observaciones que datan de 1978, fecha de la publicación de la novela, no de los aciagos días del Brexit: «El continente, una palabra que continuaba sonando muy negativa en los oídos ingleses», y «El principal aporte de Inglaterra a la Comunidad Europea ha sido la hidrofobia».

Murió Tomás Ramos. Me dice su hijo: «La enfermedad que tuvo se llamó 94 años, 5 meses y 9 días. Se fue apagando poco a poco, hasta que dejó de latir su corazón». Le contesto: «Apenas abrí tu email sabía lo que me iba a encontrar, no en vano en las últimas semanas, desde que comenzó el confinamiento, porque todos los domingos a mediodía llamo a mi hermana, siempre le preguntaba si tenía noticias de tu padre, que por mi cálculo contaría unos 15 años más que yo, así es que estaba, como yo, en un grupo de altísimo riesgo. Y apenas leído tu email traté de llamarte, pero el número vuestro que tengo es obsoleto desde hace años: 959.253471, me tuve que disculpar dos veces con los actuales usuarios. / ¡Qué decirte! En este caso las palabras demuestran ser lo que son: palabras. Pero tú sabes, por mi diario y todo lo que a lo largo del tiempo he escrito acerca de tu padre, que mi deuda de gratitud con él es muy grande. Que siento su muerte como la del alguien de mi familia más íntima, la familia de mis amigos inolvidables y a quienes les debo lo poco o mucho que soy. / Te mando un abrazo muy fuerte y el deseo de que sobrellevéis esta pérdida como algo inevitable aunque doloroso. Me aquieta el alma saber que murió en casa, entre los suyos, en paz. Aunque no dejo de recordar las palabras de Kafka: “Vamos viendo cómo el sol lentamente se apaga, pero de repente nos asusta encontrarnos en la oscuridad”. Yo no tuve esa suerte con mi padre: a él le cortaron el fluido con un simple giro del interruptor. Diny se une a mi abrazo, y Rebeca, que conserva como oro en paño las fotos en 3D que tu padre le hizo de niña».

Tomás era alguien muy caro a mi corazón. Tanto que a él le debo la primera biblioteca que he leído casi íntegra, la suya: era el contable de mi padre, y gracias a él aprendí contabilidad y tuve lectura asegurada durante todos los años desde que aprendí a leer hasta que pude empezar a comprar mis propios libros. Era una persona pura bondad, modestia, sabiduría natural, ansia innata de saber y de aprender, y puedo decir que fue mi modelo, aunque nuestras trayectorias humanas hayan sido tan distintas. Contaba con su muerte. Ya sucedió. Su hijo sabe cuán grande era mi deuda de gratitud con él. Ahora me toca brindar con un Single Malt por su anunciado arribo donde San Pedro, a quien lo primero que le habrá preguntado es por la biblioteca. Sure!

Weiß/Colonia, 3.7.

Comencé ayer la lectura del segundo episodio de la saga del comisario Van der Valk, Because of the Cats [Por culpa de las gatas]. Ya las primeras 50 páginas resultaron muy prometedoras, así es que después de la cena le hinqué de nuevo el diente. Por cierto que Diny compró ayer un ramo de gladiolos rosas (que es mi flor favorita) y para que me alegren la vista lo colocó en la mesa del cuarto de huéspedes, donde me suelo enclaustrar a la hora de leer. A los gladiolos les hice un pequeño homenaje al final de mi cuento “GBZ vs. E”: «Al volver a apretar el gatillo pude sentir su corazón reventándole en el pecho, como un tallo de gladiolo rojo cuyas yemas se abriesen todas de golpe».

No debo olvidarme de consignar las señales de lectura. Aborrezco las “orejas de burro” a que son tan aficionados los lectores de ocasión, doblando el ángulo superior de la página donde interrumpen la lectura: «¡Qué iracundia de yel y sin sentido!», clamaría Juan Ramón. Yo tengo señales para casi cada género. Para las novelas policiales una preciosa que me regaló mi taruguita querida: es la reproducción tamaño postal de un grabado de José Guadalupe Posada, con esta leyenda: “Los crímenes de la ambición. El anatema de la víctima”. La elegí adrede, desechando la anterior, porque viene envuelta en una funda de celofán y así no sufre tanto con el uso, teniendo en cuenta que lo que más leo son justamente novelas policiales.

Weiß/Colonia, 4.7.

En el cuaderno de esquelas fúnebres del Kölner Stadt Anzeiger, una con un epígrafe de The Beatles: «And when the night is cloudy / there is still a light that shines in me / Shine until tomorrow / Let it be [Y cuando la noche está nublada / todavía hay una luz que brilla en mí / Brilla hasta mañana / Déjala estar]».

También en el KStAnz. un hallazgo inesperadamente poético en medio de un largo reportaje acerca del Covid19: «Ambos virus, el de la hepatitis C y el del VIH, cambian rápidamente, son genéticamente tan móviles, tan de pies ligeros, que los microbiólogos difícilmente les pueden seguir el ritmo, a diferencia del Covid19, que muta comparativamente poco, se comporta como un camarada estoico, un Buda en forma de virus». Chapeau, colega!

Me escribe Claudia con los anuncios de sus próximas performances, y le contesto lo siguiente: «La lectura de tu email me ha despertado un recuerdo. En la Deutsche Welle tuve, entre una larga docena de free lancers, un compatriota tuyo que era un trueno delante del micrófono, pero un pedito de monja (usté perdone por la manera de señalar) como redactor de textos. Yo sabía que los suyos debía editarlos con lupa de aumento. Y un día me tocó editar un texto suyo donde hablaba de un film de Curd Jürgens titulado, según él, El enemigo Below. Algo así como El ciudadano Kane. Tú sabes de sobra de mi pasión por el cine, y aunque no domino el inglés, semejante título en relación con CJ no me funcionaba un carajo. En aquellos tiempos mi dilecta amiga Miss Hortensia Google estaba siendo procreada (sospecho que fue fruto de una violación, aunque nunca me lo ha confesado), de manera que bajé a la biblioteca de la emisora y busqué en una Enciclopedia del Cine, descubriendo que CJ había protagonizado en 1957 un film sobre una batalla entre submarinos alemanes y gringos durante la guerra mundial, peli que en español se estrenó como Duelo en el Atlántico Norte, pero en el original se titulaba The Enemy Below. Pues eso, El enemigo Mr. Below».

*****************THE END*****************

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2 COMENTARIOS

    • No te imagimas el alivio que fue para mí oír su voz preguntándome si al día siguiente íbamos a La Modicana, como de costumbre. Lo dicho: soy hipocrondríaco per interpósita persona. En lo personal nunca lo he sido.

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