De mi Diario : Semana 28 / 2012

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Weiß/Colonia, 8.7. (1)

Margot Käßmann es “el” rostro del protestantismo alemán, «Profeta por libre» la ha llamado algún periodista; “Luthers Libero” se titula una larga entrevista con ella, en el magazin dominical del diario, y el título da en el clavo, ella es la Beckenbauer de la Iglesia Evangélica Alemana. Un control positivo del alcoholemia al volante la hizo dimitir de su puesto como primera mujer al frente de la misma, pero ahora es la comisionada por esa iglesia para organizar, de cara al 2017, el 5° centenario del cisma de Lutero. En esta entrevista se muestra segura de sí misma, de lo que quiere y de lo que sabe. No santifica por ejemplo al antisemita Lutero, pero sí admira lo que hay de admirable en el reformador. El periodista le sugiere que explique a los jóvenes el sentido de la Reforma en 140 caracteres, como un tuit. Käßmann: «Auch wenn alles schief geht, Gott sagt, dein Leben hat Sinn». 59 caracteres. Intentémoslo en castellano: «Aunque todo se tuerza, Dios dice [que] tu vida tiene sentido». 60, con el encorchetado añadido. Mica male!

 

Weiß/Colonia, 8.7. (2)

Me escribe Javier Vásconez después de leer en mi diario lo que respondí al cuestionario acerca de su cuento que me mandó Christian Oquendo: «Puedes localizar a Quito por la calle Carvajal, por el barrio de La Loma, por las quebradas. Es decir, de una forma casi secreta. A mi modo de ver Quito está retratada, además, como un clima moral. Por la forma cómo se habla del Oro negro (petróleo, Ecuador). Lo de Barcelona y el cliché, estoy de acuerdo. Quería que apareciera como una ciudad bohemia, caótica, fácil de  de ubicar en la memoria, esa Barcelona sucia, descuidada y llena de drogados de los años ochenta. // Autores nombrados. No conozco a ninguno. A Felicísimo Rojas apenas si lo he leído. Pero me dio curiosidad. ¿Por dónde me tiendes un lazo con Rojas?» 

Le contesto: «Por supuesto que quien conozca Quito puede reconocerla con las referencias a la calle Carvajal y al barrio de La Loma, y las quebradas, pero fíjate que calle Carvajal, muchas quebradas y varios barrios Lomas los hay asimismo en Buenos  Aires, capital de un país donde también hay oro negro. Si tú lees un cuento mío y en él aparecen  la calle Alonso Sánchez y el barrio de la Plaza Niña seguro que pensarás que estoy situando la accíón en Huelva, pero es porque sabes que nací allá. No nos llamemos a engaño, muchos de los datos tópicos de las narraciones son fácilmente intercambiables. El Dublín de Joyce podría ser perfectamente, qué te digo yo, Edimburgo. En cuanto a lo de don Ángel Felicísimo Rojas, el buen viejo me mandó allá por 1999, poco antes de su muerte, ejemplares de sus dos libros de cuentos, Un idilio bobo y El busto de Doña Leonor, separados en su publicación por más de medio siglo, y tengo muy vivo el recuerdo de varios cuentos suyos que por el tono y el asunto me recordaron mucho algunos tuyos. Lamentablemente esos dos libros se cuentan entre los varios cientos que ya he donado en vida a los Centros Cervantes de Bremen y Hamburgo, de manera que no te los puedo citar, aunque sí recuerdo que «El busto de Doña Leonor», del libro homónimo, me pareció un Vásconez que mojaba la pluma en el tintero de Rabelais».

 

Weiß/Colonia, 8.7. (3)

Vacaciones escolares. La familia Ritter Bada se va en pleno. La familia Bada Scholz se queda, de momento, en pleno. Pero a partir de hoy delegan a Vincent un par de días con los abuelos de Colonia, y dos semanas con los de Ebermannstadt.

 

Weiß/Colonia, 9.7., primera hora del día

Me fijo, quieras que no, en cómo es que debido a la permeabilidad de las fronteras, y sobre todo a causa de los exilios impuestos por las dictaduras del Cono Sur, los apellidos latinos (Moreno, Barbarotti) han empezado a aparecer de una manera natural en las series policiales escandinavas de la tele. Pero como correlato lógico tengo que pensar en los apellidos no latinos de la historia hispanoamericana (O’Donnell, O’Higgins) y en nuestra literatura: Hartzenbusch, Böhl de Faber, Becker [españolizado como Bécquer], De Greiff, Eielson, Fogwill, Walsh

 

Weiß/Colonia, 9.7. (1)

Voy a la ciudad y primero paso por una tienda de souvenirs para comprar los regalos que quiero enviar de una vez a los buenos amigos de La Daniela, en Madrid. Después encuentro con Julio y Carlitos, en el italiano de la planta subterránea de Karstadt, para comer esa sopa de pescado de las de chuparse los dedos que hacen allí. Y viendo devorar a unos comensales unas mesas más allá, vuelvo a recordar, creo que casi literalmente, la reflexión que hace Baroja en El laberinto de las sirenas: «Yo no comprendo cómo  los italianos, con su eterna preocupación estética, pueden comer espaguetis en público».

 

Weiß/Colonia, 9.7. (2)

Mi columna sobre Faulkner en El Espectador es la que con toda seguridad me ha deparado el mayor número de comentarios en mi estafeta. Hoy me escribe Lillian desde Managua: «Yo creo haber percibido en The Hamlet (que es uno de los libros de Faulkner que más me han gustado) la semilla de donde surgió Remedios la Bella. Lamentablemente no puedo citarlo con más precisión porque no tengo ya ese ejemplar, y mi memoria sigue siendo tan mala como siempre. Ese libro es una joya, en particular recuerdo el relato del muchacho enamorado de una vaca; yo creía estar leyendo a Virgilio en inglés». Lillian es una de las personas de más fino olfato lector que yo haya conocido en mi vida. Mañana mismo estoy releyendo The Hamlet con sus ojos.

 

Weiß/Colonia, 10.7., primera hora de la noche

Ensemble, c’est tout [en español Juntos, nada más; en alemán Juntos se está menos solo]: ¿cómo diría Tolstoi, de haber sido crítico de cine? Pues que las pelis felices no tienen historia. C’est tout!

 

Weiß/Colonia, 10.7.

Hace poco me estuve fijando en la presencia de apellidos latinos en las series escandinavas de la tele, y hoy, por el diario, me entero de que al cabo de 36 años volverán los osos hormigueros al Zoológico de Colonia; el primero ya llegó, es una hembra, ¿y cómo se llama?: nada menos que Guapa. Amén de ello me entero de cómo llaman al conciudadano nuestro a quien se le ocurrió la idea de plantar un banano en la rotonda del cruce de las calles Bonner y Teotoburger, al sur de la ciudad. A esa rotonda verde la bautizaron entonces, hace tres años, como República Bananera Autónoma de Colonia, ¿y cómo llaman a su fundador?: nada menos que El Presidente, así, en castellano. Miguel Ángel Asturias reclamaría que le antepusieran el “Señor”; noblesse oblige!

 

Weiß/Colonia, 11.7. (1)

Anoche me dio un ataque de sueño absolutamente devastador, los párpados se negaban a resistir la fuerza de la gravitación universal y un cansancio como de siglos me invadió el esqueleto. Tan así que desistí de seguir trabajando, y como no había ninguna peli que me desvelara con sólo su título, me metí al sobre y he dormido, por primera vez en mucho tiempo (tanto que no recuerdo cuánto), siete horas consecutivas. Alabado sea el santísimo sacramento del altar.

 

Weiß/Colonia, 11.7. (2)

Diny anda leyendo en pantalla una receta y al verme en el pasillo, yendo de camino a la cocina, me pregunta qué es la albahaca, o sea, cuál es su nombre en alemán. Le digo que lo tengo en la punta de la lengua y que además comienza por “Ba”, como Bada. Pero se me resiste, y debo  recurrir al diccionario: ¡Basilikum!  Son lindas ambas palabras, albahaca, Basilikum. Pero me  planteo si mi Platerita me preguntase cómo se diría en alemán, como vocativo, “Cariño”, y le tendría que contestar: “Liebes”. Que es como si llamase crustáceo al noble bogavante, o ave al majestuoso faisán. Y no es que falten apelativos cariñosos en alemán: Kurt Weill inventó nada menos que 139 en sus cartas a Lotte Lenya, varios tan indescifrables que sólo ella debe haber podido descodificar la intensa vivencia escondida detrás de alguno: “esponjita”, sin ir más lejos. Y ella le correspondió por su parte con 60 ternurismos, hasta casi fotográficos («ranita»), si bien es verdad que una vez lo llamó nada más y nada menos que «Herr Johann Strauss–Weill».

 

Weiß/Colonia, 12.7., primeras horas del día

De nuevo una trasnochada, por culpa de una peli, Berlín, 36. Pienso que habría que hacer alguna vez, en algún festival de cine (Cartagena de Indias, Mar de Plata, Islantilla), un ciclo dedicado a los Juegos Olímpicos de Berlín. Al menos tres pelis se me ocurren sobre la marcha: la de Leni Riefenstahl como referencia ineludible; y luego Sunshine [El amanecer de un siglo], de István Szabó, con el trágico destino de Adam Sors, el húngaro medalla de oro en esgrima y luego asesinado en un campo de concentración nazi; y ahora esta Berlín, 36, que me apasionó anoche, aunque en ella  hay escenas que agarrotan el alma. Pero estoy seguro de que debe de haber al menos un par de pelis más sobre el tema, me pondré a investigarlo. Aunque, pensándolo bien, ¿por qué no abrir el abanico a los Juegos Olímpicos en general, para incluir Chariots of Fire?

 

Weiß/Colonia, 12.7.

Alfonso publica un tuit mío en su cuenta de Twitter: @alfarmada La prensa diaria es el espejo retrovisor de la Historia. (Ricardo Bada).

 José María me retruca desde Cielorroto: «La prensa diaria es el testigo comprado de los que escriben la historia. Los medios alternativos como twitter son los guardianes de que la historia sea la verdadera».

Y yo le retruco a mi vez: «¿Y qué es lo verdadero, José María?  ¿Recuerdas lo que decía Machado?  “¿Tu verdad? No, la Verdad, / y ven conmigo a buscarla. / La tuya, guárdatela”. Yo no sé si no sería más «cierto» decir “¿La Verdad? No, mi verdad, / e iré contigo a buscarla. / La tuya, guárdatela”».

José María no ceja: «Si miro la inmediatez como una de las posibilidades de twitter y facebook en manos de quien no está sometido a un patrón económico, diría que ahí está la verdad del instante que sucede. Mira que twitter, lo mismo que facebook, tienen la posibilidad de la foto testimonial tomada y subida a la nube de inmediato, se convierte en la historia verdadera. Sin manipulación. De ahí mi aseveración. Tú mismo, alguna vez me enviaste una magnífica imagen del asunto. ¿La recuerdas? la pancarta con la palabra que se arma con las iniciales de Google, Twitter, Facebook y otros que no recuerdo, cuando «la primavera árabe». Lo otro es nuestras verdades. Cada quien es dueño de la suya. Pero la historia, la verdad de la historia, hoy se TIENE que escribir diferente».

Y yo tampoco cejo: «Claro, de acuerdo, pero el problema básico es que la Historia, por razones lógicas, aunque se hace en tiempo presente, se escribe siempre en pasado». Como todo lo que se escribe, dicho sea de paso; incluso, y eso sí que es paradójico, aquello que se llama ciencia ficción. En ella se escribe sobre el futuro desde un hoy que, desde aquel futuro, es ayer.

 

Weiß/Colonia, 13.7. (1)

Leyendo El cuervo blanco [de Fernando Vallejo] me encuentro lo siguiente: «Este Clarín, asturiano (de los que hablan bable, como las ovejas), se consideraba el arbiter elegantiae de la “arte bella”. Escribió un cuento de título feo, “Adiós cordera”» [sic] «y una novela fea, La Regenta (a la francesa, a lo Flaubert, toda galicada), que gozó en su tiempo de indebida fama y que termina con el beso de un seminarista feo a una mujer desmayada: “el beso de un sapo”, dice él. ¡Cabrón! ¡Comparando a un batracio hermoso con el bípedo humano!  ¿Pero saben qué le comentó don Rufino, años después, a mi paisano de Antioquia Enrique Wenceslao Fernández, sobre ese gachupín alzado? “Tal vez no sabía U. que Alas nos detesta a los americanos en globo e individualmente; no sé si sea envidia o caridad, pero para mí tiene la ventaja de la franqueza. Otros españoles tienen los mismos sentimientos que él, pero los disimulan y nos lisonjean para que les compremos sus libros y sus aceitunas”».

Como supongo que Fernando, cuya obra admiro profundamente, sabe de sobra aquello de que “donde las dan las toman” y lo de que siempre se le puede pagar a otro con su misma moneda, me imagino cómo hacerlo. De manera que empleo como modus operandi eso que los alemanes llaman “die Retourkutsche”, “la diligencia de regreso” [o con otra imagen, el boomerang]:

«Este Vallejo, antioqueño (de los que hablan paisa, como las mulas), se considera el enfant terrible del idioma. Escribió una novela de título feo, El desbarrancadero, y una novela fea, La Virgen de los Sicarios (a lo yanqui, a lo Mickey Spillane, toda agringada), que gozó en su tiempo de indebida fama y que termina diciendo “Y que te vaya bien, / que te pise un carro / o que te estripe un tren”. ¡Cabrón! ¡Maltratando a unas hermosas máquinas para fines bípedohumanos!  ¿Pero saben qué le comentó un compatriota, años después, a este vuestro seguro servidor, sobre ese sudaca alzado?: “Tal vez no sabías que Vallejo nos detesta a los españoles en globo e individualmente; no sé si sea envidia o caridad, pero para mí tiene la ventaja de la franqueza. Otros sudamericanos tienen los mismos sentimientos que él, pero los disimulan y nos lisonjean para que les compremos sus libros y sus bananas, incluyendo en primer lugar entre ellos a todos los embajadores que vinieron a lamerle el culo a Franco, y luego al Borbón de turno”».

Y de este modo, creo que quedamos a la mano, Fernando. Lo dejamos en tablas, ¿vale?

 

Weiß/Colonia, 13.7. (2)

Todo el santo día convencido de que la invitación de Víctor a su festejo de cumplesantos (como dicen ellos, los peruanos) era para hoy. Tanto que Diny y yo hasta nos endomingamos, y venga esperar a Carlitos que tenía que venir a buscarnos con su carro, porque el estudio de Víctor está al otro lado del río y para ir a Siberia siempre es mejor hacerlo en grupo, por si nos asaltan y así podernos defender mejor, pero pasan las 5:30 y llegan las 5:55 y Carlitos no aparece, y lo llamo a ver si es que se olvidó, pero no, el que falló en la fecha fui yo, la invitación es para mañana. Al carajo mi agenda, donde además lo tengo apuntado correctamente, 14 de julio, 18:00, fiesta en el atelier de Víctor. Pero como ya estamos endomingados y Diny no había previsto nada para la cena porque pensábamos depredar las Delikatessen de Víctor, gran cocinero, la invito a comer en La Modicana. Y apenas nos montamos en el bus, una edición pocket del Diluvio Universal, que afortunadamente cesa cuando llegamos a Sürth, y ya allí le cuento a la signora Giuseppina un tuit de Héctor (@hectorabadf) y se desternilla: «Casilla de inmigración, Milán. «Y usted, siendo colombiano, ¿por qué es blanco?» «Porque hay una puta lombarda en mi árbol genealógico»».

 

Weiß/Colonia, 14.7., primera hora de la noche

Algo que llevo constatado desde hace tiempo, y que me alegra indeciblemente, es que todos los amigos que me visitan en Colonia, y a quienes les presento a Carlitos y él nos acompaña durante esos encuentros, la impresión más fuerte, duradera y entrañable que se llevan de la ciudad, no es otra que la de este descendiente todavía no homologado del yeti. Debería sentirme celoso, pues lo cierto es que en todos los casos se trató siempre de amigos míos que han venido expresamente a Colonia a visitarme, pero es no menos cierto que si soy honesto y me pongo en la piel de ellos, también yo quisiera seguir platicando más con él que conmigo. Y mis infinitas horas de plática con él avalan lo que digo. El email de Anacrís a Carlitos, al regresar a Medellín, y enviándoselo a él antes de responder a mis docenas de emails en sus vacaciones, es una prueba irrefutable.

 

Weiß/Colonia, 14.7.

Después del desayuno me he puesto a resolver el crucigrama del magazin del diario, pero esta vez cronometrando cuánto tiempo invierto en descifrar la palabra oculta en él y que se arma en base a las letras numeradas dentro del mismo. La tarea es sencilla en el sentido de que no se necesita resolver el crucigrama entero sino sólo las verticales y horizontales donde se encuentran las letras que componen la palabra clave, y muchas veces, cuando ya se tiene la mitad de las 11 ó 12 letras, el resto es coser y cantar. Tardé menos de ocho minutos. No sé si es mucho o poco, haría falta cronometrar al menos una docena para obtener un promedio, pero también que otra persona, alguien cuyo idioma materno fuese el alemán, lo resuelva a la par conmigo, y entonces sí poder comparar las performances. ¡Cómo se nota que están cerca los Juegos Olímpicos!

 

Weiß/Colonia, 14.7. (2)

Vamos a la fiesta de Víctor, en su estudio, al otro lado del río, y nos reencontramos con Jana y Julio + prole encantadora y guapísima, pero también, de forma inesperada, con Carmen, a quien hacía años, literalmente años, que no veía. Volvemos a casa con luz de día, y al cruzar el Rhin, de regreso a la civilización, nos llena los ojos la llanura del río impecablemente solitaria; ni un solo barco circula hasta después de medianoche, al terminar el espectáculo Luces de Colonia, que comenzará alrededor de las 10:00 pm. Cuando llegamos al magnolio y empezamos a bajar la rampa camino de nuestro apartamento, me quedo un instante mirando la muralla de nubes sobre el arco del Rhin y el bosque: diríase estar viendo un desplegable en 3D de los Alpes, en una de las viejas guías Baedecker. Hermosura tal no es de este mundo; ergo, se la ha reservado el cielo.

 

***********FIN***********

1 COMENTARIO

  1. Le decía antes de ayer nada
    Le decía antes de ayer nada más a León Gil, que a Vallejo hay que leerlo y escucharlo «con beneficio de inventario», dado que se regodea frente al espejo de su ego, nada más que por llamar la atención sin necesitarlo. Tu respuesta retaliatoria es todo un dechado de «finura»

    El tuit de @hectorabadf es magnífico. Tal vez de los mejores en mucho tiempo.

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