De mi Diario: Semana 29 / 2013

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He podido comprobar, por las preguntas que me llegan vía email, que son pocos los lectores de este diario que se dan cuenta de que está sembrado de hipervínculos que amplían o ejempllifican lo dicho en el texto. Me cuesta harto trabajo buscar los correspondientes enlaces e implementarlos. No me dejen la impresión de que aro en el mar. Vale, y gracias.

 

 

Beek de Montferland, 14.7.

Un chiste que siempre me divierte recordar es el del tipo en pantalones cortos, camisa a cuadros de mangas cortas, gorra de visera y cargando una cesta de picnic (un excusabaraja, dirían don Leandro Fernández de Moratín y mi abuela Remedios), en fin, alguien que evidentemente ha salido de excursión y aparece en el vestíbulo de una estación de TV, empapado, chorreando hasta el punto de que se forma un charco a sus pies, y preguntando con cara de pocos amigos: «¿Es aquí donde el boletín meteorológico de ayer predijo un tiempo espléndido para hoy?» Y si lo recuerdo ahora es porque me parece que la poca fe que nos podía quedar en la Meteorología de consumo televisivo la vamos a enterrar este verano. Hoy, que se predijo sol y calor durante 24 horas, a las 11:08 am estamos en pleno otoño con tendencia al invierno, un cielo color panza de burra y ningún asomo de mejoría en lontananza. Hasta los pajaritos pían tristones.

 

Para un artículo que ofrecí y me han aceptado, en las páginas culturales de El Espectador, de Bogotá, reanudo la lectura de la obra literaria de Buñuel, que empecé ayer por la tarde mientras esperábamos la llegada de Jan y Riet. Es un libro fascinante pero que nunca releí hasta hoy, de lo que me arrepiento [ojo: a medias] mientras recorro sus páginas con botas de siete suelas.

 

La curiosidad humana es inagotable. Un par de lectores de este diario me han escrito queriendo saber cómo fue nuestra cena de anoche en ’t Peeske. Pues bien; Diny, Riet y Jan pidieron como entrada sopa al curry con tropezones de pollo y manzana; yo la sopa de cebolla que me había prometido y que me desconcertó porque no era la gratinada francesa que esperaba, sino una versión neerlandesa con bayas de ginebra; sabrosa, en todo caso. Diny se decidió por el plato sorpresa vegetariano, que resultó ser arroz en azafrán con numerosos aditamentos. Riet eligió un plato mixto de salmón y trucha arcoiris, y Jan la oferta del día, tres lenguados medianos por un precio ridículo, 19.50€. Y yo acerté de pleno encargando el rodaballo en salsa de azafrán, porque hace siglos que no comía un pescado tan fresco y tan bien preparado. El vino lo elegí personalmente, un Verdejo de Rueda, del 2007, fresco y entrador, al pelo con la comida. Y el postre, café con licor de hierbas helado, lo vinimos a tomar acá en casa, donde nos quedamos conversando en el jardín hasta casi la medianoche.

 

Beek de Montferland, 15.7.

1:00 am : Descubrimiento, gracias a un programa cultural del primer canal de la tele alemana, de una nueva voz excepcional, la soprano canadiense Barbara Hannigan, que el 11 de octubre actúa en Colonia. Apenas regresemos me pongo en campaña para conseguir boletos para el concierto, donde cantará y dirigirá la orquesta. Ahí es nadie la niña. Y en el mismo programa un fotógrafo gringo especializado en paisajes del Noroeste de su país (Colorado, Oregón) recomienda la peli Meek’s Cutoff, de la que no tenía ni la menor noticia y que pinta muy bien; por lo que sé, no ha llegado a Alemania, pero seguro que se puede conseguir el DVD.

 

Diny fue a visitar a nuestra vecina, que el sábado la llamó para invitarla a tomar café hoy por la mañana. Y lo primero que le ha dicho es que no me ha visto todavía salir en bici desde el día que llegamos. En un lugarcito como Beek se hace verdad la frase con que empecé “La bufanda de Cambridge”: «Este es un pueblo chico, de esos donde todos y cada uno de sus habitantes saben de memoria, todos y cada uno de los días del año, el color de la ropa interior de todas y cada una de sus convecinas». Y nuestra vecina tiene razón, más de la que cree, porque no se trata tan sólo de que no me haya visto salir en bici, es que a la hora en que escribo estas líneas, 11:45 am de hoy lunes, sólo son seis las veces que he salido hasta ahora de casa, en los 14 días y ½ que llevamos acá. Dentro de un rato lo haré por séptima vez, para comprar comida basura neerlandesa en el chiringuito frente a la oficina postal. Si quisiera una prueba contundente de mi vejez y de mi desidia, qué mejor que esta avergonzante estadística.

 

Es una maratón que comenzó a las 8:15 pm y estamos a las 11:35 y todavía falta una tercera peli: Las que acabo de ver son El discreto encanto de la burguesía y luego Ese oscuro objeto del deseo. Como estoy leyendo la obra literaria de Buñuel, y aunque las he visto las dos un par de veces antes, las veo de nuevo. Y se me cae Buñuel. Por supuesto que es divertido y que se pueden disfrutar sus pelis como travesuras de un niño maleducado e inteligente, pero hay algo que me repele en él: su inextirpable manía pequeñoburguesa de épater le bourgeois; y algo que desde siempre lo he sentido como un fallo rotundo de sus pelis: que no sabía cómo terminarlas (salvo, quizás, en Viridiana). A esta altura del partido, y habiendo sido un buñuelista convicto y confeso “de los de toda la vida”, puedo permitirme el lujo de decir que el cine de Luis Buñuel me parece que es harto decibelio para tan pocas nueces.

 

Beek de Montferland, 16.7.

1:30 am: Los puentes de Madison County, revisionada por enésima vez. Esto sí que es cine, y no esas lecciones de ética anarquista y de cinismo y humor negro pequeñoburgués en forma de pelis. El perro andaluz fue, sí, algo para la eternidad; pero el resto de la obra de Buñuel vivió [vive] de ese crédito. Está sobregirado.

 

Me levanto de mañana para aliviar la vejiga y encuentro que Diny tiene ocupado el cuarto de baño, así es que me tocó ir al aseo pequeño del piso bajo. Y al regresar, atravesando la cocina, me doy cuenta consciente de que hay un reloj más en esta casa, el del microondas, que señala las 7:41 am cuando el de la mesita de noche marca las 7:45. No tengo más remedio que reírme pensando en esas policiacas tradicionales donde los testigos dicen con absoluta convicción que están seguros de la hora porque en aquel momento miraron al reloj. Un asesinato en esta casa dejaría Rashomon a la altura de una zapatilla rusa. Bastaría con que cada testigo hubiese estado en una habitación distinta, o en el jardín oyendo la campana de la iglesia. Y registro una frase que dice El Tiempo en el texto de Buñuel “Por qué no uso reloj”: «Ese majadero de Einstein. Mi experiencia me acoraza contra los insultos, pero el de relativo es el que más me ha dolido».

 

Llama Marcel desde Italia para avisarnos de que se ponen en camino y calculan llegar a Beek mañana por la tarde; nos pide el favor de quedarnos un día más, que regresemos a Colonia el jueves. Tal vez incluso fuese mejor así, mañana es día de pescado en Beek y no me apetecía nada la perspectiva de a) irme sin probarlo si viajásemos temprano en la mañana, o b) tenérmelo que comer de prisa y a la carrera si viajáramos al mediodía.

 

Me anuncia Diny, con alguna reticencia, que me llegó correo de Jobi. Por correo en este caso se entiende lo que yo llamo correo quelonio, el de las tortugas postales. Y en efecto, es un sobre blanco Din A5, remitido por Jobi a Ricardo Bada, c/o. Sint Martinus straat # 8 (es decir, no esta casa sino la peluquería). Lo abro y son las dos páginas centrales que el diario De Gelderlander dedicara el pasado viernes a “La Atlántida de los Países Bajos”, el censo de los 563 pueblos neerlandeses que han desaparecido del mapa del país, a lo largo de los siglos, principalmente devorados por las aguas, pero también a causa de reemplazamientos urbanos, despoblación, industria e incluso guerra. Leí por encima ese artículo en casa de Riet y Jan, cuando estuvimos allá para almorzar, y me interesó vivamente pero no lo pude encontrar en la edición virtual del diario, así es que el domingo, en ’t Peeske, le pedí a Jan el favor de que me reservara esas dos páginas. Aquí están ahora y le explico a Diny de qué se trata, para disipar cualquier sombra de duda acerca de la misteriosa personalidad de Jobi. (Tengo que preguntarle a Jos qué se esconde tras ese seudónimo).

 

Nos visita Suzan, nuestra sobrina predilecta. Y no porque sea la única Hansen de su generación que hable español. Sus padres, Ria y Theo, que estuvieron acá una tarde de la semana pasada, ya nos habían avisado de que ella pasaría a saludarnos. Y es una gran alegría tenerla un par de horas entre nosotros. Nos cuenta de su próximo viaje de vacaciones, a California, y Diny le cuenta de su experiencia en San Francisco, cuando estuvo allá para la boda de Lars. Pero luego le sugiere que sus próximas vacaciones las haga en el Brasil, y le habla con tal entusiasmo de Jorge Amado que tengo que escribirle los títulos neerlandeses de Gabriela cravo e canela y de Dona Flor e sus dois maridos, las dos primeras novelas suyas que le recomendamos leer.

 

Beek de Montferland, 17.7.

Voy a las 12:45 al chiringuito del pescado, merco mis consabidas raciones, y las como en el jardín acompañándolas de un Gran Reserva chileno, 2010. De repente me encuentro pensando si acaso no será esta la última vez que las coma acá en Beek, y trato de golosinear cada bocado como si lo fuese, el último. Subjetivamente diría que saben mejor.

 

Me despido de la vista desde la ventana del cuarto de baño, que muestra el corazón verde de esta manzana de casas, todas con sus jardines traseros separados por setos. Me despido también de la chimenea del cuarto trastero en el jardín, cubierta por la hiedra y que siempre me intrigó tanto. Por fin he descubierto que era la cocina de una de las dos viviendas en que se dividía la casa, y cuando Bernadet la compró para instalar su peluquería en parte de la planta baja, unió ambas viviendas y montó su propia cocina moderna en la del # 6 mientras que la vieja cocina del # 8 quedó como cuarto trastero. En esa tarea de reconstrucción histórico familiar no puedo dejar de anotar acá algo que siempre he pensado pero nunca dejé por escrito. Y es que cuando Bernadet se autojubiló bien joven, le traspasó el negocio a Monique y se fue a vivir con Frank en Zeddam, y Monique y Marcel vinieron a vivir acá; y luego, Monique también optó por una jubilación más que prematura y le traspasó la peluquería a Chantal, la esposa de nuestro sobrino Sander. Gracias a lo cual, y a lo largo de cuatro décadas, el negocio se llamó sucesivamente SALÓN BERNADET, SALÓN MONIQUE y SALÓN CHANTAL, franceses los tres nombres, y unidos por lazos familiares de lo más estrechos e irremisiblemente neerlandeses.

 

Tras la siesta comienza un compás de espera porque, aunque partimos de la base de que será recién mañana cuando volvamos a casa, Diny ya tiene prontas las maletas y ha tendido la cama principal para Monique y Marcel por si acaso regresan a tiempo y podemos alcanzar nuestra última chance de viajar hoy a Colonia, en el tren lechero que sale de Emmerich a las 7:40 pm. Diny demuestra así que tiene tantas ganas como yo de volver a casa, pero no podemos irnos de aquí hasta que no lleguen Marcel & Co. Vemos la etapa contrarreloj en la montaña, del Tour de France (Diny y yo nos hemos hecho fans de Nairo Quintana, el joven colombiano). Cenamos a las 6:00 en punto y sigue el compás de espera, pespunteado por el tic tac del reloj de péndulo de la sala y las campanadas de la iglesia, a las 6:30, las 7:00 y las 7:30. Finalmente, Marcel & Co. llegan a las 7:42, dos minutos después de que haya partido de Emmerich nuestro último tren del día. Paciencia y barajar, pues. Será por la mañana que volveremos a nuestros lares.

 

Beek de Montferland, 18.7.

0:45 am: Mi primera cerveza al cabo de siete años, un mes y siete días. Hablando a calzón quitado, creo que me la he merecido. Y que le den por culo a la gota hijueputa.

 

Weiß/Colonia, 18.7.

Entre Emmerich y Düsseldorf, en el tren, termino de leer La emoción de las cosas. Maravilla de prosa, la de mi Arcángeles querida. No conozco ninguna tan creativa de significados como no sea la de Borges. Sólo que en el caso de Borges se “oye” al idioma reflexionar en voz alta, y en el de Ángeles se “oye” a la lengua en su estado natural, recién nacida, y ya tan adulta. Releo con un sentimiento de deslumbre el episodio del perro que corre tras una lagartija chiquita, la atrapa, la muerde, la avienta. Y dice Ángeles: «La naturaleza había crecido esa perfección para que el perro la destrozara porque sí, para jugar». Es como un sorbo del mejor Aquavit helado, ver ese verbo, “crecer”, usado de esa forma. Cheers!

 

Cuando el tren reanuda su marcha desde la estación Colonia–Mülheim, clavo la vista en la ventanilla y al poco ya las veo, las dos torres, esos dos miembros petrificados de un Ku Klux Klan paradójicamente negro. Ellas me dicen, con su sola presencia, que he vuelto al hogar. Y al poco, el Padre Rhin por el puente Hohenzollern, y la estación central, salimos de ella y en ese preciso instante llega Carlitos, que viene a recogernos. ¡Esto sí que es es timing! Dejamos los bultos en el garaje de casa y seguimos rumbo a La Modicana, mi hambre de spaguetti fruti di mari es directamente proporcional a las tres semanas que llevaba sin probarlos. Y la signora Giuseppina debe haberlo notado, porque esta vez le salieron summa cum laude.

 

Hoy en el Tour  la etapa del Alpe d’Huez, “la montaña holandesa”, como la llaman: nada menos que ocho veces han sido las que escaladores neerlandeses pusieron allí su pica en Flandes; Joop Zoetemelk, Hennie Kuiper y Peter Winnen, además, dos veces cada uno. Pero esta vez no voy a torçer por Mollema y los demás compatriotas de Diny, sino por Nairo.

 

Entre el correo quelonio que me ha ido amontonando Frau Lück, nuestra vecina, sobre la mesa del comedor, estaban el libro de Bernardo, enviado por la editorial desde Alhaurín de la Torre, y dos de Luis Rafael Sánchez, enviados por él desde San Juan de Puerto Rico. Pero también me he encontrado la desagradable sorpresa de que de los 7.322.01 € de facturas que les envié antes de irme de vacaciones, el seguro de enfermedad y la subvención estatal no me reembolsan sino 6.553.07 €, lo que significa que este mes tengo que tapar un agujero de 768.94 €. Y si copio las cifras concretas es para que quede el testimonio de que casi no me lo creo todavía.

 

Weiß/Colonia, 19.7.

Me emputa leer el texto de una sinopsis que escribió Buñuel por encargo de la Paramount, para una peli sobre la duquesa de Alba y Goya. En las notas me dicen que la sinopsis fue escrita en inglés y que la traducción está tomada de una Biografía crítica del viejo cascarrabias. ¿Crítica? Poco crítica cuando incluye unas páginas donde empecinadamente se nos habla de “castillos” en vez de hacerlo de “palacios”. Poco crítica cuando se deja caer con que «Un nuevo Rey y reina son coronados con la tradicional ceremonia». ¡Hasta Buñuel tenía que saber que en España no se corona a los reyes, sino que se los proclama! Merde!

 

A las 8:15 pm, en el canal einsfestival, The King’s Speech [El discurso del rey]. Me la perdí en su día, así es que la veo junto con Diny y la gozamos en amor y compaña. Está anunciada para las próximas tres semanas en diversos canales, la podré volver a ver un par de veces más y estoy seguro de que sin cansarme. Si pienso en el porqué, me digo que es porque viene a ser como una novela de Jane Austen inusualmente protagonizada por varones. [Nota bene: fisgando su ficha técnica descubro que la niña que interpreta a la princesa Margarita se llama Ramona Márquez, es hija, sobrina y hermana de actores españoles, y esta fue la segunda vez que actuó como hija de Helena Bonham Carter, ya lo había hecho en el telefilme Enid, acerca de la vida de la escritora de libros infantiles Enid Blyton]. Y dentro de unos instantes comienza una nueva entrega de la saga de Irene Huss, la serie policial sueca ambientada en Gotemburgo. La recuperación de los canales de TV que no podía ver en Beek, qué gran cosa para alguien como yo.

 

Weiß/Colonia, 20.7.

Nairo coronó los 1.665 metros del Semnoz en solitario, y ganó la etapa, el premio de la montaña y el segundo puesto de la general amén del maillot blanco del corredor más joven y “más mijor”, como diría Cantinflas. Leo la crónica del corresponsal de El País destacado para cubrir el Tour y me pregunto cómo es posible que no mencione, ni con una sola palabra, el dato esencial desde el punto de vista de Nairo, y es que todo ello haya sucedido un 20 de julio, el día nacional de su país. Ay Con razón se independizaron de España.

 

No logro sacarme del pensamento al librero de Sürth. Un par de días antes de salir camino de Holanda pasé por su librería a retirar La elegancia del erizo, que le había encargado para Diny. Antier, a poco de regresar a casa, Diny dedicó gran parte de la tarde a leer los diarios apilados sobre la mesa del comedor por la diligente Frau Lück. De repente apareció en la puerta de mi leonera y me dice: «Murió el librero de Sürth». Y me muestra las tres esquelas que lo anuncian, Sven Jurkovics, 45 años. Falleció al parecer inesperadamente, un día después de nosotros irnos a Beek. Y ayer, que Diny tuvo una gran jornada de plancha en lo de Montse, en Sürth, Montse le contó que ella todavía lo vio el día anterior a su muerte, al ir a encargarle un libro. Por lo que se pudo enterar, fue un infarto fulminante. 45 años. No es edad para morir. En una de las esquelas el epígrafe reza «Always look on the Bright Side of Life», la memorable canción de La vida de Brian. La paz sea con Sven, que tan poco pudo disfrutar el lado brillante de la vida. Recorto las tres esquelas y las meto entre las páginas de La elegancia del erizo: el último libro que pasó de sus manos a las mías. Es un homenaje mínimo, ma dal cuore.

 

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1 COMENTARIO

  1. Existen seres difíciles de
    Existen seres difíciles de entender, mira por ejemplo eso de tener relojes a horas diferentes y repartidos por toda la casa. Tengo una amiga así y dice que le encanta el ding-dong de uno, el kikiriki del otro, el boing-boing del de más allá. Y así. Tiene 6 relojes y todos suenan a intervalos mínimos, por lo que aciertas horas, es mejor no visitarla.
    ¡ah, bienvenido a casa!

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