De mi Diario: Semana 31 / 2013

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He podido comprobar, por las preguntas que me llegan vía email, que son pocos los lectores de este diario que se dan cuenta de que está sembrado de hipervínculos que amplían o ejempllifican lo dicho en el texto. Me cuesta harto trabajo buscar los correspondientes enlaces e implementarlos. No me dejen la impresión de que aro en el mar. Vale, y gracias.

Weiß/Colonia, 28.7.

Ayer fue un día maravilloso en lo humano y desastroso en lo meteorológico. Tres veces tuve que cambiarme de camiseta y de guayabera, totalmente encharcadas de sudor. Luego, cuando Berta y Emmanuel finalmente se fueron a dormir y pude dedicarme a subir a la página de Fronterad las de mi diario semanal, estaba tan agotado que me pasó lo de otras veces, que olvidé  incluir el anexo. Imperdonable omisión para quienes prefieren abrir mi archivo en vez de activar el enlace con la página de Fronterad, como si se tratase de dos textos distintos. Pero en fin, siempre he respetado los gustos de mis lectores y por ello repetiré el doble envío y les contaré que hay algo que redondea el desastre, y es que mi computadora dizque se solidarizó (pienso y digo yo) con mi cansancio, ya que aunque efectivamente hice el doble envío a las 2:17:15 am, pues no señor, no quedó registrado en la bandeja de salida. Es más: si sé que sí lo envié, a pesar de lo rendido que estaba, es por la cantidad de reclamaciones que he encontrado en la bandeja de entrada, al abrir ahora mi estafeta, cuando ya partieron Berta y Emmanuel, camino de Praga.

 

Ayer, a las 10:47 am llegaron Berta y Emmanuel y después de un ratico de plática (donde les leo “El zorro es más sabio”, el finísimo cuento de Monterroso dedicado a Juan Rulfo, que no conocían) nos fuimos a Sürth, donde dejamos el auto, y de allí con el tranvía a Neumarkt, porque esta vez Berta quiere abismarse en el mundo de Käthe Kollwitz. Tenemos suerte de que el partido de fútbol entre dos enemigos a muerte, como el Colonia y el Düsseldorf, sería hoy, domingo, porque si no esta plaza adonde llegamos hubiese estado ayer llena de hordas ululantes y sitiadas por la policía: a causa de sus distintas trayectorias en las diversas ligas del fútbol alemán, Colonia y Düsseldorf llevan sin enfrentarse desde 1999, así es que las barras bravas han anunciado que se quieren sacar la madre de la frustración al cabo de catorce años de no poder hacerlo. Descerebrados hijueputas.

 

Vamos a almorzar al italiano de Karstadt y luego nos separamos, citándonos para encontrarnos al final de la función de Tanguera en la Philarmonie, a cuya matinée de las 3:00 pm acudimos nosotros mientras ellos se van al Museo Käthe Kollwitz.

 

Tanguera es un espectáculo subyugante, pese a lo trillado de la anécdota que cuenta, pese a la música en play back, pese a que sólo incluye dos tangos del repertorio eterno (“La cumparsita” y “El choclo”), pese a que no es un musical en sentido estricto –no hay ni un solo diálogo en toda la función–. Pero subyuga. Hay algo animal, abisal, irracional, en el tango, que nos pone a cien al  escuchar su música. La ovación es de gala, y yo no sé si es siempre así, pero jamás en la vida he asistido a un derroche de bises como el que nos han ofrecido después de terminar la función, no han sido menos de media docena. De repente eso forma parte del espectáculo, tanta atención al público me resulta, cuando menos, sospechosísísísísísísíma.

 

Regresamos con el tranvía a Sürth y Diny les pregunta a Berta y Emmanuel si no preferirían tal vez, para la noche, beber un vino rosado frío, en cuyo caso tendríamos que comprarlo ahora. Y como están de acuerdo en ello, ponemos rumbo a ReWe antes de regresar a casa, pero yendo de camino me acuerdo de una librería mítica de Bogotá [la Buchholz] y como vamos a pasar muy cerca del cementerio en el bosque de Rodenkirchen le pido a Emmanuel que vayamos allá, que quiero mostrarles una tumba, no les digo de quién pero es la de Hans Buchholz. La de un librero anticuario de Colonia; una tumba cuya lápida es un prodigio de narración, como el pórtico de una catedral, porque en ella se ven libros en anaqueles, una mujer desnuda, una botella de vino vacía, un panóptico de Colonia y una reproducción del aviso que HB colgaba en la puerta de su Antiquariat cuando salía a tomarse una copa o encontrarse con un ligue: «Enseguida estoy de vuelta». Toda su vida resumida en esa lápida.

 

Haciendo tiempo para ir a cenar, incidentalmente surge el tema de la parodia en la poesía y Diny le trae a Berta su ejemplar (el primer ejemplar) de la edición de Los mejores fandangos de la lengua castellana, y es una gozada porque Berta se cuenta en el bien escaso número de quienes pueden gozar de ese libro a cabalidad. Cómo se ríe, y qué alegría la suya cuando descubre el de Ibn Hazm, uno de sus poetas predilectos.

 

Cenamos en el patio trasero de La Modicana, regresamos a casa y la charla siguió chévere hasta tarde en la noche pero justo con ello empecé la primera anotación de hoy.

 

A las 5:40 pm llega Oskar, que se va a quedar con nosotros hasta el viernes, aunque su viaje de vacaciones, con toda la familia, a Grecia, empieza el 13; podría quedarse con nosotros hasta una semana más. No puedo evitarlo, es mi preferido, aunque Henri acapare bastante más la atención ahora, y no sólo la nuestra, también la de Oskar, que le tiene una devoción especial.

 

Weiß/Colonia, 29.7.

Oskar en casa, día familiar a tope. Porque Oskar vive en casa como nuestro cuarto y tardío hijo, acogiéndose al § de la Constitución de los Estados Unidos que le garantiza a sus ciudadanos el derecho a la felicidad (¿y acaso no somos todos en Occidente súbditos de la Casa Blanca?), así como también a la Enmienda Susan Sarandon, proclamada urbi et interneti en julio del 2011: «¡Me alegra malcriar a mis nietos! A escondidas haré con ellos todo lo que los padres les tengan prohibido». ¡Esa Susan, qué lujo de colega!

 

Weiß/Colonia, 30.7.

Creo que el metraje más importante de El discurso del rey es cuando Jorge VI está viendo con su familia el noticiero donde pasan un fragmento de un discurso de Hitler, y Elizabeth, la actual reina, entonces niña, le pregunta a su padre qué es lo que dice esa persona, y su padre le contesta que no lo sabe pero que está seguro de que es un buen orador. Me deja reflexionando que por duro que les pueda parecer a los buenos oradores buenos, lo cierto es que su efecto en las masas siempre es un efecto hitleriano.

 

Me escribe Lillián, entusiasmada con China para hipocondríacos: «Te cuento que me estoy leyendo la China de Ovejero como si fuera agua en un día caluroso. Lo abrí para ojearlo y ya no lo pude soltar. Me gusta mucho su honestidad, la limpieza de su prosa, honesta como él, su mirada a la vez profunda y delicada. En efectivamente en efecto, como decía Cantinflashace añales que no encontraba una narración española contemporánea que de verdad me cautivase. Casi todos quieren demostrar qué bien escriben, cuán chipocludos son, cuán interesante ha sido su vida, cuánto han viajado, cuán buenos son en la cama, etc. Saben redactar, pero pocas veces tienen algo que decir. Y yo me digo, para ver ombligos, con el mío me basta. La China de Ovejero vino a ser una especie de contraparte de las lecturas que he hecho de Mo Yan, una mirada paralela y más cercana (porque a Mo Yan sólo lo he leído en inglés)». Y como para agradecerme porque le di a conocer la obra de Joserre, Lillián concluye: «En mi próxima vida quiero volver a ser amiga de Ricardo Bada». 

 

Weiß/Colonia, 31.7.

2:30 am : Lady Chatterley, qué peli. Lo que más me gusta de ella, desde la primera vez que la vi, es el hecho de que el guión se decantara por la primera de las tres versiones del libro, que es la más permeada por las ideas sociales de Lawrence. Pero vengo a darme cuenta, cada vez más, de que también el sentimiento de la comunión con la Naturaleza y sus ciclos está muy fuertemente incorporado al film, algo que se pone de relieve en el distinto tratamiento visual de exteriores e interiores, pero, sobre todo, en lo ajena y desvaída que parece Italia (cuando Conny se va de vacaciones allá con su padre y su hermana) en comparación con Inglaterra. Un lujo esta peli.

 

Henri en casa, hoy está de buenas y se digna conversar conmigo. Laus Deo! Sólo que, ay, su paso por acá trae como consecuencia que a Oskar se le despierte la nostalgia de su propia casa y decida irse con él cuando lo vengan a buscar Montse y Frank. Para consolarnos, asegura que volverá un par de días la semana próxima, antes de partir el 13 rumbo a Grecia. Pero cuando se van, alrededor de las 5 pm, dejan un vacío irrellenable en cada esquina de este piso.

 

Me entró curiosidad por ver cuántas adaptaciones hay de Lady Chatterley’s Lover, y accedí a www.imdb detectando que son nueve, a partir de la primera, de 1955, francesa, con Danielle Darrieux. Sigue la gringa de 1977, Young Lady Chatterley, con una Harlee McBride de 29 años, a la que se añadiría ocho años más tarde una secuela, también con ella, por lo que resulta ridículo el título Young Lady Chatterley II. Hay además una coprodución anglofrancoalemana de 1981, un film italiano de 1989, una serie de la BBC en 1993, un telefilm checo de 1998, y en 1999 Ang kabit ni Mrs. Montero, una versión nada menos que filipina, ambientada en ese archipiélago y en la época actual. Finalmente, la francesa de 2006, que vi ayer por enésima vez y en cada una que la he visto fui descubriendo nuevas bellezas. Tengo que averiguar mañana si es asequible la serie de la BBC, me interesa mucho. Y la peli de la Darrieux, que debe ser castísima, en el 55 era imposible pensar en filmar polvos ni desnudos integrales. ¿Cómo resolvieron el problema?  Porque Lady Chatterley’s Lover, sin polvos ni desnudos integrales, no es chicha ni limoná.

 

Weiß/Colonia, 1.8.

1:05 am: Dodge City, un clásico. Esa pareja, Olivia de Havilland y Errol Flynn, tendrían que haber filmado juntos una docena más de pelis. Pero me doy por contento con las que filmaron, muy en especial con Robin Hood: la energía que implosiona en uno al verla, hasta en la pantalla “dildo”, es algo inexpresable con palabras.

 

Me escribe Luis pidiéndome un artículo de 6.000 espacios sobre Álvaro Mutis, con motivo de su 90° cumpleaños. Y dándome una de las noticias más gratas en la historia de nuestra amistad, ¡ay carajo!, qué alegría saberlo, los quiero a los dos como a hermanos y «me sale del alma gritar con calor, / abrir todo el pecho pa echar este grito: / “¡Qué lindo es Jalisco, palabra de honor!”» (Aunque los dos sean chilangos, ándele pues, que se chinguen las toponimias y los natalicios).

 

Cada día dedico un buen rato a buscar las agujas en el pajar de Twitter, para componer mis retablos –no otra cosa sino retablos laicos son los ## de The Twitter’s Digest­–, y hoy, los dioses sean loados, descubrí la cuenta @AlmaDeliaMC y abrí su vídeo «Herido Dios», y me dije que es el descubrimiento más lindo que llevo hecho en meses y meses y más meses. Inmediatamente reacciono de dos maneras: a) tratando de contactar a la titular de la cuenta, a través de su blog; y b) regando por el mundo la buena nueva de esa videocolumna suya, que es una pura delicia.

 

Weiß/Colonia, 2.8.

Platicando vía email con José Luis, acerca de los problemas de la traducción, le cuento que «yo del inglés al español el mejor ejemplo de traiducción que encontré en mi vida fue en una novela de Patrick White, el Nobel australiano, allí donde decía, hablando de uno de los personajes: “Y luego, eventualmente, murió”. Por cierto que Patrick White no tuvo mucha fortuna en sus traducciones al español. En otra de sus novelas, un personaje dice de alguien que “como todos los políticos australianos comenzó siendo un muchacho de papel”. Paper boy, ¡qué lindo!, ¿no?, ver a un canillita (como dirían en el Río de la Plata) convertido en un muchacho de papel. Y esta, para continuar: en la traducción de El hombre sin atributos, de Musil, que estuve hojeando en la casa de un amigo , descubrí una frase que me anoté para chequearla con el original, y el cotejo me hizo reír un largo rato. Allí donde Musil decía “etwas Unwägbares, ein Vorzeichen”, esto es: «algo imponderable, un presagio», en la traducción se leía «algo imponderable, un semáforo». ¡Claro, hombre, de Vor=antes + Zeichen=señal!  And last but not least: Böll escribió un poema titulado «Mutlangen», el nombre de un lugar célebre de manifestaciones contra el estacionamiento de ojivas atómicas en Alemania, manifestaciones en las que Böll tomó parte activa. Ese poema se publicó en español con el título «Magnanimidad». ¡Pues qué duda cabe, de Mut=valor + langen=largo»!

 

Weiß/Colonia, 3.8.

Pasada la medianoche: Largo reportaje sobre la historia de la ingeniería civil y militar. Gracias a él me vengo a enterar de que las mayores flotas navales del mundo fueron las dos que Kublai Kan envió a conquistar Japón en el siglo XIII, con 900 y 1.170 barcos respectivamente, en 1274 y 1281, y en ambos casos el mal tiempo se conjuró contra él. Ni siquiera la Armada Invencible de Felipe II alcanzó esas proporciones, pero sí que también fracasó por culpa de los elementos. Recién en 1944, en el desembarco de Normandía, se superó a Kublai Kan. Interesantísimo por otro lado ver cómo los coreanos inventaron los llamados barcos–tortuga, que más que tortugas parecían erizos, tachonados con púas para hacer fracasar los abordajes enemigos; y lo más curioso de todo es que sus mascarones de proa eran en forma de dragón con la boca abierta y dentro de ella un cañón que vomitaba gases tóxicos bastantes siglos antes de la primera guerra mundial. Uno llega a la conclusión de que todo lo malo fue inventado directamente con el ser humano. Y en la segunda parte del reportaje me entero de que al comenzar con la explotación de las minas de Ríotinto a fines del siglo XIX, se descubrió un magistral mecanismo de ruedas hidráulicas subterráneas, de varios pisos de profundidad, del que se tenía noticia por las obras de Marco Vitruvio, el arquitecto e ingeniero romano. Las imágenes son fascinantes y no las había visto nunca hasta esta noche, a pesar de la bastante amplia bibliografía ríotinta que poseo. Horas podría pasar yo, viendo reportajes como estos.

 

2:10 am : El calor es asfixiante, estoy encharcado en sudor, a las dos de la madrugada. Una vez más el recuerdo de Meursault explicándoles a los policías por qué mató al árabe: «Hacía mucho calor». Me voy a dormir con la esperanza de no despertar.

 

Todo el día encerrados en casa a cal y canto, como única manera de combatir la ola de calor.

 

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