De mi Diario: Semana 32 / 2013

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Abro este post con las anotaciones del día 2 porque «por causas ajenas a la voluntá de la empresa», como se decía antiguamente en los teatros, en el post anterior sólo apareció la primera de las dos entradas correspondientes a ese día. Y reproduzco la que sí apareció para que mejor se entienda el sentido de la frase con que comienza la segunda. Vale.

 

Weiß/Colonia, 2.8.

Platicando vía email con José Luis, acerca de los problemas de la traducción, le cuento que «yo del inglés al español el mejor ejemplo de traiducción que encontré en mi vida fue en una novela de Patrick White, el Nobel australiano, allí donde decía, hablando de uno de los personajes: “Y luego, eventualmente, murió”. Por cierto que Patrick White no tuvo mucha fortuna en sus traducciones al español. En otra de sus novelas, un personaje dice de alguien que “como todos los políticos australianos comenzó siendo un muchacho de papel”. Paper boy, ¡qué lindo!, ¿no?, ver a un canillita (como dirían en el Río de la Plata) convertido en un muchacho de papel. Y esta, para continuar: en la traducción de El hombre sin atributos, de Musil, que estuve hojeando en la casa de un amigo , descubrí una frase que me anoté para chequearla con el original, y el cotejo me hizo reír un largo rato. Allí donde Musil decía “etwas Unwägbares, ein Vorzeichen”, esto es: «algo imponderable, un presagio», en la traducción se leía «algo imponderable, un semáforo». ¡Claro, hombre, de Vor=antes + Zeichen=señal!  And last but not least: Böll escribió un poema titulado «Mutlangen», el nombre de un lugar célebre de manifestaciones contra el estacionamiento de ojivas atómicas en Alemania, manifestaciones en las que Böll tomó parte activa. Ese poema se publicó en español con el título «Magnanimidad». ¡Qué duda cabe, de Mut=valor + langen=largo»!

 

Está visto que hoy debe ser el Día Internacional del Trujamán. Me escribe Héctor que después de la publicación de su traducción de la “Todesfuge”, de Celan, hay un amigo que lo dejó en un mar de dudas porque le ha explicado lo siguiente: «Lo del “clásico alemán” parece una solución interesante, aunque para mí también dudosa: es que la aceptación clásica de “Meister” en alemán yo diría que es la de “Handwerksmeister”, o sea “maestro artesano, maestro de oficio”, aquí aprendiendo un oficio como el de albañil, pintor (de brocha gorda), electricista, panadero, zapatero, carpintero, etc., al final de dos o tres años de aprendizaje + exámenes aprobados ya eres “Geselle”, y después, si has trabajado varios años más en este tu oficio, puedes volver a dar cursos y volver a examinarte y ya eres “Meister” (con el importante derecho de formar nuevos “Gesellen”); así en alemán hay Maurermeister, Malermeister, Elektrikermeister, Bäckermeister, Schuhmachermeister, Schreinermeister, etc. (pensado siempre como un título, un “Master” que dirían los anglosajones), y en este sentido, creo que Paul Celan ve la Muerte como “un maestro alemán del oficio de matar”. Aunque desde luego las interpretaciones de poemas siempre son/ deberían ser infinitas».

 

Le contesto: «Ettore caro, la respuesta es que tu amigo tiene razón en lo que dice, lo que no significa que la traducción de «Meister» como «clásico» no sea quizás la mejor posible.

 

En primer lugar es evidente que todas las maestrías artesanales se denotan por la presencia del segundo sustantivo que especifica el oficio: Malermeister=maestro pintor, Maurermeister=maestro albañil, etc. Celan dice escuetamente «Meister», lo que abre la gama semántica en otra dirección que no queda restringida por ninguna especificidad.

 

En segundo lugar, consultemos el Wahrig. (El Wahrig es uno de los dos o tres diccionarios de referencia en este idioma, además del Duden y el histórico de los hermanos Grimm. Recuerda que en Alemania no hay una institución pareja a l’Academie Française y su copia transpirenaica. Y yo, de los tres, prefiero el Wahrig, que es el que tengo a la mano y del que te cito). Según el Wahrig, además de la significación a la que se refiere tu amigo, un Meister es, también, Führer [conductor], Lehrer [maestro de escuela], Vorbild [ejemplo], großer Kenner [alguien de grandes conocimientos], in der Kunstgeschichte eingegangene Künstler (alter) [artista (viejo) que ha pasado a la Historia del Arte]; y etc. etc. etc., varias acepciones más que incluyen las órdenes de caballerías, las logias masónicas, el deportey por si todo ello fuese poco, añade (o recuerda) que «der rote Meister» (=el maestro rojo) es el nombre poético del verdugo.

 

Espero que el mar de dudas se haya convertido después de esto en un pólder (los neerlandeses consortes somos aficionados a ganarle terreno al mar, afición de que nos transmitieron nuestros cónyuges), y espero que siembres en él un par de orquídeas; déjate aconsejar por Guillermo, que es un experto.

 

Posdata: No quiero pasar por alto (ya lo olvidaba) que evidentemente tu amigo, aunque domine muy bien la lengua castellana, no la tiene como materna, y eso siempre es un handicap en estos casos. Para mi afirmación me baso en el hecho de que habla de una «aceptación» en vez de una «acepción», o del “derecho de formar” en vez del “derecho a formar”, para poner tan sólo dos ejemplos. Si me equivoco, me lo dices. Vale, y gracias».

 

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Weiß/Colonia, 4.8.

1:45 am : Terminan de pasar The Caine Mutiny [la traducción alemana del título chorrea pathos: El Caine fue su destino]. Hay otros personajes de Bogey que se nos quedaron mejor grabados en la memoria, sobre todo el Rick de Casablanca y el Charlie de La reina de África, y por razones muy personales, para Diny y mis hijos (y para mí), el Joseph de We’re no Angels y ni siquiera quiero retroceder a Sam Spade y al sicópata Duke Mantee, pero esta es con seguridad su mejor performance como actor. En su cara, durante el interrogatorio al que lo somete José Ferrer, ya se encierran muchas de las variaciones que mostrarán años más tarde los rostros de Robert de Niro, Al Pacino, Harvey Keitel, Robert Downey Jr., Sean PennAy sí, Bogey, y estoy seguro de que todos ellos saben lo que te deben. Sólo sus admiradores no. Pero qué saben ellos, pobrecitos (He excluido conscientemente de la lista a Montgomery Clift, Marlon Brando, Warren Beatty y James Dean, amén de Paul Newman, cuyos códigos gestuales pasan por otros meridianos).

 

Uno de los hobbys más practicados por los alemanes es la asistencia a los mercados de pulgas, bien de manera pasiva, como mirones, que es el caso de Carlitos, o bien de manera activa, como vendedores, que es el de Montse y Frank. Hoy, una vez más (y son varias al año), han instalado su puesto en alguno de los varios que se organizan todos los domingos en Colonia, y Diny ha tenido que ir a su casa para ocuparse de la chiquillería. Regresa agotada, pero los ojos le lucen con chispitas cuando me cuenta las hazañas de Henri durante el día. Y el miércoles lo tendremos acá, será la última vez antes de que salgan camino de Grecia, de vacaciones. Yupiiiiiiiiiiii

 

Weiß/Colonia, 5.8.

Después de desayunar me tiendo en la cama, desmadejado y sin ganas de hacer absolutamente nada. Ni siquiera intento dormir, y contando despacito con los dedos, letras + signos + espacios, logro componer un tuit: «Predicando en la España actual, a Jesús le hubiesen obligado a decir “Amaos los/las unos/unas a los/las otros/otras”». Y eso me lleva a pensar en un corresponsal que recibió ayer mi rebote colectivo de un texto de León Gil, y me lo atribuyó en su cuenta Twitter: «4 de julio: Día Nacional del Hijo de Puta, propone Ricardo Bada. Adivinen quién nació en esa fecha…». Le mando un email: «Amigo Abelardo, flaco servicio el que me ha hecho sumercé. Además de adornarme con una pluma ajena (cosa que evito continuamente), me expone usted al riesgo de que un sicario uribista se enoje feo conmigo». Ay…

 

He releído “¡Adiós, Cordera!” después de dormir la siesta. Estuve pensando, porque tampoco pude dormir, cómo es que cuando nos mudamos a vivir acá, en diciembre 1975, al mirar por las ventanas de nuestra fachada –comedor, cocina, dormitorio principal– teníamos delante un campo vallado, de alto yerbaje, donde pastaban ovejas, desde aquí hasta el dique, donde se encuentran el campo de fútbol y, ahora, el Kindergarten al que va Henri. Menos de diez años después, todo eso había desaparecido para hacerle sitio a no sé cuántas casas de dos pisos con jardines aislados los unos de los otros como si viviesen a ambos lados del muro de Berlín. Y hasta hace unos doce años (lo calculo porque ya había nacido Oskar, pero no Vincent), en la primera cuadra de la Heinrich–Straße, por donde los buses circulan hacia y desde Sürth, había una granja grande, con terrenos que colindaban con la escuela, el jardín de juegos infantiles y el cementerio, una granja con sus vacas y sus gallinas y su olor inconfundible, adonde yo acudía al menos una vez en semana, con Paul u Oskar agarraditos de mi mano, para comprar la leche recién ordeñada y los huevos recién puestos por aquellas vacas y aquellas gallinas. Y hoy, desde hace como diez años, ese terreno es pura urbanización. Y me acordé de que cuando Berta y Emmanuel nos visitaron hace unos días, al pasar con el auto por el Sürther Feld les dije que si volvieran dentro de cinco años, todo ese campo labrantío, entre la Hammerschmidtstraße y la escuela donde nuestros hijos hicieron su bachillerato, grande como tres o cuatro estadios de fútbol, sería todo casas, casas, casas para no sé quién, porque la demografía alemana sigue la dirección del dedo de Nerón durante las peleas de gladiadores en el anfiteatro. Pensando en todo eso, recordé el cuento de Clarín y lo busqué en internet y acabo de releerlo. Se diría que no aprendimos nada desde el siglo XIX. Pero bueno, de qué hablo sino de la raza humana, la más cretina que parió la evolución de las especies. Mal que le pese a Darwin.

 

Silent Witness es una serie incombustible, ya van por la 17.ª temporada. Ahora acaban de pasar los dos capítulos de “Voids”, de la 13.ª, y quedé atrapado por ellos. No me sucede siempre; su dramaturgia en base a dos capítulos por caso no me convence mucho. Pero siempre cuenta a su favor con la solidez característica de las producciones de la BBC.

 

Weiß/Colonia, 6.8.

Al llegar a La Modicana encontramos a la signora y a Flavio armando cartones para pizzas de la venta al exterior. La pizza de acá es tan buena que hay encargos diarios no sólo de Sürth sino de Weiß, Rodenkirchen, hasta de Brühl y Wesseling, tan lejos. No hay misterio en ello: la signora apuesta por el producto fresco y la artesanía casera, y eso se transmite al sabor. Pero quiero saber de ella, como italiana, lo que piensa de atrocidades tales como la “pizza Hawai”. La signora es tajante: ella ofrece lo que tiene, pero también atiende los pedidos más descabellados, y me pone el ejemplo de quien le pidió una pizza con espaguetis a la boloñesa, y el más reciente, una pizza con bananas. Antes de que se adentre más en su Crítica de la razón pizzaiola, le advierto que si sigue contándome cosas así conseguirá que se me quite el apetito. Se marcha riendo a la cocina, a guisarnos unos espaguetis fruti di mare che te la voglio dire. ¡Pizza con bananas! Ugggg

 

Pasaron a decir adiós Chico & Co., que el viernes se van de vacaciones a Huelva, y Diny los ha despedido con una ensalada de lechuga, melón, naranja, maíz, perejil y pollo frito, un plato de lo más refrescante, amén del postre, un buen helado de frambuesa.

 

Weiß/Colonia, 7.8.

1:50 am: Otro capítulo de la primera temporada de Kurt Wallander con Johanna Sällström en el papel de Linda. Justamente aquel donde al terminar el interrogatorio del vomitivo proxeneta, Wallander menciona el tsunami del año 2004 en Tailandia, al que Johanna logró sobrevivir con su hija Talula agarrándose a un árbol. Un trauma del que jamás logró reponerse y que le confiere una hondura singular a su gestualidad facial, pero acabó por conducirla al suicidio.

 

Voy a buscar a Henri en el Kindergarten y en el camino de vuelta, con su manita en la mía, nos detenemos un buen rato para mirar las maniobras del camión recolector que está vaciando los contenedores de vidrio. A Henri le fascinan tales vehículos y se sabe los nombres de todos ellos, que siempre son unos sustantivos compuestos monstruosos. ¿Cómo carajo hacen estas criaturitas para retener en la memoria semejantes abortos del idioma?

 

El epílogo del editor del libro de viajes de Johanna Schopenhauer comienza refiriéndose a Carlota en Weimar, de Thomas Mann, a cómo Adele Schopenhauer, hija de Johanna y hermana de Arthur, acude al hotel a cumplimentar a las viajeras. Eso me ha despertado las ganas de releer la novela de Mann y aquel episodio de Stefan Zweig en Momentos estelares de la Humanidad donde relata la composición de la “Elegía de Marienbad”. Pero antes quiero leer un libro cuya lectura he aplazado durante años, el que recoge todos los escritos autobiográficos de mi tocaya Ricarda Huch, una de las personalidades más fascinantes de la literatura alemana del siglo XX.

 

Weiß/Colonia, 8.8.

0:45 am : Gainsbourg es posiblemente la mejor peli dedicada a un artista, no sólo en lo que va de siglo, sino en muchas décadas. Dependiendo de cómo abrimos el abanico para definir qué es lo que uno quiere decir con el sustantivo “artista”, yo diría que es la mejor peli dedicada a uno de ellos desde Moulin Rouge, pero la de 1952, ça va sans dire!, no la del 2001. [2:00 am : Creo que pequé de maximalismo con este comentario, me olvidé de Bird, cosa que no me perdono].

 

Jueves, y Oskar no llamó anunciando que pasaría unos días con nosotros, como había prometido al irse el miércoles pasado. Me temo que era inevitable, y menos mal que casi contaba con ello. «Así es la vida, y al que más se promete más pronto se olvida», como decía sentenciosamente mi abuela Remedios, la bella y sabia. Ay.

 

Comienzo a leer los escritos autobiográficos de Ricarda Huch y me encuentro con una sorpresa que no esperaba. En un texto posterior a 1937, y hablando de su infancia en Brunswick allá por 1870, dice literalmente: «Desde hace cierto tiempo tenemos invierno todo el año, interrumpido sólo por un corto intermedio estival; entonces era verano durante casi todo el año». Tratándose de una observadora tan precisa, y una historiadora de primera categoría, pienso pues que ese calentamiento global de que tanto se habla, al menos en Alemania es un regreso a la normalidad. Me temo que tendré que emprender de nuevo el camino del exilio, y ya no tengo 23 años, como la vez pasada.

 

Weiß/Colonia, 9.8.

1:00 am : Un largo reportaje sobre Fritz Wunderlich. Gracias a Manolo Talens sé que Alfredo Kraus dijo de él que era irrepetible, en lo que Kraus demostraba no sólo conocimiento de causa, sino además compañerismo profesional, tan raro entre los artistas. Sobre todo entre los tenores, y en el fondo no por falta de compañerismo sino por una estupidez narcisista que se les cree genética. En alemán existe un juego de palabras que lo ejemplariza. Para denotar cómo se forman los comparativos y superlativos [por ejemplo: “bueno, mejor, óptimo”], en el mundo de la ópera los melómanos dicen “tonto, más tonto, tenor”. Fritz Wunderlich era una antiestrella, lo contrario de ese esquema, alguien que nunca traicionó ni olvidó sus raíces. Tanto no lo hizo que su accidente mortal, en vísperas de debutar en la Met de Nueva York, fue precisamente por haber ido a despedirse de sus amigos de la infancia en el pueblito del Palatinado donde creció. Busco en Youtube “Granada” cantada por él, y oírlo es una lloradera de la chingada, Flaco, creémelo.

 

6:30 pm : Suena el timbre de la puerta y es Oskar. Pasará la tarde con nosotros, dormirá acá. Cómo no adorar a este niño, a este gigante de 13 años al que tengo que alzar la vista para poder mirarlo a los ojos. Él sabía que nos había prometido venir, y ha venido. Aunque sólo sea un día. Pero su calorcito ya se quedará en el apartamento hasta que regrese de las vacaciones en Grecia.

 

En un programa cultural de la segunda cadena un breve reportaje con Wolf Wondratscheck en ocasión de la publicación de su último libro, Mittwoch [Miércoles], con alguna que otra cita del mismo: «Nadie puede pretender que Dios sea un santo; Él es un biólogo». Lo que me deja muy pensativo, a pesar de que WW sea trigo limpio en la materia, es que este libro sea algo así como las memorias de un billete de cien euros, el relato de todas las manos por las que pasa a lo largo de un día. Y no es que el procedimiento no sea nuevo, el de un objeto que va pasando de mano en mano y ello le da pie al narrador para enhebrar un collar de historias: me bastaría recordar el precedente más ilustre, Reigen [La ronda], la nouvelle de Schniztler; no, el problema que me planteo es que hay una novela de Joaquim Paço d’Arcos, Memórias duma Nota de Banco, que sigue paso a paso el recorrido de un billete de banco por numerosas manos, muchas de las cuales coinciden, en mi recuerdo, con las que el reportaje de la tele ha presentado de la novela de WW. Irracionalmente, y sólo porque Neusa tradujo un libro suyo al portugués, me puse a pensar por ello en un posible plagio. ¿Pero merecerá esta vaga sospecha el esfuerzo de cotejar ambos libros?

 

[En la biografía de Paço d’Arcos en Wikipedia descubro que murió el día que cumplí 40 años. Me parece que le voy a pedir a Mónica que vea si entre los libros míos que estaban en Huelva, en casa de mi madre, y que ella –¡quién mejor que ella!– se llevó a la suya, se encontraba todavía el ejemplar de Memorias de un billete de Banco, me empiezan a cosquillear los dedos].

 

Weiß/Colonia, 10.8.

Leo en Fronterad un reportaje de Martina Bastos sobre los niños cicerones del cementerio de Sucre, en Bolivia, y leerlo me hace recordar que pasé por Sucre en algún momento de mayo 1995, cuando fui a presentar Don Enrique, mi antología integral (la única que existe en español) de la obra de Heinrich Böll, y a dar mi conferencia que titulé “La torre de BaBöll”. Y en Sucre acudí, cómo no, a ese cementerio del que me había hablado Martha Gantier Balderrama, paceña, pero de una familia muy vinculada a Sucre. Es por ello que conocía el dato, ya que en aquellos momentos el cementerio no era tan famoso como lo es ahora (me asombra la cifra de visitantes de que habla Martina, cuando yo estuve creo que era el único turista que lo recorría). Por cierto que mi guía, quien hoy debe de andar allá por los 25 años, no me supo dar norte de la tumba de Costa du Rels, un autor muy poco conocido fuera de su país, y cuya novela Laguna H-3 es lo mejor que se ha escrito sobre la guerra del Chaco: nos pusimos juntos a buscar la tumba, y juntos la encontramos, de tal manera que me considero un poco vinculado a los itinerarios que se hacen hoy y que, eso espero, incluirán también la tumba de uno de sus más notables escritores. Así es que le dejo un comentario a Martina para darle la enhorabuena por este texto, y las gracias por haberme despertado tanto recuerdo. Es que adoré Sucre, se me quedó muy, muy grabada en el corazón, por muchísimas razones. Tantas, y tan buenas.

 

La lectura de Fronterad me levantó el ánimo, que tenía por los suelos. Le había dicho anoche a Diny que la invitaba hoy a almorzar en el chino, para que no tuviese que cocinar, pero apenas me levanté supe que tras el desayuno tendría que tenderme de nuevo. Era una sensación muy rara, a medias pánico, a medias desgano absoluto de todo. De manera que desayuné, le dije a Diny que olvidase lo del chino, le di un beso de despedida a Oskar y me fui a la cama de nuevo, eran las 11:06 am. Me levanté a la 1:15 porque no tenía sentido horizontalizarme todo el día y, además, hoy comienza el Mundial de Atletismo en Moscú. Pero antes de prender el televisor decidí leer lo que ayer no pude, empezando por el reportaje de Martina Bastos, y eso me compuso el día.

 

Hay tanta gente hablando de mí en Twitter, que terminarán haciéndome famoso, sin quererlo yo ni (muchísimo menos) ellos.

 

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