De mi Diario: Semana 32 / 2014

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Lo que me hace gracia es que un africano se apellide Panda. Es como si un sudafricano partidario del apartheid (los sigue habiendo) se apellidase Cebra.

 

Weiß/Colonia, 3.8.

Después de la siesta vamos donde Montse y Frank, para saludarlos de regreso en casa, y para poder besar a Oskar y a Henri. Henri se limita a sonreír, pero no dice ni pío, hasta que llegamos al capítulo de las fotos tomadas en Cerdeña, en la casa, en la playa, con su amiguito italiano Davide, ahí no para de hablar, ni de tomarnos fotos a cada momento. Cuatro años y ya sabe hacer fotos con la cámara digital y hasta cómo se maneja ese aparatico que, para mí, es un libro cerrado con siete sellos. Y que lo seguirá siendo, no puedo invertir una parte del (poco o mucho) tiempo que me queda en aprender actividades destinadas a perderlo.

 

El resto de la tarde y parte de la noche dedicada a transcribir lo que Cortázar escribió en sus cartas acerca de Holanda. Es una tarea muy recompensante; llevándola a cabo encuentro algo entrañable, escrito desde su retiro provenzal de Saignon a Eduardo Jonquières el 12.6.1970, y que tiene que ver con dónde es que prefería Julio comprar la ropa y dónde fue que compró Fafner, el tercer protagonista de Los autonautas de la cosmopista: «Gracias por el anuncio de trajes para lungos, pienso guardarlo y aprovecharlo cuando vuelva a París, y no es broma: no siempre se puede ir a Amsterdam y comprarse ropa hecha y barata. Hablando de Amsterdam, creo que el año que viene voy a liquidar el auto y, precisamente en Amsterdam, me compraré un Volkswagen station-wagon. [] Como yo el auto no lo uso en París, me conviene más el otro artefacto que me permitirá viajar por todos lados con mi casa a cuestas; quedás invitado desde ahora siempre que sepas cocinar y seas ordenado y hacendoso».

 

Weiß/Colonia, 4.8.

Todo el día trabajando en afinar, limar y poner a punto de caramelo el texto sobre Holanda en la correspondencia de Cortázar. Sinceramente creo que me quedó “de durse”, como con seguridad hubiera dicho mi abuela Remedios. Ahora sólo falta que también se lo parezca a los holandeses, pero confío en la capacidad de Willy para convencerlos. Y para hacerles tragar un par de sapos como estos: «En Holanda, los molinos estaban en su sitio, al igual que las vacas, los desvaídos paisajes que se parecerían mucho a la pampa si la Argentina cultivara tulipanes, y numerosos holandeses se escalonaban en todas partes para darnos muestras de su increíble idioma, que se parece extraordinariamente a un cerdo cuando huele bellotas y lo da a entender. En Rotterdam tuvimos el infernal recuerdo de la guerra, pues a pesar de la reconstrucción todo está todavía por el suelo (metafóricamente, pues en Holanda no hay ni siquiera un pastito donde no deba estar; la manía de la limpieza es repugnante, creo que es por contraposición

 

Weiß/Colonia, 5.8.

 

En La Modicana a Carlitos le da la ventolera por pedir pappardelle con setas, con el resultado de que a pesar de disponer de la “tecnología germánica” (como llamamos a la cuchara) tiene sus dificultades para comer esos fettucine king size. Me hace recordar la oportuna observación de don Pío Baroja en El laberinto de las sirenas, acerca de que no comprendía cómo los italianos, con su eterna preocupación estética, podían comer macarrones en público.

 

Regresó Paul de su periplo europeo hasta los Balcanes y Estambul, de la que vuelve enamorado, Diny cree que el año próximo sus vacaciones las pasará allá. Se fue con un amigo, su macuto y  un Inter Rail Pass, desde Ámsterdam a Estambul a través de Holanda, Bélgica, Luxemburgo, Francia, Suiza, Italia, Croacia, Montenegro, Bulgaria, regresando a través de Bulgaria, Rumanía, Hungría y Austria; creo que esos han sido los países por los que pasaron, aunque quizá se me olvide alguno. Y los lugares que más le impresionaron fueron Rímini, Montenegro y Estambul. Diny estaba en su casa después de haber llevado a Henri desde el Kindergarten, cuando Paul llamó para decir que ya estaba en Bad Godesberg y volvía a Sürth con la línea 16, así es que a los 20’ salieron Diny y Henri a esperarlo, y ya venía él entrando en la calle y al ver a Henri se le iluminó la cara y también a Henri, que soltó la mano de la abuela y corrió a abrazarlo gritando «¡Pauli, Pauli!» Mi segura consciencia de cuánto y cómo se quieren los míos, todos ellos entre sí, hijos y nietos, hermanos y primos, es la mayor alegría de mi vida. Y mi mayor orgullo.

 

Weiß/Colonia, 6.8.

1:00 am : Los dos primeros episodios de la 1ª temporada de Masters of Sex. Prometen bastante. Ojalá los diez restantes cumplan la promesa. (Tengo que releer la autobiografía de Kinsey. ¡Qué curioso –¿curioso? ¿o sólo congruente?– que la filmación de su biografía la hiciera Bill Condon).

 

Larga plática por teléfono con Graciela, que regresa mañana a Montevideo, y casi la mitad de la charla se va en hablar de mi diario. Porque resulta, para mi alegre sorpresa, que lo lee todas las semanas a fin de estar enterada de mi vida y milagros, y los de Diny, los hijos y los nietos, y me da tal cantidad de detalles que me deja poco menos que patidifuso. Al colgar, la sensación siempre tan agradable de saber que no se aró en el mar, y la de que los amigos, incluso aquellos como Graciela a quienes sólo vemos cada muerte de obispo, están al día en todo aquello que se refiere a nuestras vidas. Siquiera fuese tan sólo por eso, ya valdría la pena escribir este diario. Escribo lo que acabo de escribir y rectifico: posiblemente tan sólo por eso es que vale la pena.

 

Email de Jorge, desde el Hotel Esmeralda, anunciándonos que Angie, Chico y Vincent arribaron sanos y salvos y mojados: está lloviendo en París. Vaya por Dios, en vez de a la Cité Lumière les tocó hacerlo a la Cité Pluvière.

 

Me llega el libro de poemas de Guadalupe, Palabras de larga noche, enviado por la editorial desde Costa Rica. Miro la estampilla y me asusto una vez más cuando veo la cifra, ¢ 3.550, de la misma manera que cuando leo y oigo a los amigos latinoamericanos hablando de millones en la vida cotidianahasta que con la ayuda de Miss Hortensia Google busco un conversor de valores y programo los 3.550 colones y el conversor me dice que son 4,85180 €. Tampoco me lo creo, pero al menos me acerca un poco a los valores que suelo manejar en mi vida diaria.

 

El correo nos trae también la participación del nacimiento del primer hijo de nuestro sobrino Gijs y su compañera Saskia. Es una niña, y cuando leo que se llama Julia no tengo más remedio que echarme a reír. Tan justamente ayer estuve en correspondencia email con Barber y le pregunté que si ya era abuela y me pasó la lista de sus siete nietos (Odin, Reimer, Nino, Evan, Luca, Doris y, congruentemente, Benjamin) y respirando por la herida le dije que por lo menos uno era una nieta, a lo cual me contestó que eran tres las nietas, tres. Y yo: «La verdad es que leyendo esos nombres sólo Doris me pareció de niña, pero sabiendo lo creativos que son los neerlandeses a la hora de nombrar a sus hijos por eso escribí que «por lo menos» había una nieta. Fíjate que en nuestra libreta de direcciones, en las de los sobrinos y sobrinos nietos holandeses ponemos el nombre de sus hijos en azul y el de sus hijas en rosa para saber quién es niño y quién es niña». Porque, ¿quién que no sean sus padres, y ellos mismos, sabe si son niña o niño unas criaturitas que se llaman Jur, Daan, Ferris, Melle, Diede, Troy?  Pobres mártires, como diría Cortázar.

 

Weiß/Colonia, 7.8.

Truenos lejanos, intermitentes, como tambores ensayando progresiones de redobles. Parafraseo a Lorca: «Un horizonte de truenos / muge muy lejos del Rhin».

 

Les envié a todos mis amigos sevillanos y/o residentes en Sevilla unos versos humorísticos de los hermanos Álvarez Quintero relacionados con la Alameda de Hércules, y KB me acusa recibo diciéndome que «por no sé qué extraña circunstancia, mi mujer, que es sevillana, de la Alameda (sector no prostibulario, se entiende), recita de memoria esos versos que el amigo Burgos recogió». Le contesto: «Gracias por tu email, y dime, ¿era necesario precisar que tu mujer nació en el sector no prostibulario de la Alameda?  Caray. La Alameda la recuerdo muy bien porque la recorría una vez a la semana, viniendo de San Eloy, en cuyo # 47 estaba mi pensión, hasta la calle Feria, a la hora del cierre de las tiendas, para tomar unas cañas y unas tapas con uno de los principales clientes de la fábrica de mi padre, don Rafael no–recuerdo–su–apellido».

 

El cartero que reparte los paquetes suele venir a dejar en casa los que no puede entregar porque sus destinatarios vecinos míos no se encuentran en las suyas. Curiosamente, los de hoy son para las dos familias africanas, los Alliyu, los nigerianos que viven en la planta baja de nuestro 11a y con quienes convivimos desde hace unos quince años, y los Panda, cuya nacionalidad ignoro y que llegaron a vivir al 11b hace unos seis meses. Según Diny, pertenecen al género pagado de sí mismo y sin ánimo de comunicación con el pueblo llano, ella cree que él debe ser funcionario tal vez en un consulado o algo por el estilo. A mí, que esas cosas me la traen floja, y que ni siquiera sabía como se llamaban, lo que me hace gracia es que un africano se apellide Panda. Es como si un sudafricano partidario del apartheid (los sigue habiendo) se apellidase Cebra.

 

Weiß/Colonia, 8.8.

Ayer me escribió Inti desde San José de Costa Rica: «Mirá, quería hacerte una consulta; o más bien dos. La primera es si conocés qué escritores o artistas centroamericanos tenían intercambio epistolar con Julio Cortázar. La idea es hacer una exposición con esas cartas el año entrante en el marco de la Feria Internacional del Libro, en donde queremos invitar a Argentina.
La segunda consulta es la siguiente: si te invitara como uno de los conferencistas principales para hablar sobre Cortázar, ¿aceptarías? Sería entre el 20 y el 30 de agosto de 2015. Te traería en primera clase para evitar esas agotadoras cruzadas del charco Ojalá me digás que sí»
Le contesto hoy: «Hola, Inti, y te diré que me he pasado la mañana repasando cuidadosamente los índices onomásticos de los cinco tomos y anotando todos los nombres centroamericanos que pude descubrir en ellos. Ojo, no descarto que haya más, pero no los identifico por sus nombres. 

El resultado de mi investigación es el siguiente :

Tomo 1, dos referencias a Rubén Darío;

Tomo 2, tres referencias a Miguel Ángel Asturias, una a Bud Flakoll (esposo de Claribel Alegría);

Tomo 3, nueve referencias a Claribel Alegría, once a Bud Flakoll y una carta a los dos, una referencia a Manuel Galich;

Tomo 4, dos referencias a Claribel Alegría, cinco a Bud Flakoll, dos cartas a Claribel y dos a Claribel y Bud, cinco referencias a Miguel Ángel Asturias, dos a Ernesto Cardenal, una a Carmen Naranjo, una referencia y una carta a Sergio Ramírez, una carta a Samuel Rovinski, una referencia a Sandino;

Tomo 5, 18 referencias a Claribel Alegría, 17 a Bud Flakoll, cinco cartas a ella y dos más a ella y Bud, dos referencias a la “Comandante Ana María” del FSLN, dos a Roberto Armijo, 14 a Tomás Borge, ocho a Ernesto Cardenal, dos a Pedro Joaquín Chamorro, cuatro a Lisandro Chávez Alfaro, cinco a Pablo Antonio Cuadra, una de Miguel D’Escoto, una a Roque Dalton, dos a Rubén Darío, ocho a Erik Flakoll Alegría, dos al “Comandante Marcial” del FSLN, dos a Augusto Monterroso, dos a Carmen Naranjo, siete a Sergio Ramírez, cuatro a su esposa Tulita y seis cartas a él, dos referencias a Samuel Rovinski, una a Sandino, dos a Omar Torrijos, una a Jaime Wheelock.

O sea, cartas, en total, serían veinte: a Claribel Alegría & Bud Flakoll, Sergio Ramírez y Samuel Rovinski.

En relación con el segundo punto, te agradezco mucho la invitación, y pocas cosas en el mundo me darían una alegría más grande que regresar por unos días a tu Cámaralentolandia tan querida, pero no. A mis años la paliza de semejante viaje sería tremenda, y me la evito paladinamente sin dejarle ni un solo resquicio a la duda. No por ello te lo agradezco menos, pero no».    

Lo siento tanto por La MaguitaElla me escribió nomás enterarse: «¡VENÍ! Por favor, vení. Ayer le dije a Inti que te consiguiera dos tiquetes de 1ª clase para que vinieras con Diny o uno de tus hijos. Alegrame el día y la vida, y decile a Inti que sí. Yo sé que Inti te quiere traer por quien sos (no como un regalo para mí), pero pienso aprovecharme de eso. Vení, por favor, vení».

Pero, como le he dicho a continuación de escribirle a Inti, «mi cuerpo enfermo no resiste más».           

 

Weiß/Colonia, 9.8.

1:20 am : En fondo a la transmisión de un nuevo episodio de la serie sueca “Irene Huss, Policía Gotemburgo”, el preclaro sonido de la bendita lluvia. Ojalá que sirva para jibarizar el coeficiente de sofocante hijueputez del aire que se respira. ¡¿”Respira”?! Ay, ¿a esta imitación en seco de lo que hacen los peces en los acuarios puede llamarse respiración? La puta que lo recontramilparió.

 

Me despierto muy temprano, me levanto a las 8:08 am, sigue lloviendo. Era hora.

 

Invito a Diny al chino, para que no tenga que cocinar. Conversamos perfilando los detalles del próximo domingo, el 17, su 75.° cumpleaños, cuando vendrá toda la familia holandesa –entre 16 y 18 personas– y la nuestra –diez más incluyendo a los nietos–. Le sugiero sin esperanza que contrate un catering (¡la Academia ha admitido la palabra en su sanctasanctórum!), ese podría ser tal vez mi regalo, pero se niega, quiere cocinar para los 28, 29 ó 30 que seremos. Salve, Diny, manducatori te salutant!

 

Vitriólico Raddatz describiendo en sus diarios el encuentro de Salman Rushdie, en enero 1994, con una delegación del canal franco–alemán Arte, delegación en la que él era el único alemán y el resto franceses, entre ellos el celebérrimo Claude Lanzmann, autor de Shoah, y el filósofo de moda, Bernard–Henri Lévy. El encuentro tuvo lugar en el Traveller’s Club de Londres, y el buen Raddatz no oculta su desprecio por los colegas. Pero tampoco tiene una buena opinión de Rushdie. Cierra la entrada en su diario con estas palabras, cuya primera parte se refiere al autor de Hijos de la medianoche: «Tan grande como piensa que es, no creo que lo sea. Pero de todos modos un león, si se lo compara con los perritos de París, entrenados para cobrar las piezas de la cacería». Ese “apportieren”, un verbo cinegético 100%, es peor que una mentada de madre.

 

A quince amigos ticos muy queridos les conté (para que no se enterasen por terceras personas) que me invitaron a ir a Costa Rica en agosto 2015 y que he rechazado la invitación, pero sólo uno de ellos reacciona. Sólo uno, Marjorie. Ni siquiera quien me invitó. Genial. ¿Se entenderá por fin por qué la llamo Cámaralentolandia?

 

HV, que recibió mi rebote de la entrevista con el clítoris publicada ayer en El País, me escribe: «Me encantó, aunque ya conocía la mayoría de los asuntos aquí expuestos sobre el clítoris y sobre todo conozco el mío que no es poco decir; mejor que Master and Johnson y el ultrasonido en 3D. Ja ja ja ja, lo voy a compartir». Le contesto: ««¡¡¡¿¿¿Que vas a compartir tu clítoris???!!! Cuidado con olvidar el sujeto de la oración». Como diría Clarín: «¡Alto, la Gramática!»

 

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