De mi Diario / Semana 32 / 2016

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Las serpientes del verano del tipo "Un jubilado de Manila tiene un cocodrilo que va todos los días a comprarle el periódico", ya son innecesarias.

 

Weiß/Colonia, 31.7.

 Por fin vino Arzola a casa, con Iuslenis y los hijos, a cumplirle a Diny su promesa de guisar para ella unos frijoles a la cubana. No una, sino un par de veces, le aseguró a lo largo de los meses, que no se tenía que preocupar de nada, que él traería todo lo necesario. Diny, al ver lo que trajo, y pensando que iban a venir Ulli & Carlitos, también invitados, le dijo que recordaba de Nicaragua que allí los frijoles los acompañan con arroz, a lo que Arzola comentó que en Cuba igual y le preguntó que si tenía arroz en casa. Menos mal que lo había. Luego le preguntó que si también tenía carne, porque los frijoles cubanos se comen con arroz y carne. Pero Diny sólo tenía un paquete de carne picada congelado. Hubo que descongelar esa carne. Nuestro desconcierto era grande, más el de Diny que el mío, pero menos mal que el resultado final fueron unos frijoles para chuparse los dedos. Moraleja : Si un amigo te invita a comer en tu propia casa un plato que va a guisar él, pídele la receta y compra tú los ingredientes.

 

Henri estaba en casa desde temprano e hizo buenísimas migas con Raúl, el hijo de los Arzola, hasta el punto de que en un momento determinado Raúl se fue donde Jorge y le preguntó que si podía ir “con mi amigo” (dijo) al parque de juegos infantiles. Por supuesto no era cuestión de dejarlos ir solos, así es que los acompañó Diny y los demás nos quedamos de sobremesa en el salón, empantanados –Carlitos y Arzola– en una discusión sobre el capitalismo que yo percibía como hilo musical desde mi siesta con los ojos abiertos.

 

En el parque de juegos infantiles, según me contó Diny cuando se fueron las visitas, de repente Henri descubrió dos navajas clavadas en la madera de uno de los artefactos y fue a decírselo y en ese momento aparecieron dos chicos que le doblaban la edad y dijeron que las navajas eran suyas y Henri se les plantó delante y les dijo muy convencido que esos objetos eran peligrosos, que con ellos no se jugaba. Mientras, Raúl (dos años mayor que Henri) se había refugiado junto a Diny con los ojos bajos y los brazos apretados delante del cuerpo, en una actitud claramente atemorizada. Los chicos mayores se dirigieron entonces a ella, preguntándole por su nombre y Diny les contestó que su nombre no era de su incumbencia y que se fueran a sus casas con sus navajas y jugaran con ellas en los jardines de sus padres, y que si seguían jodiendo la paciencia no le quedaba más remedio que llamar a la policía. Parece que la cosa habría sido muy distinta si un crío de 6 años y una anciana de 77 no hubiesen reaccionado como lo hicieron. Este es el mundo en el que vivimos, o por mejor decir, sobrevivimos.

 

Los 40.000 cretinos que esta tarde, a la sombra de la catedral de Colonia, corearon su deseo de que en Turquía se restablezca la pena de muerte ¿carecen hasta tal punto de fantasía que no son capaces de imaginar qué pasaría con una manifestación similar en Estambul, también de 40.000 personas, en contra de la pena de muerte?       

 

Weiß/Colonia, 1.8.

Me doy cuenta de que no tengo un tema para mi columa de esta semana en EE. Reviso a fondo todos los archivos “zurrones” donde almaceno ideas para futuros textos, sin encontrar nada que me convenza. Hasta que mis ojitos que se ha de comer la Pachamama descubren una línea en la que sólo escribí que los Estados Unidos carecen de una lengua oficial. Es la chispa que pone en movimiento la maquinaria; me voy a dormir la siesta, y luego della, tras hacerme un café muy cargado, la columna casi que se escribe sola, es como si alguien me la fuese dictando al oído y mi única tarea consistiese en pasarla a la pantalla, tecleando que es gerundio.

 

11:30 pm : Acaban de pasar Scarface, de Howard Hawks, con Paul Muni y George Raft. ¡1932! ¡El cine negro duro y puro! ¡Y qué pedazo de actor Paul Muni, por todos los dioses!

 

Weiß/Colonia, 2.8.

Vamos al italiano de Sürth cuyo propietario también es un Mancinone, como la signora de La Modicana. La comida es casi, un tenue casi, tan buena como la modicana, tan sólo el exceso de ajo la diferencia de una manera sustancial. Y mira si no me gustará a mí el ajo, pero en lo que se refiere a su dosificación, la norma es idéntica a la de una buena prosa: menos es más.

 

Acerca del post que subí anoche a mi blog en el EE, Carlitos me comenta que cuando Cristóbal Colón salió de Sanlúcar de Barrameda se dirigió a la Gomera, no a América, y en consecuencia, el viaje descubridor del nuevo continente se inició en las Canarias. El quid de la cuestión es que Carlitos, nacido en Colonia, criado y crecido en las Afortunadas, es más canario que los propios insulares. Un argumento tan simple como que si vuelo de Colonia a Bilbao, y debo hacer escala en Palma de Mallorca, no inicié el vuelo en Palma, sino en Colonia, le resbala al mesianismo canario de Carlitos. Otro asimismo tan simple como que Colón, al regresar de su aventura no lo hizo a las Canarias sino al puerto primero de donde salió, le resbala también. Se ha empeñado en que es a las Canarias a las que hay que agradecer el descubrimiento de América y no se apea de ese caballo. Recién cuando por tercera vez me nombra a Sanlúcar de Barrameda, un lugar que para nada nombro en mi texto, se lo hago ver y renuncio a seguir discutiendo el tema. Y es la primera vez (hoy) que aduce como argumento que si los años, que si la memoria corta, que si su incapacidad para retener nombres, etc.… Si no lo conociera más y mejor que la madre que lo parió ni lo quisiera como a un hermano que me regaló la vida, creo que le sacaría la lengua y con los pulgares en los oídos me mimetizaría en Dumbo copiándole las orejas con mis manos.

 

Weiß/Colonia, 3.8.

Pepe Oliver me manda una novela, Esperanza, de Marina Caba Rall, nacida en Madrid en 1964 y que llegó a Alemania a la edad de diez años. Por la solapa me entero de que Esperanza narra la vida de una mujer española que emigra a Alemania y arraiga en el país. Como es lógico voy a leerla lo más pronto posible, sobre todo teniendo en cuenta que Pepe debe haberle hablado a la autora de nosotros, porque el libro nos llega con su dedicatoria autógrafa. En cualquier caso, la novela está editada por Wagenbach, y eso para mí es una garantía con todas las de la ley.

 

A las 7:00 pm vamos a cenar en La Modicana, reabierta desde hoy después de las vacaciones de la signora. Ulli llega cargando el primer ejemplar de su libro, Objetos y artesanías de madera en la Colonia romana, y lo de cargando hay que interpretarlo literalmente porque pesa 2 k y ½, mare mía de mi arma. Lo repaso mientras llega la comida y me gana la convicción de que estoy en presencia de una obra que está destinada a ser “la obra”, el estándar en la materia. A Ulli se la ve feliz por el resultado, que tanto sudor y esfuerzo le ha costado a lo largo de los últimos meses, un proceso que he seguido semana a semana en mis encuentros con Carlitos, los martes.

 

Weiß/Colonia, 4.8.

Con la lectura de los episodios 13 y 14 de la saga del Commander Adam Dalgliesh conozco por fin la saga completa. Al cerrar el volumen 14 rastreo en Google algún material acerca de la recepción de la obra P.D. James en español y me quedo perplejo al ver que sus lectores parecen no haber percibido la dimensión literaria enorme de este conjunto de novelas, por lo menos a partir de los episodios 4 y 5, pero sobre todo del 7, cuando la autora deja a un lado el esquema tradicional de la narración policial para abismarse en el estudio de la sociedad donde se inserta la trama. No se me caen los anillos por decir que P.D. James, en esa segunda parte de la saga, es una digna continuadora de la obra de Dickens. No hay que olvidar que la novela que don Dickens estaba escribiendo cuando murió, y la dejó incompleta, El misterio de Edwin Drood, es una policial. Diré más: las novelas de P.D. James me gustan más que las de Dickens, porque la autora no recurre al sentimentalismo barato y a la moralina que tanto mal le hacen a la obra de su colega. Nota bene : No sé si es ironía, creo que no, pero en el episodio 14, cuando Dalgliesh y la CI Miskin visitan a un maestro de escuela tal vez relacionado con el crimen, el ojo avezado del Commander registra las fotos colgadas en la pared, entre ellas una de una representación de Macbeth, y sigue esta reflexión que puede ser tanto de Dalgliesh como de la propia autora: «Macbeth era la obra ideal para funciones escolares: corta, más que truculenta y no muy difícil de aprender de memoria». Lo anoto porque la obra preferida por los escolares alemanes, para sus puestas en escena, también es de Shakespeare, pero El sueño de una noche de verano: larga, nada truclenta y dificilísima de aprender, hasta para actores profesionales.

 

Weiß/Colonia, 5.8.

En el diario de hoy la ½ de la portada, a tres columnas, recoge las opiniones, ilustradas con fotos, de 14 personalidades de la vida pública coloniense, entre ellas la de Heide Meier-Henkel, medalla de oro olímpica de salto alto en 1992, en los JJ.OO. de Barcelona. Tengo la suerte de no ser una personalidad de la vida pública de esta ciudad, porque si me hubiesen preguntado si me hace ilusión ver esta nueva versión de la Olimpiada, hubiera contestado que no pienso dedicarle ni un solo minuto a un engañabobos como el que entretendrá a los teleadictos hasta el día 21. Y aún menos tras la bajada de pantalones del presidente del COI ante el impresentable Putin. A esta ceremonia ad majorem gloriam de la industria farmacéutica secreta, ni un minuto.

 

También en el diario la noticia de un atentado contra un grupo de turistas en Afganistán. Leerla y sentirme víctima de un espejismo fue todo uno. ¿Turistas en Afganistán?  Bueno, la verdad es que, como diría la abuela Remedios, «hay gustos que merecen palos».

 

El suplemento mensual dominical dedicado a los libros incluye como de costumbre “El poema  del mes”, el de hoy uno titulado “Verano”, de Ilma Rakusa, una poeta suiza nacida en Eslovenia en 1946 y radicada en Zúrich desde 1951. Lo aproximo al castellano al correr de la lectura :

«Verano es / cuando el cuarto dormita / con las persianas semicerradas, / cuando una mosca solitaria zumba / buscando libertad y no la encuentra, / cuando afuera chirrían las chicharras / en la canícula, mientras / sobre las losetas cruzan liebres de luz, / palpitantes criaturas blancas, / y vasos, ollas, jarras, reposan por completo / como una naturaleza muerta».

 

Del Kölner Stadt Anzeiger, el diario al que estoy suscrito, me llega la oferta de un E–Paper gratuito, hasta el 22 de este mes, con todos los resultados de los JJ.OO. hasta las 4:00 am. Les contesto ipso fuckto: «Para decirlo con palabras de Rhett Butler: «Olimpia, my dear, I don’t give a damn«. Con atentos saludos, R.»

 

Alma Delia subió a su cuenta Twitter un venenoso tuit que le regalé este mediodía:

Hasta tengo entendido que las más exaltadas y militantes hablan de su “ega“, ¡por Dios!, como decía Mutis en estos casos.

 

En el foro de mi columna de EE un lector introduce un comentario sin chicha ni limoná, sobre la no existencia de una lengua oficial en los USA y sus consecuencias en la vida diaria, me dice que «Un día, cerca a [sic] Miami, cometí una infracción de tránsito, hablé en español, y me trajeron un policía cubano». A riesgo de ganarme un enemigo, le contesto que «No tiene mérito alguno si es que fue en Miami. La próxima vez hábleles en eusquera».

 

Weiß/Colonia, 6.8.

0:30 am : Después de leer la entrevista con Jorge Fondebrider, el último traductor de Madame Bovary, donde afirma que «españoles y latinoamericanos ya no hablamos la misma lengua», Rolando me escribe desde Austin: «Pues, sí, viejo, fíjate que todo este tiempo que nos conocemos, comido tu comida, tomado tu cerveza, hospedado en tu casa, viendo los programas en tu tele, leído mucho de tu biblioteca, y ni contar con los emails que nos hemos enviado el uno al otro durante años nunca hemos logrado entendernos. Ricardo, te pido perdón por haber desparramado tantas voces indescifrables en tu casa. Y te dejo saber que pienso renunciar a mi tesis sobre Galdós, que aunque nacido en las Canarias, siempre trató de defenderse bastante bien en el español peninsular». Y firma «Horson Swells». Le contesto en gíglico: «Sí, querido, es como para irse apeltronando, reduplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al que se le han dejado caer unas fílulas de cariaconcia. En suma hecho pomada». Y consecuente con su firma Horson Swells firmo mi email como «Margarito Cansino».

 

Me levanté de la cama con un dolor insoportable en la cadera izquierda, casi grito. Tiene que haber sido alguna mala postura durante el sueño porque anoche me acosté sin el más mínimo problema, luego de una venturosa travesía a Aberdeen, con el ferry nocturno.

 

Javier me escribe desde Alcalá: «Las serpientes del verano del tipo «Un jubilado de Manila tiene un cocodrilo que va todos los días a comprarle el periódico», ya son innecesarias. La realidad, se ha dicho con razón, supera a la fantasía. Hace un par de semanas Obama visitó España y un periodista del semanario de Alcalá de Henares «Puerta de Madrid», probablemente ante la penuria de noticias con más enjundia, llenó media página con un reportaje cuyo titular era: «Se oye en Alcalá el ruido del aterrizaje en Torrejón del avión del Presidente de los Estados Unidos». Esta podría ser la segunda parte de ¡Bienvenido, Mister Marshall! En las proximidades de la tumba de Berlanga, y no es una serpiente de verano, se han oído sonoras carcajadas».

 

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