De mi diario : Semana 32 / 2019

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Weiß/Colonia, 4.8.

1:00 am : Pasaron Einsamkeit und Sex und Mitleid [=Soledad y sexo y compasión, paráfrasis sincrónica del primer verso del himno nacional alemán, «Einigkeit und Recht und Freiheit», es decir: «Unidad y derecho y libertad», en otra versión «Unidad y justicia y libertad»]. Me di cuenta tarde de que la estaban pasando y no soy capaz de ver con provecho una peli empezada, a no ser que ya la conozca y a veces hasta me la sepa de memoria. Tendré que esperar a que la pasen otra vez o bien comprar el DVD, estoy de lo más interesado en una peli coral alemana a lo Robert Altman.

Me escribió Marcos, desde Karakogrado, la capital de Venezuelistán, para decirme que un amigo le recomendó una serie de novelas policiales escritas por la alemana Nele Neuhaus, y protagonizadas por los comisarios Pia Luise Kirchhoff y Oliver von Bodenstein; y que al parecer tiene mucho éxito. Me pregunta si las conozco y las recomiendo. Le contesté: «Pues no, mi querido Marcos, y el caso es que la novela policial alemana se ha vuelto un panorama casi inabarcable. Cuando comenzó a editarse en alemán la saga del comisario Beck, allá por los 70s del siglo pasado, los autores alemanes de policiales se podían contar con los dedos de ambas manos, sobrando dedos. Hoy escriben policiales, en Alemania, hasta las amas de casa con almas de cántaro pero capaces de imaginar los crímenes más crueles. No me extrañaría nada que alguna de mis vecinas fuese autora de policiales. Compraré una de esta autora, la leo y luego te cuento». Y es lo que acabo de hacer, comprarla online. La primera de la saga, donde la comisaria se llama todavía Kirchhoff, entretanto se volvió a casar y ahora se llama Sander. Hay que ver de las cosas que uno se entera si es amigo de la chismosa Miss Hortensia Google.

Me dice Diny que en el pasquín de Prisa aparece un artículo de Vargas Llosa dedicado a su tocayo Benedetti, con motivo del centenario de su nacimiento. Como esa efeméride no la tengo registrada, y es seguro que la tendría de ser cierta, recurro una vez más a Miss Google, quien me informa de que nuestro Mario querido nació el 14.9.1920. Es decir, que en Babieca (como llamo a Babelia) a lo mejor se manejan con un calendario heterodoxo. Vaya usté a saber.

Weiß/Colonia, 5.8.

0:05 am : Tercer episodio de la saga neocelandesa de Brokenwood. Es el más flojo de los tres que ya se emitieron, pero debe de ser porque su acción transcurre en torno a un club de golf, ese «deporte para topógrafos», como lo llamé en mi cuento “Macho dulce”. En el propio episodio alguien cita un dicho famoso según el cual el golf es «un paseo campestre echado a perder». Me parece gráfico a más no poder. En toda mi vida solo he acompañado in situ un partido de golf, en Don Torcuato, Buenos Aires, diciembre 2001, y poquísimas veces me he aburrido tanto.

Fui a Rodenkirchen para repostar alcoholes y hacer una transferencia en el Banco. Al regresar, en la parada del bus de la Maternusplatz estaba sentada una joven muy vistosa, latina, el pelo suelto, con un vestido holgado de amplio ruedo y con tirantas. Al ver llegar el bus, se agachó abriendo las piernas para levantar sus compras y en ese momento hubo una ráfaga de brisa que le levantó por abajo el vestido, ya ahuecado por arriba al agacharse, de manera que por un instante se pudieron ver dos pechos redondos, plenos y bien empitonados, y unos muslos de color canela terminados en un henchido triángulo blanco. Tengo la certeza de que se debió dar cuenta de su involuntario desnudo porque al levantarse con la carga de sus dos bolsas enrojeció, y no por el esfuerzo. Una instantánea y al mismo tiempo una epifanía. La belleza del desnudo femenino es algo que de siempre me ha cautivado, incluso si es en un escorzo como este y con una mujer cuya anatomía y cuyo «torpe aliño indumentario» transmitían tanta sensualidad. Genio y figura me voy a morir, y a mucha honra.

Dedico mi columna del viernes a los micifuces porque el jueves 8 es el Día Internacional del Gato, y en el blog de Carla encuentro, para rematarla, una cita preciosa de un poema de Darío Jaramillo: «Los estados de la materia son cuatro: / líquido, sólido, gaseoso y gato». Miau

Hallazgos en Testamento del Paisa. En el apartado “Refranes”: «A cada águila le sale su cirirí», que el autor del libro explica así: «Es el cirirí un pajarillo tan valiente, que ataca y suele poner en fuga a águilas, gavilanes o buitres; aprovechando su vuelo rápido y ágil, los hostigan picoteándoles la cabeza y revoloteándoles en rededor hasta echarlos de sus dominios. El cirirí debería figurar en el escudo de Antioquia y aun en el de Colombia, dejando las grandes aves de rapiña para las potencias que se asemejan a ellas». Y en el apartado “Exageraciones”: «Tiene la boca tan grande, que si se pone aretes de cobre se envenena». Me apostaría mi única corbata de Armani a que se le ocurrió a un paisa la primera vez que vio una peli de Julia Roberts.

Weiß/Colonia, 6.8.

Almorzamos hoy de nuevo en la Terraza del Rhin. Como estamos sentados en la mesa inmediata al mostrador, advierto algo que me hace preguntarle al dueño doblado de camarero: «Perdone la pregunta, pero ¿será posible que esa nueva parroquiana que llegó le haya encargado vino blanco con cubitos de hielo?» Me contesta con un subtono crítico–cultural indesoíble: «No se lo va a creer, pero es algo que nos encargan mucho». Razón tenía mi inolvidable Dieter cuando decía: “Cultura hay que tener». Y también tenía razón san Mateo para su desconfianza, hay cosas que si no las ves, no te las crees. Y hasta viéndolas siguen siendo increíbles. ¡Filisteos!

Desde mi Güeno Saire querido que yyya no volveré a ver, Susanita le escribe a Manolito: «Te hubiera encantado escuchar anoche a un ingeniero arrrrgentino que entrevistaron por televisión. Hace 50 años trabajó para la NASA en la construcción del Apollo 11. Contó lo técnico pero también lo anecdótico (a sus 90 súper lúcidos años). Y por supuesto, con la picardía argentina que nos caracteriza nos hizo saber que en la Luna flameó la bandera americana pero también se quedó nuestro pabellón nacional, porque el muy picarón, a quien le tocó fabricar una pieza que luego se despegaría del cohete una vez alunizado, la armó utilizando cables recubiertos con los colores blanco y celeste. Y nos lo contaba con una de esas sonrisas que achican los ojitos y uno quiere atravesar la pantalla como en La rosa púrpura de El Cairo para darle un abrazo».

Una documentación de 45’ con pelis privadas que se filmaron durante el III Reich en Alemania. Me ha recordado lo que escribí y publiqué hace años acerca de la vida ciudadana en este país. Las imágenes del documental de hoy corroboran lo que dije entonces. Es como para pararse a pensar en los brotes de abierto antisemitismo y de xenofobia que estamos viviendo acá en la actualidad. ¿Será posible que no se haya aprendido nada desde 1945 hasta hoy, nada de nada?

Weiß/Colonia, 7.8.

020 am : Acaban de pasar Bonjour, Anne [París puede esperar en español y alemán, un título mejor que el original], la primera peli no documental de Eleanor Coppola, la esposa del autor de The Godfather. Es una peli amable, un road movie para entonar un canto de amor a Francia y a la cocina francesa. Pero está hecho con suma inteligencia y gusto por el detalle, lo documenta el personaje de Anne, una especie de alter ego de la directora, con su cámara siempre dispuesta a captar pormenores de la vida y de su entorno. Peli es esta que me prometo volver a ver.

Anoche, antes de apagar el televisor acerté a ver un noticiero donde me enteré de la muerte de Toni Morrison. En Nexos le dedican hoy una excelente nota necrológica de la que espigo una cita de esta mujer excepcional: «Escribo para gente negra de la misma manera que Tolstoi no escribía para mí, una niña de color de 14 años de Lorain, Ohio. No tengo que disculparme. El punto es que el crítico blanco no se siente en tu hombro y lo apruebe». Y en otra ocasión dijo: «Lo que la gente fuera de América aprecia de este país, procede por lo general de la cultura negra». Cuando le dieron el Nobel en 1993 no había leído nada suyo ni sabía quién era. Desde entonces no dejo de leerla cada vez que me cae en las manos un libro suyo. Para mí, sin lugar a dudas, fue la legítima sucesora de Faulkner; o bien la otra cara de la medalla faulkneriana.

7:05 pm : Desde hace 10’ se ha desencadenado un vendaval de viento y lluvia, con aparato eléctrico aunque no muy próximo. Las casas de los ## 11 y 13 y las del otro lado de la calle se ven como cuadros puntillistas desde la ventana de este cuarto. Diny ha apagado el televisor, por si las que ni labráis como abejas ni brilláis cual mariposas. Yo apagaré la compu si los rayos se acercaran por estos pagos. No suelen hacerlo. Espero que esta vez también sepan comportarse.      [30’ más tarde: supieron comportarse. Gracias, pibes].

Weiß/Colonia, 8.8.

2:30: Acabo de ver La risaia [El arrozal, aunque www.imdb no registra un estreno español de esta peli]. Se trata de un melodrama italiano de 1956 que viene a ser como una réplica en technicolor de Riso amaro, de 1949, y sin su fuerza revulsiva (su guion fue nominado para el Oscar). Pero de todos modos las escenas de la recolección del arroz son una gozada visual que se echa a perder con la banda sonora, donde las canciones populares de la época y del trabajo en los arrozales se mezclan con un fondo coral/orquestal de pura estirpe hawaiana, uno espera que de repente las arroceras se pongan a bailar hula hoop ante un fondo de palmeras! Porca miseria!

Trabajo todo el día de lo más desganado en el artículo sobre Woodstock que debo entregar a Piedrahita el lunes 12. Es algo muy típico en mi manera de abordar uno de estos encargos. Casi desde el vamos me pongo a almacenar material y una semana antes lo voy pasando de un modo minucioso a la pantalla, excepto cuando se trata de uno de copia y pega dentro de la misma red. Y conforme voy llenando la pantalla me invade una sensación de impotencia, cómo voy a hacer para amarrar tantas moscas por el rabo. Porque ningún pormenor descubierto se me antoja que pueda dejarlo a un lado. Ahora bien: lo que en realidad pasa es que todavía no he encontrado la vuelta de tuerca que ajuste todo el material. En este caso es hasta divertido porque tengo ya la frase inicial y la final. Pero ¿cómo, cómo ordeno todo lo que debe ir entre esas dos frases? Creo que mañana va s ser el día decisivo, pero por si acaso ya adelanté todas y cada una de las tareas fijas de aquí al lunes, para dedicarle todito el tiempo a Woodstock. We shall overcome!

Me llegan con el correo quelonio dos libros. Uno es el homenaje in memoriam a Klaus Dieter Vervuert, editor dedicado (mejor: entregado, ¡y cómo!) al intercambio cultural de Alemania con el mundo hispano, aquende y allende el charco grande. El otro es Cinema, la antología de poemas de autores alemanes teniendo como leit motiv al cine, ya traduje uno de ellos la semana pasada en este diario.  Me alegra ver que el poema que abre el libro sea de Pepe Oliver, el malagueño de la Selva Negra, una de las voces más admirables de la poesía alemana actual.

Weiß/Colonia, 9.8

Me entrega Diny el regalo que me trajo Montserrat de Portugal. Es una lata de sardinas, pero muy especial. Es una comprada en Lisboa, en el Mundo Fantástico de la Sardina Portuguesa,  una lata con muchos requilorios, como diría mi abuela Remedios: el año de mi nacimiento, una peli que se estrenó ese año (El mago de Oz), los nombres de dos personas que nacieron en ese mismo año (Tina Turner y Francis Ford Coppola) y qué sé yo cuántas cosas más. La fecha de caducidad es el 2024 pero una lata así no se compra para consumir su contenido sino para ser exhibida en la repisa de la chimenea, con otros cachivaches. Como acá no hay una chimenea la colocaré en el armario verde, donde tenemos un museo universal de la cachivachería.

Lo sabía, lo intuía desde ayer, escribí casi en trance mi artículo para Piedrahita, en EE, sobre Woodstock. Luego, le envié el borrador a mi consejo asesor y un par de amigos, con la gran suerte de que José María, desde su beatus ille en la orilla caribe, me facilita un dato precioso para añadirle al texto una nota de color local: el Festival de Ancón en 1971, el Woodstock colombiano. Ahora sí que sí, ahora sí creo que mi artículo quedó en el molde. Aunque me falte sitio para las palabras de T.C. Boyle sobre la herencia de Woodstock: «Los mayores efectos fueron, sin duda, el surgimiento del movimiento de protección del medio ambiente, el respeto por la naturaleza, el movimiento feminista, más derechos para los individuos. Todo esto es el legado de esa época, es allí donde se originó».

Weiß/Colonia, 10.8.

2:40 am : Burn After Reading [Quemar después de leer] es como La pantera rosa o The Party, se las puede ver una y otra vez y reír todas las veces como si fuese la primera. Hay pelis, hay libros, hay chistes que tienen esa condición inapreciable, que el Tiempo no les hace mella.

Hace un par de días le escribí a mi taruguita y se me olvidó consignarlo aquí. Me escribió ella disculpándose porque me tenía muy descuidado en su correspondencia, y ello es consecuencia de que anda bailando en muchos bailes a la vez. Y le contesté que de sobra sé lo que es eso: «Tan de sobra lo sé que te cuento una anécdota muy poco conocida fuera de esta casa. Siendo aún muy chicos nuestros hijos, pero ya en la escuela los tres, un día, durante la cena, no sé cómo, me dio el venate por hablarles del futuro, de que, desde ya, desde edades tan chicas, tenían que ir pensando en qué les gustaría ser de mayores, con objeto de organizar ad hoc sus estudios de secundaria y eventualmente bachillerato. Me oyeron muy atentos, como siempre que les hablaba, y después de cenar, como siempre, me vine a este cuarto a seguir trabajando, como siempre. Ellos se fueron a dormir al rato, no sin pasar a besarme, como siempre, pero algo así como una hora después sentí que se abría la puerta del cuarto de Chico y que con sus pies descalzos venía hacia aquí. Y en efecto, llegó a la puerta y le pregunté qué le pasaba, si es que no podía dormir. Me contestó que estuvo todo el tiempo pensando en lo que comenté durante la cena, y que ya sabía lo que quería ser cuando fuese mayor. “¿Qué?”, le pregunté. A lo cual me respondió: “Faulenzer [=Haragán]», fue lo que me dijo. Y en ese momento entendí que era un tipo de lo más inteligente. Claro, él veía cómo yo todas las mañanas desayunaba de prisa y a la carrera después del aseo matutino (afeitado y ducha) y a las 8:30 am salía como alma que lleva el diablo con la bici camino de la redacción, de donde regresaba alrededor de las 5:30 pm, cenábamos juntos y yo me metía en mi cuarto para seguir trabajando hasta bien entrada la noche. Interiormente, Chico decidió que de mayor quería ser todo lo contrario de su padre, es decir, no quería ser un esclavo del trabajo. Fue una de las primeras lecciones que, con el tiempo, me han ido dando mis hijos».

En mi columna de ayer en EE, un lector me dejó este comentario en el foro: «Cuando niño me dormía con el ronroneo arrullador de mi bello gato. Gracias, señor Bada, por esa elegía gatunamente hermosa». Le contesto ipso fuckto: «Gracias por leerme, pero solemnemente le juro que no escribí este texto como elegía, sino como ditirambo. Los clasicos somos así».

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Ricardo Bada
Ricardo Bada (Huelva/España, 1939), escritor y periodista residente en Alemania desde 1963. Autor de La generación del 39 (cuentos, Nueva York 1972), Basura cuidadosamente seleccionada (poesía, Huelva 1994), Amos y perros (cuento, Huelva 1997), Me queda la palabra (ensayos, Huelva 1998), Los mejores fandangos de la lengua castellana (parodias, Madrid 2000), Límeri de Bueno Saire (poemas nonsense, Río de Janeiro 2011), La bufanda de Cambridge (cuentos, Bogotá 2018) y El Canto XXV(novela breve, Copenhague). Editor en Alemania junto con Felipe Boso de una antología de literatura española contemporánea, Ein Schiff aus Wasser (Un barco de agua); junto con José A. Moral de la obra periodística de Gabriel García Márquez, y en solitario de los libros de viaje de Camilo José Cela. Editor en España de la obra poética de la costarricense Ana Istarú (La estación de fiebre y otros amaneceres, 1991), y en Bolivia de la única antología integral en castellano de Heinrich Böll (Don Enrique, La Paz, 1995). Ha sido, y en media docena de los casos sigue siéndolo, colaborador regular en Revista de Libros, Revista de Occidente, ABC, Cuadernos Hispanoamericanos y Vasos Comunicantes (España), El Espectador y El Malpensante (Colombia), Nexos, La Tempestad y La Jornada (México), La Nación (Costa Rica), Brecha y El País (Uruguay), Aurora Boreal (Dinamarca), Amsterdam Sur (Países Bajos) y La Opinión (Los Ángeles/California), además de la revista Etiqueta Negra (Perú) y las cuatro ediciones de SoHo (Colombia, Costa Rica, México y Ecuador).
Republicano y agnóstico a carta cabal, convicto y confeso, paradójicamente fue nombrado caballero de la Orden de Isabel la Católica, y padece –no menos paradójicamente– una curiosa dolencia llamada sacralización. Tan luego él...

1 COMENTARIO

  1. Querido Ricardo: Como siempre, una fiesta leerte. Mil gracias. y que haya sido Vicky Baum quien escribió lo de la fama y el éxito me dejó muy impresionada. Justamente ayer pensé en ella porque su libro “Un ángel sin cabeza” me impresionó mucho. Mil besos

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