De mi Diario : Semana 33 / 2019

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Weiß/Colonia, 11.8.

1:50 am : Vértigo, elegida en el 2002 como la mejor película de todos los tiempos por un jurado de críticos y cineastas eminentes. Y sí, es muy, muy buena. Pero le sobra partitura. La música se comporta casi como el narrador de una radionovela. Al cabo de una hora, empacha. Y son casi dos horas de metraje. Y la segunda mitad es todavía más empachante que la primera. Por mi parte, sigo manteniendo arriba del todo en el podio a Citizen Kane, seguida de cerca por El acorazado Potemkin y El tercer hombre. Y al que le pique, que se arrasque.

Después de leer mi diario, Teresa, que es paisa, me cuenta desde Wolfsburg que con “cirirí” le hice recordar esta palabra, «que, a decir verdad, sólo uso cuando estoy en Colombia. Es de uso relativamente frecuente para calificar personas muy tozudas e insistentes. Decimos, por ej., “¡Teresa es un cirirí!” Por cierto, un columnista de El Espectador tiene como seudónimo Sirirí, así, con S». Le contesto que «el diccionario de la RALE no registra “cirirí”, sólo “sirirí”, y lo registra paradójicamente (¡estos académicos!) como um argentinismo de difusión continental, vea: Arg. Nombre que reciben diversos patos de vasta distribución en el continente americano. Y a mi manera de ver, el cirirí paisa no es un pato. // OtrosíTambién en mi columna anida un pájaro, no sé si te fijaste:Yo soy como el picaflor”. La historia es la siguienteCuando Diny y yo nos fuimos a vivir a Buenos Aires, los amigos nos consiguieron enseguida una cama, una heladera, un lavarropas, vajilla y cubiertos (lo sacaron del depósito de un familiar que era de la carrera diplomática y casi nunca estaba en Baires). Pero claro está que nuestro apartamento necesitaba más muebles, y en esas vimos a un paraguayo que iba por las calles de Olivos con su carreta cargada a tope con muebles todos de artesanía popular, es decir, sillas de enea, mesas de mimbres, etc. Le compramos el resto del ajuar. Y aquí viene lo bueno: la carreta del paraguayo ostentaba en su frontis una cartela donde podía leerse: “Yo soy como el picaflorllego, canto y me voy”. Me gustó tanto que, en su forma resumida, lo adopté como rótulo de varias de las columnas que he mantenido desde entonces. Y colorín colorao, este cuento s’ha acabao».

​KN leyó mi columna recomendada de Joaquín Mattos Omar, y me escribe al respecto: «Leí hace un tiempo el cuento de Kafka, la niña y la muñeca, pero lo que de Kafka en verdad me conmocionó fue la carta a su padre; parecía como si fuera de mi autoría haciendo catarsis a la relación con mi padre. Tremenda». Le contesto: «Y sí, la Carta al padre, de Panchito Kafka, es de mear y no echar gota. A mí me conmocionó mucho cuando la leí en España, antes de autoexiliarme. Y me conmocionó el doble cuando la leí en alemán. Y lo curioso es que me conmocionó aunque la relación que tuve con mi padre, y la suya conmigo, eran el otro lado de la medalla. Leyendo la carta de ese hijo me parecía estar leyendo casi casi ciencia ficción».

Weiß/Colonia, 12.8.

2:00 am : Primero Brokenwood, el cuarto y último episodio de la policial neocelandesa (ha sido el mejor hasta la fecha), y a continuación Hitchcock. En cuanto a Brokenwood espero que la cadena ARD se lance a comprar las cuatro temporadas más que ya existen. Y Hitchcock no es que me haya decepcionado, ni siquiera eso, pero me ha parecido muy poco más que una especie de The Making of Psychoy por cierto que así se titula el libro de Stephen Rebello en que se basa el guion. Qué decir: la panza de Anthony Hopkins es demasié. En Hitchcok se aceptaba, como la de Churchill o la de Orson Welles, pero en la pantalla se ve como prótesis. Fabulosa Helen Mirren, y alucinante James d’Arcy como Antonhy Perkins, podría ser su clon.

FígarOskar pasó a motilarme. (Me encanta el verbo “motilar”, lo de “cortar el pelo” suena tan pedestre) Aunque resulta que ya no quiere ser peluquero, y sí estudiar un oficio social. Para lo cual debe hacer un año de prácticas o inscribirse por un año en el Servicio Social, lo que más le gusta porque le permitirá trabajar por ejemplo en los Kindergarten o las Kitas (¿cómo será que se llaman las Kitas en español?)  Hablamos mucho de música y consigo entusiasmarle con mi relato de lo que fue Woodstock y lo que le elogio de Walk the Line [En la cuerda floja], cuyo DVD le presto. Espero que me lo devuelva, pero con la familia nunca se sabe.

Cada vez son más los amigos que insisten en que escriba mis memorias. Me da la impresión de que no leen bien mi diario. En estas páginas voy reflejando mi día a día, sí, pero casi a cada rato estoy rememorando cosas del pasado. Si eso no es un ejercicio de escritura de la memoria, no sé qué otra cosa pueda serlo. ¿Un libro más? ¡Bah!

Weiß/Colonia, 13.8.

Leo en el Kölner Stadt Anzeiger, mientras desayuno, el resultado de una encuesta realizada por el Instituto de la Economía Alemana acerca de los ingresos de la población; encuesta según la cual los alemanes (y quienes vivimos en este país) nos quejamos de vicio. Quien gana 1.628 € mensuales, netos, y vive solo, ya se ha ubicado en la ½ rica de la población. Y quien gana en Alemania occidental –o sea, sin contar las provincias anexadas del Tercer Mundo, alias RDA– 5.160 € mensuales, netos, viviendo en pareja y sin hijos, se puede considerar incluido entre los “obere Zehntausende” [=los diez mil de arriba], como se dice en alemán para designar a los pudientes. ¡Caray! Pasa que yo gano más de esa cifra, aunque en bruto, o sea que ando cerca de poderme considerar un Creso. ¡Y si no fuese por la hijueputa Hacienda, lo sería!

En La Modicana siguen de vacaciones, ¡viva la Pepa!, de modo que almorzamos con Diny en la Terraza del Rhin; saltimboca a la romana Diny, ravioles del día Carlitos y pizza mediana yo, llamada Nunzio, vaya usté a saber por qué, con gorgonzola y jamón de Parma. Como siempre, el fantasmal espectáculo de sólo ver el bauprés y el castillo de popa de las gabarras que navegan por el río padre. Si comiéramos en la terraza, afuera, veríamos todo, pero Carlitos te tiene tirria a comer al aire libre y yo lo hice una vez, invitando a los padres de Angie, y quedé en estado de latente hostilidad contra las avispas, la madre que las parió. Yo no sé cómo los alemanes logran sacrificar tanto a su heliolatría. ¡Mi reino por un fumigador de insecticida! Pero luego vienen los verdes con su prédica de la extinción de las especies y me dejan con el culo al aire. Ay.

Arcángeles me dejó un comentario en el foro de mi diario, diciéndome: «Que haya sido Vicky Baum quien escribió lo de la fama y el éxito me dejó muy impresionada. Justamente ayer pensé en ella porque su libro Un ángel sin cabeza me impresionó mucho». Le contesto: «Vicki Baum, quien antes que escritora fue arpista, se cuenta entre mis amores de juventud, y tiene una novela anticolonialista de muchos quilates, Amor y muerte en Bali, donde pone a parir la colonización neerlandesa de Indonesia. Estuve dudando si seleccionar como frase de la semana la que leíste, o esta que te hará gritar de júbilo: “Hay atajos a la felicidad, y bailar es uno de ellos”».

Pasan esta noche, primicia en TV, Spy in the Sky, que tantas ganas tengo de ver, pero la pasan a la misma hora del penúltimo episodio de la serie inglesa Muerte en Belfast. Estoy a punto de abrir el cajón de los rayos y centellas + mentadas de madre a los programadores de los canales de TV cuando descubro que Spy in the Sky la pasan de nuevo el viernes 30. Me toca armarme de paciencia pero lo que no puedo hacer es perderme el prólogo del clímax de esa serie.

Weiß/Colonia, 14.8.

1:35 an : Pasaron El infierno, peli austríaca, que no desmerece en nada a las mejores del cine negro americano o francés: crímenes, acción y unos actores convincentes. Hubo una época en que yo a Humphrey Bogart lo creía capaz de cometer todos los asesinatos habidos y por haber.

Estoy hasta los cojones de los prejuicios, y mucho más si son positivos. Leo en una reseña de un libro de Muñoz Molina: «Lisboa es la ciudad de la saudade. No es posible caminar por sus calles, plazas y parques sin experimentar nostalgia, melancolía y cierto fatalismo». Mierda de la que cagó la gata (estreñida). ¿Por cuál ciudad de Occidente, con las posibles excepciones de Andorra la Vella, Vaduz y Huelva  –pero es cosa que tendrían que ratificar sus habitantes– no se camina hoy sin experimentar nostalgia, melancolía, cierto fatalismo y unas invencibles ganas de volver al hotel para descansar de tanto siglo XX y comienzos del XXI? ¿Qué es esto, diosito mío, pecado de incorreción turística? Pues que le den por culo a su gran puta madre, aunque sé que parece ser que le gusta “a tergo”? (como decimos los clásicos): mejor para ella.

En el Commerzbank reunión anual de rutina con la Frau Schneider. Se ha acumulado bastante dinero en mi segunda cuenta corriente, por lo que me propone una fórmula de inversión de unos 10.000 € a diez años, que hará las veces del seguro de vida que no le pudimos contratar a Henri por consejo de la misma aseguradora con la que contratamos en su día los seguros de vida de Paul, Oskar y Vincent. Una preocupación menos para mi albacea, Rebeca. Amén de ello, otra inversión de 10.000 € en mis fondos de valores.

Tras la visita al Banco almorzamos en Maredo: un pincho de carne de res con papa asada, Diny, gambas al ajillo yo, con rebanadas de pan untado con ajo; ambos platos regados con un buen  Chardonnay español ligero y refrescante. Luego, en la parada del tranvía de la estación central, la KVB informa por sus tableros que unas cuantas líneas están interrumpidas, entre ellas la 16, que necesitamos para volver a Weiß. Y 22’ de espera hasta el siguiente tranvía que todo lo más nos dejaría en Barbarossaplatz, de modo que Diny se cansa y me convida a taxi para volver a casa. Sólo hasta el ayuntamiento de Rodenkirchen, le digo, para que se ahorre 10 €, ya que en la plaza del municipio puedo por fin canjear el cheque de librería que fue uno de los regalos de mis hijos en mi cumpleaños. El taxista es persa, y al darse cuenta de que somos extranjeros se dedica a despotricar contra el régimen de los mulás y ayatolas, quienes no son sino sanguijuelas que se enriquecen a costa del país. Y en la librería de Rodenkirchen el descubrimiento de una novelista islandesa de policiales, Yrsa Sigurdardóttir. Así pues, como ayer me llegó el primer episodio de la saga de Nele Neuhaus, lectura asegurada para el resto de la semana.

Weiß/Colonia, 15.8.

0:05 am : Final, grandioso, de la serie Muerte en Belfast [este es el título alemán, en inglés se titula sencillamente The Fall]. La mejor serie inglesa vista por mí hasta la fecha, y eso es decir mucho pensando en el inspector Morse –el adulto, pero también el joven– y su sucesor Lewis con el DS Hathaway, en la de Lynley & Havers, y en Muerte en las Shetlands. No incluyo la de Hercule Poirot, con David Suchet como protagonista, porque a la larga se la siente demasiado construida. Algunos guiones son hasta mejores que los relatos originales de la Christie, pero Hastings, p. ej., es una caricatura: ningún inglés, ni siquiera el Británico de Bernard Shaw, con la muy probable excepción del actual primer ministro, el tal Boris Simpson [sic] (el apellido ya lo delata), puede ser un imbécil tan medalla de oro en la Olìmpiada de la imbecilidad. Y a la larga, me repito, se vuelve construida, y pienso que el pie de que cojea es que resulta demasiado literaria, como las del Padre Brown, un personaje increíble fuera de las páginas de Chesterton y en su dicción única, Chesterton al 100%, que el cine o la TV son incapaces de captar.

De vez en cuando, leyendo el Kölner Stadt Anzeiger mientras desayuno, le echo una mirada a mi horóscopo. El de hoy merece hasta que lo traduzca: «Si la caricatura de un tirano tratara de dominarle es algo que debería divertirle más que inquietarle. Usted posee suficientes fuerzas defensivas para enviar a Elba a cualquier autonombrado Napoleón». La única explicación ± razonable a semejante desatino es pensar que hoy se cumplen 250 años del nacimiento del Gran Corso. Pero me parece en exceso traída de los pelos.

Aparece mi artículo sobre Woodstock en EE. No lo pude leer hasta que Óscar Domínguez me envió desde Medellín una copia del texto en pantalla. Al abrir el enlace sólo puedes leer unos 10”, enseguida se cierra la pantalla en negro y aparece un aviso invitándote a suscribirte al diario. Diría yo que al menos los autores de los textos deberíamos tener acceso a ellos, pero también entiendo el argumento de la empresa. Y donde hay patrón, no manda marinero.

Me llegó la declaración de ingresos (2018) para el Fisco, con una alentadora carta de mi asesor fiscal: si el Señor Fisco la acepta como él se la envía, tendrá que devolverme unos 1.358,25 €. YupiiiiiiiYa mismito le voy a poner una vela a san Apoquinar, patrón de los paganinis.

Buscando entre mis libros de arte y ediciones limitadas, uno para un regalo muy especial, me encuentro la carpeta publicada en Huelva en 1996 con la edición facsímil del mecanuscrito corregido a mano de Espacio y Tiempo, de Juan Ramón. La abro con la devoción que siempre me embarga cuando me acerco a JRJ de una manera tan personal como ahora, y al azar del ojeo descubro esto: «Ahora, en la casa abrigada, isla cerrada cúbicamente por paredes blancas enmedio de la misma naturaleza, casas entre árboles que siguen siendo ajenos, el radio nos da, como un tiro, su sorpresa en la forma más inesperada. Hoy la muerte de Joyce en Zurich, donde escribió durante la otra guerra su “Ulises” y donde sin duda quiso refujiarse en esta [inciso manuscrito ilegible]. Me hubiera gustado ver a Joyce muerto, ver el reposo definitivo de su cabeza sumida y disminuída, en una hipertrofia concéntrica [inciso manuscrito: como la de mi corazón], por el trabajo, sus ojos bien gastados, como deben ir los ojos y los sentidos todos a la muerte, ojos gastados después de los sucesivos arreglos de la óptica». ¡Qué grande, qué grande Juan Ramón! Hasta escribiendo como para andar por casa, suena el chisporroteo del genio.

Weiß/Colonia, 16.8.

Creo que fue Esteban Carlos, hace años, quien se extrañó leyendo mi diario de que todavía hubiese bombas que no explotaron de las que a toneladas arrojaron ingleses y gringos sobre Colonia, la ciudad más bombardeada de Alemania. Lo cierto es que no pasa semana sin que se descubra y desactive una (o dos o tres) más. Esta vez nos ha tocado muy de cerca: la bomba por explotar estaba a pocos pasos de donde vive Rebeca. El problema en sí no es el desactivado de la bomba, los artificieros son duchos en la materia y hasta ahora no les ha estallado ninguna (toquemos madera). El problema es que, por una elemental medida de precaución hay que desalojar la zona en un radio de al menos 500 m, y en este caso, p. ej., supuso el tener que trasladar la población de tres residencias de ancianos y dos albergues estudiantiles. Pero ya ha sido desactivada la bomba, Rebeca pudo regresar derechita del trabajo a su casa. Alabado sea el santísimo sacramento del altar.

En el canal Arte han pasado esta semana, desde el lunes hasta hoy, una serie de documentales dedicados a los mercados de Florencia, Toulouse, Zagreb, Riga y Friburgo de Brisgovia. En el de Toulouse el reencuentro, onomástico al menos, con Rocamadour, a quien no le ponía la vista encima desde la última relectura de Rayuela. Y en Riga el inevitable recuerdo del malogrado Ángel Ganivet, que se suicidó allí arrojándose a las aguas del Daugava. Por cierto que al ir a chequear este detalle descubrí que ese es el verdadero nombre del río, no Duina, que fue como lo aprendí en mis clases de literatura durante el bachillerato, y sigue constando en Wikipedia.

Me jalé de dos tacadas el primer episodio de la saga Kirchhoff/Bodenstein, de Nele Neuhaus. Es decir, que se lee bien, pero tendría que leer un par de episodios más para convencerme de que la saga entera vale la pena. A juzgar por este, la autora sabe tirar bien los hilos de la trama, pero los personajes son algo planos, algo estereotipados. Lo que me llama la atención es que en España han publicado cinco entregas de la saga, pero empezando por el segundo episodio. Nada habla más a las claras de la inopìa que reina en algunas editoriales.

Weiß/Colonia, 17.8.

1:15 am : Desde ayer, 10:10 pm, hasta hoy, 1:50 am, he vuelto a visionar Woodstock. 3 Days of Peace and Music, que ganó el Oscar 1970 al mejor film documental del año. Durante 3 h 40’ he vuelto a ser un sesentayochero de 30 años capaz de llorar y de reír con tantas de las cosas que se oyeron y se vieron en ese momento estelar de la Humanidad; uno al que Stefan Zweig, si lo hubiera conocido, sin duda le habría dedicado un capítulo en su hermosa galería histórica.

80.º cumpleaños de Diny e ingreso al Club del que soy miembro desde el 10 de junio. Para que no tenga que cocinar en día tan señalado la invito a almorzar y le dejo elegir el lugar, elige el chino, Orchidee, en el centro de Rodenkirchen y muy bueno, dicho sea de paso, el cocinero sabe freír el pescado como a mí me gusta y Bernardo me enseñó que es el secreto del buen soldadito de pavía: crujiente como el guirlache la gabardina, y fresco, jugoso el contenido. De postre, helado de nata con nueces. Y tras el condumio, regreso a casa y yo a dormir la siesta mientras Diny se queda atendiendo el teléfono que no ha cesado de sonar desde las 8:00 am.

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Ricardo Bada
Ricardo Bada (Huelva/España, 1939), escritor y periodista residente en Alemania desde 1963. Autor de La generación del 39 (cuentos, Nueva York 1972), Basura cuidadosamente seleccionada (poesía, Huelva 1994), Amos y perros (cuento, Huelva 1997), Me queda la palabra (ensayos, Huelva 1998), Los mejores fandangos de la lengua castellana (parodias, Madrid 2000), Límeri de Bueno Saire (poemas nonsense, Río de Janeiro 2011), La bufanda de Cambridge (cuentos, Bogotá 2018) y El Canto XXV(novela breve, Copenhague). Editor en Alemania junto con Felipe Boso de una antología de literatura española contemporánea, Ein Schiff aus Wasser (Un barco de agua); junto con José A. Moral de la obra periodística de Gabriel García Márquez, y en solitario de los libros de viaje de Camilo José Cela. Editor en España de la obra poética de la costarricense Ana Istarú (La estación de fiebre y otros amaneceres, 1991), y en Bolivia de la única antología integral en castellano de Heinrich Böll (Don Enrique, La Paz, 1995). Ha sido, y en media docena de los casos sigue siéndolo, colaborador regular en Revista de Libros, Revista de Occidente, ABC, Cuadernos Hispanoamericanos y Vasos Comunicantes (España), El Espectador y El Malpensante (Colombia), Nexos, La Tempestad y La Jornada (México), La Nación (Costa Rica), Brecha y El País (Uruguay), Aurora Boreal (Dinamarca), Amsterdam Sur (Países Bajos) y La Opinión (Los Ángeles/California), además de la revista Etiqueta Negra (Perú) y las cuatro ediciones de SoHo (Colombia, Costa Rica, México y Ecuador).
Republicano y agnóstico a carta cabal, convicto y confeso, paradójicamente fue nombrado caballero de la Orden de Isabel la Católica, y padece –no menos paradójicamente– una curiosa dolencia llamada sacralización. Tan luego él...

1 COMENTARIO

  1. Y eso que en Lisboa no hay un Paseo de los tristes como en Granada, o de los Melancólicos como en Madrid.
    También yo estoy harta de los prejuicios, de todos.

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