De mi Diario : Semana 34 / 2022

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Weiß/Colonia, 21.8.

2:00 am : Asistí vía TV al concierto de verano de la Sinfónica de Múnich en la plaza del Odeón de la capital bávara, con el concierto para violín del gran Chaikovski  y la Sinfonía del Nuevo Mundo, del gran Dvořák, dos de mis piezas predilectas en la música clásica, tanto, que ni siquiera me preocupé de mirar en el programa  de TVMovie quiénes eran el director ni el solista. Estupendo el concierto, pero conozco versiones mejores de ambas piezas. Sólo que a concierto regalado, no se le mira el podio.

Hasta la hora de la siesta emperrado en aproximar al español el poema “¿Dónde?”, de Heine, que se halla grabado en la lápida de su tumba en el cementerio de Montmartre, donde la he visitado muchas veces, y del que supongo que debe haber docenas de versiones, que no conozco. La mía que por último me deja ± satisfecho en cuanto al trasvase, dice así: «¿Dónde encontraré la calma, / cansado de andar, al fin? / ¿En el sur, bajo una palma? / ¿Bajo un tilo, junto al Rhin? / ¿O quizás en un desierto / me entierren manos ajenas? /¿O será ante el mar abierto, / de una playa en las arenas? / ¡Lo que sea! El firmamento / me cubrirá allá y aquí, / y serán velas sin cuento / las estrellas sobre mí».

Me escribe Juan Villa, desde su Almonte, para corregirme el título de la novela de Manfredi y luego me cuenta que ahora le ha dado por pintar y tiene en marcha una exposición de sus paisajes del Coto de Doñana, que él conoce como pocos. Le contesto ipso fuckto: «Por supuesto que se trata de Peor que descalzos, lo de recordar su título como Playas de castigo es culpa del propio Domingo, quien cuando hablábamos de ella la mencionaba diciendo «Mi novela sobre las playas de castigo” (o bien de fatiga, no recuerdo con exactitud), y hace tanto tiempo que la leí, abril 1964, que ya no la recordaba por otro título. Puedo fechar la lectura por la dedicatoria, me envió un ejemplar acá a Alemania, donde yo vivía desde febrero 1963. Ahora que la saqué de su puesto en la biblioteca donde sólo están los libros dedicados por sus autores, la dejo al alcance de la mano para releerla en estos días y volver con ella a Huelva. Como lo volveré a hacer cuando me llegue tu nueva novela, que te agradezco de antemano. ¡Y qué bueno que te haya dado por pintar! Yo, ni dibujar sé. Al escribirte esto alzo la vista y veo un óleo con un paisaje de El Portil, que me regaló Antonio Ruiz, y pienso que hay más Huelva colgada en mis paredes: un retrato de mujer, del inolvidable Alberto Vázquez; un grabado de la corta de Riotinto + otro del muelle de Riotinto, de Juan Manuel Seisdedos; una copia king size de la foto aérea que sacó Rodri del monumento en la Punta del Sebo (Colón me  vigila permanentemente desde el rincón del pasillo) y, last but not least, un Pedro Gómez atípico, su Conquero en colores sombríos, pintado sobre un cuarterón de una puerta vieja (me lo regaló su nieto, él también inolvidable, Paco Pérez, y todos los choqueros que han pasado por esta casa lo admiraron porque nunca en su vida habían visto un Pedro Gómez oscuro). ((Dicho sea de paso, nuestro gentilicio popular, tan entrañable, no está registrado en EL diccionario, ni puñetera falta que le hace))».

Weiß/Colonia, 22.8.

2:20 am : Terminó la serie sueca con el comisario Bäckström, un trabajo sólido, como dicen acá con el valor de un elogio hasta ahí nomás. Y luego dos telefilms con el agente secreto Hamilton, quien a pesar de su apellido es también sueco y le da la oportunidad a Mikael Persbrandt de demostrar que es un actorazo de primera. ¡Lo echamos tanto de menos en las últimas temporadas del comisario Martin Beck!, la serie donde hizo que los guionistas lo matasen porque seguramente estaba hasta la coronilla del encajonamiento sin salida en que habían metido a su personaje, el inolvidable Gunvald Larsson,

Le mando un email a Rebeca acerca de unas radiografías de Diny que todavía no nos enviaron de la clinica, y el Korrektor (¿no sería mejor Khorreurktor?) automático me dice que en vez de Rebecota, como entrañablemente la llamo, debo escribir Rebecca. Inteligencia artificial dizque le nombran.

Después de leer mi nueva Carta desde Alemania, Anotota me escribe sobre Leni Riefenstahl: «Me fascinó. Yo vi una de sus películas, me dejó con la boca abierta, qué esteta, qué mujer». Le contesto: «Doña Riefenstahl era rancho aparte: Pity She’s a Nazi, como hubiese titulado John Ford (1586-1639) una obra de teatro acerca de su persona. [Pity She’s a Whore es una de mis piezas favoritas del teatro isabelino, si no la conocés leéla, y desde ya te envidio porque lo podés hacer en el original]».

Weiß/Colonia, 23.8.

1:00 am Estuve viendo los dos primeros episodios de una teleminiserie de seis, El turista, una australiana mezcla de policial, acción y suspense, Me hizo recordar mis lecturas apasioanadas de Patrick White, sobre todo de Voss [Terra ignota], que transcurre en el escenario de esta serie, y Fringe of Leaves [que al parecer ha sido traducida de lo más cursi con el título Una orla de hojas en vez de, sencillamente, El taparrabos]. La serie promete, ahí veremos las dos próximas semanas.

A Diny la vino a buscar Montse para acompañarla a la fisioterapia y al terapeuta. Los horarios se confabularon para que las encontrásemos recién llegadas con el bus cuando ya salíamos con el auto de Carlitos camino de La Modicana. Y una vez en ella, encargó Diny el menú # 2 (ensalada de rúcola como entrada, y de segundo una pasta con setas), Ulli su ensalada (hoy con melón), Carlitos unas tortillitas de zucchini rallado, con ensalada también, y yo una sopa de pescado resucitamuertos, con tropezones de salmón, rape, bacalao y mejillones. Hhmmmmmmmmmmmmmmmmmm Cuando nos devolvemos al auto, la temperatura interior que acusa el salpicadero es 36º.            ♫ Sauna pro nobis

Weiß/Colonia, 24.8.

1:50 am : Volví a ver al cabo de los años The Odd Couple [La extraña pareja] y me dije que si no la interpretasen Jack Lemmon y Walter Matthau podríamos olvidarnos de ella. Es realidad es como uno de aquellos apropósitos (así se llaman en la jerga de la farándula) que Benavente y Marquina solían escribir con motivo de una gala teatral o una función benéfica, para el lucimiento de alguna actriz o algún actor o un dúo mixto. Creo que hoy ya no se estilan, pero los guionistas de The Odd Couple se diría que resucitaron el género, a mayor gloria de estos dos actores, y le encajaron además un coro para que el público no se hastiara al verlos a ellos dos solos durante los 105’ del metraje.

He tenido que llamarle la atención a Diny. De repente apareció en la puerta de mi cuarto y me dijo que iba a lavarse el pelo, que lo sentía muy grasiento, y añadió: «y al parecer Rebeca ya se cansó de hacer la buena samaritana». Es cierto que Rebeca era quien se estaba ocupando de lavarle el pelo, pero no quise comentarle nada, para no provocar una discusión. Sólo por la noche, cuando vino a darme el habitual beso de despedida y su «Welterusten! [¡Que descanses!]», asimismo habitual en los Países Bajos al despedirse antes de ir a la cama, le expresé que no me gustaba para nada lo que había dicho acerca de Rebeca; que tal vez Rebeca, a esas horas, estaba consiguiéndole una cita con uno de los muchos médicos que la tratan, o agendando citas con la Diaconía, o algo que tuviera que ver con ella; que recordarse que tanto Rebeca como Montserrat y Chico tienen una vida laboral de jornadas completas y sacan tiempo de donde no lo tienen para atenderla desde hace meses; y no en último término que mañana por la mañana vendría la diaconisa que la ducha dos veces por semana y ella le podía lavar el pelo. Se fue sin decir oxte ni moxte, seguramente cabreada conmigo porque no es de las que aceptan críticas o reproches tan directos, pero mientras esté en condiciones de entender lo que se le dice y reconocer a las personas que se mencionan en lo que se le dice, pienso insistir en recordarle la fabulosa capacidad de amor filial que han desarrrollado y desarrollan sus hijos desde que comenzó su dolencia. Es lo menos que le debo a nuestros hijos. Aunque sea lo primero que Diny olvide luego.

Weiß/Colonia, 25.8.

2:20 am : Pasaron en el canal ZDF Neo una serie de sketches históricos política, religiosa y hasta moralmente incorrectos, una bendición del cielo para los telespectadores. Me gustó en especial el que puso en solfa, en el mejor estilo de Monty Python, al sermón de la montaña (que nunca ha sabido por qué sermón y montaña hay que escribirlos con mayúsculas, como si se tratase de una peli de Hollywood). A mi juicio, las bienaventuranzas del sermón de la montaña son una relación de cheques sin fondos, porque nadie sabe, ni siquiera quien las predicó, si existen Dios y el reino de los cielos.

Les envìo un email a los directores de los Centros Cervantes de Bremen y Hamburgo «en relación con la donación de los libros en español de mi biblioteca, formalizada el 29 de mayo de 2008 por Helena Cortés Gabaudan, en nombre de ambos Centros, y por mí [ver anexo, para ahorrarles el trabajo de tener que buscar en vuestros archivos el acta correspondiente]. // El deterioro de la salud mental de mi mujer y el mío propio en lo físico (la cabeza me rige todavía) de repente harán que tengamos que mudarnos a un piso más pequeño (aunque ni ella ni yo lo deseamos), y en ese caso los libros en español tienen que estar ya fuera de la casa (para los alemanes tengo ofertas de dos de mis nietos, que se los quieren repartir). // Me temo que los Centros Cervantes estén trabajando con la llamita piloto prendida y que no haya dinero para financiar el transporte de esos miles de libros a Bremen y Hamburgo, como acordé con Helena hace catorce años. Pero si nos tenemos que mudar, va a tener que ser sin libros (sólo con los dedicados más queridos) y es por eso que les escribo, exponiendo la situación y dándoles de plazo hasta fines de año para venir a llevarse la parte de mi biblioteca en lengua española; de no hacerlo, me vería obligado a cancelar la donación que hice en su día con mucho gusto y fina voluntá (como decía mi abuela Remedios, la bella y sabia)». Pienso que no he podido ser más claro, vamos a ver cómo es que reaccionan.

Weiß/Colonia, 26.8.

1:45 am : Estuve viendo 50 First Dates (50 primeras citas), que no conocía y pienso ver de nuevo. Es una especie de El día de la marmota, pero en Hawái, y es la protagonista femenina la que pierde la memoria de un día para el otro, es decir, empieza cada nuevo día como si no tuviese pasado, lo que es un gran incordio para el hombre que se enamora de ella y debe enamorarla cada día desde cero. Se me antoja que le hubiera gustado mucho a Jardiel Poncela, autor de Cuatro corazones con freno y marcha atrás, una de las más desopilantes farsas que se hayan escrito y escenificado acerca de esa falacia que es el tiempo. Un recurso muy à lo Jardiel es la frase que Lucy, la protagonista, dice cincuenta veces con la convicción de hacerlo siempre por primera vez: «Nada es mejor que un primer beso». Sí, he de volverla a ver cuando la vuelvan a pasar.

Vinieron Chico y Vincent para llevar a Diny adonde los audífonos y volvieron trayéndome la factura por la diferencia de precio con los que ya pagué y hubo que desechar: costaron 3.272 € y la diferencia con los actuales es de 515 €. Summa summaron significan un total de 3.787 € , si Pitágoras no miente, y es sabido que el viejo griego fue una de las personas que menos mintió en su vida. Vamos a ver qué me devuelven del seguro de enfermedad y la subvención estatal. Oremus.

Converso con Rodrigo Tomás llamándole a Kassel, en cuya Uni se quiere matricular Vincent para estudiar Ciencias Políticas, y por cierto que uno de sus nietos también se llama Vincent, aunque no creo que sea en honor al protagonista de Pulp Fiction, como lo es el nuestro. Rodrigo no sabe de la existencia de pensiones o residencias estudiantiles en Kassel pero me pide que le pase su teléfono a nuestro Vincent, para que contacten, conversen y él vea en qué puede ayudarle.

Un hallazgo en Twitter: un trino muy gracioso, para ejemplificar la dificultad de la interpretación simultánea en alemán, pues lo que decide el sentido de la frase va colocado justo al final de la misma. Es un idioma inventado para joder a los intérpretes. El trino dice así: «Una vez, un chico y una chica, bajo un frondoso árbol, en un día muy caluroso, sin apenas nadie por ahí, jugaban al ajedrez».

Comienzo la lectura del 23.º título de la saga de John Rebus, Canciones para tiempos oscuros, y me jalo de entrada el primer tercio, 160 páginas. Rebus es el detective que mejor conozco y más me gusta de los que tengo ahora en candelero. Me encanta además el estilo de Ian Rankin. Por ejemplo cuando Malcolm Fox y Siobahn Clarke visitan en ausencia de Rebus el apartamento parterre al que se tuvo que mudar a causa del mal estado de sus pulmones: «Fox se paseó por el salón, metió la mano en un cartón de la mudanza y sacó un par de vinilos simples. «De la Edad de Piedra, la mayoría de ellos», dijo mientras Clarke se le unía diciendo «John quiere que su lápida se lea: También escuchaba las caras B»». O la frase de una displicente lady escocesa dirigiéndose a Fox: «Creo que la policía se agarra a un clavo ardiendo porque no encontraría ni su propio culo en un bidé poco iluminado». Me detengo a pensar en lo que curiosas que resultan ciertas traducciones: a Rankin lo leo en alemán y lo que en español es “agarrarse a un clavo ardiendo” en alemán es “agarrarse a una brizna de paja”. Y lo que en alemán se necesitan cinco palabras para expresarlo, «Dein Wort in Gottes Ohr [Tu palabra en la oreja de Dios]» en español lo resolvemos con una sola, gracias a nuestra herencia árabe: «¡Ojalá!»

Weiß/Colonia, 27.8.

Esta mañana ha sido abundante la cosecha en el KStAnz de esquelas fúnebres para mi  colección, ya bastante copiosa. Una de ellas es la de un señor llamado Matuscheck, lo que de inmediato me llevó a recordar al dueño de El bazar de las sorpresas, la magnífica peli de Lubitsch que inspiró a Nora Ephron para bordar el guion de Tienes un email. Otra lleva como epígrafe de una famosa frase de Albert Camus: «En mitad del invierno aprendía por fin que había en mí un verano invencible». El epígrafe de una tercera incluye un rasgo de humor involuntario: es la de un hombre llamado Hans–Dieter, y entre su nombre y su apellido, entre comillas, va su apodo: “Bindestrich”, es decir “Guion”. Y la cuarta es una frase tan entrañable del difunto («La abuela me echa de menos desde hace mucho tiempo») que se me empañaron los ojos.

Vino Angie, quien no podrá acompañarnos mañana al almuerzo en casa de Montse y Frank. En principio habíamos pensado que nos reuniésemos en la heladaría de Sürth, pero esta mañana encontré en mi estafeta un email de Frank proponiéndonos un almuerzo libanés en su casa (encargará la comida él mismo) y estamos de acuerdo, mejor comer en familia, en el jardín, que en un local ajeno a la familia. La única condición que pongo es que la comida la pagaremos nosotros, que somos quienes invitamos. Y es una pena que ni Angie ni Pia ni Chico ni Vincent nos acompañen, pero «lo que no puede ser no puede ser, y además es imposible» (© by El Guerra). Diny aprovecha la visita de Angie para invirtarla a tomar café o helado y para que la ayude a hacer unas compras.

Hoy, como ayer, una atmósfera pesada, el cielo todo cubierto como si anduviera preñado de lluvia pero se hubiese descubierto una vena sádica y la cultivase no lloviendo; para jodernos más de lo que ya lo estamos sin necesidad de semejantes chicanas. Recuerdos de mi infancia, cantando a coro con los niños de mi calle:              ♫ ¡Que llueva, que llueva, / la Virgen de la Cueva, / los pajarillos cantan, / las nubes se levantan! / ¡Agua, san Marcos, / rey de los charcos! ♫ Etc. O témpora, o Mariano Mores!

Hace poco le envié a Luis Rocha, en Nicaragua, el opus completo de mis tuits inspirados por un tal Bergoglio, y entre ellos incluí uno también válido para el tal: «¿Cómo no imaginar la íntima convicción de un cura argentino autonombrándose sin pecar de inmodesto al decir “EGO te absolvo”?»

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3 COMENTARIOS

  1. Así es. La culpa la tengo yo por no vigilar al corrector. Ya me ha gastado más de una broma.
    Me conmovió toda la poesía, pero los últimos versos los quise para mí.
    Gracias, amigo.

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