De mi Diario: Semana 35 / 2014

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 ¡Qué esperpento el tal Juan Benet! Espécimen 100% de una España de charanga y juanbeneta.

 

Weiß/Colonia, 24.8.

1:05 am : Me pregunta Israel en un email: «Con las traducciones de Borges, ¿quién necesita el inglés?». Le contesto: «No está bien hablar mal de los muertos, pero tengo razones personales para poderte decir sin arrepentimiento que Juan Benet era un hijueputa. Y además tengo una no personal que no le perdono, y es cuando en el prólogo a una edición española de Las palmeras salvajes, de Faulkner, escribió: “Me veo obligado a transcribir las citas del texto traducido por Borges, por carecer de otra edición”. Con lo cual tan sólo demostraba su hijueputez de un modo que lo califica a posteriori como un perfecto imbécil aquejado del mal de la envidia, ya que, de haber sabido inglés, habría traducido él mismo a Faulkner sin verse «obligado» a citar a Borges y si no sabía inglés ¿qué otra cosa sino una mala leche degenerada en yogur carpetovetónico le llevó a escribir esa frase, por qué coño despreciaba sin saber inglés la traducción de Borges? ¡Alguien que ni siquiera sabía escribir de manera legible en castellano! ¡Qué esperpento el tal Benet! Espécimen 100% de una España de charanga y juanbeneta».

 

Hasta las 5 de la tarde metido de hoz y de coz en la lectura del manuscrito de la nueva novela de IB. A las 5 de la tarde (eran las 4 en Canarias), afeitado, ducha, ropa de salir decentemente a la calle, Diny dixit!, y a las 6:30 pm ponemos rumbo a La Esquina, he invitado a una tarde de tapas a todo el “personal doméstico” que se encargó de que Diny pudiera dedicarse tranquila el domingo pasado a las visitas neerlandesas, en la fiesta de su cumpleaños. Es decir, he invitado a Rebeca, Montse y Angie, amén de Diny, claro está. Y cuando las veo cómo rellenan la lista de encargos me callo prudente porque no quiero aguarles la fiesta, pero mi ojo me dice que han encargado un promedio de cuatro tapas cada una, puesto que yo sólo encargué dos. Y me digo que las tapas en Alemania han adaptado su tamaño a los estándares alemanes. O sea, que va a sobrar comida en la mesa cuando ya mis cuatro invitadas estén ahítas. Y así fue, aunque Diny todavía tuvo la presencia de ánimo de encargar un flan de huevo, como postre. Chapeau!

 

Cuando Vincent se enteró de mi invitación a una tarde de tapas para el personal, dijo que a él también había que invitarlo porque también él ayudó en la cocina y el servicio. Así me lo contó Angie, de manera que llamé a Vincent por teléfono y le expliqué que sí, que lo sabíamos, y que para él teníamos pensada una alternativa; o bien a) el martes la abuela lo llevaba a la heladería y podía encargar la copa compuesta más grande que fuese capaz de comer, o bien b) dinero, cash. Y la respuesta de Vincent no demoró una décima de segundo: «B», dijo. ¡Tonto el niño!

 

Weiß/Colonia, 25.8.

Prácticamente todo el día dedicado a la lectura del manuscrito de IB. Jamás me tomo a la ligera la lectura de un original, ni siquiera de los míos (aunque, en ese caso, claro, son trabajos de amor perdidos). La lectura de un manuscrito es casi un ejercicio traslaticio del ius prima noctis.

 

Weiß/Colonia, 26.8.

Don Samuel Whelpley, el ingeniero de Barranquilla, uno de mis más fieles lectores, me dejó ayer este comentario en el foro de mi blog de Fronterad: «No es el único que aprecia Ausencia de malicia, de ese gran director que fue Sydney Pollack. Y no está solo en su apreciación de Paul Newman, la comparto. Siempre he pensado que era muy superior a los papeles que interpretó. Y siempre admiré algo de él, la dignidad con que envejeció. Él y Gregory Peck me parecen grandes actores un tanto subvalorados». Le contesté: «Gracias por leerme, y no entiendo bien lo de que estén subvalorados, Peck y Newman, al menos acá en Alemania se los venera entre los más grandes. Y no sólo acá. Según sé, hay una especie de encuesta gringa acerca del personaje más querido en la historia del cine, y el número 1 es Atticus Finch, el abogado que interpreta Gregory Peck en To Kill A Mockingbird, título estúpidamente traducido al castellano como Matar a un ruiseñor, cuando en realidad se trata de un sinsonte; en América no hay ruiseñores a no ser entre los cantantes». Y don Samuel me responde hoy: «Newman y Peck, en varias listas, y algunas personas que conozco, los colocan por debajo de actores como Marlon Brando, o Cary Grant, e incluso Fred Astaire, que con todo respeto no actuaba, era un gran bailarín. Lo de Peck sí es cierto, su personaje del abogado Atticus Finch es el más querido por los americanos. Y ya que habla de la novela de Harper Lee, el personaje de Dill,  el amigo de Stout, está inspirado en Truman Capote, que murió hoy hace 30 años».

 

También interviene en el foro mi buen Félix, desde Burkina Faso (¡qué cosmopolita se siente uno con lectores en lugares tan exóticos!): «Pues yo entiendo lo de que se pusiera un título así: Matar a un ruiseñor. Por varias razones: ¿sinsonte? ¿ezo qués lo qués, que dirían por el sur? Desde luego mi ignorancia es supina, pero creo que es la primera vez que leo ese nombre, no digo ya oírlo. De otra parte, ruiseñor lo imaginamos la mayor parte de los hispanohablantes y, además, nos parece muy adecuado a los supuestos “valores” que encarna el pájaro en cuestión.También se podría haber optado por Matar a un gorrión, o cualquier otro pajarillo, pajarraco (ucellini e ucellacci), pero lo del Ruiseñor (rossinyol) me gusta. Bueno, que no es por polemizar, mi querido amigo, que era por retomarte el contacto. Un abrazo fuerte y besos para Diny». Le contesto: «Por supuesto que para un público español Matar a un ruiseñor queda muy bien, pero ya me dirás tú cómo reaccionarías si oyeras hablar de un tigre de Asturias. Y no es por polemizar, sólo para retomar el contacto. Con mucho cariño para Asséto y sumercé».

 

Nada de Modicana hoy, la signora se ha ido de vacaciones una semana a Modica, su pueblito natal (y el de Salvatore Quasimodo) en Sicilia. Vamos, pues, al italiano que está a la orilla del Rhin y una vez más nos hacemos la reflexión de que lo ideal sería que La Modicana estuviese aquí y no en la calle principal de Sürth. En fin , no se puede tener todo. Cuando Carlitos pide la cuenta, lo hace siguiendo nuestra costumbre, es decir, pide “La dolorosa”, y el camarero le dice que no entiende italiano, sólo entiende, además del alemán, el kurdo y el persa. Resulta que es un kurdo iraní. También la camarera de La Modicana es iraní, “persiana” la llama Carlitos.

 

Hoy hace 30 años murió Truman Capote, hoy hace cien nació Cortázar en Bruselas. Cinco son los artículos que me han publicado este año dedicados a él y a su obra, dos están por publicarse, y SoHo Colombia, según descubro en Twitter

ha recuperado de su archivo el que le dediqué allí en octubre del 2007. No es mala cosecha.

 

Weiß/Colonia, 27.8.

Me sumerjo en la lectura de las cuatro primeras novelas de la saga de Jimmy Perez. Leo sentado en la mecedora del cuarto de huéspedes, al lado del mío de trabajo, y acá tengo en la pantalla, mientras dure la lectura, el mapa más detallado de las islas Shetland que pude encontrar entre las cartografías de Miss Hortensia Google. Siempre me ha gustado seguir a los personajes en sus andanzas. El Ulises de Joyce lo leí con el plano de Dublín a la vista. Y tengo planos del Madrid del siglo XIX para seguirle los pasos a los personajes de mi Galdós querido.

 

Marcos, desde Caracas, me manda este email: «Ayer martes 26 se celebró el centenario del nacimiento del genial Julio Cortázar. Uno de mis escritores favoritos, desde que lo comencé a leer y releer hace más de cuarenta añosAquí la nota del noticiero de Televisión Española donde se menciona entre otros aspectos tu llamada al teléfono de Cortázar». Le contesto«Gracias, no te imaginas cuántas veces, desde octubre 1982, me he felicitado por haber tenido la inspiración de grabar ese mensaje de Julio. Públicamente, es lo más personal que queda de él».

 

Weiß/Colonia, 28.8.

Hannes nos envía una invitación para la vernissage de una exposición de obras «del legado de Peter». Esto quiere decir que Peter ya no está entre nosotros y Hannes no nos comunicó su muerte. Ni hubo esquela en el diario anunciándola, a no ser que se publicase en alguno de los escasos días en que no lo recibimos. Por Google descubro que murió en el 2011. De repente no estoy seguro de nada. ¿Será que sí recibimos la notificación de su muerte, por correo, y que la hemos olvidado?  Las sevicias de la edad son algo “épouvantable”, diría nuestro buen Peter.

 

Weiß/Colonia, 29.8.

Llamo a Diny, que está donde Montse, para decirle que voy a salir de compras a Rodenkirchen y preguntarle si vendrá a Weiß a las 2 pm para buscar a Henri en el Kindergarten; me dice que no, que hoy será a las 12. Miro el reloj, me arreglo en un santiamén y salgo disparado. No veo a Henri desde hace doce días, desde el 17, cuando la fiesta del cumpleaños de Diny. Y he hecho bien el cálculo, llego a la parada del bus a las 12:14, y en la de enfrente están ya Diny y Henri esperando el que va a Sürth. Cruzo para darle un beso y regreso a mi parada porque los buses han aparecido ya a ambos extremos de la calle. Luego me cuenta Diny que Henri, cuando me vio cruzar de acera, le dijo: «El abuelo se va de vacaciones». ¿De dónde habrá sacado esa idea?

 

Termino el tercer episodio de la saga de Jimmy Perez. Transcurre casi todo en la isla Whalsay, al Este de la principal, Mainland. Y es bueno que tenga en la pantalla, todo el tiempo, el mapa del archipiélago porque lo llevo muy bien estudiado desde que comencé esta lectura, y descubro en este tercer episodio un error que seguramente es atribuible a la traductora: dice que Perez estaba  esperando el ferry de Symbister (el puerto de Whalsay) en el embarcadero de Laxo, «al Oeste de Mainland». Basta mirar el mapa para darse cuenta de que Laxo está al Este, como Whalsay, porque si estuviera al Oeste el ferry tendría que dar la vuelta a todo el archipiélago. Me pregunto cómo es posible que sucedan estos gazapos. Pero en todo caso este no es tan grave como hacer que el sol se ponga por Levante, según sucede en el Relato de un náufrago, de García Márquez.  

 

De todos modos, la lectura recreativa de las novelas de Ann Cleeves no interrumpió la lectura instructiva de los tres gruesos volúmenes que estoy asimilando en paralelo, los diarios de Fritz J. Raddatz, Homo Sapiens, de Antonio Vélez Montoya, y ¡Qué cruz con esta Iglesia!: Historia sexual del cristianismo, de Karlheinz Deschner. En este voy por el capítulo 20, donde se aborda el tema del matrimonio y el empeño de la Iglesia en considerar pecado la cópula incluso dentro de la institución matrimonial, e incluso después de incluirla entre los sacramentos. Hablando de los impedimentos dirimentes por razón de parentesco, hasta no carnal (p. ej. entre apadrinados y padrinos), Deschner sabe contar cosas tan peregrinas como esta: pese a todas las trabas que se inventaba la Iglesia para evitar la más leve sombra de endogamia, sucedía que los millones de hijos nacidos de concubinatos en Italia, como consecuencia de la prohibición del divorcio, no contaban como parientes de sus progenitores, de manera que un padre podía casarse con sus hijas. Ni para qué hablar de los días de castidad obligatoria, que eran tantos que realmente casi no les quedaba tiempo a los católicos para “pecar”. Por cierto que días de castidad obligatoria eran los domingos y las fiestas, y Deschner apostilla admirado que «¡en Colonia eran alrededor de cien días al año!» [Siempre lo sospeché, que Colonia ha sido siempre una ciudad de lo más lúdico imaginable]. Y qué decir de la casuística en virtud de la cual se medía en milímetros si los besos de lengua eran virtuosos o pecaminosos. Naturalmente, con el tiempo, hubo progresos en todos estos terrenos, hasta el punto de que nadie menos que San Alfonso María de Ligorio, Doctor de la Iglesia, se preguntaba si sería pecado que la esposa se negase a un cuarto coito en una noche, después de tres consecutivos ya consumados. ¡Por Dios!, como diría Álvaro Mutis. Pero bueno, esto ya sucedía en el Siglo de las Luces, cuando hasta en la Iglesia se prendieron un par de palmatorias y algún que otro farol. Lectura instructiva dije más arriba, ¡y tanto! Imposible enumerar los disparates sostenidos con base filosófica por mentes dizque tan excelsas como las de Tertuliano, San Agustín, Santo Tomás de Aquino Quelle horreur, mon Dieux!

 

Weiß/Colonia, 30.8.

Henri en casa desde el mediodía. Los días felices no tienen historia. Y eso que hoy me levanté con un dolor insoportable en la espalda, que dio conmigo en la cama después del desayuno, me acosté de espaldas con el cojín eléctrico tratando de relajarme la musculatura de los hombros hacia abajo. Pero ½ hora más tarde, cuando sonó el timbre y, al abrir Diny la puerta del piso, escuché la voz cantarina de mi Henri subiendo por la escalera, me levanté de un salto y el dolor  había desaparecido. Qué terapia infalible, la nietoterapia

 

Llama Montse para avisar que está ya en camino de regreso a casa y Diny se lleva a Henri para devolverlo a The Mamas and The Papas. A la vuelta me cuenta que en el bus venía una chica de unos 17 años leyendo Emma, de Jane Austen. Lindo saber que no soy el único austenita en este rincón del mundo. Y bueno, quién sabe, si tiene 17 años, a lo mejor se trata de mi relevo.

 

***********FIN***********

4 COMENTARIOS

  1. La contractura en mi hombre
    La contractura en mi hombre izquierdo me acompaña desde hace meses. Me está bien empleado por no tener nietos.
    Un abrazo, amigo Bada, y cuide a ese niño.

    • Como a la niña de mis hijos,

      Como a la niña de mis hijos, querida Manu. Y que te cures pronto. Y gracias por leerme. Que tengas un feliz resto del domingo.

  2. Me miro a mi mismo, mirando a

    Me miro a mi mismo, mirando a mi nieta; me veo la cara estúpida que pongo y te entiendo y nos felicito. El arrobamiento con los nietos es más grande que el éxtasis orgásmico de los santos aquellos…

    • Y usté que lo diga, don

      Y usté que lo diga, don Chema. Feliz semana.

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