De mi Diario / Semana 35 / 2015

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No consta registro del estreno del film Sade ni en España ni en Latinoamérica. Me parece sumamente inverosímil, en unos pueblos tan sádicos.

 

Weiß/Colonia, 23.8.

El festejo de nuestras bodas de oro como matrimonio (como pareja lo celebramos el 2 de julio) nos tiene bastante ocupados. El domingo pasado habíamos acordado con nuestros hijos que podríamos hacerlo en el Alte Liebe, el restaurante flotante en el Rhin, cerca del puente de Rodenkirchen. Bien es verdad que al principio me opuse arguyendo que aunque el sitio es espectacular y el nombre [Alte Liebe=viejo amor] es uno casi perfecto para las bodas de oro de un matrimonio, sin embargo la comida allí no pasa de mediana. Pero Montse adujo que bastaba con alquilar una sala y hacernos servir por una buena firma de catering. Contra ese argumento ya no supe ni quise oponerme. Sólo que ayer por la tarde llamé al Alte Liebe, para cerciorarme de que podíamos reservar una sala en esas condiciones, y me dijeron que nanay de la China, nada de caterings de fuera, la comida tenía que ser de su propia cocina. Le hice mentalmente un corte de mangas a la persona con quien hablaba, y colgué. Luego pasamos casi ½ hora delante de esta pantalla, buscando todos los restaurantes flotantes de Rodenkirchen y Sürth (son cinco o seis) y ninguno nos convenció. Finalmente esta mañana se me ocurrió una idea, y fue que en vez de hacer que toda la familia y los amigos neerlandeses vengan acá, seamos nosotros doce quienes vayamos allá, concretamente a Beek, el pueblo natal de Diny y en cuya iglesia nos casamos. Y además festejar en el mismo lugar donde celebramos hace 24 años las bodas de plata, es decir, en ‘t Peeske. Me metí a la página de mi lugar favorito en Beek, y descubrí que hasta tienen un buffet de tapas, así es que la cosa quedó prácticamente decidida. Como Diny irá a Beek para la fiesta del 70 cumpleaños de Thea, el 6.9., se quedará un día más para concertarlo todo con la gente de ‘t Peeske. Y advertirles de que su marido es español y un experto en tapas.

 

Le escribo a la autora de la última policial que acabo de leer: «Estimada Sra. O’Brien, soy un periodista español y un apasionado de las policiales. Recién he leído (tal vez sería mejor decir “devorado”) su Perdición irlandesa y la felicito de todo corazón. Espero que nos hará felices con una saga de Grace O’Malley. Pero déjeme hacerle también un comentario crítico a su libro. En las pgs. 232/233 conversan Grace y Peter, y cuando Peter le pregunta que quién es el padre de su hija, Grace responde: “No hay ningún padre”. A lo que Peter le replica: “¡Tú no eres la Santa Madre St. Graínne! La inmaculada concepción hace tiempo que ha sido científicamente descartada”. Ocurre, Sra. O’Brien, que la Inmaculada Concepción no tiene en absoluto nada que ver con el embarazo de la Virgen María, sino con el embarazo del cuál nació ella, libre del pecado original. Cierto, no son pocos los católicos que creen que la Inmaculada Concepción justamente significa el embarazo de la Virgen María. En ese sentido, la afirmación de Peter puede aceptarse como suya y de muchos católicos más. Pero los católicos que saben que no es eso, pensarán sin duda alguna que es una opinión de la autora, es decir, de usted. Se lo hago notar por lo que pueda servirle en alguna otra aventura de Grace, de St. Graínne».

 

Weiß/Colonia, 24.8.

Por fin he tenido el hueco y la calma para ver el documental Carta a una sombra, de Daniela Abad y Miguel Salazar, basado en El olvido que seremos, de Héctor, padre de nuestra querida Dani. Acabo de escuchar «Sin ti», la canción con que termina, en los títulos de crédito, y estoy todavía demasiado conmovido, demasiado estremecido, como para poder decir algo acerca de la calidad del film. Entiendo que es muy alta, sobre todo pensando que se trata de una ópera prima, pero lo que en estos momentos trabaja mi pensamiento es el concepto del valor cívico, del valor sereno, del valor sin alharacas. El ver a un hombre bueno a quien matan por serlo, y cómo había asumido íntimamente que el temor a que lo hicieran no le iba a apartar de seguir peleando a pecho descubierto por lo que él sentía y pensaba que era justo. Un cobarde nato, como yo, no puede hacer otra cosa sino descubrirse ante semejante prueba de valor. Del que ya sabía por el libro y por todo lo que Héctor ha escrito sobre su padre, pero una cosa es leer unas palabras escritas por un tercero, aunque sea el hijo, y otra cosa es oírselo de palabra viva al protagonista, ver su sonrisa, oír su risa («Usted le teme al Ejército?» «Pues claro, porque tienen armas, ¿no», y se ríe), y creo que esa presentación directa, sin subrayados innecesarios, sin adornos, quizá sea lo más admirable de esta recreación hecha por su nieta. Y luego, por otra parte, algo que me hizo detener la proyección un par de minutos para preguntarme si no sería mejor saltarme esos metros del documental, fue la aparición de Marta Cecilia con su grupo “Ellas” (¡oírla cantar!), sabiendo ya, como lo sabía, de qué manera iba a terminar su vida. Alguna vez le dije a Héctor, y lo escribí y publiqué, que cuando comencé a leer el libro estaba preparado mentalmente para asumir que, al final, iban a asesinar a su padre, pero que hubo un momento en que tuve que interrumpir la lectura (y fue por un par de días) porque para la muerte de Marta Cecilia sí que no estaba ni preparado ni advertido. Si ahora sólo detuve la proyección unos minutos fue justamente porque ahora sí que estaba preparado y advertido. 

 

Weiß/Colonia, 25.8.

1:45 am : Al enterarme de que Santiago viajaba a México aproveché para encargarle un libro, pero mi sub se me adelantó y lo compró para regalármelo, se conocen desde el festival de cine de Huelva del 94 y es la primera vez que se van a encontrar desde entonces. Le escribo a mi sub: «¿Ves, Leti?  Esa es la razón por la que siempre me siento mal cuando trato de conseguir un libro en América Latina, de los que no se consiguen en Cavernicolandia. Porque fatalmente tengo que hacerlo a través de un amigo local (aunque en este caso me declaro inocente porque le pedí el libro a San Tribulete, no a sumercé) y fatalmente siempre me lo quiere regalar, y entonces fatalmente me siento sanguijuela. Y a mí no me importaría sentirme tortuga, ¡coño! ¡¡¡pero no sanguijuelaaaaaaa!!!  ¡Por Dios!, como diría el maestro Mutis». 

 

En la página infantil del diario, la penúltima, hoy le dedican casi todo el espacio a los que en alemán se llaman “Estados enanos”, concretamente a los europeos, que son seis: Lichstenstein, Andorra, Malta, San Marino, Mónaco y la Ciudad del Vaticano. Las informaciones son súper adecuadas para que los niños entiendan de qué va en cada uno de ellos, y la que más me gusta es la que se refiere al Vaticano, donde se dice que atrae mucho a católicos y no católicos de todo el mundo, que quieren ver la plaza de San Pedro y la Capilla Sixtina. Debido a lo cual, sigue la información, también atrae a gran número de carteristas, «lo que supone un problema para el diminuto Estado ya que su cárcel sólo tiene capacidad para albergar dos presos». Me parece fantástico, la cantidad que cosas que aprende un adulto leyendo la página para niños.

 

En La Modicana hablamos de la entrevista del domingo en el diario, con Navid Kermani, y lo sugerente de sus reflexiones acerca de la iconografía cristiana protagonizada por Jesús y María, su madre. Kermani sostiene, y se apoya en argumentos sólidos, que los cristianos creen que se trata de Jesús y María sólo porque esas imágenes se les “venden” como siendo de una madre con su hijo, pero basta con mirarlos atentamente, y sin esos cartabones mentales, para darse cuenta, a) de que María es de la misma edad o más joven que Jesús, y b) que aquello con lo que se miran no es precisamente amor filial. Pone como ejemplo el cuadro de El Greco que se titula “Cristo despidiéndose de su Madre”, que está en el Museo de Toledo. Kermani: «En muchas representaciones medievales de María, es más joven que su hijo. ¡Eso sí que es interesante!»

 

Weiß/Colonia, 26.8.

1:30 am : Auteuil en Sade, una gozada. Buscando su ficha para un hipervínculo al subir estas páginas a Fronterad, descubro que no consta registro de su estreno ni en España ni en América Latina. Me parece sumamente inverosímil, en unos pueblos tan sádicos.

 

Buscando en www.iberlibro.com un ejemplar de Reivindicación del Conde Don Julián, de Juan Goytisolo, encuentro entre las ofertas una que incluye los tres volúmenes de la trilogía (Señas de identidad, Reivindicación y Juan sin tierra), en primera edición y firmados por el autor, por el módico precio de 1.771.48 €. Le hago llegar el dato a Juan a través de Yolanda, la directora del Centro Cervantes de Marrakech, por si acaso no lo conocía.

 

@SenalMemoria me hizo el día con estas tres crónicas mías de 1994, en HJCK :

 

Creo que Beyond the Mexico Bay, la bitácora de su viaje por el Caribe, es el único libro de Aldous Huxley que no he leído hasta ahora, cuando descubro una lujosa traducción de un largo fragmento suyo, por Ibsen Martínez, en las páginas de El Malpensante. Lo acabo de leer y me pregunto en serio si vale la pena seguir escribiendo mi diario. Sólo el pensamiento de dejarles muchos recuerdos míos a mis nietos hace que me frene en mis propósitos diaricidas. Pero es mucha la vergüenza que uno siente cuando todavía le funcionan las neuronas y lee ciertas cosas. Te asalta la tentación de parafrasear el comienzo del poema de Gabriela Mistral “Oración de la maestra”: «¡Señor! Tú que enseñaste, perdona que yo enseñe». Sí, don Aldous, perdóneme. 

 

Weiß/Colonia, 27.8.

Hoy madrugué contra mi voluntad. A las 8:15 pm sonó insistentemente el teléfono y desperté de un sueño pesado como plomo. Diny, que ya se había sido de casa, dejó el teléfono sobre su almohada, ¡mujer previsora!, y gracias a ello pude tomar la llamada, era Angie, que estaba abajo, delante de la puerta de la casa, con Vincent. El niño está muy acatarrado, y aunque ya no tiene fiebre no lo quiso dejar ir a la escuela, mejor traerlo donde los abuelos. Menos mal que es el que menos lata da de todos los nietos. Lo dejé en el living, embebido en sus juegos virtuales y me fui a la cama de nuevo. Tengo la impresión de que terminaré muriendo de abulia.


Clawdia Glenewinkel me manda desde Steidl un ejemplar del último libro de Günter Grass, el primero que se publica póstumamente, y que a partir de mañana se pone a la venta en Alemania. Lectura asegurada para la próxima semana.


El tal Bolt vuelve a ser el hombre más rápido del mundo, doble campeón del mundo en Pekín. A mí me huele (me hiede) mucho a Lance Armstrong, pero en más antipático. Espero poder vivir lo suficiente como para asistir a su desenmascaramiento y su caída.

 

Después de la siesta, y no sé por qué, me entró curiosidad por ver qué escribí en este diario hace diez años y me encontré una sorpresa. Resulta que el 27.8.2005 consigné lo siguiente:


El humorista uruguayo Fernando Schmidt escribe en el último número del semanario Brecha, de Montevideo, que me llegó este mediodía: «Primero fue Benedicto XVI, ahora es el chileno Sixto Parzinger, obispo de Villarrica, quien llama a no leer Harry Potter. El religioso sostiene que, leyendo la obra de J.K. Rowling, “los niños creen realmente que puede haber soluciones mágicas en la vida y eso los desvía del desarrollo normal”. Lo dice uno que tiene por libro de cabecera una novela donde el protagonista camina sobre el agua, resucita y, por si fuera poco, con cinco panes y dos pescados organiza un lunch para cinco mil personas». ¡Menos mal que hay gente que todavía piensa en este mundo! Y que por no hinchar el perro, o de puro bondadosos que son, se dejan en el tintero la conversión del agua en vino, la resurrección de un amigo, y algo a lo que no se atrevería ni siquiera David Copperfield: expulsar a los mercaderes del templo. Y no diré nada de los espermatozoides del buen Joaquín en el coito con Ana donde engendró a María; eran unos especiales que no estaban manchados por el pecado original, al objeto de que la concepción de María fuese inmaculada, es decir, la única persona nacida sin pecado original, única posibilidad de que fuese la madre del Hijo de Dios. Si eso no es ciencia ficción, qué otra cosa será. Por cierto que hay muchísimos católicos que no tienen la más mínima idea de lo que significa “la Inmaculada Concepción” y me han discutido muy seriamente que el dogma se refiere a la concepción de Jesús por obra y gracia del Espíritu Santo. Pobres hijos, como diría Cortázar.


La sorpresa es que, diez años después, y casi por las mismas fechas, tuve que explicarle a una alemana, presumiblemente católica, en qué consiste ese dogma.

 

Weiß/Colonia, 28.8.

1:00 am : He visto en dos noches consecutivas las dos versiones que poseo de Persuasion, la del 2007 con Sally Hawkins, a quien adoro, y la de 1995, con actores que casi desconozco. Acabo de ver esta última y tengo que decir, en honor a la verdad, que es muchísimo “más mijor” que la del 2007. Y buena parte de la culpa reside en la interpretación de Sally Hawkins: su Anne Elliot no es la de Jane Austen, no tiene nada que ver con ella. O bien no entendió su papel o bien se lo impusieron. Pero esta Sally Hawkins tampoco tiene nada que ver con la portentosa intérprete de Made in Dangenham y de Happy–Go–Lucky. Una pena. Y la otra es que la BBC todavía no se haya sacado de la manga una miniserie sobre Persuasion, una novela tan bella, tan bella

 

1:55 am : Antes de irme a dormir zapeo para ver si hay algo de interés en la tele y alcanzo el comienzo de un reportaje sobre la masonería, donde me entero de que fueron masones Goethe, Mozart, Washington, Churchill y ¡¡¡¡¡Louis Armstrong!!!!!  Me quedo con la boca abierta, y me pregunto si a partir de ahora escucharé sus grabaciones de otro modo. ¡Por Dios!, como diría mi querido Álvaro Mutis, es casi igual que si me hubieran asegurado que Marilyn era lesbiana.

 

Me levanté, desayuné y volví a acostarme, pero me tuve que levantar de nuevo, asediado por el temor de una insuficiencia respiratoria. Me planté delante de la pantalla y empecé a escribir y a despachar correo en la estafeta, la única terapia que conozco para ahuyentar cualquier clase de temor o depresión, y a veces me sorprendía de llevar tanto tiempo sin abrir la boca, es decir, sin respirar de manera consciente. No creo ser un hipocondríaco, pero estas vainas, como diría un colombiano, me tienen a mal traer. Lo que más me confunde es que en realidad deseo de manera muy fuerte morir cuanto antes, a ser posible mientras duermo, pero en el momento en que noto que el mecanismo interno de mi cuerpo no funciona como debiera, me sobrecoge un miedo muy grande a morir de una manera consciente.

 

BI me ofrece publicar un libro de cuentos en su editorial. La oferta me agarra tan sin ¡agua va! que al principio pienso que se trata de organizarle un libro de cuentos de Böll, puesto que es de él de quien estábamos platicando por email; pero no, a mi pregunta en concreto me responde que lo que quiere es un libro mío, y casi casi le digo que no, que publicar libros nunca fue prioridad mía en lo que llevo de vida. Pero no puedo ser tan desagradecido. Humildemente, le agradezco.

 

Weiß/Colonia, 29.8.

Se casa Yvonne, la sobrina de Frank, y querían traernos a Henri a las 11 am para que pase el día con nosotros y duerma acá. Pero resulta que justamente a las 11 se celebraba en Rodenkirchen una exhibición de la brigada voluntaria de bomberos, con motivo de su 135.º aniversario, y los coches de bomberos son la pasión absoluta de Henri, le encantará poder subir a uno y si le dejan manejar una manguera se sentirá en el séptimo cielo. Así es que no lo tendremos en casa hasta las 4 pm. Mejor así, me agarrará descansado y despierto. Esta mañana, después de desayunar, tuve que acostarme hora y ½,  abatido por un nuevo ataque de abulia ya casi patológica.

 

Alfonso subió a su cuenta en Twitter un trino mío que me salió del alma:

 

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2 COMENTARIOS

  1. Morirse sin enterarse sólo lo
    Morirse sin enterarse sólo lo consiguen unos pocos elegidos. Espero que tú seas uno de ellos.

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