De mi Diario / Semana 35 / 2016

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 todas las amas de casa de litorales almejeros se les tiene que haber ocurrido alguna vez la idea de hacerlos.

 

Weiß/Colonia, 21.8.

1:00 am : Brasil ganó el oro olímpico en fútbol ¡a penaltis! ¡¡en Maracaná!! ¡¡¡después de que el aluminio lo salvara dos veces de otros tantos goles alemanes!!! Es algo así como decir que Oxford ganó la tradicional regata anual contra Cambridge porque los remeros de Cambridge se desviaron en un afluente del Támesis. ¡Ay qué miseria el fútbol brasileño! ¡Quién te ha visto y quién te ve! Este fue un nuevo 7:1 no reflejado en cifras. ¿Pero cómo explicárselo a la torçida?

 

Como por su trabajo no pudo acudir el miércoles al encuentro familiar con motivo del cumple de Diny, hemos invitado a Rebeca para almorzar juntos hoy y la dejamos elegir el lugar donde hacerlo. Ella, como siempre, eligió La Modicana. Yo me alegro de que lo haga porque creo que lo hace pensando en darme una alegría, que sí que me la da, puesto que LM es “mi” restaurante favorito. Y es que Rebeca posee lo que más admiré en mi padre: la inteligencia del corazón, harto más importante y difícil de poseer que la otra, esa de las pequeñas células grises.

 

Pasan por el canal Arte un documental titulado Hollywood Confidential, sobre las miserias del mundo del séptimo arte. A pesar de todo el material de que disponían sus autores, no le llega ni a la suela del zapato a los dos volúmenes de Hollywood Babilonia, de Kenneth Anger, ni a los otros dos de Peter Biskind (Moteros tranquilos, toros salvajes y Sexo, mentiras y Hollywood), ni a La ciudad de las redes, de Otto Friedrich. Los cuales, además, en punto a ilustraciones, le dan ciento y raya al documental. ¡Imágenes, avergonzaos!

 

Weiß/Colonia, 22.8.

Todo el día, con las pausas lógicas, dedicado a leer el nuevo libro de Julio Camba, Tangos, jazz–bands y cupletistas, que le encargué a Teresa cuando viajó a España y que se ha empeñado en regalármelo, los dioses quimbayas la protejan. Me lo leí de una sola tacada. A pesar de la inmensa diferencia de calidad entre su prosa y la mía, es un sentimiento muy fuerte de afinidad el que me lleva a leer los textos de Camba. Junto a Chesterton, Camba es el único verdadero maestro que he tenido en mi profesión. Y hay momentos en los que comprendo requetebién a Holden Caulfield cuando nos cuenta que hay libros que al terminar de leerlos uno quisiera tener el número de teléfono del autor para llamarlo y conversar con él. Con Camba me pasa casi siempre que lo leo y lo releo, en especial si en la página 58 de su nuevo libro me encuentro con esta joya, acerca de un baile brasileño muy popular a principìos del siglo XX: «”La machicha –decía un cronista recientemente– es un culebreo rítmico, agradable tan sólo para cuatro degenerados”. Yo soy uno de esos cuatro degenerados y, en testimonio de compañerismo, dedico esta nota a los tres restantes». ¡Genial! Y sesenta páginas después: «Yo decía el otro día, hablando de un amigo mío, que era un filósofo y lo decía en el sentido español de la palabra. Se trata de un hombre que sabe acomodarse a todas las situaciones, que sufre las adversidades pacientemente y que cuando se le presenta una ocasión de placer saca de ella el mayor partido posible». Leer esto y recordar las palabras de María Zambrano acerca del estoicismo fue todo uno: «Cuando en España se dice o le dicen a alguien que hay que ser filósofo, ha de entender que es preciso soportar serenamente, y con un tanto de sorna, algo muy difícil. Para el pueblo español, filósofo es algo que tiene que ver mucho con los reveses y tropiezos de la vida: en un mundo feliz no sería menester ser filósofo. No es, pues, la filosofía un afán de saber, sino un saber resistir los azarosos vaivenes de la vida: es una forma serena, sabia, de acción. Es una conducta. Conducta basada en ver la cara y cruz de los acontecimientosen ver la vida como un tapiz al que hay que darle la vuelta». Sólo que las palabras de Camba están en un artículo suyo de 1912, y María Zambrano contaba en ese momento la tierna edad de ocho añitos. Y ello me hace recordar lo que decía Unamuno de Camba, que él, Unamuno, era un filósofo ibérico, y que Camba era un filósofo celta. Bien visto, don Miguel.   

 

Weiß/Colonia, 23.8.

El dolor de la cadera izquierda, que hace un par de días casi me hizo aullar al levantarme de la  cama, no ha desaparecido del todo, está hibernando el redomado hijueputa. Hoy volvió a sacar la cabeza de su escondrijo y me mordió arteramente cuando menos me lo esperaba. Dele Dios mal galardón.

 

Le pedí a Carlitos que no se olvidara de traer hoy su cámara porque quería que hiciese un par de fotos de la habitación de Diny. En ella se ha producido un cambio casi de prestidigitación. La cosa comenzó cuando Diny “contrató” a Oskar y un amigo suyo para que sacaran del cuarto el sofá que estaba allí y, a ojos vista, se comía ¼ del espacio. Luego se hizo traer de la casa de Chico un armario de dos cuerpos que ellos iban a desechar, y lo ubicó al fondo a la derecha, al lado del armario rectangular de un solo cuerpo junto a la ventana, donde almacena toda suerte de implementos de oficina y domésticos; y luego, junto al armario de Chico, otro más pequeño de alveolos aptos para el archivo de LPs, adelantando por último hacia el pasillo la mesa con su compu portátil y logrando así un efecto visual en escalera muy agradable. Sólo que, además, ya con todo el espacio libre a su disposición, alojó la tabla de planchar, plegada, a la izquierda, junto a la pared, y ganó todavía más espacio para situar al pie de la ventana un sillón orejero viejísimo, reclinable y con reposera para los pies. Desde que le cambió la cara al cuarto se pasa allí la mayoría del tiempo, leyendo, porque –la guinda del pastel– trasladó al armario de Chico todos los libros en neerlandés, que estaban en el cuarto de invitados, casi como castigados en el rincón de la ventana. «Ahora que los tengo a la mano, por fin los voy a leer», me dice.

 

 

En La Modicana, una vez más con Diny, ya que aún no han terminado las vacaciones escolares y no tiene que acudir a lo de Vincent. Mientras ella se decanta por una descomunal ensalada, los padres franciscanos que en el fondo somos Carlitos y yo nos conformamos con espaguetis “a la pobre”, o sea, con tan sólo mantequilla y parmesano. Lo que siempre se me olvida es preguntarle a la signora cuál es la mantequilla que usa. Con una como esa se debe poder pecar contra todas las leyes que nos protegen del exceso de calorías. Hmmmmmmmmmmmmm

 

Weiß/Colonia, 24.8.

Levantarse de la cama como tragedia diaria. Tragedia quizá no sea la palabra exacta, pero sí describe bien el sentimiento que uno experimenta. ¿Para qué carajo me voy a levantar, qué carajo importa si lo hago o no, qué va a cambiar en el mundo si no me vuelvo a levantar en lo que me resta de vida? Y detrás de todo eso, que hasta puede ser una retórica complaciente en lo que tiene de heautontimorumenos, ese yo pequeñito al que le gusta atormentarse porque sí, detrás de todo eso, la conciencia de que si no fuese por Diny, mis hijos y mis nietos, bastante tiempo hace que no seguiría soportando vivir en este mundo de mierda.

 

Me escribe mi quizás lejano pariente Juan Carlos Bada, desde Asturias: «Querido Ricardo: hoy decidí salir con mi mujer a hacer una excursión en coche por los aledaños de Picos de Europa, subiendo por una carretera con desfiladeros peligrosos (Puerto del Pontón desde Cangas de Onís) y bajando por otra algo mejor (Puerto de San Glorio) hasta Potes, ya en Cantabria. Mi sorpresa, y por eso te lo transmito, es que en la bajada encontramos un pequeño pueblo llamado Vada. Si tienes la curiosidad de ver el mapa de REPSOL, por internet a través de Google, lo podrás situar. Recuerda que Bada está muy cerca de Cangas de Onís». Me falta tiempo para contestarle: «Gracias por la información, y efectivamente, ya descubrí Vada, en la N-621. Imagino que hubo una pelea en el clan, los unos querían escribir su apellido con B de burro y los otros con V de vaca, y como no se pusieron de acuerdo, cada fracción fundó su propia aldea, lo más lejos posible la una de la otra. ¡¡Pusieron en medio nada menos que los Picos de Europa!! Los viejos astures hacían las cosas a lo grande».

 

Weiß/Colonia, 25.8.

Hoy es el primer día de escuela para Henri. Y Diny se fue temprano para estar desde el primer momento, que es en la iglesia, a las 10:00 am, como si este país no fuese legalmente laico, la madre que los parió. Yo tomo el bus de las 10:40 para llegar 10’ antes del ingreso en la propia escuela. Por cierto que el bus llegó adelantado 5’ (¡también eso es impuntualidad!), menos mal que yo ya estaba en camino y lo vi llegar y le hice señas al conductor para que me esperase, lo que hizo, también menos mal. El caso es que antes de salir de casa me había medido la presión arterial y estaba súper descompensada, 169/83, con un pulso acelerado, 104, cosa que atribuí a mis nervios para no retrasarme en la ceremonia. Así es que cuando después de la carrera para llegar al bus me desplomé en el asiento, estaba al borde de mi resistencia. Y luego, al llegar al semáforo antes de la 5.ª parada, la de la iglesia, donde me tenía que bajar, nos enfrentamos con una procesión multitudinaria que avanzaba lenta como desfile de caracoles desde la iglesia a la escuela. Desde que finalmente pude bajar del bus hasta que penetré en el patio de la escuela no pasaron menos de 15’, lo que normalmente se hace en 1½ a 2. Y el patio a tope. Por suerte que Montse me vio enseguida porque, chica lista, no miraba nada más que hacia los bancos y  tuve también suerte en ello, encontrar un asiento libre. Pero a Henri no había manera de verlo, la marea humana era impenetrable, decidí volver a casa. No sin notar que todos (Diny, Montse, Rebeca, Frank) me miraban con cara de preocupación, aunque intentaban disimularla.

 

GNQ me escribe desde El Rompido: «Disculpa que te moleste. ¿Qué hay de cierto en las noticias que llegan de Alemania sobre que el gobierno urge a la población a hacer acopio de alimentos y de agua? ¿Y cómo se lo está tomando la gente? ¿Tienes idea de por qué no hay reacciones de los políticos europeos ante esto? Y si las hay, ¿cuáles son? Hasta mí llega mucho desconcierto y algunas opiniones que acusan a los medios de alarmismo y amarillismo». Sin dilación, le contesto lo que me sale del alma: «Tienes que leer (o releer) Alemania, de Julio Camba. Son artículos escritos antes de la primera guerra mundial, pero los puedes leer como si los hubiese escrito ayer. Y después de hacerlo sabrás que todo ese lío acerca del acopio de alimentos para estar pertrechados contra posibles consecuencias de ataques terroristas, etc, no es más que el resultado del fundamentalismo germánico, que es uno de una hechura diferente al islámico, aunque sus metástasis de 1933 a 1945 fueran (y siguen siendo) inalcanzables por ningún otro fundamentalismo homicida. Un comentarista agudo y divertido le ha preguntado al ministro federal del Interior si tuvo en cuenta que un estado de emergencia como el que provocaría proveerse de esos alimentos para sobrevivir no afectaría asimismo a las centrales eléctricas y entonces sería al santo botón haber almacenado alimentos que no sobrevivirían fuera de las neveras. En fin, tú tranquilo, que a El Rompido no van a llegar los truenos».

 

Weiß/Colonia, 26.8.

Me entero por el suplemento del diario con la programación de TV para la semana próxima, de que Meg Ryan y Tom Hanks se han vuelto a reunir, como en los 90, cuando fueron las parejas inolvidables de Insomne en Seattle y Tienes un email; esta vez para la filmación de una peli que es la adaptación de uno de mis libros bienamados, La comedia humana, de Saroyan. Tengo para mí que este es uno de los relatos más bellos que nunca se hayan escrito, y junto con El coronel no tiene quien le escriba, El perseguidor, La muerte en Venecia, Primavera mortal y un par de ellos más, muy pocos más (¡El difunto Matías Pascal!), lo guardo en un relicario del corazón.  Parafraseando a Machado, «Entre los autores míos, / Saroyan tiene un altar».

 

Seleccioné este tuit para un próximo # de The Twitter’s Digest porque me hizo recordar que en vida de mi padre yo llamaba cada segundo domingo a Huelva, para saber cómo seguía nuestra familia allá y cómo andaban las cosas. Y cuando le preguntaba a mi padre que cómo andaban, me respondía siempre, invariablemente: «Cada vez peor». Según mis cálculos, al cabo de un año ya tendría España que haber desaparecido del mapa, pero logró durar desde agosto de 1968 a julio de 1987, cuando murió mi padre. Y aún parece que sobrevive (digo España). Este es un caso tan admirable como el del tal Kabore de que habla Vicente Luis.

 

Ayer comimos mejillones para el almuerzo, pero hacía tanto calor que no pudimos acabar con nuestras raciones. Entonces le dije a Diny que cuando se enfriaran yo mismo los sacaría uno a uno de sus valvas para que mañana (hoy) hiciera de cena unos huevos pericos con mejillones. Me resulta evidente que a todas las amas de casa de litorales almejeros se les tiene que haber ocurrido alguna vez la idea de hacerlos, pero me siento orgulloso de que también se me haya ocurrido a mí porque en verdad en verdad os digo que es un plato delicioso.

 

Weiß/Colonia, 27.8.

Hoy se celebra en Sürth, bajo el nombre “Côte de Sürth”, que se pronuncia casi idéntico al francés la Côte d’Azur, una edición en blanco y azul de lo que se conoce en todo el mundo como “Dîner en Blanc” o “White Dinner”. El año pasado se celebró por primera vez como ensayo, y el éxito fue tal que decidieron acomodar el happening (en realidad es un happening descafeinado, pero happening) en el calendario de festejos. Ya Montse compró nuestras entradas para una mesa de ocho personas, pero el jueves, al regresar Diny de la escolarización de Henri, me advirtió que habían llegado a la conclusión de que sería mejor que yo no fuese. Amenazaban temperaturas de más de 30º, la gente no se sienta en sillas sino en largos bancos sin respaldo, etc., en fin, todo confabulado para que yo no me vaya a sentir precisamente feliz de estar en medio de esa marabunta blanquiazul. Y cuando me levanto de la siesta, con rumor lejano de truenos anunciando tormenta desde las estribaciones de las Ardenas, de repente cae un chaparrón torrencial, sin decir ¡agua va! y que debe haber calado hasta los huesos a los pobres participantes en la “Côte de Sürth”. Sí, definitivamente ha sido mejor que me quedase en casa, alabado sea por siempre el santísimo sacramento del altar (+ la previsión de mi familia).

 

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