De mi diario : Semana 35 / 2019

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Weiß/Colonia, 25.8.

2:15 am : Dead Man Down [La venganza del hombre muerto], una balada en extremo sombría, ambientada en los bajos fondos del entorno de New York, con elementos étnicos indesoíbles y una justicia interna que se rige por la ley del Talión. Con una Naomi Rapace a quien, como en Millenium, la mueve una despiadada, cruda sed de venganza y es capaz de convertir el Bronx en Estocolmo. Sólo que aquí sus heridas no son síquicas sino físicas, lo muestran las cicatrices como cordones que surcan su rostro, huellas de un accidente de tráfico del que fue responsable el conductor borracho que embistió su auto. Buena peli, a fe mía, aunque prefiera con mucho el cine negro gringo de los 50s y el francés de antes de la nouvelle vague.

En el Kölner Stadt Anzeiger, mientras desayuno, leo una entrevista a toda plana con Edmund Phelps, premio Nobel de Economía del 2006 y profesor de la universidad Columbia en Nueva York. Hablando de the fake president opina que su política es desastrosa y que lo mismo puede decirse de sus iniciativas: «Por una o dos buenas ideas que tiene, se le ocurren al mismo tiempo 20 malas». Y al final, cuando el periodista le pregunta que si seguirá siendo presidente en el 2022 (una pregunta rarísima, a fe mía), Phelps le contesta: «Nadie lo sabe, él menos que nadie. A mí me parece que está cavando su propia tumba». Oremus. Oremus! Oremus!! Oremus!!!

Ha hecho Diny hoy una sopa de tomate con daditos de raíz de apio y guisantes, amén de laurel, que estaba de chuparse los dedos, cosa que hice. Según Diny, la mejor manera de comer tomate es en modo sopa, ya que sólo cocido segrega una sustancia que le agrega sabor y es buena para la salud del jiúman bodi. La Química Orgánica nunca fue mi fuerte, pero que esta sopa estaba de puta madre, de eso no me cabe ni la menor duda.

Weiß/Colonia, 26.8.

1:10 am : Acaban de pasar Drive, que veo por segunda vez y me aclaró mucho por qué el crítico del Kölner Stadt Anzeiger aseguró anteayer en su reseña que «Dead Man Down es buenapero comparándola con Drive es incluso mejor». Ecco! (Sin Umberto)

Donde la pedicura, con Saskia, y después me apresuro en llegar pronto a casa, espoleado por la calor infernal y porque no me quiero perder, a las 1:55 pm. El ciudadano ilustre, antes de la siesta. Me gustó mucho. Me hizo recordar mucho, además, a Manuel Puig. Ya el nombre del protagonista, Manuel Mantovani, y el hecho de haber nacido en una cagada de mosca del mapa de la Pampa y el de haber dedicado sus libros a reseñar la vida en esos villorios destartalados y endogámicos, enfermos de su propio ser. Hasta ahí las coincidencias, pero no son pocas. Lo que más me gustó, aparte de los actores, excelentes cada cual en su papel, es la captación osmótica del ambiente del pueblo. Me sentí un poco como en Pergamino, y mirá vos que Pergamino ya son ± 90.000 habitantes, mientras que Salas, el pueblo de la peli, debe ser como el de Manolo, General Villegas, no llegará a los 20.000. Pero el ambiente es el mismo, aunque en peor, porque la esencia mala también se guarda mejor en frasco pequeño.

Pasan Experiment in Terror [Chantaje contra una mujer], que me ofrece un abanico grande de tentaciones: Blake Edwards dirigiendo cinéma noir, y Glenn Ford como protagonista al lado de una Lee Remick de 27 años, la misma edad que Belén Chavanne en la peli argentina, sólo que a Lee no la vemos desnuda. ¿Se desnudó alguna vez ante una cámara? No lo recuerdo, creo que no. Pero el atractivo sensual suyo era muy, muy fuerte, como el de su joven colega argentina. Los ojos, sobre todos los ojos: ambas son de las que cogen con la mirada. Chantaje contra una mujer es buena, y cuenta además con un dato que la hace singular: no incluye una forzada love story, que era entonces, en los 50s y 60s, casi una conditio sine qua non para cualquier peli, amén del happy end. Creo que en esta ocasión le debemos dar las gracias a Blake Edwards.

Weiß/Colonia, 27.8.

Resulta que soy el jíbaro de Guglielmo. Guglielmo (que en realidad se llama Guillermo) es el más viejo y uno de mis más queridos amigos. Ahora me ha escrito diciéndome que no le llegó el envío de mi diario y que se lo reenvíe porque ha terminado por acostumbrarse a leerlo. Le envío pues un email incluyendo el texto y me acusa recibo con un escueto «Eres mi jíbaro». Le digo que para mí los jíbaros son los indígenas shuar, ecuatorianos, reductores de cabeza, y Guglielmo me desasna explicándome lo siguiente: «Creí que siendo tú más colombiano que muchos colombianos sabrías el particular sentido de “jíbaro”, que es expendedor de drogas (”pusher“ en inglés), que trabaja en una ”olla“, lugar en donde se expenden drogas, entre ellas el ”basuco“. Con ”s“ y no con ”z“, porque viene de la “base de coca”, la coca sin cristalizar. Se empieza a usar en Colombia la palabra ”porro“ para un cigarrillo de marihuana, en lugar del término nativo ”cacho“, cuando está nuevo. Cuando está tan corto que quema los dedos pasa a llamarse ”chicharra“. “Porro” se debe usar solo para el ritmo caribe y su mayor exponente fue el gran Lucho Bermúdez. Como ves, los lenguajes especializados y locales son complicados. Un abrazo a mi jíbaro». Nunca se acuesta uno sin aprender algo nuevo, como aseguran las putas con un alto sentido de la profesionalidá.

En La Modicana, a la entrada, tres niñas chicas con su padre. Desde donde nos sentamos Carlitos y yo las tengo constantemente a la vista y llego a suponer que sean trillizas, por lo muy parejas que se las ve. Pero luego, al ponerse en pìe para irse se ve inmediatamente la escalera: la más pequeña es una cabeza menos que la de enmedio, y esta a su vez una cabeza menor que la primogénita. Perspectiva se llama esta figura. Entretanto estábamos comiendo, Carlitos una ensalada descomunal, que no terminó, yo mi ración frugal de espaguettis à le pauvre Jean.

Carlitos me deja en la Maternusplaatz de Rodenkirchen, donde debo esperar hasta las 4, en que tengo una cita con Frau Schneider en la sucursal del Commerz Bank. Entro en El Palladio, cuya carta de helados me apasiona. Leyéndola me acuerdo del pasaje en Juan in America [Juan en los Estados Unidos], de Eric Linklater, de 1931, donde Juan, el protagonista, llega a Bufalo y lo asaltan y se queda sin un penique, pero encuentra trabajo en La Casa de Joe, algo así como un merendero de comida chatarra del que nos enteramos que «aquel negocio tenía una jerga propia. La noche anterior, Juan había quedado seriamente desconcertado ante un cliente que le pidió “Dos huevos del Oeste y hágalos marchar”. ¿Quién podía haber adivinado que tal encargo significaba unos sandwiches de huevo, algo condimentados, envueltos para que el cliente se los pudiera llevar? Pero ahora Juan disponía de todo un vocabulario técnico, seguíría imperturbable aunque algún chistoso le encargara “Adán y Eva sobre una balsa, bocabajo”» Por cierto: la traducción neerlandesa de Juan in Amerika es el primer libro que encontré en nuestro primer paseo por Buenos Aires con Diny por la Avenida de Mayo, en un cajón expuesto en la vereda, con libros rebajados. Es el primer libro que compré en Baires, para Diny, diciembre 1966, y muchas veces son las que me pregunto por qué no se ha reeditado en el idioma de Don Juan, lejano ancestro del protagonista de esta novela magistral e inolvidable.

Con Frau Schneider, en el Banco, todo queda atado y bien atado para que Henri reciba a su mayoría de edad la misma cantidad que sus hermanos y Vincent, pero el contrato es abierto, lo puede prolongar hasta la edad de su jubilación y encontrarse entonces con dinero suficiente para dar la vuelta al mundo, una de las ilusiones de mi vida. Lo es desde los lejanos días en que leí La vuelta al mundo de un novelista, de Blasco Ibáñez, que me gustaría releer.

Volvió la calor. El calor es seco, es masculino. La calor es húmeda, es femenina. Y es ella la que ha vuelto desde ayer. Hoy ha sido casi asfixiante. Hasta aprox. las 8:15 pm: ahí el cielo se largó a llover de manera torrencial y las descargas de relámpagos eran como los de una batería celestial de paparazzi. Tendido en la cama para reposar un poco los he ido registrando por una rendija en las cortinas en la que a veces parecían prender fuego, y he contado minuciosamente los intervalos hasta los truenos, por si acaso había que desconectar las compus y la tele. No ha sido así, no hubo necesidad. Como todas las anteriores, esta tormenta nos ha vuelto a ignorar de la manera más olímpica. Alabado sea el santísimo sacramento del altar.

Weiß/Colonia, 28.8.

1:00 am : Paula, un biopic alemán acerca de Paula Modersohn–Becker, la primera pintora de la Historia a quien se le dedicó un museo monográfico, en Bremen, su ciudad natal. Buena la peli y excelentes las interpretaciones, en especial las de Paula y Rilke. Pero lo que más se me queda en el recuerdo es la imagen de Paula arrastrando su bagaje tres veces, de Bremen a Worpspede, de Worpspede a París y en París a su llegada: un bagaje del que sobresale el caballete plegado y pareciera como si Paula fuese arrastrando una cruz igual que Jesús hasta el Gólgota. Tal es el destino del verdadero artista, y a quienes no lo somos sólo nos queda el consuelo de descubrir la posible simbología. O alegoría. («¡Intelijencia, dame el nombre esacto de las cosas!»)

Peter Schulze–Kraft me escribe preguntándome cómo traducir al castellano la expresión de Lutero «den Leuten aufs Maul schauen». Le contesto que «siempre la he traducido como “hablar (o escribir) a la pata la llana”, es decir, huyendo de los registros cultos, formales o elaborados. “La llana” era una manera de llamar al pueblo en el español antiguo. En el Tesoro de la Lengua de don Sebastián de Covarrubias, del año 1611, se dice que un “hombre llano” es aquel “que no tiene altiveces ni cautelas”. Y a la “cautela” la define como “el engaño que uno haze a otro ingeniosamente, usando de términos ambiguos y de palabras dudosas y equivocas”. Ecco! Por su parte, según el Diccionario de la Real Academia, hablar (o escribir) “a la pata la llana” es hacerlo “llanamente, sin afectación”. Ojalá te sirvan estas líneas».

Me jalé de una sentada El niño que fuimos, la segunda novela de mi querida taruguita. Excelente desde cualquier punto de vista, La elocución de Alma Delia tiene un sello personal que en sus columnas convierte los textos en guantes de desafío a la realidad descoyuntadora que nos rodea, y en sus dos novelas realza lo narrado y hace que por sus páginas circule un aire de humanidad que suscita desde el vamos la solidaridad, más: la complicidad del lector. Tengo que leerla de nuevo, en diagonal, para chequear ciertos pormenores, pero desde ya tiene asegurado un lugar al lado de El olvido que seremos. Entre el niño que fuimos y el olvido que seremos, esos dos polos asimétricos, se teje «the painted veil which those who live call Life [ese velo pintado al que quienes viven llaman Vida]»: es la cita de Shelley que campea al frente de The Painted Veil, la preciosa novela de Somerset Maugham, que le presté a Indira y también la leyó de una sentada. Ha sido filmada dos veces, la primera en 1934 con Greta Garbo, la segunda –bastante mejor– en el 2006 con Naomi Watts y Edward Norton, quienes además la produjeron.

Weiß/Colonia, 29.8.

Me meto de hoz y de coz en la lectura de Hombres en guerra, de Alvah Bessie, un libro acerca de la guerra civil que me descubrió y me regaló Juan Carlos desde sus Asturias. Estuvo esperando pacientemente su turno, pero le llegó la hora y maldigo el tiempo que estuve sin leerlo. Es, de lejos, lo mejor que llevo leído teniendo como tema nuestra guerra fratricida, digo, la última (por ahora) de las muchas que hay repartidas por la historia de España, un pueblo cainita como mandado hacer. Alvah Bessie, después de luchar en la Brigada Abraham Lincoln, regresó a los Estados Unidos y trabajó varios años en Hollywood, hasta que lo alcanzó la mano larga del fascismo gringo (el del infame senador McCarthy), que lo condenó a la cárcel y lo incluyó en la tristemente célebre lista de los diez apestados de Hollywood, entre ellos Dalton Trumbo.

Weiß/Colonia, 30.8.

0:50 am : Acaban de pasar Primal Fear [Las dos caras de la verdad], un drama judicial con mi tocayo Richard Gere y que no conocía. Impecables Laura Linney y Richard Gere en sus papeles antagónicos, pero Edward Norton les robó el show: era su primer peli y fue nominado para el Oscar como actor de reparto. Al parecer fue bueno que los expertos del casting lo eligieran de entre los 2.100 candidatos que se postularon para ese papel. Y una cosa que me ha gustado del final es oír “Canção do mar”, en la voz de Dulce Pontes, en fondo a los títulos de crédito.

La compu de Diny no arranca. Por mucha tecla y combinaciones de teclas que lo intento, no se mueve la imagen de la salvapantalla. Diny entretanto se va donde su peluquera, en la pampa que se extiende desde la margen derecha del Rhin, y yo termino tirando la toalla y echándome a domir una siesta. Pero sin dejar de cavilar en cómo poder activar la compu de Diny, porque hoy sí nos van a traer a Henri, no como el viernes pasado, que nos dejaron con la miel en los labios. Y mientras me estoy preparando un café bien cargado, tras la siesta, de repente me pregunto si no sería posible regatear a la Cibernética insertando en esa compu rebelde un caballo de Troya no hostil, es decir, una unidad USB. Eureka! Lo hice y enseguida reaccionó la pantalla y pude abrir la compu. Cuando llega Henri le enseño el truco, para que lo aprenda, y se me queda mirando como diciéndose «¿Cómo es posible que este vejestorio analógico

Me escribe Marcos diciéndome que está yendo «a una tertulia de sabrosos caldos escoceses y venezolanos (el mejor ron del mundo es de estas tierras, pana) de todos los viernes con unos panas, donde brindaremos por Beny Moré, Jean Seberg y Jorge Luis Borges (como dirían en mi ciudad natal, Maracaibo: ¡qué molleja de trío!!!)» Le contesto: «No sé si ya te conté que siempre que he ido a París, después de la muerte de Cortázar, ni una sola vez dejé de ir a visitar su tumba y, hasta el 2006, fumarme un faso sentado en la tumba frente a la suya. Lo cierto es que el camino a su tumba pasa por donde se halla la de Jean Seberg, así es que a ella también la he visitado otras tantas veces. Gracias a hacerlo pude registrar un cambio notable. Durante años fue una tumba abandonada, descuidada, que daba pena ver. Pero a partir de un cierto momento cambió el panorama y ahora se la ve cuidada con afecto, despejada de maleza, limpia Me gusta imaginar que algún día pasó por allá Jean Paul Belmondo y tomó cartas en el asunto. Ahí tienes material para un cuento, pana. [] Posdata etílica : Con perdón de tus rones venezolanos, el ron nicaragüense Flor de Caña de 18 años es el más rico que he bebido hasta la fecha. Vale».

Weiß/Colonia, 31.8.

1:00 am. : Spy in the Sky [Espías desde el cielo]. Por fin pude verla. Me ha gustado mucho. Si bien es verdad que con ese tema, ese guión y esos actores, hacer una mala peli hubiera sido de a deveras imperdonable. En especial el bloque inglés/irlandés (Helen Mirren, Alan Rickman, Iain Glen, Jeremy Northam, Monica Dolan) dota a la peli de un peso específico que opaca al bloque gringo, aunque tampoco están nada mal sus parientes trasatlánticos.

Una vez más nos quedamos sin el Kölner Stadt Anzeiger del finde. La recontrarremilputa madre que recontrarremilparió al repartidor. Por muy santa que haya sido.

Esta vez Hacienda se ha dado prisa. Recibió mi declaración de ingresos y gastos el 16 del este mes y hoy me llega la liquidación. Mi asesor fiscal preveía que el Fisco me iba a reintegrar 1.358,25 €, pero se equivocó: el Fisco me está devolviendo 1.874,66 €, o sea 516,41 € más de lo que yo esperaba. Invito a Diny a almorzar mañana en el restaurante más caro del entorno.

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Ricardo Bada
Ricardo Bada (Huelva/España, 1939), escritor y periodista residente en Alemania desde 1963. Autor de La generación del 39 (cuentos, Nueva York 1972), Basura cuidadosamente seleccionada (poesía, Huelva 1994), Amos y perros (cuento, Huelva 1997), Me queda la palabra (ensayos, Huelva 1998), Los mejores fandangos de la lengua castellana (parodias, Madrid 2000), Límeri de Bueno Saire (poemas nonsense, Río de Janeiro 2011), La bufanda de Cambridge (cuentos, Bogotá 2018) y El Canto XXV(novela breve, Copenhague). Editor en Alemania junto con Felipe Boso de una antología de literatura española contemporánea, Ein Schiff aus Wasser (Un barco de agua); junto con José A. Moral de la obra periodística de Gabriel García Márquez, y en solitario de los libros de viaje de Camilo José Cela. Editor en España de la obra poética de la costarricense Ana Istarú (La estación de fiebre y otros amaneceres, 1991), y en Bolivia de la única antología integral en castellano de Heinrich Böll (Don Enrique, La Paz, 1995). Ha sido, y en media docena de los casos sigue siéndolo, colaborador regular en Revista de Libros, Revista de Occidente, ABC, Cuadernos Hispanoamericanos y Vasos Comunicantes (España), El Espectador y El Malpensante (Colombia), Nexos, La Tempestad y La Jornada (México), La Nación (Costa Rica), Brecha y El País (Uruguay), Aurora Boreal (Dinamarca), Amsterdam Sur (Países Bajos) y La Opinión (Los Ángeles/California), además de la revista Etiqueta Negra (Perú) y las cuatro ediciones de SoHo (Colombia, Costa Rica, México y Ecuador).
Republicano y agnóstico a carta cabal, convicto y confeso, paradójicamente fue nombrado caballero de la Orden de Isabel la Católica, y padece –no menos paradójicamente– una curiosa dolencia llamada sacralización. Tan luego él...

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