De mi Diario : Semana 35 / 2021

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Weiß/Colonia, 22.8.

2:30 am : Support Your Local Gunfighter [Látigo], de 1971, y Support Your Local Sheriff [También un sheriff necesita ayuda], de 1969, las pasaron consecutivamente por ese orden, inverso al de sus estrenos, y fue bueno que así lo hicieran, porque Látigo es la enésima demostración de que nunca segunda partes fueron mejores que las primerasaunque como diversión tampoco está mal. Lo que pasa es que James Garner y el western se diría que no calzan, a no ser por la vía del disparate cómico, y ni siquiera así de un modo 100% convincente. Es como si en una situación diametralmente opuesta, John Wayne actuase en High Society haciendo de ex marido de Grace Kelly, el papel que bordó Bing Crosby.

He dedicado el día a cotejar la edición alemana del Carnet de un editor, de Somerset Maugham, con la traducción española. En esta faltan 33 entradas, una de ellas de nada menos que siete páginas. Y donde me he detenido a chequear cómo estaban traducidos ciertos pasajes encontré divergencias que parecían carambolas del billar de fantasía. Ni que decir tiene que me fío bastante más de la versión tedesca. De todos modos es un libro que tenía puesto en mi lista de relecturas. Ahorita creo que es cuando lo voy a leer de verdad; y es que a la tercera va la vencida.

Aparece la primera de mis Cartas desde Alemania en LJS, de México, y casi simultáneo publican en la página de Árbol Invertido mi texto sobre el aggiornamento del latín. Mi compadre me pregunta desde La Pintada, en Antioquia, a orillas del Cauca, que si me puedo imaginar un diccionario Lunfardo-Latín. Le contesto: «Borges ya nos dio un anticipo cuando señaló que lo que César le dijo a Bruto, cuando este lo apuñaló, el famoso “Tu quoque?”, habría que traducirlo “¡Pero che!”»

Weiß/Colonia, 23.8.

Leo en HuelvaRed, que con puntualidad suiza me está enviando a diario mi querido Vicente desde mi querida Troglodia, «lejana y rosa»: «Comienza en Huelva el montaje del alumbrado de Navidad, que se encenderá el 26 de noviembre». Chapeau! ¡Ni en Nuevayór, tío! ¡Qué grandeh semoh!

Después de leer mi diario, me escribe mi compadre José María, siempre desde la orilla, espero que la buena, del Cauca: «He visto varias veces la Sabrina de Pollack; ahí vi por primera vez a Julia Ormond y quedé enamorado de ella». Le contesto ipso fuckto: «A Julia Ormond tienes que verla en Mi semana con Marilyn, donde interpreta a un monstruo sagrado, Vivien Leigh: les robó el show a todos (como se lo robó a Harrison Ford y a Greg Kinnear en Sabrina), está sencillamente fabulosa. Además, no sé si sabes que es una luchadora designada como embajadora de buena voluntad por las Naciones Unidas en el tema de la trata de personas. Nada menos que toda una mujer, diría Unamuno».

Estuve trabajando en la segunda de mis Cartas desde Alemania para LJS y en dos artículos acerca de autores secretos latinoamericanos para Árbol Invertido. Mi máquina no descansa. Ojalá que nada más la detenga la Señora de la Guadaña, de un solo tajo. No podré decirle, como Ana Bolena a su verdugo, que mi cuello es delgado, de manera que tiene la tarea fácil; y no se lo podré decir no sólo porque mi cuello no es delgado sino porque ella no va a llegar anunciándose, como el verdugo, sino cuando menos se la espere, igual que una puñalada trapera. No entanto, bemvinda seja, minha Senhora!

Weiß/Colonia, 24.8.

1:30 am : Pasaron el siguiente episodio de la serie sueca de espionaje, Hamilton. Tan bueno como los precedentes, pero en estas series divididas en episodios a razón de uno por semana se pierden muchos hilos y los encajes de bolillos no han sido nunca una de mis aficiones más acendradas.

En las Rhein Terrassen, hoy, tortellinis con jugo de nueces para Ulli, pizza con champiñones para Diny, linguinis con pulpo para Carlitos, media docena de gambas a la plancha para una servidora. Aunque no lo sabíamos, estábamos invitados, el almuerzo ha sido el regalo de cumpleaños a Diny por parte de Ulli & Carlos, y como todo estuvo a pedir de boca, ha sido un regalo comm’il faut.

Cuando vino Chico a casa el día del cumple de Diny, se me quejó de que las novelas policiales que estaba leyendo en los últimos tiempos no le atraían casi nada. Le pregunté qué conocia de los clásicos gringos: Hammett, Chandler, Jim Thompson, Ross McDonaldHabía oído hablar de ellos, pero no los conocía. Le presté El halcón maltés y ahorita me vino a las mientes una de sus frases más inolvidables, así que le escribo a Chico: «No sé si ya empezaste a leer El halcón maltés, pero si lo haces encontrarás una de esas frases que mnca se olvidan y que te cito de memoria: “Desapareció como desaparece un puño cuando se abre la mano”. Es un ejemplo ejemplar de buena prosa, una imagen precisa y preciosa».

Subo a mi blog en EE el texto sobre el libro de José Luis acerca de la justicia maya, que lo he escrito de un tirón, como si alguien me lo estuviera dictando desde un teleprompter detrás de la frente. Hay veces en que los dedos vuelan sobre el teclado y cuando terminan de volar y se posan, y repaso lo escrito, me pregunto quién y por qué me lo dictó. Y de dónde salieron todas esas puntualizaciones. Y cómo se dio maña para empezar el texto en la facultad de Derecho de Sevilla y terminarlo allí igual que si fuese una pescadilla que se muerde la cola. Misterios del inconsciente.

Weiß/Colonia, 25.8.

2:40 am : Estuve viendo de nuevo Vacaciones en Roma y a continuación un episodio más de la serie producida por Steven Spielberg sobre la conquista del Oeste, que vengo siguiendo desde el domingo y creo que termina el viernes. Y con Vacaciones en Roma una vez más la pena de que se murió Nora Ephron, que habría sido la guionista ideal de la secuela cuyo desarrollo me persigue desde hace años: seis años después de aquel en que transcurre la peli (1953), en el país de la princesa hay una revolución y la familia real marcha al exilio, aprovechando entonces la princesa para divorciarse del noble con quien la habían casado y volar a Roma cuando se celebran los JJ.OO. de 1960, donde ella se entera de que estará acreditado Joe Bradley, el periodista de quien se enamoró siete años antes y a cuyo amor renunció por la razón de Estado. Con esos mimbres, un buen guionista puede pergeñar un buen plot.

Después de desayunalmorzar vuelvo a leer el último capítulo de Rápido tránsito, el libro de Coronel Urtecho que me descubrió José Luis y lo leí fascinado, pero ya entonces me dije que el último capítulo tenía que releerlo, con calma. Lo que acabo de hacer y me refrenda en mi opinión: es una de las mejores prosas escritas en español durante el siglo pasado. De paso, registro una frase subrayada por mí en el capítulo anterior: «[Ezra Pound] pensaba que una gran época literaria va precedida, generalmente, de una gran época de traducciones». Y me volvió a hacer gracia que CU citase a propósito de Boston el poemilla popular sobre las familias Lowell y Cabot, pero invirtiendo los papeles que tienen cada una de ellas en la sabrosa página que les dedica Juan Ramón en Diario de un poeta recién casado, título más revolucionario de lo que pudiera parecer a simple vista. Coronel sostiene que los Lowell sólo hablan con los Cabots, y estos sólo con Dios. JRJ sostiene lo contrario y apostilla irónico: «He conocido bien a una Cabot. ¡Cómo deben de aburrirse los Lowell! He leído La fuente, de Lowell. ¡Cómo debe de estar aburriéndose Dios!»

Empiezo a leer el libro de Félix sobre Punta Umbría y llego de un tirón hasta la página 104. Dejo el resto para mañana porque no me quiero perder el legendario documental dedicado a Woodstock y que no me pierdo ninguna de las veces que lo pasan, y a continuación el siguiente episodio de la miniserie de TV que produjo Spielberg sobre la conquista del Oeste.

Weiß/Colonia, 26.8.

2:35 am : Woodstock o el documental que no envejece, al menos para nuestra generación, y luego el antepenúltimo episodio de la serie producida por Spielberg. Miro su ficha en www.imdb.com y me asombra que sólo se haya difundido en los USA, Canadá, Gran Bretaña, Francia, Alemania, Suecia, Grecia, Polonia, Rusia y Japón, en ningún país de habla española y tampoco en Australia y Nueva Zelandia, que tuvieron con sus aborígenes y maoríes el mismo problema que el hombre blanco con los sioux y las demás tribus indígenas del inmenso territorio. Cosa más rara que un perro verde.

Me jalo de un tirón las restantes 143 páginas del libro de Félix. Es un libro delicioso y Félix encontró, creo, el tono justo para narrar, para rescatar ese pasado traspasado de olvido, para recuperar su infancia, su juventud, su familia, sus amigos, el paisaje de ese rincón del Paraíso con el que acabaron la carretera, las inmobiliarias y la cerrazón mental de los políticos. Lo he leído con auténtica pasión por saber más de todo ese mundo, posterior al de mi Punta Umbría (si pienso que me autoexilié en febrero del 63, y que Félix tendría entonces unos diez, once, todo lo más doce años).

Le escribo a Félix para felicitarle por su libro y le cuento mi mejor e imborrable recuerdo de Punta Umbría: «Te lo puedo dar con fecha y horario. Alrededor de las tres de la tarde del 25.4.1974. Ese año se escolarizaba nuestra hija mayor, y a partir de entonces ya no íbamos a poder tomar vacaciones largas juntos porque tendría que transar las fechas de las mías con las de los demás colegas de la redacción, todos ellos con hijos escolarizados también. Entonces aproveché una invitación que me hizo un par de años atrás Francisco Sánchez, a quien no sé si conoces y que se hizo muy amigo mío en los meses (julio 67 a agosto 68) que pasamos en Huelva al regresar de Buenos Aires y antes de devolvernos a Colonia. Paco Sáncbez y su mujer tenían una casita en Punta, entre la calle Ancha y el océano, sólo la ocupaban los veranos, y me la ofreció si alguna vez queríamos pasar vacaciones allí fuera de temporada. Le escribí pidiéndole la casa desde mediados de abril a mediados de mayo, y nos la prestó.                                                Fue un mes maravilloso porque prácticamente teníamos la playa para nosotros solos. Y descubrimos además una parrillada que había entonces en la calle Ancha, El Sombrero de Manolo, cuyo dueño era de Huelva, fue cocinero de barcos mercantes y conoció en Buenos Aires a Raquel, argentina, se casaron y se vinieron a vivir a Punta donde abrieron ese paraíso culinario, ya que Raquel se enamoró de nuestros niños y nos alimentaban fabulosamente. Y un día, ese 25 de abril de que te hablo, estábamos almorzando cuando alrededor de las dos de la tarde pasaron por la TV, prendida frente a nuestra mesa, la noticia de la revolución de los claveles en Portugal y que los golpistas le habían dado a Caetano un ultimátum que se cumplía a las 14:30. Diny y yo no podíamos ocultar nuestra alegría; caía Salazar, caería Franco. Después del postre y el café salimos para tomar helado en La Española, y de repente, sin saber por qué, empecé a silbar el estribillo de la “Estudiantina portuguesa”, que yo se la había oído cantar a Celia Gámez en una de sus visitas con alguna de sus revistas al Gran Teatro. ¿Recuerdas el texto?                                                                                                                                              Lo cierto es que ese estribillo, ♫♫ Ay Portugal ¿por qué te quiero tanto, / por qué por qué te envidian todos, / ay por qué ♫♫ fue muy popular en España en aquellos tiempos y en los famosos programas de discos dedicados era número fijo la “Estudiantina portuguesa”. Y ahora viene lo mejor, yo sé que empecé a silbar el estribillo, pero no puedo garantizarte si fue motu proprio o porque otro ya lo estaba silbando y me contagió, lo cierto es que desde El Sombrero de Manolo hasta la plaza y la heladería en la plaza Pérez Pastor casi no se oía otra cosa que silbar ese estribillo y muchas caras sonrientes y con aire de complicidad. Diny me preguntó mudamente qué significa aquello y al yo explicárselo se echó a reír y dijo algo así como “Ya tenéis vuestra Marsellesa”».

Weiß/Colonia, 27.8.

2:00 am : Visto el penúltimo episodio de la serie de Spielberg. Por cierto que estuve mirando su ficha en www.imdb.com y don Spielberg ha producido entre 1985 y nuestros días, incluyendo una que se está filmando y dos que se encuentran en posproducción, nada más y nada menos que 35 teleseries, alguna de ellas de 65 episodios. Si Pitágoras no miente, el promedio es una teleserie por año. Waw!, como gráfica y sabiamente dijo Julia Roberts en Pretty Woman.

Allá en su Paisápolis, Diego sube a su cuenta Twitter un trino mío: «Una de mis grandes hazañas en la vida es haber conseguido que mis amigos latinoamericanos (en especial los colombianos) no me llamen “maestro”. Sepan que no es tan fácil. No es como ascender al Everest pero, aunque distinta, el grado de la dificultad es parecido». Darío Rojas me lo comenta así: «Muy notable logro, don Ricardo. Cuando yo era joven, hace sus buenos años, se decía que si entrabas a un café en Nicaragua y gritabas “¡Poeta!” todos los presentes se sentían aludidos y volteaban para ver si era con ellos».

Veo en la máquina de búsqueda de Twitter, permanentemente conectada con mi nombre, que el tuitero @Sostenible_Mx ha subido a su cuenta este trino: «Según el escritor Ricardo Bada, el argentino Julio Cortázar menciona 553 veces a México o a sus ciudadanos en toda su extensa obra». Este señor ha oído campanillas y le parecieron campanazos: lo que yo afirmé, en un artículo publicado en La Jornada, de México, el 24.8.2014, hace siete años y tres días, es que el gran Cronopio mencionaba a México y sus habitantes 553 veces, no en su extensa obra, sino tan sólo en su correspondencia. Como me decía don Eduardo Zamacois: «Usted sabe, Ricardo, que las bibliografías perpetúan los errores». Muchas veces me pregunto cómo enfrentaría él este mundo del algoritmo.

Aparece en Vasos Comunicantes mi artículo sobre Mafalda vista (mal) por Umberto Eco y empiezan a llegarme emails aprobatorios. A todos les contesto lo mismo: «La gente lee determinados nombres y cree a pie juntillas lo que dicen, pero el nieto de mi abuela lo cuestiona todo. Hasta un Umberto Eco».

Weiß/Colonia, 28.8.

Pues señor, anoche me las prometía felices porque en el canal Arte estaba programado un concierto de Jeanne Added, a quien adoro, y a continuación el último capítulo de la serie producida por Spielberg, en el cual muere (es decir, lo asesinan) Sitting Bull. Pero como dicen los alemanes, hice la cuenta sin contar con el mesero: en honor al recién fallecido Charlie Watts, los programadores del canal se sacaron de la manga un documental y un concierto de los vomitivos Rollings Stones, a quienes nunca he podido soportar aunque les agradezco que me han hecho poner en claro que soy un clasista del copón: me parecen el proletariado más abyecto del rock. Lo cierto es que desprogramaron a Jeanne Added y el último capítulo de Into the West fue a parar a las dos de la madrugada, por lo que me quedé sin verlo. Lógicamente, apagué el canal y me vine aquí, me encasqueté los auriculares y estuve escuchando un concierto de Jeanne que encontré en Youtube. Por cierto que buscando material en español acerca de ella, para incluirlo en un hipervínculo al subir mi diario a Fronterad, descubrí que en Wikies habían traducido su apellido y la página viene rotulada como “Jeanne agregó”. Es algo así como si en la página en inglés apareciese una biografía de Lola Flores y la rotulasen “Lola flowers”.

En el Carnet de un escritor, de Somerset Maugham, el primer fragmento que no figura en la traducción española se encuentra tan pronto como en la segunda página, y contiene máximas del vicario que se hizo cargo del niño Maugham cuando se quedó huérfano. La primera de esas máximas dice como sigue: «A un párroco se le paga por sus sermones, no para que viva según lo que predica». ¿Cómo iba a dejar pasar semejante frase la censura franquista de 1951? ¡Por Dios!, como decía Mutis en estos casos.

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