De mi Diario: Semana 36 / 2013

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Pienso en Flaubert, quien podía “perder” un día buscando la palabra exacta para lo que quería decir. Como no soy Flaubert, mi parámetro es la hora; ha habido veces en que estuve incubando durante una hora cómo decir, al final, por ejemplo, “una inteligencia desapoderada”.

 

Weiß/Colonia, 1.9.

0:10 am : La mer à l’aube [El mar al alba], una peli que no conocía, de Volker SchlöndorffGracias a Miss Hortensia Google me entero de que VS escribió el guión a partir de las cartas de los rehenes fusilados, del relato de ese episodio que hizo Jünger en su diario, y de una novela de Böll, Das Vermächtnis [El legado]. La materia prima es tan buena, que el resultado no puede ser menos estremecedor, menos revulsivo, de lo que resultó. Los fusilamientos del final son como de Goya, de un Goya de mirada gélida, la de un Goya que se hubiese vuelto nazi de repente.

 

En el suplemento finisemanal del diario un largo artículo ilustrado, acerca del picnic en la pintura. Desde el “Desayuno durante la cacería”, de Courbet, que cuelga en el Walraf-Richartz, acá en Colonia, hasta el famoso “Desayuno en la hierba” de Manet, pasando por el homónimo de Monet, “La partie carrée” de James Tissot y “El picnic” de Eugen Johann Georg Klimsch, así como el de Carl Spitzweg. Por cierto que el de Tissot rebasa la noción de simple picnic y entra en la categoría de las bodas de Camacho: vajilla de porcelana, cubertería de plata, champagne, tartaViva el lujo y quien lo trujo, como decía mi abuela Remedios, bella y sabia. E igual que anoche, después de ver la peli de Schlöndorff, vuelvo a pensar en Goya, y es porque en este reportaje hay referencias a cuadros anticipatorios de escenas de picnic, en Rafael y en Tiziano,  pero no se menciona para nada “La pradera de San Isidro”, donde la disposición de las figuras seguramente tapa el condumio: no consigo imaginar a unos madrileños que salgan de excursión sin llevar de comer y de beber. Una escena de El sí de las niñas, si lo recuerdo bien, refleja ese momento, y es una de las pocas ocasiones en la literatura española donde se emplea la palabra “excusabaraja”, la cesta de mimbre con tapa que hoy llamaríamos “cesta de picnic”.

 

Weiß/Colonia, 2.9.

9:18 am, y el timbre de la casa. Por la escalera las voces de Montse y Henri. Sigo en la cama porque he tenido una noche pesada, con sueños enrevesadísimos y estrafalarios, tuve que ir dos veces al baño para orinar, estoy realmente cansado. Sólo que luego, cuando me levanto y abro la ventana para orear el dormitorio, oigo las voces de Montse y Henri saliendo de la casa, asomo la testa y les doy los buenos días, pero Henri me mira, se abraza a su burrito (platerito) de felpa y sale corriendo porque no quiere corresponder a mi saludo. Nos reímos Montse y yo, aunque mi risa es bastante distinta de la suya. Cuando llego a la cocina son las 9:35, le pregunto a Diny la razón de esta visita relámpago, y es que hoy lunes el Kindergarten abre a las 9:45 pero Montse y Henri tenían sed y decidieron aplacarla acá. Bien empieza el día, con una decepción.

 

A partir del día de la fecha ya no puedo levantar cabeza de la relectura integral de la obra de Cernuda, para la conferencia que debo dar en el Cervantes de Hamburgo el 5 de noviembre. En principio le dije a Helena que quería dedicarla al Cernuda traductor, pero desde hace semanas reino más y más en la idea de rastrear que fue lo que dejó dicho acerca de la muerte: después de todo es el 50.° aniversario de la suya lo que vamos a conmemorar. Veremos, como dijo el ciego.

 

Weiß/Colonia, 3.9.

Llamo a la consulta de mi neumóloga, para pedir hora, y la asistenta me dice que nunca antes de noviembre. Le replico que estuve allí el 15.2. y la Dra. Dornaika me recomendó que volviera a los seis meses, sólo que cuando llamé a mediados de agosto estaban de vacaciones. «Pero es que usted tenía que haber concertado la cita ya en febrero», me replica. Y yo, sin dilación: «Eso me lo tenían que haber dicho en febrero, o bien ella o bien usted», le replico. Ahí se calla y al fin me da una cita a principios de octubre. Luego, y como necesito nuevas medias de compresión, llamo a la firma Rahm con la receta del Dr. Ruppert en la mano, para encargar dos nuevos pares. Me atiende una empleada que busca mi ficha en el archivo y al encontrarla me espeta entre el  reproche y la sorpresa: «¡Usted no nos ha comprado ninguna desde el 2010!» Impertérrito, le respondo: «Alégrese, eso habla en favor de la calidad de sus productos». Se queda sin saber qué replicar. Lo genial es que un par de horas más tarde, repasando el diario a la busca de un dato, me cae delante del ojo el horóscopo del día, miro por curiosidad el mío, el de Géminis, y dice: «Si hoy se deja amilanar, después se va a enojar feo consigo mismo. Defiéndase verbalmente echándole agallas al asunto». Joder, ni Nostradamus en sus días más lúcidos.

 

La firma Bada & Hansen S.L. (sociedad limitada a Diny y a mí) es una curiosa mescolanza de guardería infantil, centro de acogida de nietos adolescentes aburridos en lo de sus padres, y en caso necesario, hospital de campaña. Hoy tenemos con nosotros, desde las 8:30 am, a Vincent. Con fiebre. Menos mal que es uno de esos niños que saben entretenerse solos, porque Diny está mentalmente fijada en el próximo lunes y su operación, y yo metido de hoz y de coz releyendo la obra poética completa de Cernuda.

 

Weiß/Colonia, 4.9.

Me quedo sin Henri hoy. Diny ha ido a buscarlo y del Kindergarten se lo lleva directo a la casa materna porque es el primer día escolar tras las vacaciones, Frank anda en Düsseldorf y Montse comienza a trabajar justamente hoy, y quiere que haya alguien en casa cuando regresen de la escuela Paul y Oskar. Y es lo que yo me digo: ¿acaso no está Meggie?  ¡¡¿O es que una gata no cuenta?!!  Pero es inútil que oponga ese argumento; sé que predicaría en el desierto. Así es que me toca joderme una vez más, otro miércoles sin Henri en casa. Como el famoso viejo eslogan: «Vacaciones sin Kodak, son vacaciones perdidas». 

 

En su texto acerca de los años que vivió en Zúrich, comenta Ricarda Huch que por aquel tiempo (fines del siglo XIX), y en broma, los suizos llamaban a Alemania “el gran cantón”; lo menciona al relatar que solicitó la nacionalidad suiza y cómo fue que no la obtuvo. Es curioso pensar que ni siquiera ella sabía que su padre, un comerciante de Brunswick cuyos negocios radicaban en Porto Alegre, había adoptado la nacionalidad brasileña. Pero el padre ya había muerto cuando Ricarda  decide naturalizarse suiza, y ella carecía de cualquier documentación que certificase su nacionalidad legal; en los hechos, era casi apátrida. Pienso en una célebre fotografía que muestra una sesión de la Academia Prusiana de las Letras, y en la que se sientan juntos Thomas Mann, hijo de una brasileña, y Ricarda Huch, hija (sin haberlo sabido) de un brasileño. Qué curioso y qué enriquecedor ese vínculo sudamericano en lo más ancestral de la literatura alemana; pero todavía más curioso es que en la misma foto, el primero por la izquierda, a la derecha de Thomas Mann, sea Alfred Döblin, el autor de la monumental trilogía novelística Amazonas, una de las mayores y mejor fundadas críticas que se hayan hecho a la civilización occidental y a su brutal incidencia en América del Sur, de la mano del hombre blanco. Esa foto, histórica por tantos motivos, es además un Google en miniatura.

 

Se me ocurrió un email y se lo regalé a Pilar, quien lo subió a su blog en menos de 30”:

Pilar Marrero ‏@PilarMarrero 

Tengo una gran duda: las armas químicas de que dispone Al Assad ¿se las suministró Andorra, o fue quizás Liechtenstein? (Ricardo Bada)

Minutos más tarde, alguien que no entendió la broma le explicó a Pilar en un tuit que fue Rusia la que supo equipar con gas Sarín y otras Delikatessen de la química macabra a ese sátrapa sirio que parece empalado. Se le notaba claro en la respuesta que era de quienes creen que los USA son inocentes corderitos que van haciendo el bien por el mundo cada vez menos ancho y más CNN. Sancta simplicitas! ¿Y a Israel, quién la equipó?, ¿tal vez Mónaco?

 

Weiß/Colonia, 5.9.

0:30 am : Terraferma, una peli italiana que me ha gustado mucho. Ganó hace un par de años el premio especial del Jurado, en Venecia. Hoy pasaron, antes de la peli, un reportaje del festival de este año, y me hizo recordar el de 1982, que nos agarró a Diny y a mí en Venecia, así es que fuimos al Lido y con mi carnet de prensa conseguimos entradas para la proyección de Alsino y el cóndor, que nos atraía por su temática nicaragüense (estaba reciente la derrota de Somoza), pero resultó ser una de las pelis más infumables del sobrevalorado Miguel Littín. Creo que si hay una obra suya que puede quedar es El chacal de Nahueltoro. Tras la experiencia de Venecia, un par de años después, en la Berlinale, asistí con mi querido Oscar Zambrano a la presentación de Acta general de Chile, donde lo poco que vale la pena son las citas de La batalla de Chile, de Patricio Guzmán. Ay, sí que sí, Miguel Littín es el único director que ha conseguido que me duerma viendo una peli suya. El bueno de Oscar (que tan pronto nos dejaría a los pocos años) me sacudió suavemente y me dijo: «Ya terminó, Ricardo, menos mal que no roncaste».

 

Pienso en Flaubert, quien podía “perder” un día buscando la palabra exacta para lo que quería decir. Como no soy Flaubert, mi parámetro es la hora; ha habido veces en que estuve incubando durante una hora cómo decir, al final, por ejemplo, “una inteligencia desapoderada”.

 

Voy a lo del Dr. Ruppert para una nueva inyección de procaína en la rodilla izquierda. Me toca esperar el primer bus en Weiß, y el transbordo en Hochkirchen, en paradas sobre las que el sol se ensaña, a plomo, inmisericorde. Cuando por fin me bajo del 132 en la parada Leyboldstrasse, la más próxima a la consulta, y miro el reloj/calendario/termómetro de la farmacia en la esquina, y veo 33°, casi me da un vahído. Pero es que el diario anunciaba esta mañana que la temperatura subirá este fin de semana. Toca encerrarse uno a piedra y lodo en casa, cerrar puertas y ventanas,  y graduar las persianas venecianas pa que no entre ni un hijueputa rayo de sol. Mierda.

 

Weiß/Colonia, 6.9.

1:00 am: Acaban de pasar The Devil Wears Prada. La veo por tercera vez, y última. La primera fue porque no me pierdo nada de Meryl Streep. La segunda porque quería concentrarme en el desempeño de Emily Blunt, de calidad pareja al de la Streep. Y hoy, la tercera, porque en el resto de la programación no había nada que me apeteciese. Pero al menos para mí esta peli es insoportable, porque en ella se junta la histeria gringa con la del mundo de la moda, y la suma es de pronóstico reservado. Prefiero mil veces mil Prêt-à-porter, porque el viejo Altman nunca se tomó en serio ese mundo de la moda, y al final lo dejó –literalmente– con las vergüenzas al aire.

 

Hoy era un día programado para ser una jornada feliz, alegre. De repente un email la convierte en una de las más tristes. Estas bofetadas del Destino, a los 74 años, se soportan mal, muy mal. Rayos y truenos pensando que a Goethe, por ser Goethe, le restó el consuelo de enjaretar su inalcanzable “Elegía de Marienbad”, pero ¿qué carajo de recurso le queda a un Bada?

 

Voy a Rodenkirchen porque no tengo más remedio, a la oficina postal y al banco. Este calor de horno es un tormento. Empapado en sudor, regreso a casa inmediatamente que termino de hacer ambas gestiones, y de pronto me sonrío recordando un tuit de @Recklessy que seleccioné para el # de The Twitter’s Digest del lunes: «Desde que vine a Twitter una duda me ronda la cabeza. ¿¿Los gordos en verano cómo cojones sobrevivís??» A duras penas, @Recklessy, a duras penas.

 

Weiß/Colonia, 7.9.

Esta semana le he dedicado bastante tiempo al rastreo de cuentas Twitter alemanas, entre las que hay algunas muy notables, y he traducido una veintena de tuits que voy distribuyendo a mis “cuentas nodrizas”, como yo las llamo. Ayer, por ejemplo, le mandé uno a @JohanBushWalls, en Guatemala, e ipso fuckto lo subió a su TL:

Johan Bush Walls ‏@JohanBushWalls 

@gallenbitter, tuitero alemán (traducido por Ricardo Bada): «La nueva secretaria huele a pudin de vainilla. Ya engordé dos kilos».

Pero lo bueno es que acabo de abrirlo, después del desayuno, para ver si tuvo resonancia, y tanta que la tuvo: ¡en Alemania! Tres cuentas alemanas la incluyeron entre sus Favoritos, y además la cuenta original @gallenbitter retuiteó a mi amigo guatemalteco ¡en castellano! Realmente, tengo la impresión de que este país se está empezando a sacudir el pelo de la dehesa.

 

Se fue la calor, ojalá que para siempre, y nos dejó un día desapacible, amenazando lluvia hasta que por fin hace acto de presencia, tupida como una cortina de abalorios, a las 6:40 pm. Abulia total. Para entretenerme, y porque Diny se ha quedado de repente sin conexión a internet en su compu, le organicé en la mía un programa especial para ella, con acceso directo a cuatro diarios (dos neerlandeses, El País y el que estamos abonados en Colonia) y tres revistas (una española, Der Spiegel y una tercera, Privé, de sus Países Bajos). Inevitablemente he tenido que leer algo acá y allá, mientras los programaba, y así me vengo a enterar de que hoy, por primera vez en su historia, The Last Night of de Proms va a ser dirigida por una mujer, Marin Alsop. Era hora. Al menos eso me permitirá despedir el día tonificado por la música y la atmósfera especial de estos conciertos, pese al “Rule, Britannia!” y la pompa y circunstancia de don Elgar. Alabado sea el santísimo sacramento del altar.

 

***********FIN***********

 

2 COMENTARIOS

  1. ¿se fue LA calor? Sácame de
    ¿se fue LA calor? Sácame de una duda: ¿es un arcaísmo premeditado(nada de raro en vos) o en verdad es normal de tu lenguaje? Por aquí, todavía algunas personas y regiones lo usan de manera común y silvestre. Otras regiones y personas decimos EL calor. La otra duda que me queda es si en verdad es un arcaísmo.

    • La Academia lo clasifica

      La Academia lo clasifica exclusivamente como masculino, pero a mí me importa un bledo la Academia. Si es arcaísmo o no, eso sábelo Dios. Desde luego en Andalucía y al menos en mi infancia, no sé ahora, cuando ya llevo cincuenta años lejos de España, se decía «la calor» y «las calores». Y a mí me gusta más así. Otra cosa no sé qué decirte. Acaso sea por mi propensión natural a lo femenino. Personalmente prefiero decir «la mar» y no «el mar». Por ejemplo. Pero ahí la Academia me cubre las espaldas clasificando ese sustantivo como ambivalente. Sería curioso que nos explicara alguna vez por qué «mar» es ambivalente y «lago» o «río» no lo son.

      Vale.

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