De mi Diario / Semana 36 / 2016

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Hay más música en La Valse, de Ravel, que en toda la dinastía Strauss.

 

Weiß/Colonia, 28.8.

Finalmente decidí no continuar la lectura de la biografía de Eleanor Marx, por lo pedregoso de su texto. Bien está que el ser humano sea el animal que tropieza dos veces en la misma piedra, pero si el biógrafo diseñó su libro justamente para ello, al cabo el lector se aburre. Sólo que la biografía de Tussy (como la llamaban en la familia) me abrió las ganas de leer, en paralelo con la relectura de las cartas de Joseph Roth, la correspondencia inédita de las hermanas Marx, un libro que compré en el milenio pasado y que por fas o por nefas todavía no había abierto. Y al abrirlo me encuentro con la muy agradable sorpresa de un preñado prólogo de Margarete Mitscherlich. Empiezo, pues, con buen pie. Sobre todo porque me doy cuenta, ya en las primeras páginas, de que todas las cartas van precedidas de un  par de líneas que explican en qué circunstancias se escribió cada una. Yupiiiiiiiiiiiiiiiii, qué bien hice en cambiar de libro.

 

Weiß/Colonia, 29.8.

Me escribe Teresa que la lectura de la prensa colombiana le absorbe todo el tiempo, cosa lógica de entender dados los acontecimientos, pero añade, refiriéndose a los cinco libros de Simenon que le he regalado al enterarme de que nunca lo había leído: «Para lo que sí he tenido tiempo es para «despachar» el primer Maigret (Sombras chinescas). Y ya voy por la mitad del segundo, titulado Maigret, a secas. Estoy fascinada. Estas obras son unas joyas». Y tanto que lo son. 

 

Pasan The Lady Eve [Las tres noches de Eva], de 1941, con una Barbara Stanwyck en estado de gracia. Jamás me pierdo esta peli cuando la pasan por la tele, no la he conseguido en DVD ni sé cómo grabarla, y hasta si supiese me tendría que comprar un aparato ad hoc para hacerlo. Pero la tele la pasa al menos una, dos veces al año. Y a cada vez que la veo me admiro más de que el muchacho que fui eligiese como su actriz favorita a la Ruby Stevens (así la llamamos Rolando y yo, por su nombre civil), un guiño de ojos suyo en una peli de 90’ equivale a toda la actuación de una Penélope Cruz en una de tres horas. Y ese Preston Sturges, qué directorazo. Qué pigmeo se ve un Almodóvar al lado de un coloso como este.

 

Comenzó la transmisión, en tres lunes consecutivos de la adaptación de un John LeCarré, de The Night Manager, en una coproducción gringo–británica. Los gringos la han transmitido en ocho capítulos, los ingleses en seis, los alemanes van a hacerlo en tres. Y por lo que pude ver esta noche me parece que tienen razón. Al producto final, que no es malo, le sobra muchísimo 007 y le falta no poco LeCarré.

 

Weiß/Colonia, 30.8.

En La Modicana, no sé si desviado mentalmente por el ejemplo de Diny la semana pasada, Carlitos encarga esa descomunal ensalada que sólo son capaces de comer insensibles asesinos vegetalicidas del calibre de una Diny (a lo mejor Carlitos quiere emularla). Yo insisto en mi franciscanismo de espaguetis a lo pobre, con sólo mantequilla y parmesano. Pero en realidad debería haber insistido en que la signora nos ofreciese hoy espaguetis alla amatriciana, por solidaridad con el pueblo de Amatrice, destruido por completo en el terremoto de hace un par de días. La signora nos promete que los tendrá la semana próxima.

 

Desde hace una semana o más venía sintiendo un malestar grande provocado por la irritación epidérmica de la ingle y el testículo izquierdos, y finalmente he llegado a la conclusión de que la causa era el calzoncillo, esto es, el dobladillo que se inserta en la ingle y que, en mi caso, es un papel secante para lo mucho que sudo. El sudor se queda ahí, donde se seca e irrita la piel alrededor. Dejé hoy a un lado los calzoncillos triangulares [slips] y me puse uno con perneras, y la irritación ha disminuido considerablemente. Pero mantengo la observación, de repente me toca ir a un especialista de la piel. Una sevicia más para este saco de miserias que soy.

 

Soy escritor memorialista (mi diario lo refrenda cada semana) y sé encontrar la aguja en el pajar, y la noche recién pasada, al abrir la página web de Nexos descubrí esta aguja, esta joya debida a la pluma de mi querida Kathyushka. Leí este texto con un gozo enorme, por él mismo y por ser de Kathya, y con una envidia no menor, por no ser mío, y me dije que había que darlo a conocer urbi et interneti. Así lo hice, ipso fuckto, y hoy me encuentro en la estafeta docenas de emails dándome gracias los amigos por haberles hecho semejante regalo. Con todo, el que más me importa de todos es el de alguien que la conoce bien, Ángeles, a quien voy a transcribir aquí no sin recordarme (para lecturas futuras) que el ASUNTO de mi email remitiéndolo era “Un texto memorialista para las antologías”, lo que explica su pregunta: «¿Verdad? ¡Qué escritora! Y de una discreción excepcional. Además trabaja como nadie y no lo dice. Aunque cada día lo sabe más todo el mundo. Que te digo Mateo, que no la puede creer. Dice que él nunca tendrá esa pasión y que por ahora tampoco sabría cómo tenerla. Pero que la quiere aprender».

 

A Ángeles, por cierto, le regalé un tuit dentro de una serie que estoy traduciendo del #hashtag #TrumpExplainsMoviePlots, y este no me lo quise dejar en el tintero, máxime cuando podía hacer una referencia encubierta al Klu Klux Klan, que en el original inglés no es necesaria:


 

Weiß/Colonia, 31.8.

2:30 am : Capto en un reportaje en la tele el siguiente refrán blanco en USA: «Si quieres matar a un negro, hazte policía en Pittsburg». Admirable modestia, me digo: ¡¡sólo nombran Pittsburg!!

 

Steinmeier publica hoy en nuestro diario un artículo ciertamente interesante acerca de Colombia. Interesante, sobre todo, porque no es normal que un ministro alemán de AA.EE. se exponga tan, tan fuera de la ventana (como se dice en este idioma). La diplomacia alemana, según parece, está convencida de la efectividad del acuerdo de paz entre la guerrilla y el Gobierno. Y al escribirlo así me pregunto a santo de qué una minúscula y una mayúscula.

 

Emotiva la despedida de Schweinsteiger como capitán del seleccionado alemán. En este país, la figura del capitán del once nacional tiene una dimensión especial, al cargo lo rodea una aureola casi mística, fenómeno que no me parece que se produzca en otros países. No lo sé, tendría que investigarlo. En cualquier caso, ninguna de las despedidas que he llegado a conocer, ni siquiera la de Beckenbauer, ha tenido la alta carga emocional que la de esta noche.

 

Weiß/Colonia, 1.9.

1:00 am : En el canal ZDFNeo pasan Coppers, una serie policial belga (bueno, flamenca), los dos primeros episodios de la 1.ª temporada, en horario paralelo a la deliciosa Románticos Anónimos. Me decido por la serie, que no conozco, y no es que lo lamente, pero al final uno llega a cansarse de tanta policía criminal europea ¡¡tan comprensiva!! con los problemas de los ilegales e indocumentados del Tercer Mundo. Pero me interesa la serie por la protagonista, la comisaria Liese Meehout, que según me entero por mi buena amiga Miss Hortensia Google, al principìo de la saga se dedicaba a delitos relacionados con el mundo del Arte (falsificaciones, robos de cuadros, etc.), hasta que el autor de la serie,Toni Coppers, la sacó de Bruselas y la envió a Ostende, y de allí a Amberes, ya dedicada íntegramente a la brigada criminal. Curioso en todo caso es que la serie se titule con el apellido del autor de la saga y no con el nombre de su protagonista.

 

Las cartas de las hermanas Marx son a veces tan divertidas como algunos gags de los hermanos Marx. Estoy gozando como un chancho con su lectura.

 

A propósito de cartas : Hoy, cosa que no sabía, parece ser que es el Día Internacional de la Carta. Y la página infantil del diario le dedica ⅔ de su espacio a explicar a sus lectores niños cuál es la importancia de la carta desde sus orígenes hasta que la aparición del teléfono, del fax, de internet, del email, del SMS y de WhatsApp redujeron la condición de la carta hasta su casi desaparición de los buzones en las casas, los carteros sólo traen ahora facturas y publicidad. La redactora del texto apela a la inteligencia de los niños y les explica algo tan sencillo como que uno puede relacionarse en cuestión de segundos con sus mejores amigos, sí, pero, pero si se sientan a escribirles una carta, de una sola carilla, no hace falta más, e incluso ilustrándola con dibujos, o haciendo collages con recortes de revista, de postales, en tal caso le están diciendo al amigo, tácitamente, que se han tomado tiempo para él, para escribirle toda una página. Ojalá muchos niños de los que lean hoy esta página infantil del diario, entiendan, practicándolo, cuán hermoso es el hecho de escribir una carta que requiere tiempo, concentración y buena letra, cosa que ya no enseñan en las escuelas.

 

[Escribí más arriba que parece ser que hoy es el Día Internacional de la Carta, y sí, parece ser que hice bien al escribirlo, porque al consultar en internet para implementar un hipervínculo en el texto cuando lo suba el sábado por la noche a la página de Fronterad me encuentro con que hay una Semana Internacional de la Carta, alrededor del 9 de octubre, que es a su vez el Día Mundial del Correo. De dónde han sacado sus datos los redactores del diario no lo sé, pero en el fondo tampoco tiene mucha importancia. Diría yo].

 

Weiß/Colonia, 2.9.

Por el calendario de efemérides me entero de que hoy, hace 125 años, el jefe de policía de La Plata, Argentina, inauguró la era de las huellas dactilares. Juan Vucetich, que así se llamaba, era un croata nacionalizado argentino, y no cabe la menor duda de que su decisión fue crucial para el desarrollo de la Criminalística. Pero a mí la información que acabo de descubrir lo que hace es recordarme que debo releer (y pronto, cada día que pasa me queda menos tiempo) mi novela predilecta de Bioy Casares, La aventura de un fotógrafo en La Plata. ¡Si hasta la tengo dedicada por él, en El Escorial, en agosto de 1994! Cosa curiosa es que al datar la dedicatoria se metió por el túnel del tiempo hasta medio siglo atrás, ¿en qué andaría pensando?:



 

 

 

En el habitual suplemento mensual del diario dedicado a los libros, el también habitual poema seleccionado cada mes. Esta vez es uno de Amanda Aizpuriete, nombre que me sugiere la idea de si no será una poeta vasca, pero no, es letona, de Riga. Acerco su poema al español mientras lo voy leyendo: «libre como la esclava / que su amo hace tiempo olvidó / sirvo a las palabras y a los vientos // libre como el viento / que no se libra de la tierra / bailo con las nubes / atados los tobillos / por la dorada cadena de la gravitación / por los arreos de plata de las palabras». Elijo la palabra “arreos” expresamente. “Tien’asero”, como decían los moguereños de Platero.

 

Weiß/Colonia, 3.9.Juan 

Repartí urbi et interneti un artículo aparecido en la página web de la BBC, y me escribe MM desde Fuenteheridos para decirme que le parece una vaina. Le contesto: «Como yo he pasado por la misma experiencia (35 años en una redacción donde fui durante 30 el único español), me parece bueno que se trate del tema como él lo hace, como experiencia propia. Lo que pasa es que se queda en la superficie, porque ese español latinoamericano estándar de que él habla existe sólo como lingua franca para dialogar en la redacción, pero no existe sobre el papel. Los textos que se escriben y se transmiten van en español digamos «equalizado», donde la única divergencia seria con el español peninsular es la desaparición del «vosotros» y la priorización del pretérito perfecto simple, en eso sí tiene razón el articulista. Y por supuesto hay usos latinoamericanos que, gracias al cine y la tele, se emplean ya como cosa corriente sin que escandalicen a nadie. Yo me he pasado 30 de esos 35 años corrigiendo los manuscritos que iban a ser transmitidos durante tres horas diarias. Y son pocos los casos en los que tuve que intervenir en materia léxica (recuerdo cuando le tuve que decir a un redactor mexicano que, por favor, no usara la palabra «caravana» para lo que el resto de los hispanoparlantes conocemos como «reverencia»; y a un compañero chileno le taché un «termocéfalo» por lo feo del chilenismo más que por lo que expresaba de una manera tan gráfica). Lo que corregía era  mayormente la prosodia y, desde luego, los errores. Tengo un archivador repleto con las hojas originales de los errores más crasos, archivador rotulado como «Montruosuario». Sea como fuere, no puedo desterrar del todo la sospecha de que si mis correcciones léxicas fueron escasas se debió en buena parte a que llegué a la redacción cargando la fama de ser un excelente periodista que escribía muy bien, y mis compañeros leían mis columnas semanales, de manera que se aplicaban a escribir un poco teniéndolo en cuenta y sabiendo que no les iba a tachar un «dizque» porque yo mismo empleaba esa brillante arcaismo. Ni que tampoco les iba a tachar un «carro» por un «auto» ni un «manejar» por «conducir». Peccata minuta. En fin, perdona el rollo. Y lo que pasa es que, además, tú y yo no nos conocemos personalmente, pero estoy seguro de que si nos encontrásemos y nos pusiéramos a hablar, a los pocos minutos estarías por completo convencido de que ese dato biográfico de que nací en Huelva no tiene ninguna relación con la realidad». ¿Será tan sólo un invento de gente que me quiere bien?

 

9:38 pm : Acaban de pasar por el canal 3sat una grabación de dos coreografías del Ballet de la Ópera de Flandes, en Amberes, con música de Ravel. Las dos coreografías espectaculares, pese a su intimismo, en especial la segunda, basada en Ma Mère, l’Oye, que se convirtió por obra y gracia de los bailarines en un cuento de hadas, como era la intención de Ravel. Él es, junto a Shostakovich, mi músico predilecto. Y el tercero en el podio, Satie. De Bach no digo nada porque no estoy hablando de dioses, nada más que de seres humanos. Pero Ravel, que hubiera sido también divino de haber encubierto más lo humano, es con toda seguridad el compositor más inteligente que nunca hubo. Lo demuestra el hecho de que cada una de sus dos únicas óperas consta de un solo acto. Y hay más música en La Valse que en toda la dinastía Strauss.

 

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