De mi Diario : Semana 38 / 2022

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Weiß/Colonia, 18.9.

En mi diario, al repasarlo ahora en la página de Fronterad, porque siempre se detectan los fallos cuando el texto ya se publicó (esta es una de las infalibles Leyes de Murphy), descubrí que rebauticé como Elizabeth a Eleanor Parker. Una de esas leyes que más me gusta es aquella que atestigua: «La probabilidad de que una rebanada de pan untada de mantequilla caiga con el lado de la mantequilla hacia abajo, es proporcional al precio de la alfombra». Yo formulé una a partir de mi observación empírica como usuario de los transportes públicos: «Cuando un bus se detiene ante un semáforo en rojo, en el mismísimo instante cuando se detiene, el semáforo salta ipso fuckto al ámbar y al verde».

Despachando correspondencia todo el día y poniendo up to date mi USB, mi disco duro portátil, que me ha sacado de no sé cuántos apuros. Y como siempre, cuando despacho tanta correspondencia, me acuerdo de las palabras de Álvaro: «Si sigues contestando cartas de esa forma, no dejarás obra». Me resultó evidente, pero no se lo dije, que para él era más importante dejar obra que dejar amistades. Esa es una de las razones por las que me considero un escritor mercenario, cuya “obra” consiste en ganar dinero para apuntalar el presupuesto familiar: mi verdadera obra son mis cartas y, quizás, este diario. Y si además no lo fuesen, me importa un reverendo carajo. Nunca quise dejar obra.

Le escribo a Sorayda: «Me has hecho reír con tu columna de hoy. Fue, como siempre, una de mis lecturas recomendadas para el domingo. Y me hiciste recordar un texto que subí hace diez años a mi blog en EE, te copio aquí el enlace, ojalá te divierta».

Mientras yo dormía la siesta, Diny (que tiene el hambre temprana) cenó el resto de la sopa de papa que sobró de ayer, así es que me organicé luego una cena con ½ taza de caldo de carne de res, una latita de frijoles Kidney amén de una ½ docena de rodajas de un buen chorizo, cocido todo junto a fuego lento.. Hhhhhhmmmmmmmmmmm No hay una sola comida, sin excepción, que sepa mejor que la que uno mismo se cocina, dicho sea con muchísimo respeto, monsieur Bocusse q.e.p.d. usté.

Weiß/Colonia, 19.9.

2:00 am : Último episodio de la por ahora última temporada del comisario Beck, esta vez con más acción que en todo el resto de la temporada, y luego un programa dedicado al fado, donde de repente suena “Grândola vila morena” y me trae el recuerdo de aquel día inolvidable de mayo 1975 en Punta Umbría y de cómo, a la trágala, RTVE nos informaba de la revolución de los claveles en Portugal, y de cómo la gente por la calle mayor del pueblo empezó a silbar el estribillo de aquella “Estudiantina portuguesa” de Celia Gámez: «¡Ay Portugal por qué te quiero tanto, / por qué, por qué se maravilla quien te ve!» Estoy casi seguro de que empecé yo al salir de El sombrero de Manolo, nuestra casa de comidas en Punta, y donde Diny, los niños y yo, acabábamos de almorzar. Ahora existe una bella versión de “Grândola vila morena” con la voz de la salazarista convicta y confesa que fue Amalia Rodrígues, pero la escucho con gusto porque su voz no es salazarista sino portuguesa de la manera más entrañable; y después de oírla, por respeto a la versión original y la enorme carga histórica que transmite, oigo la que oyeron los soldados portugueses, y todo Portugal, sabiendo que ese era el santo y seña para derrocar al salazarismo: la hermosa versión de Josè (a) Zeca Afonso.

José Luis, en Managua, y yo, acá, nos enredamos en un diálogo virtual acerca de muestras vivencias escolares, y él me cuenta que fue un desastre en la primaria y puros sobresalientes en la secundaria gracias a una maestra que la que sigue siendo amigo y a quien visita siempre que viaja al pueblo de su madre, en Extramadura, en la provincia de Badajoz. Por mi parte le respondo que «hice la primaria y la secundaria en el colegio San Ramón, uno que, a pesar de llamarse así, era de los pocos laicos que había en mi ciudad y quedaba a una cuadra de la casa de mis padres. Años más tarde se convirtió en el cine Emperador, y en los once años (1984 a 1994, ambos inclusive) que estuve acudiendo al festival de cine iberoamericano de Huelva, todos los días veía una o dos pelis en la gran sala, poco ±  donde estaban el comedor de los internos y el patio encristalado (lo llamo así para distinguirlo del patio de juegos al final del pasillo que comenzaba en la puerta del colegio, en la calle Berdigón, y alcanzaba hasta la tapia final, ya en la calle San Cristóbal). Cuando el festival era para mí siempre, una sensación medio sicodélica, como un párrafo de algún cuento de Cortázar, subrayada porque el hilo musical del Emperador era la hipnotizante banda sonora de Chariots of Fire. // En la primaria fui el niño mimado de doña Maravillas, la maestra, que consiguió que comenzase el bachillerato un año antes de la edad requerida. Y en la secundaria era el alumno estrella de mi curso. Según me contó una vez mi amigo Pepe Baena, poeta, que es de la generación que sigue a la mía, don Manuel del Pino, gran ajedrecista y director del colegio, dijo alguna vez en su presencia que el mejor alumno que tuvo en toda su vida fue Ricardo Bada. Y eso a pesar de la hazaña que puso fin a mi bachillerato, dejé memoria de ella en el cuento que creo que al final no te mandé, ahora sí lo hago

Weiß/Colonia, 20.9.

En el KStAnz una amplia información escrita y gráfica de las exequias de la reina inglesa, en cuya página final del cuadernillo de información internacional encuentro unas fotos de los presidentes de Alemania, Brasil, Canadá, Estados Unidos y Francia con sus respectivas esposas, y del emperador del Japón y del Borbón español con las suyas, pero el rey de los Países Bajos aparece acompañado de su madre, la ex reina Beatrix, es decir, Máxima, su esposa, se ausentó del funeral, y es que las Malvinas no se olvidan tan fácil, siguen siendo una herida no cicatrizada en el subconsciente argentino. Con lo macanudo que hubiera sido acudir ella como diciendo tácitamente: «Chavelita, sabemos que no fuiste vos, sino esa hijueputa de la Thatcher y los cabrones de nuestros milicos, apoyados por mi padre». Pero pedirle grandeza de miras a la corrupta ralea monárquica europea es pedirle olmos a los perales.Crime

En La  Modicana hoy con Claudia y Javier, lo que es una gozada², sí, a la segunda potencia. Claudia encarga su lasaña (comme d’habitude), Ulli ensalada (ídem), Carlitos sus tortillitas de zucchini u otra verdura (ídem). y Javier y yo optamos por los ravioles con trufas. Cuando nos los sirve la persianita, a la que nos estamos acostumbrando a llamar Minou, Javier comenta que a los ravioles grandes, como estos, en Argentina los llaman de otro modo, pero no recuerda la palabra. Mi dilectísima amiga Miss Hortensia Google me sopla al oído que se llaman “sorrentinos”.

Gracias a HuelvaRed, que Vicente me hace llegar a diario, me entero de la existencia de una palabra horrenda, “portavocía”, para designar el «cargo o condición  de portavoz». A este paso, pronto llegará el momento en que leeremos que Fulanita de Tal se hizo cargo de la “locutoría” de Radio Nacional. Si don Antonio de Nebrija levantara la cabeza

Weiß/Colonia, 21.9.

2:00 am : Avanzo un capítulo más en la lectura de Revolución, y anoto esta reflexión de Felix Jans, el último superviviente de la batalla del mar de Java, librada contra los invasores japoneses, platicando con David van Reybrouck durante sus pesquisas para escribir este libro: «No éramos rivales para los japos. Ellos tenían los destructores más modernos. Siempre los subestimamos. “¡Les vamos a dar una lección!” No, nos la dieron ellos a nosotros. Esa arrogancia de los holandeses supuso nuestra perdición. Nosotros lo sabemos todo mejor, lo hacemos todo mejor, pero los demás son igual de buenos, ¡incluso mejores! Nuestro error es nuestra prepotencia». Celebro ver confirmada mi opinión acerca de la característica más acusada de los neerlandeses, más que la tan cacareada tolerancia, y es la arrogancia. Las tres finales del Mundial de fútbol que perdieron son una buena prueba de ello. Pero también a niveles familiares, Mi suegro, cuando yo le acorralaba en temas como lo parasitario de las monarquías, siempre se zafaba diciendo «Ik weet het, ik weet het! [¡Lo sé, lo sé!]», que es lo que suelen alegar los neerlandeses cuando no saben un carajo del tema de que se les habla. Pero dar su brazo a torcer, con los resultados que sufrió la Venus de Mila, jamás en la putísima vida lo harán.

Sobre el mostrador de recepción de la pedicuría hay cuatro cerditos–huchas, de porcelana polícroma, con los nombres de las cuatro chicas que trabajan allá. Supuestamente son para dejar una propina, bajo el eufemismo “Para el café”. No he visto nunca a nadie introducir monedas y billetes en ellos, tampoco yo lo hago. Pero se me ocurrió invitar a Dorotea en su pausa del mediodía la subsiguiente vez que nos reunamos, que será en la semana del Día Internacional del Regalo. Me miró sorprendida y me contestó que me lo agradecía muchísimo, con toda sincetidad, pero que seguía la norma de separar estrictamente su vida profesional de su vida privada. Tableau! Ya podría habérmelo dicho cuando le empecé a contar historias de mi vida, de Diny, de mis hijos, de mis nietos. Pero no se lo he reprochado. Más sabe el loco en su casa que el cuerdo en la ajena, la abuela Remedios dixit!

Almuerzo en el chino, como siempre mi pescado empanado y con salsa agridulce (en lugar de con rodajas de piña, como antes la hacían, esta vez con brotes de soja, un champiñón grande cortado en rebanaditas y dos setas negras). Y me doy el lujo de un postre, que si no es un helado lo tienen que cocinar fresco, y así es: un plátano empanado como un pavía y flambeado con Grand Marnier. Viva el lujo y quien lo trujo.

El sentido del humor negro de los mexicanos es admirable. Acaban de pasar por un nuevo terremoto «de los de antes de la guerra», como diría mi abuela Remedios, la bella y sabia, y en la cuenta Twitter de la municipalidad de Ciudad de México aparece un trino que dice: «¡Bienvenida a México y a #LaCiudadQueLoTieneTodo!», y pocos minutos más tarde le replicaba Laura Baeza desde la suya: «Hasta simulacros con efectos especiales».

Weiß/Colonia, 22.9.

2:10 am : He seguido leyendo Revolución, el capítulo dedicado a la invasión japonesa, y es en verdad alucinante lo que los hijos del Sol Naciente chicanearon en el archipiélago. Exceptuando el momento histórico de la caída del muro y la unificación de las dos Alemanias, hay otros dos momentos estelares en la historia de este país. Uno, la genuflexión del canciller federal Willy Brandt, en Varsovia 1970, ante el monumento a los Héroes del Gueto. El otro, en el verano de 1971, cuando el presidente federal Gustav Heinemann alegó unas molestias postoperatorias para no tener que ser el anfitrión del emperador japonés Hirohito en su viaje oficial a Alemania: Heinemann aborrecía a los criminales de guerra. Por lo demás, ha sido el político más íntegro habido en la posguerra del país. Siendo diputado federal, y protestante, se enfrentó en el Bundestag a los católicos de la Democracia Cristiana que demonizaban la RDA como “la bestia del Este” y “el Anticristo” y pidió a los diputados protestantes del mismo partido: «Por favor, asegúrense de que tales palabras desaparezcan de una vez. No es una cuestión de cristianismo contra marxismo». «¿Sino de qué», vocearon desde la bancada de la DC. Heinemann respondió: «Se trata de comprender que Cristo no murió contra Karl Marx, sino por todos nosotros». Y era famoso por su humor seco: cuando unas encuestas de 1970 mostraron que el 92% de los alemanes pensaba que Heinemann estaba haciendo un muy buen trabajo, comentó sonriendo: «Ahora me enfrento a la embarazosa cuestión de cómo voy a convencer al 8% restante». Y es célebre su respuesta cuando una vez le preguntaron si amaba al Estado: «¡Qué va! No amo a ningún Estado, amo a mi mujer».

He tenido esta noche un sueño tan profundo que no escuché ni la ducha ni a la diaconisa que vino a duchar y a ponerle las medias de compresión a Diny. Alabado sea el santísimo sacramento del altar.

En mi horóscopo de hoy en el KStAnz esta cita de Nietzsche: «Nos gusta tanto estar en contacto con la Naturaleza porque no tiene opinión sobre nosotros». Sólo que hay gente a quienes la Naturaleza les importa un bledo. Entre los políticos y los empresarios son incluso la mayoría.

¡¡¡Yupi!! ¡Qué alegrón tan grande! Le concedieron a José Luis la beca de la Casa Heinrich Böll a la que le dije que se postulara. Estará acá del 15.10.22 al 15.2.23. ya agendé esas dos fechas y desde luego el International Gift Day y el amanecer del 2023 los celebraremos juntos. ♫♫ ¡Aleluya! ♫♫

Weiß/Colonia, 23.9.

1:45 am : Estuve viendo de nuevo Cuatro corazones con freno y marcha atrás, la versión RTVE que dirigió  Pérez Puig, porque de repente me acordé de algo leído a Buero Vallejo hace 70 años. Desde que comenzó a estrenar, Historia de una escalera (1949), y hasta Hoy es fiesta (1955) inclusive, Buero publicaba sus obras en la colección Teatro de Ediciones Alfil, seguidas de un comentario, y en el de La señal que se espera (1952) escribió: «Tragedia no es necesariamente catástrofe final, sino una especial manera de entender el final, feliz o amargo. Algún día, con mejores pertrechos que esta vez si me es posible, intentaré escribir una obra a la que poder titular rotundamente “Tragedia feliz”». In illo tempore me pareció algo descabellado, pero esta vez, al volver a ver la obra de Jardiel, empezó a laborar algo en mi subconsciente y acá le dí forma rescatando esa idea de Buero: Cuatro corazones con freno y marcha atrás (1936), envuelta en una trama de comedia, es una tragedia feliz. Ecco!

Nos vino a visitar Oskar y no sé por qué le pregunté si él, como Paul y Vincent, también se dedicaba al solitario vicio de la lectura. Me dijo que quería empezar a leer y de inmediato recogí el guante que sin saberlo acababa de lanzarme. Le hablé de la saga de Jimmy Perez, explicándole de paso la odisea de la Armada Invencible (que nunca se la enseñaron en el bachillerato) y cómo de resultas de la gran catástrofe, un marinero español náufrago en las islas Shetland insertó el castellanísimo Pérez en el amplio repertorio celta de los McFulano, McMengano y demás yerbas aromáticas. Se ha llevado los dos primeros volúmenes de la saga y me dejó el corazón contento.

Weiß/Colonia, 24.9.

0:20 am : Acabo de ver de nuevo Uno tras otro. Esta coproducción escandinava se titula en el original Kraftidioten [término que en noruego significa «completo imbécil» o «idiota total» y suele aplicarse a personas que se comportan de forma estúpida, sin ello significar que sean imbéciles] y en Argentina Por orden de desaparición, título harto mejor con el que se ha estrenado en inglés dentro del ámbito anglosajón, mientras que en Brasil la titularon El Ciudadano del Año: en alemán es como en español. Para el incorregible maniqueo que soy, una gozada, sobre todo cuando los gángsters se eliminan entre ellos. Es además la mejor peli de humor negro que he visto en los últimos tiempos, y aunque todo el elenco brilla en cada caso con un brillo propio, la actuación de Stellan Skarsgård sobresale como la punta de un iceberg de las siete partes sumergidas que son las del resto.

De compras con Diny en el ReWe de Rodenkirchen. Junto con las que nos hizo el mensajero de la Diaconía el miércoles, tenemos despensa llena como para dos semanas. Sobre todo pensando en la cantidad de veces que vamos a comer fuera de casa: Diny en la Diaconía el martes y el viernes, y con Montse el lunes en el Bistro Verde; y yo con Diny, Ulli y Carlitos mañana en el griego, y el miércoles o el jueves con Diny y con Oskar en el Bistro Verde. Y el fin de semana próximo, sábado o domingo, los dos de nuevo, esta vez con Rebeca, la comida tradicional por su cumplesantos, que será el martes.

Diny cocinó panqueques. Ella se comió dos con azúcar y canela, sin arrollarlos, y yo tres arrollados, con anchoas argentinas, jamón de Parma y jarabe de arce canadiense. Globalización, globalización. bendita y maldita seas, según se encuentren uno y sus circunstancias. Enter, el Amén virtual.

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2 COMENTARIOS

    • En mi familia materna, el Meredith galés original se convirtió en Mérediz, por mor de la fonética y sus correlatos ortográficos. Siempre se ha dicho que de todo hay en la viña del Señor. Yo le apostillaba a mi abuela Remedios, cuando lo decía: «Hasta olmos que dan peras».

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